agosto 17, 2026

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#4 Tiempos

¿Quién es quién? | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

Cuando yo uso una palabra —insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

—Lewis Carroll, A través del espejo

 

Si el día de hoy decidiéramos leer la primera edición del Quijote, posiblemente no entenderíamos nada. El lenguaje evoluciona y se adapta a las necesidades de las personas; es una herramienta que está en función nuestra y no al contrario. Los significados cambian, algunas palabras pierden eficacia, algunas otras se crean y los conceptos se vuelven más complejos para lograr acercarnos a describir la realidad de una manera más precisa.

La precisión de las palabras que utilizamos es de suma importancia en todos los ámbitos de nuestras vidas: sería trágico, por ejemplo, que un médico confunda las palabras con las que diagnostica a su paciente. Imaginemos también la importancia de las palabras en el mundo jurídico; sería una sobresimplificación decir que si todas las personas domináramos el abogañol, podríamos prescindir de las y los abogados, pero sí es una realidad que gran parte de la labor de un abogado es traducir las situaciones del mundo real al lenguaje de las normas jurídicas.

Está clara importancia de las palabras y sus significados toma especial relevancia en el momento en que se utilizan de manera inadecuada, y más aún cuando son utilizadas desde una tribuna de poder, en un intento por modificar la realidad y no de describirla. Inevitablemente viene a la mente el caso del presidente López Obrador y el juego de palabras tan coordinado que muy exitosamente ha logrado incrustar en la discusión pública: transformación, conservadurismo, bienestar, pueblo, entre otras. En esta ocasión me ocuparé únicamente del conservadurismo y de cómo ha cambiado la manera en la que se entiende este concepto, a la luz del paradigma de la “4T”.

La palabra conservador proviene del latín conservator, que significa “el que guarda todo”. Las partes que conforman esta palabra son el prefijo con, que significa “completamente”; servare que significa “guardar, preservar o tener”; y el sufijo dor que significa “el que hace la acción”. Si a conservador le añadimos el sufijo ismo, nos estaremos refiriendo ya a la actividad, sistema o doctrina.

En cuanto a las bases teóricas, los inicios del conservadurismo están fincados en los años posteriores a la Revolución Francesa. En el marco del surgimiento del Tercer Estado y del debilitamiento de la élite que ostentaba el poder, nace una necesidad —de esos mismos grupos— por justificar y legitimar a los derechos, privilegios y prerrogativas que ahora estaban en peligro de desaparecer. Sobre esta misma línea, el escritor irlandés Edmund Burke desarrolló las bases de la teoría conservadora en su libro Reflections on the Revolution in France

, publicado en 1790. En dicho libro, Burke argumenta, entre otras cosas, que el cambio debía de darse de manera gradual y constitucional, no por medio de una revolución, ya que en el proceso se le perdía el respeto a la tradición y a los valores del pasado. Años después, en 1808, el vizconde François-René de Chateaubriand comienza a publicar en Francia un periódico llamado Le Conservateur, donde expresaba sus ideas políticas y proponía la defensa de la nación histórica francesa, aunque con principios liberales.

Para 1826 la obra de Burke ya se vendía traducida en las librerías de la Ciudad de México. El conjunto de ideales y de personas que buscaban que el orden tradicional imperara ante las ideas liberales encontraría en Lucas Alamán a su máximo exponente, quien buscó reformar la Constitución de 1824 para lograr un gobierno controlado por la aristocracia. Así, Alamán promovió la instauración de una monarquía extranjera en el gobierno mexicano, bajo las banderas de unidad nacional, orden civil y libertad política

.

Eventualmente nació el Partido Conservador y fueron fuertes promoventes de la llegada de Maximiliano al país. El gusto fue corto; las políticas implementadas por el monarca estuvieron más cargadas hacia el lado liberal. Corto, también, porque los liberales ascendieron y lograron la restauración de la República solo tres años después de iniciado el segundo imperio. El destino de Maximiliano ya todos lo conocemos.

Durante el porfiriato, los periódicos hablaban del “nuevo conservadurismo”, materializado en la burguesía. Estos nuevos conservadores promovieron el discurso de que eran “gente de bien”, pregonando superioridad moral y promoviendo la preservación de prerrogativas y derechos de clase para la élite religiosa del país. El Partido Conservador transicionó a ser el Partido Católico Nacional y, décadas después —en 1939—, se convirtieron en el Partido Acción Nacional.

En ese contexto, el conservadurismo sufrió de varios atropellos, pues gobernaba el Partido de la Revolución Mexicana y existían solo dos ideologías: los que estaban del lado del partido en el poder y los que no. Estos segundos recibían en automático la etiqueta de reaccionarios; naturalmente, en esa categoría caía Acción Nacional. Fue un gran triunfo para el conservadurismo mexicano la llegada a la presidencia de Fox; el PAN ya integraba dentro de sus filas a las familias de clases altas de los estados del norte del país, además de contar con mucho apoyo en el Bajío.

El problema que hoy le ataña al conservadurismo mexicano es su pragmatismo político y su desdibujamiento ideológico. Recordemos que el PAN formó coalición con MC y el PRD para contender por la presidencia, así como también el PES —de extrema derecha—, que terminó aliándose con Morena y el PT. Le ataña al conservadurismo, también, el problema de que el presidente López Obrador cada día les añade nuevos adeptos. Bajo la misma lógica del PRM, el presidente ha dividido en dos a la población: los que están con él y los que no. Para fines prácticos, califica de conservadores a todas aquellas personas que no comulgan con su proyecto de “transformación”.

Lo peligroso de realizar esta tajante distinción es, claro, la polarización de la sociedad, aunque más allá de eso, está mezclando conceptos que no son compatibles, y que además no pueden cambiar por su mera voluntad de antagonizar a sus adversarios políticos. Al día de hoy, el verdadero conservadurismo mexicano se encuentra en la adversidad a dejar atrás las prácticas misóginas, las jerarquías, el privilegio y demás lastres. En cuanto a políticas específicas, el conservadurismo se encuentra en la férrea oposición a temas como la despenalización del aborto, del uso lúdico de la marihuana, del matrimonio igualitario, de la adopción para familias homoparentales, entre otras. Lo curioso aquí es que precisamente son estas prácticas y políticas las que no son ninguna prioridad para el presidente en turno.

 

 

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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