octubre 31, 2026

Connect with us

#4 Tiempos

¿Quién es quién? | Columna de Víctor Meade C.

Published

on

SIGAMOS DERECHO.

Cuando yo uso una palabra —insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

—Lewis Carroll, A través del espejo

 

Si el día de hoy decidiéramos leer la primera edición del Quijote, posiblemente no entenderíamos nada. El lenguaje evoluciona y se adapta a las necesidades de las personas; es una herramienta que está en función nuestra y no al contrario. Los significados cambian, algunas palabras pierden eficacia, algunas otras se crean y los conceptos se vuelven más complejos para lograr acercarnos a describir la realidad de una manera más precisa.

La precisión de las palabras que utilizamos es de suma importancia en todos los ámbitos de nuestras vidas: sería trágico, por ejemplo, que un médico confunda las palabras con las que diagnostica a su paciente. Imaginemos también la importancia de las palabras en el mundo jurídico; sería una sobresimplificación decir que si todas las personas domináramos el abogañol, podríamos prescindir de las y los abogados, pero sí es una realidad que gran parte de la labor de un abogado es traducir las situaciones del mundo real al lenguaje de las normas jurídicas.

Está clara importancia de las palabras y sus significados toma especial relevancia en el momento en que se utilizan de manera inadecuada, y más aún cuando son utilizadas desde una tribuna de poder, en un intento por modificar la realidad y no de describirla. Inevitablemente viene a la mente el caso del presidente López Obrador y el juego de palabras tan coordinado que muy exitosamente ha logrado incrustar en la discusión pública: transformación, conservadurismo, bienestar, pueblo, entre otras. En esta ocasión me ocuparé únicamente del conservadurismo y de cómo ha cambiado la manera en la que se entiende este concepto, a la luz del paradigma de la “4T”.

La palabra conservador proviene del latín conservator, que significa “el que guarda todo”. Las partes que conforman esta palabra son el prefijo con, que significa “completamente”; servare que significa “guardar, preservar o tener”; y el sufijo dor que significa “el que hace la acción”. Si a conservador le añadimos el sufijo ismo, nos estaremos refiriendo ya a la actividad, sistema o doctrina.

En cuanto a las bases teóricas, los inicios del conservadurismo están fincados en los años posteriores a la Revolución Francesa. En el marco del surgimiento del Tercer Estado y del debilitamiento de la élite que ostentaba el poder, nace una necesidad —de esos mismos grupos— por justificar y legitimar a los derechos, privilegios y prerrogativas que ahora estaban en peligro de desaparecer. Sobre esta misma línea, el escritor irlandés Edmund Burke desarrolló las bases de la teoría conservadora en su libro Reflections on the Revolution in France

, publicado en 1790. En dicho libro, Burke argumenta, entre otras cosas, que el cambio debía de darse de manera gradual y constitucional, no por medio de una revolución, ya que en el proceso se le perdía el respeto a la tradición y a los valores del pasado. Años después, en 1808, el vizconde François-René de Chateaubriand comienza a publicar en Francia un periódico llamado Le Conservateur, donde expresaba sus ideas políticas y proponía la defensa de la nación histórica francesa, aunque con principios liberales.

Para 1826 la obra de Burke ya se vendía traducida en las librerías de la Ciudad de México. El conjunto de ideales y de personas que buscaban que el orden tradicional imperara ante las ideas liberales encontraría en Lucas Alamán a su máximo exponente, quien buscó reformar la Constitución de 1824 para lograr un gobierno controlado por la aristocracia. Así, Alamán promovió la instauración de una monarquía extranjera en el gobierno mexicano, bajo las banderas de unidad nacional, orden civil y libertad política

.

Eventualmente nació el Partido Conservador y fueron fuertes promoventes de la llegada de Maximiliano al país. El gusto fue corto; las políticas implementadas por el monarca estuvieron más cargadas hacia el lado liberal. Corto, también, porque los liberales ascendieron y lograron la restauración de la República solo tres años después de iniciado el segundo imperio. El destino de Maximiliano ya todos lo conocemos.

Durante el porfiriato, los periódicos hablaban del “nuevo conservadurismo”, materializado en la burguesía. Estos nuevos conservadores promovieron el discurso de que eran “gente de bien”, pregonando superioridad moral y promoviendo la preservación de prerrogativas y derechos de clase para la élite religiosa del país. El Partido Conservador transicionó a ser el Partido Católico Nacional y, décadas después —en 1939—, se convirtieron en el Partido Acción Nacional.

En ese contexto, el conservadurismo sufrió de varios atropellos, pues gobernaba el Partido de la Revolución Mexicana y existían solo dos ideologías: los que estaban del lado del partido en el poder y los que no. Estos segundos recibían en automático la etiqueta de reaccionarios; naturalmente, en esa categoría caía Acción Nacional. Fue un gran triunfo para el conservadurismo mexicano la llegada a la presidencia de Fox; el PAN ya integraba dentro de sus filas a las familias de clases altas de los estados del norte del país, además de contar con mucho apoyo en el Bajío.

El problema que hoy le ataña al conservadurismo mexicano es su pragmatismo político y su desdibujamiento ideológico. Recordemos que el PAN formó coalición con MC y el PRD para contender por la presidencia, así como también el PES —de extrema derecha—, que terminó aliándose con Morena y el PT. Le ataña al conservadurismo, también, el problema de que el presidente López Obrador cada día les añade nuevos adeptos. Bajo la misma lógica del PRM, el presidente ha dividido en dos a la población: los que están con él y los que no. Para fines prácticos, califica de conservadores a todas aquellas personas que no comulgan con su proyecto de “transformación”.

Lo peligroso de realizar esta tajante distinción es, claro, la polarización de la sociedad, aunque más allá de eso, está mezclando conceptos que no son compatibles, y que además no pueden cambiar por su mera voluntad de antagonizar a sus adversarios políticos. Al día de hoy, el verdadero conservadurismo mexicano se encuentra en la adversidad a dejar atrás las prácticas misóginas, las jerarquías, el privilegio y demás lastres. En cuanto a políticas específicas, el conservadurismo se encuentra en la férrea oposición a temas como la despenalización del aborto, del uso lúdico de la marihuana, del matrimonio igualitario, de la adopción para familias homoparentales, entre otras. Lo curioso aquí es que precisamente son estas prácticas y políticas las que no son ninguna prioridad para el presidente en turno.

 

 

Tambien lee: Es todo y es nada | Columna de Víctor Meade C.

Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

Published

on

ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

También lee: Gallardo renueva transporte público urbano

Continue Reading

El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina

Continue Reading

El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano

Continue Reading

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados