octubre 14, 2026

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#4 Tiempos

¿Quién es quién? | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

Cuando yo uso una palabra —insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

—Lewis Carroll, A través del espejo

 

Si el día de hoy decidiéramos leer la primera edición del Quijote, posiblemente no entenderíamos nada. El lenguaje evoluciona y se adapta a las necesidades de las personas; es una herramienta que está en función nuestra y no al contrario. Los significados cambian, algunas palabras pierden eficacia, algunas otras se crean y los conceptos se vuelven más complejos para lograr acercarnos a describir la realidad de una manera más precisa.

La precisión de las palabras que utilizamos es de suma importancia en todos los ámbitos de nuestras vidas: sería trágico, por ejemplo, que un médico confunda las palabras con las que diagnostica a su paciente. Imaginemos también la importancia de las palabras en el mundo jurídico; sería una sobresimplificación decir que si todas las personas domináramos el abogañol, podríamos prescindir de las y los abogados, pero sí es una realidad que gran parte de la labor de un abogado es traducir las situaciones del mundo real al lenguaje de las normas jurídicas.

Está clara importancia de las palabras y sus significados toma especial relevancia en el momento en que se utilizan de manera inadecuada, y más aún cuando son utilizadas desde una tribuna de poder, en un intento por modificar la realidad y no de describirla. Inevitablemente viene a la mente el caso del presidente López Obrador y el juego de palabras tan coordinado que muy exitosamente ha logrado incrustar en la discusión pública: transformación, conservadurismo, bienestar, pueblo, entre otras. En esta ocasión me ocuparé únicamente del conservadurismo y de cómo ha cambiado la manera en la que se entiende este concepto, a la luz del paradigma de la “4T”.

La palabra conservador proviene del latín conservator, que significa “el que guarda todo”. Las partes que conforman esta palabra son el prefijo con, que significa “completamente”; servare que significa “guardar, preservar o tener”; y el sufijo dor que significa “el que hace la acción”. Si a conservador le añadimos el sufijo ismo, nos estaremos refiriendo ya a la actividad, sistema o doctrina.

En cuanto a las bases teóricas, los inicios del conservadurismo están fincados en los años posteriores a la Revolución Francesa. En el marco del surgimiento del Tercer Estado y del debilitamiento de la élite que ostentaba el poder, nace una necesidad —de esos mismos grupos— por justificar y legitimar a los derechos, privilegios y prerrogativas que ahora estaban en peligro de desaparecer. Sobre esta misma línea, el escritor irlandés Edmund Burke desarrolló las bases de la teoría conservadora en su libro Reflections on the Revolution in France

, publicado en 1790. En dicho libro, Burke argumenta, entre otras cosas, que el cambio debía de darse de manera gradual y constitucional, no por medio de una revolución, ya que en el proceso se le perdía el respeto a la tradición y a los valores del pasado. Años después, en 1808, el vizconde François-René de Chateaubriand comienza a publicar en Francia un periódico llamado Le Conservateur, donde expresaba sus ideas políticas y proponía la defensa de la nación histórica francesa, aunque con principios liberales.

Para 1826 la obra de Burke ya se vendía traducida en las librerías de la Ciudad de México. El conjunto de ideales y de personas que buscaban que el orden tradicional imperara ante las ideas liberales encontraría en Lucas Alamán a su máximo exponente, quien buscó reformar la Constitución de 1824 para lograr un gobierno controlado por la aristocracia. Así, Alamán promovió la instauración de una monarquía extranjera en el gobierno mexicano, bajo las banderas de unidad nacional, orden civil y libertad política

.

Eventualmente nació el Partido Conservador y fueron fuertes promoventes de la llegada de Maximiliano al país. El gusto fue corto; las políticas implementadas por el monarca estuvieron más cargadas hacia el lado liberal. Corto, también, porque los liberales ascendieron y lograron la restauración de la República solo tres años después de iniciado el segundo imperio. El destino de Maximiliano ya todos lo conocemos.

Durante el porfiriato, los periódicos hablaban del “nuevo conservadurismo”, materializado en la burguesía. Estos nuevos conservadores promovieron el discurso de que eran “gente de bien”, pregonando superioridad moral y promoviendo la preservación de prerrogativas y derechos de clase para la élite religiosa del país. El Partido Conservador transicionó a ser el Partido Católico Nacional y, décadas después —en 1939—, se convirtieron en el Partido Acción Nacional.

En ese contexto, el conservadurismo sufrió de varios atropellos, pues gobernaba el Partido de la Revolución Mexicana y existían solo dos ideologías: los que estaban del lado del partido en el poder y los que no. Estos segundos recibían en automático la etiqueta de reaccionarios; naturalmente, en esa categoría caía Acción Nacional. Fue un gran triunfo para el conservadurismo mexicano la llegada a la presidencia de Fox; el PAN ya integraba dentro de sus filas a las familias de clases altas de los estados del norte del país, además de contar con mucho apoyo en el Bajío.

El problema que hoy le ataña al conservadurismo mexicano es su pragmatismo político y su desdibujamiento ideológico. Recordemos que el PAN formó coalición con MC y el PRD para contender por la presidencia, así como también el PES —de extrema derecha—, que terminó aliándose con Morena y el PT. Le ataña al conservadurismo, también, el problema de que el presidente López Obrador cada día les añade nuevos adeptos. Bajo la misma lógica del PRM, el presidente ha dividido en dos a la población: los que están con él y los que no. Para fines prácticos, califica de conservadores a todas aquellas personas que no comulgan con su proyecto de “transformación”.

Lo peligroso de realizar esta tajante distinción es, claro, la polarización de la sociedad, aunque más allá de eso, está mezclando conceptos que no son compatibles, y que además no pueden cambiar por su mera voluntad de antagonizar a sus adversarios políticos. Al día de hoy, el verdadero conservadurismo mexicano se encuentra en la adversidad a dejar atrás las prácticas misóginas, las jerarquías, el privilegio y demás lastres. En cuanto a políticas específicas, el conservadurismo se encuentra en la férrea oposición a temas como la despenalización del aborto, del uso lúdico de la marihuana, del matrimonio igualitario, de la adopción para familias homoparentales, entre otras. Lo curioso aquí es que precisamente son estas prácticas y políticas las que no son ninguna prioridad para el presidente en turno.

 

 

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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