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El país del desmantelamiento científico | Columna de J.R. Martínez / Dr. Flash

EL CRONOPIO.

En plena crisis por la pandemia del coronavirus, mientras los grupos de investigación de varias partes del mundo se vuelcan en el estudio de aspectos relacionados con el virus y de manera especial, por la búsqueda de una vacuna que pueda desterrarlo, México da a conocer el nuevo reglamento del Sistema Nacional de Investigadores, el SNI, que agrupa a la comunidad científica del país con apoyos económicos que les permitan seguir realizando investigación científica, complementando sus salarios en universidades y centros de investigación del país. En el referido reglamento la comunidad científica se encuentra con la noticia de que el área de investigación de biotecnología es retirada del sistema y no es contemplada en el nuevo reglamento, por lo que aquellos investigadores que desarrollan trabajo en esta área se encuentran de la noche a la mañana quedaron desprotegidos en el sistema de investigación nacional.

Reiterados han sido los pronunciamientos gubernamentales respecto a la existencia de una ciencia fifí, y por lo que se percibe la biotecnología cumple para el gobierno con esta definición artificiosa y denigrante. ¡Fuchi con la biotecnología!, parece decir el actual gobierno; mientras anuncia con bombo y platillo que México “producirá” junto con Argentina la vacuna en la que trabaja la farmacéutica AstraZeneca. Anuncio que, por cierto, es manejado como si nuestro país estuviera descubriendo la vacuna, cuando en realidad implica una maquila de la dichosa vacuna bajo la supervisión y procesos desarrollados por AstraZeneca. Nuevamente se escuchan los discursos dependentistas con aires nacionalistas que anuncian supuestos productos o desarrollos mexicanos que en realidad son comprados o arrendados, como lo fue en los ochenta los publicitados satélites mexicanos, que de mexicanos solo tenían el nombre. Entonces había sido desmantelada la Comisión Nacional del Espacio Exterior y se habían burocratizado los pocos trabajos en investigación espacial que se desarrollaban en México, quedando a merced, nuevamente de las grandes potencias en cuestiones de arrendamiento de comunicaciones vía satélite.

Mientras naciones Latinoamericanas, como el caso de Cuba, anuncia la creación de nuevos centros de biotecnología en aquel país, que por cierto ya cuenta con uno de los mejores a nivel mundial, México cierra la llave para apoyos personales a los investigadores del sistema nacional que aportan conocimiento en el área de la biotecnología. No es la primera vez que sucede semejantes acciones que dan paso atrás a los avances que luego a contracorriente se logran en México, en el área referida. Después que a fines del siglo XIX científicos mexicanos trabajaban en el desarrollo de vacunas para aquellas enfermedades infecciosas que asolaban a la población, como la fiebre amarilla y la rabia, y que en este último caso lograban la creación de vacunas por primera vez en nuestro país, como fue la vacuna antirrábica desarrollada por Miguel Otero en San Luis Potosí en 1888, antecedente que marcó el ingreso de México en el campo de la producción de vacunas y la posterior institucionalización con la creación de centros de investigación como el Instituto Nacional Bacteriológico antecesor del Instituto Nacional de Higiene. Donde desde hace más de un siglo sería la base de la producción nacional de vacunas y uno de los centros de salud desmantelados por la falta de una política científica, barrido por la ignorancia de gobiernos de todos los colores.

Al parecer no aprendemos de las lecciones y de la importancia que tiene el uso del conocimiento para el desarrollo social y el enfrentamiento del sin fin de problemas que presenta un país como el nuestro, de las cuales la ciencia, así sin apellidos, puede aportar en la medida que sea apoyada y tomada en cuenta sin tapujos a través de una organización de la base científica que tiene nuestro país y del cual estamos lejos de contar con programa nacional a la altura de su comunidad científica.

Mientras damos tumbos en el control de la pandemia, con manejos muy cuestionados, tanto por la sociedad civil como la propia comunidad científica, nos damos el lujo de desairar y golpear a los investigadores en biotecnología. Quien se los manda trabajar en ciencia fifí.

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