julio 22, 2026

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Columna de Nefrox

Press start to continue | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Gus Rodríguez

Testeando

 

Junio de 1992, un niño de 9 años camina por la avenida Mariano Jiménez en San Luis Potosí; es aproximadamente la 1:15 de la tarde, los últimos días de escuela acompañan a muchos alumnos en su travesía rumbo a casa. Ahí, en un pequeño local de periódicos y revistas se dará un encuentro que cambiará por completo la vida de ese niño

En una pequeña tabla que servía como exhibidor de algunas revistas, una portada llama la atención: Pedro Picapiedra aparece con los brazos levantados; pero lo que de verdad cautivó la mirada de este niño, es una palabra grande y, con su tradicional color rojo, el inconfundible logotipo de Nintendo resalta en el nombre de la revista. Es el número 7 del primer año de la mítica Club Nintendo. 

Tengo enormemente grabado ese instante, “la primera vez que vi la revista Club Nintendo” y recuerdo también que batallé para conseguir los $6,000 pesos (de 1992) que costaba la revista, para poder comprarla. Como niño, no reparé al principio sobre quién o quiénes escribían en ese material, simplemente devoraba cada número de principio a fin; la revista es en gran parte culpable de que mis aficiones tanto al videojuego como a la lectura se convirtieran casi en vicio. Leía todo, desde la portada y encabezados, hasta los comerciales y las letras pequeñas de la editorial, mes con mes era un asiduo lector de unas letras a las que no necesitaba ponerles autor. 

Pasó el tiempo. Los años me hicieron más y más curioso mientras la información de pronto aparecía; el culpable de tantas y tantas horas de lectura era todo un personaje, un tipo de cabello rebelde, lentes de fondo de botella, jeans a la cadera y camisas de mezclilla fajadas, sin olvidar el uso de tenis de bota y casi siempre una cachucha para intentar controlar esa maraña de pelo. Su nombre era Gustavo, pero le “gus”taba que le dijeran Gus. Gus Rodríguez

Poco a poco ese personaje fue ganando más y más notoriedad con algunas apariciones fotográficas en la revista y menciones cada vez más cercanas de su trabajo como editor, hasta que su figura se materializó por completo cuando un buen sábado apareció en televisión en un maravilloso programa llamado Nintendomanía. Ahí el personaje firmó su siguiente nivel: convertirse en leyenda de toda una generación. 

No me voy a detener a contar lo que Nintendomanía y Gus lograron en esos años, me brincaré toda la historia para contar mi historia con Gus. 

Allá por el 2009, en un aún incipiente Twitter mexicano donde pocas personas charlábamos y muchos famosos respondían los tweets, se me ocurrió pedirle una entrevista a Gus. Para ser sincero, nunca pensé que me respondería, pero mi emoción se desbordó cuando recibí la respuesta de Gus, un mensaje directo en donde me decía que con mucho gusto me daría la entrevista, adjuntando también su número de celular y una serie de indicaciones para hacer la llamada. Recuerdo muy bien contarle rápidamente a mi amigo Axel, otro fanático que creció leyendo y viendo a Gus. Nos pusimos de acuerdo y realizamos la llamada. 

Esa primera llamada duró algunos minutos; sirvió para organizar bien el horario para realizar la entrevista. Una semana después, Gus estaba al teléfono contándonos la misma historia que repetiría una y otra vez sobre el nacimiento de Club Nintendo y Nintendomanía… la diferencia: ahora nos la estaba contando a nosotros, dos fanáticos influenciados a estudiar Comunicación por su total y plena culpa. 

Tuve la fortuna de ver y charlar con Gus en dos ocasiones más, ambas en persona, siempre repitiéndole la misma cosa: “yo soy yo, gracias a ti”. 

Afortunadamente tuve la oportunidad de saludarlo, de charlar con él, de entrevistarlo, de tomarme fotos con mi ídolo, tuve la gracia de alguna vez agradecerle en persona lo que hizo y cómo nos cambió la vida; tuve la oportunidad de hacerlo reír y hasta de romper mi ética profesional al aprovechar mi papel como entrevistador para pedirle un autógrafo. Y Gus siempre, siempre sonriente y amable en cada momento en que estuvimos en contacto. 

El pasado viernes, mientras jugaba videojuegos (como prácticamente cualquier otro viernes) mi amiga Lupita nos avisaba: ¡falleció Gus Rodríguez! Nunca pensé que me iba a enterar de esa noticia a través de un videojuego, nunca pensé que mi más grande ídolo y referente tanto en la comunicación como en los videojuegos se iba a ir mientras yo tomaba el control en una misión. Ese momento, esa noche, va a quedar grabada en mi memoria tan profundamente como la primera vez que vi una Club Nintendo; es el final de un ciclo y el inicio de una leyenda

Gracias Gus, eres el culpable de que sea comunicólogo, eres el culpable de que haya escrito durante mucho tiempo de videojuegos, eres el culpable de que IndirectoTV haya existido, eres el culpable de que Item siga al aire después de casi nueve años entre televisión y radio. Eres el culpable de esa semilla que nunca se va a ir, esa que se llama videojuegos y que es imposible de retirar de mi vida. 

Gracias Gus y solo queda presionar start y seguir adelante, continuar con lo que nos encanta hacer, siempre sonriendo y dejando el alma en cada compromiso, justo como siempre nos demostraste que se tiene que hacer.

Gracias Gus y estamos en contact… por siempre.

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El padre de todos los clásicos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay rivalidades que nacen por geografía.
Otras por finales.
Y unas cuantas porque el tiempo se encargó de convertirlas en tradición.

Necaxa contra Atlante pertenece a ese último grupo. Mucho antes de que el futbol mexicano se llenara de etiquetas comerciales, de clásicos inventados y de rivalidades que duran lo que dura una buena campaña de marketing, estos dos equipos ya cargaban décadas enfrentándose. Compartieron ciudad, compartieron afición y compartieron una época en la que el futbol comenzaba a convertirse en una pasión nacional.

Hablar de Necaxa y Atlante es hablar de los cimientos del futbol mexicano.
Es hablar de Horacio Casarín, de los “Prietos”, de los “Electricistas”, de un tiempo donde las camisetas pesaban por su historia y no por la cantidad de patrocinadores que llevaban al frente.

Por eso este partido nunca será uno más. Aunque cambien las generaciones. Aunque cambien las sedes. Aunque ambos hayan recorrido caminos muy distintos.

El futbol, sin embargo, tiene una costumbre inevitable. No vive de la nostalgia, la respeta, pero no juega para ella.

Necaxa derrotó 2-1 al Atlante.

No fue un partido sencillo. Nunca lo son cuando enfrente hay un rival que entiende el significado del escudo que porta. Atlante compitió como compiten los equipos con historia: sin importar la categoría, sin importar el presupuesto y sin importar quién aparezca como favorito.

Pero esta vez el presente terminó imponiéndose.

Necaxa encontró los momentos justos para inclinar el partido y confirmar que atraviesa una etapa distinta. Una donde ya no solamente intenta recuperar el prestigio de otros tiempos, sino construir uno nuevo.

Atlante, en cambio, volvió a demostrar algo que siempre ha acompañado su historia.
Puede cambiar de ciudad.
Puede cambiar de división.
Puede cambiar de propietarios.
Pero nunca deja de competir.

Hay clubes que sobreviven gracias a los títulos. El Atlante sobrevive gracias a su identidad.

Y eso explica por qué cada vez que enfrenta al Necaxa, el partido adquiere un significado diferente.

No importa la tabla. No importa el torneo. Hay recuerdos que siguen jugando aunque los protagonistas sean otros.

Quizá las nuevas generaciones no entiendan del todo por qué este partido sigue despertando tantas emociones.
Ellos crecieron con otros clásicos, con otras camisetas, con otras narrativas.
Pero basta revisar un poco la historia para comprender que antes de los reflectores, antes de las transmisiones internacionales y antes de los contratos millonarios, ya existían partidos como este.

Encuentros que ayudaron a construir la identidad del futbol mexicano.

El 2-1 quedará en las estadísticas.
Necaxa sumará una victoria más.
Atlante volverá a levantarse, como tantas veces lo ha hecho a lo largo de su historia.

Pero hay algo que el marcador no puede modificar.

Cada vez que estos dos equipos se encuentran, el futbol mexicano hace una pequeña pausa para recordar de dónde viene.

Porque algunos clásicos nacen por el presente.
Pero el Padre de Todos los Clásicos sigue vivo gracias a su pasado. Y mientras Necaxa y Atlante sigan encontrándose en una cancha, siempre habrá alguien dispuesto a recordar que, mucho antes de que existieran las grandes campañas publicitarias, ya había partidos capaces de contar la historia completa de nuestro futbol.

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Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.

México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.

México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.

Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.

El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas

.

Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.

Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.

Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.

Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.

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#4 Tiempos

Aún quedan 102 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Comenzó la fiesta, la bola rodó en CDMX y Guadalajara, México y Corea pegaron primero y se llevaron los primeros puntos, se gritaron los primeros goles y la primera voltereta se dio en Jalisco. Así se cierra el primer día de actividades en tierra azteca. La pelota ahora va a Canadá y Estados Unidos.

En CDMX México ganó pero dejó dudas, un 2-0 que debió ser mucho más contundente, un equipo que no resolvió y un arquero sudafricano que salió inspirado fueron una constante en los 90, México con nerviosismo pudo romper la estadística de nunca haber triunfado en un partido inaugural después de 7 anteriores, lo hizo bien a secas y con una tarjeta roja que aunque cuestionable se sanciona y deja a la selección con una ausencia importante para el siguiente partido.

Más tarde en Guadalajara, el estadio de las Chivas fue testigo de un insípido primer tiempo que terminó 0-0

, partido nada digno de una justa tan importante, para la segunda parte los asiáticos comenzaron perdiendo, un tremendo saque de banda que fue catapultado emulando a un tiro de esquina consigue llevar un remate de cabeza impresionante, de ahí, Corea se levanta para terminar ganando 2-1 y sacar los tres puntos muy importantes para colocarse en segundo del grupo, solo por diferencia de goles detrás de México.

Buen arranque de la fiesta aunque el fútbol de nivel sigue y probablemente seguirá ausente en esta primera ronda, el estallido de la copa se verá a partir del fin de semana, cuando arranquen hasta 4 partidos diarios. Justo ahí la fiesta se habrá puesto completamente buena.

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