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Manuel José Othón, el olvidado genio potosino de la poesía
A 113 años de su muerte, consultamos con expertos para entender su importancia en la historia de la literatura mexicana y mundial
Por: Ana G Silva
Ayer se cumplieron 113 años del fallecimiento de Manuel José Othón (1858-1906) quien fue el poeta potosino más importante de la historia y uno de los más relevantes que ha entregado México al mundo, tanto así que hoy sus restos descansan en la Rotonda de la Personas Ilustres, sin embargo, su obra y su figura son poco reconocidas.
El poeta nació en Cerritos y su genio lo convirtió en la inspiración de la mayoría de los escritores y escritoras de la primera mitad del siglo XX. La Orquesta consultó con Edén Coronado, uno de los fundadores de la compañía de teatro de “El Rinoceronte Enamorado’‘, y con Ignacio Betancourt, investigador del Colegio de San Luis (Colsan) y quien escribió el libro “Manuel José Othón. Antología”, para conocer más acerca del considerado patriarca de los poetas potosinos.
Betancourt describió a Othón como el principal poeta mexicano, reconocido a nivel internacional. Su importancia llegó a tal punto que fue la inspiración de figuras posteriores como Ramón López Velarde, quien mostró su respeto hacía el potosino al dedicarle su primer libro “La sangre devota”, además de mudarse a San Luis Potosí “con la ilusión de conocer a Manuel José Othón”. Agregó que el mismo Salvador Díaz Mirón reiteró “que él y Othón eran los mejores poetas de América Latina, es decir Othón era un poeta local, pero con un prestigio nacional importante”, apuntó el investigador.
Edén Coronado apuntó que comparado con otros personajes potosinos importantes, lo colocaría con el mismo nivel de relevancia que Julián Carrillo, debido a su capacidad de concreción de sus obras: “no hay otro personaje cercano que se le asemeje”.
Ignacio Betancourt señaló que Othón fue reconocido como dramaturgo, antes que como poeta y, finalmente, como narrador. Argumentó que su poesía se describe como “muy truculenta”, además de singular, pues es un poeta que repudió a los modernistas a pesar de que él era uno: “Él era muy atormentado, sobre todo en su relación con las mujeres, siempre, y eso se nota más en sus cuentos que son terribles, siempre se muere la mujer, la mata, es muy complicado, pero la poesía de Othón se caracteriza, como decía López Velarde “Othón realizó el prodigio de vaciar las inquietudes del alma moderna en la serenidad imperturbable de los antiguos modelos’”, un modernista en contra de los modernistas”.
Edén Coronado coincidió en que la poesía de Manuel José Othón está ligada a la soledad del individuo, con una voz “muy íntima e introspectiva”, donde en su poema más famoso “El salvaje idilio” termina siendo una oda a estas características, también es un relato luminoso que no son los espacios que habitamos en el día a día y que están ligados los dolores que no se van.
“Me gusta esa frase de Car los Montemayor que dice que ‘todo personaje literario es producto de una lengua’, Othón es un premio a la lengua, sin embargo, su particularidad tiene mucho que ver con su sentido provinciano, las voces poéticas como de Lopez Velarde y de Othón se distinguen porque tienen un aire provinciano, es decir que desde su nicho le hablaron al mundo, es por eso que ahora Othón es una de las lenguas mexicanas, no solo potosinas, que ha tocado con su poesía muy particulares y sensibles de la humanidad”, describió el director del Rinoceronte Enamorado.
El investigador del Colsan resaltó que en San Luis Potosí se conoce el nombre de Manuel José Othón, pero no por su obra, sino por las calles, plazas o cosas que llevan su nombre: “Su poesía que es lo más importante no se conoce, debería difundirse más”.
Coronado agregó que concuerda en que el personaje no tiene el reconocimiento que debería; sin embargo, eso suele ser un tema a nivel internacional: “un ejemplo de ello es que hace 10 años escribí una obra sobre un personaje de la literatura universal que es Georg Büchner y es un representante del drama alemán y de todo el movimiento que fue lo equiparable al romanticismo y cuando estábamos en proceso de la escritura me encontré con una nota que decía que en Alemania la figura de este personaje era desconocida, que los jóvenes lo diferenciaban porque era el representante más importante de las letras alemanas, pero cuando les preguntaban quién había sido o que había escrito no podían responder, acá nos pasa lo mismo a la ciudadanía”.
Ignacio Betancourt indicó que el mismo Manuel José Othón decidió irse del estado pues nunca recibió reconocimiento como poeta ni como abogado: “su primer y único libro que escribió que fue “Poemas Rústicos” lo dedico a Jalisco y no a San Luis, es muy significativo porque Othón fue muy maltratado en el estado”.
A continuación reproducimos “Idilio Salvaje” de Manuel José Othón como un homenaje a su grandeza:
Idilio salvaje
A Alfonso Toro
A fuerza de pensar en tus historias
y sentir con tu propio sentimiento,
han venido a agolparse al pensamiento
rancios recuerdos de perdidas glorias.
Y evocando tristísimas memorias,
porque siempre lo ido es triste. Siento
amalgamar el oro de tu cuento
de mi viejo román con las escorias.
¿He interpretado tu pasión?, lo ignoro;
que me apropio al narrar, algunas veces,
el goce extraño y el ajeno lloro.
Sólo sé que, si tú los encareces
con tu ardiente pincel, serán de oro
mis versos y de esplendor sus lobregueces.
I
¿Por qué a mi helada soledad viniste
cubierta con el último celaje
de un crepúsculo gris?… Mira el paisaje,
árido y triste, inmensamente triste.
Si vienes del dolor y en él nutriste
tu corazón, bien vengas al salvaje
desierto, donde apenas un miraje
de lo que fue mi juventud existe.
Mas si acaso no vienes de tan lejos
y en tu alma aún del placer quedan los dejos,
puedes tornar a tu revuelto mundo.
Si no, ven a lavar tu ciprio manto
en el mar amarguisimo y profundo
de un triste amor o de un inmenso llanto.
II
Mira el paisaje: inmensidad abajo,
inmensidad, inmensidad arriba;
en el hondo perfil, la sierra altiva
al pie minada por horrendo tajo.
Bloques gigantes que arrancó de cuajo
el terremoto, de la roca viva;
y en aquella sabana pensativa
y adusta, ni una senda ni un atajo.
asoladora atmósfera candente
de se incrustan las águilas serenas
como clavos que se hunden lentamente.
Silencio, lobreguez pavor tremendos
que viene sólo a interrumpir apenas
el balope triunfal de los berrendos.
III
En la estepa maldita, bajo el peso
de sibilante grisa que asesina,
irgues tu talla escultural y fina
como un relieve en el confín impreso.
El viento, entre los médanos opreso,
canta como una música divina,
y finge bajo la húmeda neblina,
un infinito y solitario beso.
Vibran en el crepúsculo tus ojos,
un dardo negro de pasión y enojos
que en mi carne y mi espíritu se clava;
y destacada contra el sol muriente,
como un airón, flotando inmensamente,
tu bruna cabellera de india brava.
IV
La llanura amarguísima y salobre,
enjuta cuenca de océano muerto,
y en la gris lontananza, como puerto,
el peñascal, desamparado y pobre.
Unta la tade en mi semblante yerto
aterradora lobreguez, y sobre
tu piel, tostada por el sol, el cobre
y el sepia de las rocas del desierto.
Y en el regazo donde sombra eterna,
del peñascal bajo la enorme arruga,
es para nuestro amor nido y caverna,
las lianas de tu cuerpo retorcidas
en el torso viril que te subyuga,
con una gran palpitación de vidas.
V
¡Qué enferma y dolorida lontananza!
¡Qué inexorable y hosca la llanura!
Flota en todo el paisaje tal pavura
como si fuera un campo de matanza.
Y la sombra que avanza, avanza, avanza,
parece, con su trágica envoltura,
el alma ingente, plena de amargura,
de los que han de morir sin esperanza.
Y allí estamos nosotros, oprimidos
por la angustia de todas las pasiones,
bajo el peso de todos los olvidos.
En un cielo de plomo el sol ya muerto,
y en nuestros desgarrados corazones
¡El desierto, el desierto… y el desierto!
VI
¡Es mi adiós…! Allá vas, bruna y austera,
por las planicies que el bochorno escalda,
al verberar tu ardiente cabellera,
como una maldición, sobre tu espalda.
En mis desolaciones ¿qué te espera?
—ya apenas veo tu arrastrante falda—
una deshojazón de primavera
y una eterna nostalgia de esmeralda.
El terremoto humano ha destruido
mi corazón y todo en él expira.
¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!
Aún te columbro, y ya olvidé tu frente;
sólo, ay, tu espalda miro cual se mira
lo que huye y se aleja eternamente.
VII
Envío
En tus aras quemé mi último incienso
y deshojé mis postrimeras rosas.
Do se alzaban los templos de mis diosas
ya sólo queda el arenal inmenso.
Quise entrar en tu alma y, ¡qué descenso,
qué andar por entre ruinas y entre fosas!
¡A fuerza de pensar en tales cosas,
me duele el pensamiento cuando pienso!
¡Pasó…! ¿Qué resta ya de tanto y tanto
deliquio? En ti ni la moral dolencia
ni el dejo impuro, ni el sabor de llanto.
Y en mi, ¡qué hondo y tremendo cataclismo!
¡Qué sombra y que pavor de conciencia,
y qué horrible disgusto de mí mismo!
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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Es jueves, siempre lo es.
En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.
La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.
En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).
El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.
Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.
¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.
Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?
Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.
La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.
En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.
En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad : La que se tiene o la que viene.
Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.
Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.
En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.
Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.
Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.
Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.
Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.
Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.
Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.
Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.
Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.
Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.
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SLP registra afluencia récord en Semana Santa
La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado
Por: Redacción
En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.
Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.
Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.
También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes.
De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.
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Ayuntamiento de SLP
Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera
El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción
Por: Redacción
La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera.
Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes.
Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción.
Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.
La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.
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