mayo 17, 2022

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#4 Tiempos

Leer evita el ridículo | Columna de Óscar Esquivel

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leer evita el ridículo

Desafinando

 

Nadie escribe, quien no, escriba su propia biografía; y óptimamente cuando no se da cuenta de ello, Hebbel

Es infinitamente más difícil escribir un catálogo que escribir una mala novela, Oscar Wilde

Escribir y leer van de la mano, el no leer nos hace vulnerables al tomar como cierta cualquier clase de literatura, incluso un documento, una carta, un folleto. Los mexicanos somos poco proclives a leer un libro, enterarnos de otras personas: su pensamiento, sus fantasías, enfados, tristezas, alegrías, no nos acostumbramos al conocimiento que aporta un libro, tanto por su contenido, como a su redacción o el seguimiento de una historia verdadera, donde el escritor aporta pruebas de amplias investigaciones, independiente la gramática que se exponga.

Una persona no acostumbrada a la lectura es fácil presa de un engaño, un fraude. Su propia libertad está en juego al no comprender lo escrito en un documento. La flojera de no leer y entender lo leído, es el resultado de la “chamaqueada” que nos infirieron los norteamericanos con la firma del documento del tratado de libre comercio, el T-MEC. En letras chiquitas, México, en resumen, permitiría “inspectores”, digo, agregados diplomáticos estadounidenses, en temas laborales, que monitorearían la reforma laboral en nuestro país. “Nos parece inaceptable” declara Seade, negociador mexicano. El daño ya está hecho.

Lo lamentable de esta situación no es el protocolo de firma, es que el país gasta millones de pesos en asesores, como para que se hagan este tipo de cosas de niños, pero aun lo más lamentable es que se envía al Senado para su ratificación. De 128 senadores y un número indeterminado de asesores, “burros” a mas no poder, nadie se dio cuenta de esta pifia, tenemos ante nosotros un conglomerado de irresponsables, bien pagados, que no merecen estar en donde están. 

¿Es lo que nos merecemos? ¡Seguro sí! Senadores que no dan una, no argumentan y si lo hacen ponen cada pretexto, ¡fue él ¡No, fue aquel!  Se pasan la bolita uno a otros, y el mexicano solo observando, sobándose la barriga, y todo porque la lectura les causa sarna.

Ahora hay que esperar los resultados diplomáticos, pues el T-MEC está en el escritorio del senado norteamericano a punto de ser autorizado, imperdonable, como dijo Cantinflas, “son unos desleídos”. 

García Luna, “Top Secret”, así sellaba la página de una carpeta de investigación, en el escritorio de Felipe Calderón, y el doctor Calderón entendió en su nublada mente, que se trataba de una película de Tom Cruise, agente 007. No leyó las letras chiquitas que le informaban sobre el comportamiento criminal de García Luna, desestimó la información o simplemente la ignoro; El exjefe policiaco, con todo su poder acumulado en dos sexenios, no se escapó que lo vistieran color “jijo naranja”, esposado, humillado en su persona, que solo se atrevía a esbozar ante el juez texano, “sí, señor”. 

Solo es la punta de un iceberg que señala para todos lados, hacia México sin duda, pero si la justicia norteamericana es tan ciega y equilibrada como se presume, entonces deber voltear hacia los grandes capos norteamericanos, que da la casualidad “ellos si saben cómo camuflarse”.

¡Cómo no!, si tienen, dicen, la protección de los grandes capitales, de políticos y el propio sistema los arropa; si cortara el suministro de estupefacientes ¿quién les alimentará tanta saciedad de droga? Consumen 30 millones de personas en el vecino país, además de 66 millones de alcohólicos. Cada 19 minutos muere un estadounidense por sobredosis de heroína. 

El juicio final siempre llegará. Culpable o no, el expolicía amigo de Calderón no leyó el código de ética política, y mucho menos el policial. Si lo leyó, lo tomó como una buena broma de una película de comedia inglesa, humor británico irónico, negro, se burlan de sí mismos, y de la urbanidad impuesta, absurda, ridícula, desesperante.

SE VA EL TIEMPO

El año termina, se va haciendo viejito, pronto encontrará un mejor lugar para volver a renacer, el 1 de enero. Un tiempo de 365 dias con escollos salvables, otros no tanto. La violencia política en América Latina, reclamos justos, siempre con alta dosis de destrucción y violencia. El hartazgo del robo al más pobre, la justicia solo para la élite. La impunidad de los malnacidos machos, que llevaron a la muerte a miles de mujeres, las quemaron con ácido, las humillaron, y ellos tan campantes en alguna playa o en el cobijo extranjero. La justicia quedará sentada esperando nuevos vientos y en estos vientos la justicia también le tocó al hombre más poderoso del mundo. Donald Trump, será juzgado por abuso de poder, los expertos dicen se hará más fuerte si demuestra lo contrario. Aun así, será sometido a un interrogatorio judicial. En México ¿cuándo?

Los potosinos vivimos una larga lucha contra la corrupción, la simulación gubernamental, las falsas creencias donde todo está bien, la justicia lenta

La falta de transparencia de los gobiernos nos hacen saber el ocultamiento del abuso que se hace dentro del poder para saquear al erario, se autoimponen sueldos que hieren, dan vergüenza, en un estado donde la mitad de sus habitantes son pobres, hay obras interminables, caras y a sobreprecios. 

El progreso que no se planeó, un desarrollo económico desigual, que poco importó. Lo importante para ellos es la fotografía en los pasillos de línea de producción de las grandes empresas, explotadoras del trabajador con miserables sueldos, la sobrepoblación, género un nudo que no se puede deshacer: la movilidad en la zona metropolitana. 

No todo es gris, la sociedad potosina, buena, trabajadora, incluyente, es la columna que soporta este hermoso estado. Si bien el caos es generado por aquellos cortos de miras, cada habitante tenemos la responsabilidad de cuidar nuestra riqueza natural, los recursos que nos da la tierra, aprender que nadie es mejor que el otro, mejorar en la educación de los hijos, exigir mejor educación escolar, pública o privada, solo esto hará de esta patria chica el mejor lugar para vivir.

Mis mejores deseos, mil gracias por este año a todos ustedes, nos saludaremos pronto el año que viene. ¡Felicidades!

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#4 Tiempos

Nabor Carrillo pionero de la física nuclear en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los hijos de Julián Carrillo, fue Nabor Carrillo Flores, científico que llegara a ser rector de la UNAM en la década de los cincuenta; durante el referido rectorado, fungiría como secretario general el científico y humanista potosino Efrén Carlos del Pozo, quien sería un baluarte en el progreso de la medicina y en particular de la fisiología en México.

La relación con la UASLP fue manifiesta; por un lado, para Nabor Carrillo representaba la tierra de su padre y para Efrén del Pozo su alma mater. Del Pozo, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard donde también se graduaría de doctor en ciencias Nabor Carrillo.

Nabor Carrillo Flores se tituló en la UNAM de ingeniero civil en 1939, cuando estaba abriéndose apenas el Instituto de Física, su desempeño académico fue brillante lo que le permitió obtener la beca Guggenheim y convertirse en uno de los expertos internacionales en mecánica de suelos al graduarse de doctorado en ciencias en la Universidad de Harvard. Su brillante trayectoria académica, que incluye el ser uno de los pioneros de la investigación en física nuclear en el país al crear el Laboratorio de Van de Graaff, primer coordinador del organismo nacional de la Investigación Científica, rector de la UNAM, Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Michigan y Premio Nacional de Ciencias y Artes, entre otras distinciones, ha relegado, de cierta forma, su contribución a la ciencia originada con su tesis de licenciatura de la que poco se habla. Entre otros factores, por no haber sido publicada de manera formal.

La llamada órbita geoestacionaria, en realidad es la órbita de los satélites geoestacionarios sincrónicos, de esta forma los que se encuentran geoestacionarios son los satélites y no la órbita. La historia de la ciencia establece que fue hasta 1945 que Arthur C. Clarke la descubrió y la publicó en su obra Extraterritorial Relays y habló por primera vez de la posibilidad de colocar satélites artificiales en esa zona espacial formada por un “anillo” imaginario que circunda a la Tierra en dirección paralela a la línea ecuatorial a una altura cercana a los 36 mil kilómetros, con un ancho de 150 kilómetros y un espesor de alrededor de 30 kilómetros. A esa zona espacial se le conoce actualmente como cinturón de Clarke.

Antes de que la idea de órbitas geoestacionarias fuera publicada por Clarke, la comunidad científica comenzaba a debatir al respecto y, en particular, Nabor Carrillo la había planteado en su tesis de licenciatura, que presentara en la UNAM en 1939, tal como lo establece el maestro Julián Carrillo.

Durante un congreso de física en Nueva York y al que asistiera Carlos Graef, uno de los participantes planteaba justo esa posibilidad de los llamados anillos gravitacionales en el ecuador terrestre, por lo que Graef que conocía el trabajo de Nabor Carrillo, les refirió que eso ya estaba planteado en la tesis de Carrillo. Los participantes lo conminaron a demostrar la publicación del trabajo mencionado por Graef, así que, al regresar a México, buscó la publicación de la tesis, de manera infructuosa, pues solamente logró, en conjunto con Alberto Barajas encontrar el manuscrito del trabajo, que no fue publicado de manera formal. Julián Carrillo continúa narrando la diferencia entre guardar y archivar los trabajos o publicitarlos a través de congresos y publicaciones lo que debería de hacerlos trascender.

De esta forma, científicos mexicanos, participaban en las bases del desarrollo de las ciencias espaciales, que caracterizan en estos tiempos a nuestra sociedad. Las ideas de Carrillo fueron expuestas y discutidas en dicho congreso por Graef, lamentablemente su contribución no ha quedado registrada en la historia de la ciencia, como muchas otras aportaciones de nuestros científicos; gracias a Julián Carrillo podemos enterarnos del planteamiento de la teoría de anillo gravitacional introducida por Nabor Carrillo en la década de los treinta del siglo XX.

Nabor Carrillo murió el 19 de febrero de 1967 a los 56 años de edad, sus restos fueron trasladados a la rotonda de los hombres ilustres, al lado de su padre, justo en el centenario del natalicio de Don Julián Carrillo, el 28 de enero de 1975.

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#4 Tiempos

Gracias | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

Mucho podría hablar sobre el juego de cuartos de final entre San Luis y Pachuca, los errores en la marca, lo peligroso de Ibañez, los fallos de Murillo, en fin, demasiadas cosas sucedieron en la cancha del Lastras el miércoles por la noche.

Sin embargo hoy no quiero hablar de lo que sucedió en el rectángulo verde, hoy quiero hablar de la tribuna.

Simplemente gracias. Gracias a este equipo que me dio la oportunidad de volver a ver un estadio vibrante, una afición esperanzada y muchos rostros felices. Y es que ser aficionado al futbol en tierras potosinas, es una labor complicada, entre mudanzas, equipos malos, descensos y derrotas, el futbol en San Luis se traduce en sufrimiento.

Cuando la pandemia arrancó, el futbol potosino apenas llevaba unos meses en el máximo circuito después de su ascenso. El golpe a la afición fue duro, ya que semanas antes se había dado la lamentable bronca contra Querétaro que había terminado con juegos a puerta cerrada; en pocas palabras, entre una y otra cosa, el estadio no se pudo llenar.

Tuvieron que pasar los meses, los años, para que San Luis volviera a ilusionar, hoy este equipo que dista mucho de ser el mejor, levanta la mano con mucho sacrificio y humildemente busca aparecer en la historia local

: jugadores de bajo cartel, jóvenes y un par de referentes veteranos que intentan sobresalir nuevamente. San Luis hoy no pierde nada, para San Luis cualquier cosa es ganancia.

Por eso gracias, gracias a este equipo, a estos jugadores y cuerpo técnico, porque con muy poco están haciendo mucho, la ciudad vuelve a vivir esa emoción de ir al futbol, y aunque sé que esto puede ser muy efímero, agradezco que después del encierro y todos los problemas que se han sucitado, todavía pudieron encender las cenizas para alumbrar con emociones.

Así que, pase lo que pase el próximo sábado en Pachuca, yo ya me doy por bien servido, volver a ver el Lastras vibrar en primera, era algo que en ocasiones pensé que nunca más iba a volver a ver.

Gracias San Luis… y toda su gente.

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#4 Tiempos

Soledad o prisa | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

En 1863, Jules Verne (1828-1905), el famoso escritor de novelas de aventuras, se dio a la tarea de imaginar las cosas que sucederían en París un siglo más tarde, es decir, en 1960. El resultado de aquellas cavilaciones anticipatorias fue París en el siglo XX, novela que fue rechazada por un editor de la época y que el propio Verne, decepcionado, echó primero a un cajón y luego al olvido. ¡Ah, también este genio conoció el rechazo de los editores, la negativa descortés, el odio al propio manuscrito!

Durante más de un siglo la novela anduvo perdida hasta que en 1994 alguien –creo que un sobrino nieto o algo por el estilo- la encontró en una herrumbrosa caja fuerte y la hizo llegar a la Casa Hachette, editorial que la publicó ese mismo año y además con mucho gusto.

¿Qué sucedería en 1960, según Jules Verne? Luz eléctrica, autos velocísimos, gente apresurada: de todo esto hablaba ya nuestro autor en París en el siglo XX. Ah, claro, y también de los jóvenes managers parisinos, a quienes describe del siguiente modo: “Son hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos”.

¿Cómo hizo Verne para acertar una vez más? En efecto, así son los managers en la actualidad, y no únicamente los parisinos. Y ya ni siquiera sólo los managers, pues todos, de alguna manera, nos hemos convertido en hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos.

Verne no se hacía ilusiones en torno al progreso. Sabía que la locomotora, el telégrafo y la luz eléctrica, al modificar el ritmo de la vida, acabarían modificando también la manera en la que los hombres se relacionan entre ellos. Con la locomotora, el telégrafo y la luz nació la rapidez, y, con ella, la soledad social, el aislamiento, la atomización y la falta de amigos.

¿Cómo se puede ser amigo de un individuo eternamente apresurado, de un sujeto que cuando apenas se detiene porque no le queda más remedio está ya mirando ansioso hacia todas direcciones? Pues bien, con la revolución industrial nació precisamente este tipo de hombre: un ser estresado y hostil que vive con la mirada siempre fija en dos relojes: el gigantesco de la fábrica y el pequeño que lleva consigo entre las ropas atado a una cadena.

Por lo demás, todos conocemos gente cuya mirada está siempre en otra parte… ¿Qué ven en la lejanía?, ¿a dónde esperan llegar de un momento a otro? Su pensamiento francamente divaga mientras sus compañeros les hablan y les hablan. ¡Claro que los conocemos, y hasta es posible que nosotros mismos pertenezcamos a esa raza detestable! Pues bien, que nos quede claro: en semejantes condiciones nunca podremos ser amigos de nadie, pues el principal enemigo de la amistad es el exceso de movimiento: eso que conocemos comúnmente con  el nombre genérico de prisa.

Esto los griegos lo sabían muy bien: sin unos momentos de ocio, de tiempo libre compartido, en realidad no hay nada que hacer. ¡Ah, Platón llamaba ya a los amigos ladrones de tiempo! Pero no lo decía con el tono de un banquero o de un capataz,

sino con el de quien expresa una verdad perfectamente comprobable por la pura observación.

Sí, en la Europa del siglo XIX todos empezaron a conocer el ajetreo; de ahí que a Verne no le fuera nada difícil prever el tremendo peligro que se avecinaba.

«-Ven a jugar conmigo –dijo un día al zorro el Principito.

«-No puedo jugar contigo –dijo el zorro-. Aún no estoy domesticado.

«-Ah, perdón –dijo el Principito-. ¿Qué quiere decir domesticar?

«-Es algo demasiado olvidado –dijo el zorro-. Quiere decir crear lazos.

«-¿Crear lazos?

«-Por supuesto –dijo el zorro-. Tú no eres para mí, todavía, más que un muchachito totalmente parecido a otros cien mil muchachitos. No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás único en el mundo para mí. Seré único en el mundo para ti… Si quieres, domestícame.

«-Quisiera –contestó el Principito-. Pero no tengo tiempo. Tengo muchos amigos que descubrir y muchas cosas que conocer.

«-No se conocen más que las cosas que se han domesticado –dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas en los negocios. Pero como no existen en absoluto los negocios donde se vendan amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

«-¿Qué hay que hacer? –preguntó el Principito.

«-Hay que ser muy paciente –contestó el zorro-. Primero te sentarás un poco lejos de mí, en la hierba. Yo te miraré por el rabillo del ojo y tú no dirás nada. El lenguaje es una fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca»…

Nunca tendremos amigos hasta que vivamos con esa lentitud de la que hablaba el zorro en ese pasaje extraordinario de El Principito ¡La lentitud de sentarnos! De sentarnos hoy aquí y volver al día siguiente para sentarnos un poco más cerca, hasta que nos hayamos domesticado mutuamente. Pero, ¿quién es hoy capaz de hacer una pausa, arrellanarse en la hierba y respirar a pleno pulmón? Sí, la amistad –como todo lo que vale, como el arte mismo de vivir- es una larga, muy larga paciencia.

Los antiguos hablaban de libertad o muerte. Conocieron Estados totalitarios y el dilema era ese. Hoy, cuando los Estados parecen ser inofensivos, pero no las economías, el dilema sigue allí, pero ahora es este otro: o soledad o prisa. Y es preciso elegir.

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