#Si SostenidoEduardo L. Marceleño

Las memorias, las culpas y los sueños. Texto de Eduardo L. Marceleño 

“Hubiera preferido que el fuera dichoso

 en vez de los poemas desdichados que nos ha dejado”,

Kerouac.

Soñé contigo anoche. Fue un sueño muy lúcido. Una rareza.

Soñé que me decías que este día había pasado demasiado rápido. No ha sido de las mejores cosas que has dicho pero me suena toda tuya. Tampoco ha sido uno de mis mejores sueños en los que has estado, pero al menos han vuelto esos sueños.

En una noche, sin sueños de por medio, ella preguntó: “¿Quién mierda en el mundo te ha hecho tanto daño?” Luego puso sus dos manos sobre mis dos hombros y estimuló las culpas. De a poco estas se largaron a no sé exactamente dónde, pero el punto es que se largaron. Y yo me quedé dormido en el instante, olvidándome de todo infierno posible. Los demonios viven dentro y no fuera como todo el mundo te dice, y los ángeles en verdad existen y si no los sabes reconocer es porque eres un pedazo de imbécil.

O andan todos cachondos o se andan matando o simplemente es el sol que quema como enajenado en tu tierra. Élmer Mendoza ya lo tenía claro en sus cuentos sobre narcos. ¿Recuerdas al viejo conocido que deambulaba en el metro de la Ciudad de México? Ese que había nacido donde yo nací y que no paraba de atacarme. Dijiste que él y yo éramos dos serpientes que se retan con despistada cortesía. Dos cobras que intentan matarse entre ellas pero sin perder el estilo, y ambas se yerguen intactas y se van intactas del campo de batalla sin haber soltado una sola buena mordida; ambas perdidas, a las tantas de haber intentado llevarse la victoria.

Llorar está bien, lo jodido es no saber por qué estás llorando. Saint-Exupéry era un marica que escribía cuentos para niños sin imaginación, pero dicen que volaba su avión de puta madre, tanto que murió hecho aire, perdido en los cielos.

Dormir se ha vuelto un infierno a últimas noches. No tengo claro en dónde está ese infierno, lo único que tengo claro es que en él no están tus manos que vengan a rescatarme. Y las llamas queman y lo vuelven loco a uno, tú ya lo sabes porque naciste en tierra caliente.

No estamos para ponernos insoportables. A la gloria no se le molesta con cifras ni con datos. Esto no es una declaratoria, es una serie de imágenes que de a poco se entregan a la verdad de la lectura, es decir, a la imaginación. A la gloria se le siente en algún punto del camino, aunque eso a veces se confunda con las memorias, las culpas y los sueños.

Y de todas esas imágenes, buenas y malas y que para el caso las unas y las otras dan exactamente lo mismo, el único responsable he sido yo, qué duda cabe.

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Imagen: Rye de Ivan Shishkin

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