#4 TiemposDesde mi clóset

La violencia homofóbica en las prácticas sexuales | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

La homofobia internalizada es un común denominador en la expresión de la identidad sexual. Se manifiesta de diversas formas, entre las que destacan el rechazo por la expresión de género feminizada, la cual se devalúa y violenta desde las primeras etapas de socialización. Si bien, en primera instancia es imperceptible para sí, la feminización corporal del sujeto, lo cierto es que el tránsito hacia esta expresión resulta evidente para el entorno. 

Es por ello que de manera recurrente los jóvenes que desean pasar desapercibidos luego de percibir atracción erótico-afectiva por su mismo sexo, buscan enfatizar características masculinas como la violencia. La hostilidad con sus pares, la falta de comunicación de sentimientos cotidianos y la interacción sumamente controlada, son producto de la homofobia que, mantiene en constante conflicto al sujeto en cuestión.

Dicho lo anterior, cabe señalar que existe una brecha generacional entre los sujetos que comienzan a experimentar atracción sexual hacia sus pares hombres. A mayor edad, existen mayores prejuicios en general.

Alguien dijo una vez: “En mis tiempos las cosas no eran tan fáciles, si me llegaban a cachar joteando, me ponían una tunda que no me la acababa. Mi madre era muy cruel en ese sentido. […] Yo veo que para los chavitos de ahora las cosas son un poco más sencillas, no te tienes que esconder tanto” (José, 49).

Sin embargo, a pesar de que conforme se reduce la edad de los sujetos de prueba, hay una tendencia a salir del clóset a menor edad, lo cierto es que la violencia es un continuum que marca la vida de los individuos. Christopher (19), que salió del clóset desde los quince años, asegura haber padecido de acoso escolar por manifestar públicamente su orientación sexual, y si bien en su hogar había cierta tolerancia, se le consignó discrecionalidad a la hora de expresar su identidad en público. 

Lo anterior es un ejemplo de la forma en la que opera la homofobia desde sus distintas aristas, tanto la escolar, la familiar, como la social y la propia. 

“Hubo un tiempo en el que intentaba no parecer gay; ahora que lo pienso, fue uno de los motivos por los que abandoné la escuela. […] En el trabajo no saben, bueno, yo digo que lo sospechan. […] Si me hubieran conocido antes se sorprenderían, era súper gay. Hoy me controlo un poco por el trabajo […] aunque estoy a nada de mandarlo a la chingada” (Christopher, 19).

La homofobia internalizada se manifiesta en los discursos misóginos característicos de este sector de la población. Dichos discursos privilegian la expresión de género masculina a través de mensajes como “busco hombre masculino, cero obvias”, “soy hombre, me gustan los hombres, afeminados abstenerse”, “discreto, varonil, entrón”, entre otros. Este tipo de mensajes son cotidianos en los perfiles de las aplicaciones de ligue, perfiles de redes sociales y foros digitales de socialización, así como en el argot cotidiano de socialización entre pares.

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