marzo 31, 2026

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Opinión

Gerardo Saucedo, el potosino especialista en cohetes | J.R. Martínez/Dr. Flash

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El cronopio

Hace sesenta y tres años iniciaba en el país la investigación espacial al lanzarse en San Luis Potosí el primer cohete en Latinoamérica por estudiantes y profesores del Instituto de Física de la UASLP, iniciaba también ese famoso programa científico que fuera conocido como Cabo Tuna, el cual tendría una abrupta interrupción en 1972, para volver a reiniciar en el año 2009.

El programa Cabo Tuna tuvo como protagonistas a los alumnos de la entonces Escuela de Física y fue dirigido en sus diferentes etapas por Gustavo del Castillo y Gama, Candelario Pérez Rosales y Juan Fernando Cárdenas Rivero; en el último periodo de su primera etapa apareció un personaje que recogería la batuta de Juan Fernando Cárdenas: Gerardo Saucedo Zárate, quien inició la construcción de cohetes de una y dos etapas de las series Vesta y Filoctetes. El proyecto Vesta iniciaría a fines de los sesenta del siglo XX, y entre los cohetes construidos por Gerardo Saucedo y sus colaboradores se encuentra el Tiburón, que aún se conserva como vestigio de aquella intensa época que estaba por concluir en su primera etapa para entrar en un largo letargo que parecía enterrar aquellas proezas que se vivieron en el altiplano potosino. En 1972 se lanzaba el Filoctetes Dos, un cohete de dos etapas con lo que se cerraba la intensa actividad coheteril, después de quince años.

Sin embargo, Cabo Tuna no estaría enterrado, Gerardo Saucedo seguiría trabajando en el tema, mientras laboraba profesionalmente como físico en Petróleos Mexicanos. En sus “ratos libres” se allegaba información y plasmaba sus posibles diseños en espera de tiempos propicios para continuar esa aventura que le llevó a estudiar física en la universidad potosina. Saucedo se encontraba entre aquellos estudiantes que inspirados en el auge coheteril se aventuraban a estudiar física, tal como fue uno de los objetivos de Gustavo del Castillo y Candelario Pérez, despertar vocaciones a través de proyectos espectaculares como lo fue el programa de lanzamiento de cohetes suborbitales.

En el año 2006 al jubilarse en Pemex, Gerardo Saucedo funda el Instituto Mexicano del Espacio Ultraterrestre (INMEU), con el fin de continuar con el diseño y construcción de vehículos suborbitales, continuando en el punto tecnológico que se había cerrado en México en la década de los setenta del siglo XX. El diseño de cohetes tiene otra vertiente, que es esos productos tecnológicos que se derivan de sus desarrollos, que son conocidos como derivajes espaciales, los cuales contienen productos que usamos diariamente en nuestra vida moderna. De esta manera el INMEU se enfocaría a desarrollar tecnología asociada con el diseño de cohetes suborbitales y en aprovechar todas esas derivaciones de la tecnología aeroespacial que conformaban la base de datos tecnológicos con que cuenta el INMEU.

El esfuerzo de Gerardo Saucedo no encontraba eco en los grupos científicos en el país, sus propuestas eran desaprovechadas, pero no cejaba en su objetivo principal, continuar con la construcción de nuevas máquinas voladoras, cohetes de nueva generación que colocaran a México en la lista de países que desarrollan dicha tecnología.

Mientras, a principios de la década del 2010, lograba construir con recursos económicos propios, un par de cohetes de combustible líquido y a mediados de dicha década lograba por fin, interesar a una dependencia universitaria, justo la institución cuna del programa de construcción de cohetes en México, el Instituto de Física de la UASLP. Gracias a esa alianza se establecieron las bases técnicas necesarias para materializar dos cohetes de combustible sólido, en una serie que llevaría el nombre de proyecto Fénix, en el cual fue posible el regreso de la experimentación espacial en el país, al realizarse la primera prueba estática de un cohete y el lanzamiento del cohete Fénix I-2 “Alejandro Pedroza Meléndez”, en el mes de marzo del presente año.

El tesón de Gerardo Saucedo coloca a México entre los países que construyen vehículos suborbitales con diferentes fines científicos, y en los próximos meses tendrá construidos nuevos cohetes de combustible híbrido y se estarán realizando diversas pruebas en el desierto potosino, previas a sus futuros lanzamientos.

Gerardo Saucedo Zárate es prácticamente el único especialista en el país en construcción de cohetes, esas máquinas voladoras que dieron brillo, y seguirán dándolo, a la ciencia e ingeniería mexicana.

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El Cronopio

Miguel de Cervantes, un personaje de novela

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez / Dr. Flash

En la plataforma Netflix se presenta la película “El Cautivo”, producida en 2025, sobre el episodio de cautiverio que vivió Miguel de Cervantes en Argel. Película de Alejandro Amenábar, muy recomendable. Ahora nos referiremos a otro episodio de Cervantes en novela de Miguel de Zévaco.

Miguel de Cervantes Saavedra ha pasado a la historia de las letras con su magna obra sobre el Quijote, su excepcional pluma que ha dado gloria a las letras españolas no fue excusa para omitirlo como personaje de historias literarias. Entre ellas la obra de Miguel Zévaco, “Los Pardallain” en el que aparece acompañando a este caballero francés en sus aventuras de capa y espada.

Comencé a leer Los Pardallain en mi época de estudios secundarios, mi hermano tenía la colección de veintisiete volúmenes que recogían las aventuras de los Pardallain a fines del siglo XVI y principios del XVII. No pude completar la lectura de esta obra de Miguel Zévaco, pues al entrar a física mis lecturas se ajustaron a la demanda de lecturas de los textos de física y matemáticas, que fueron muy demandantes. Lo extenso de esa historia hacía que leyera algunos de los libros de forma aislada. Recientemente conseguí la colección en la editorial Porrúa en su serie de la colección sepan cuantos en la cual Los Pardallain se presentan en nueve volúmenes que encierran a su vez tres libros cada uno.

Esta fascinante historia que saliera a luz en 1902 donde Zévaco refleja algunas de sus ideas políticas cercanas al anarquismo y al socialismo del cual fue partidario el escritor francés.

En la obra, y a través de las correrías de uno de Los Pardallain por España, coincide con personajes entre los que se encuentra Cervantes Saavedra, que en las fechas donde Zévaco ubica su historia, ya había escrito el Quijote. Así Cervantes acompaña a Pardallain en algunas de sus aventuras que corre por España en la corte de Felipe II como embajador del rey de Francia Enrique IV.

Si bien, Cervantes no empuña la espada más que en muy contadas ocasiones, su participación es un homenaje de Zévaco a tan insigne escritor y engalana la lectura de esta extensa obra. La participación de Cervantes termina cuando el caballero de Pardallain está por salir de España y al buscarlo afanosamente para pedir su auxilio, Pardallain se entera de su viaje a Cádiz como empleado del Gobierno de Indias.

Ahora que combino mis lecturas de literatura con lecturas sobre filosofía, ciencia e historia, entre otros, se nutre lo leído en esas páginas y se disfrutan esas creaciones de los grandes escritores donde entrelineas se plasman asuntos sociales y la complejidad de la condición humana.

Por cierto, bajo un estudio de Juan Villoro, y festejando los cincuenta años de la librería Gandhi han editado una versión especial sobre el Quijote.

Miguel Zévaco, el escritor francés, orientó sus ideas sociales en el héroe valiente y presto para defender al oprimido, el caballero de Pardaillan y su linaje. Mediante estos caballeros Zévaco expuso sus tesis humanistas, así como sus opiniones republicanas y anticlericales. El éxito de su serie de Pardallain con una narrativa ligera y muy bien lograda, transmite las preocupaciones políticas que le acercaron al socialismo y al anarquismo franceses y que habrían de acompañarle siempre, inclusive su pena de ocasionarle la mengua en su libertad al expresarlas.

Esta serie de Zévaco es una buena forma de acercar a la lectura a los jóvenes.

 

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Letras minúsculas

El pobre Señor Goliadkin | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Por: Juan Jesús Priego

Jacobo Petrovich Goliadkin era consejero titular en aquellos tiempos gloriosos en que los consejeros titulares eran vistos por todo el mundo, y sobre todo en Rusia, con cierta admiración. Por ejemplo, a nadie hubiera permitido este calvo y honesto burócrata un tuteo imprudente o una falta a las reglas de la cortesía. Las distancias, como quiera que sea, debían ser siempre respetadas.  Digamos, pues, que Jacobo Petrovich Goliadkin, más que caminar por la vida, flotaba, y que aunque no era rico tampoco lo pasaba tan mal. Claro, ¿cuándo se ha visto que los que viven del erario público esperen con aprensión la llegada del casero o el recibo de la luz? Pues bien, nuestro consejero titular había vivido del Estado desde muy joven, de modo que, en cierto sentido, podía decir con el salmista que nada le faltaba. Y en tal mundo de ensueño habría transcurrido la existencia de este irreprochable funcionario si no hubiera sucedido algo que… pero vayamos por partes.

Un día, Jacobo Petrovich Goliadkin, habiendo salido de la oficina y tomado una de las calles de San Petersburgo, vio a lo lejos a un hombre que se parecía mucho a él. Viéndolo más de cerca, llegó incluso a admitir que se le parecía demasiado, y esto, como podrá imaginar el avispado lector, no le hizo maldita la gracia. ¿Cómo es que había en la ciudad un hombre que era algo así como su doble? Por más que puso a trabajar su cerebro (cosa en la que, a decir verdad, no son muy duchos los consejeros titulares) llegó a la conclusión de que no tenía hermanos gemelos, ni nada por el estilo, de manera que la existencia de aquel desvergonzado individuo lo sacó de sus casillas. ¡Qué broma más pesada le había jugado la naturaleza!

¡Dios mío!, se quejaba el señor Goliadkin, ¿de modo que también la naturaleza se había puesto contra él? ¿Y si el doble, por llamarlo así, cometía más de un destrozo público haciéndose pasar por él? No, no quería ni pensar en semejante eventualidad: se moriría de la pena. ¿Qué iban a pensar de él sus conocidos y compañeros? ¿Y si aquel diablo entraba, por ejemplo, a la casa de su jefe y decía cosas indecentes a la hija de éste, esa hermosa señorita de la que ni siquiera se atrevía a pronunciar el nombre? Todos pensarían, entonces, que había sido él, Jacobo Petrovich Goliadkin el autor de tales indecencias. Al pensar en estas cosas, nuestro funcionario se secaba el sudor de la frente, hablaba solo y hasta quiso ponerse a buscar por la ciudad a ese energúmeno que, aprovechándose de su cara, podía hacer cuanto le viniera en gana y sin pagar por ello las consecuencias.

Pero ni siquiera fue necesario buscarlo, porque en los días que siguieron a aquel encuentro desgraciado, nuestro consejero titular se encontraba a cada paso con su doble. En la oficina, fuera de ella, en las plazas y en los tranvías, él estaba siempre allí. Una mañana, harto ya de verlo por doquier, Jacobo Petrovich Goliadkin se acercó a él, lo tomó por las solapas y le dijo: «¿Cómo se llama? ¿Podría decírmelo usted?». A lo que el doble respondió amablemente así: «Jacobo Petrovich Goliadkin, estimado señor». ¡Cómo! ¿De modo que hasta tenían el mismo nombre? ¿Y no era esto para volverse loco?

Desde entonces la vida de nuestro burócrata se convirtió literalmente en un infierno. Sobornaba ujieres, interrogaba policías, se acercaba sigilosamente a los guardianes nocturnos para hacerles las preguntas más extrañas. ¡Hasta se llegó pelear más de una vez con su otro yo a la vista de todos!

Pues bien, si usted ya lo pensó, déjeme decirle que no se ha equivocado: Jacobo Petrovich Goliadkin se había vuelto loco. En realidad, no había tal doble, y todo lo que veía y pensaba eran puros cuentos -¿engendros, se los llama?- de su imaginación. ¡Pobre señor Goliadkin! El que quiera conocer la historia completa de su vida, haría bien en leer El doble, la novela del escritor ruso Fedor Dostoievski (1821-1881).

Sin embargo, lo que me interesa, al menos por ahora, es reproducir la entrevista que nuestro funcionario tuvo con su médico de cabecera pocos días antes del colapso. Como el pobre señor Goliadkin ya no podía más, digamos que se atrevió a hacerle a su médico una breve visita, y que éste, tras revisarlo atentamente, le habló así:

«-Cambie su modo de vivir. A esto se reduce todo mi tratamiento. Las distracciones le convienen. Frecuente usted a sus amigos, viva en sociedad. Tampoco hay por qué ser amigo declarado de la bebida. Conviva con gente alegre».

El señor Golidkin no entendía. ¡Él sentía morirse y el doctor le hablaba de asistir a reuniones y cambiar de vida! «El señor Goliadkin se apresuró a manifestar que vivía igual a todo el mundo; que se distraía honestamente, como pudieran hacerlo los demás; que podía acudir a los teatros, pues disponía, como cualquier otra persona, con los medios suficientes para ello; que durante el día se hallaba ocupado en la oficina, como tantos otros funcionarios de la Administración, y que por las noches solía quedarse en casa.

»-Hum –respondió el doctor-. No, no es eso lo que quiero decir. Lo que deseo saber es si de veras le agradan a usted las diversiones, si le gusta pasar alegremente su tiempo… ¿Qué vida lleva? ¿Continúa usted con sus melancolías o, por el contrario, se ha vuelto ya optimista? En una palabra, es precisa una radical transformación de su vida. Usted, en cierto sentido, debe variar su carácter. Es necesario que busque usted distracciones. Debe hacer también alegres cosas. No debe encerrarse en su casa. ¡Eso es altamente nocivo para su salud!».

¡Ah, doctor, usted es un sabio, usted había anticipado la catástrofe! Yo también, como el señor Goliadkin, apenas tengo tiempo para visitar amigos, escuchar canciones o ir a caminar a los parques. ¡Todo es trabajo para mí! Hasta podría decir que he perdido el gusto por las fiestas. De modo que, como no quiero que me pase lo mismo que a aquel pobre consejero titular, he decidido a partir de hoy seguir su tratamiento.

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Agua que no has de beber | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Culto Público, hijos de la llave que no sabes si abrir o persignarte:

La UASLP, a través de su Grupo Universitario del Agua, presentó el lunes —con bata blanca, microscopio moral y tono de Moisés dictando las tablas de la Alianza— sus avances de la agenda hídrica 2025. Muy bien.

Dentro de los hallazgos de estos avances y actualizaciones científicas de sus estudios, alertaron que en al menos el 13% de más de 300 pozos que analizaron hay arsénico, fluoruro y hasta Uranio. (Sí, Uranio)

Treinta y nueve pozos. Traducido al español de a pie: hay zonas donde abrir la llave es jugarse la vida.

¿En cuáles zonas y en cuáles pozos? (No dijeron y al rato vuelvo al asunto)

El dato es grave. Gravísimo, y nadie aquí le regatea un milímetro a la ciencia ni a los académicos universitarios quienes la producen.

Pero la ciencia no opera en el vacío y la forma en que esto se da a conocer también es un mensaje, y este mensaje está envuelto en un paquete muy particular:

¿Quién fue el público receptor de semejantes y tan relevantes resultados?

Por mi cuenta, pregunté a la autoridad municipal de la capital si fue invitada y no, no fue invitada.

Pregunté al alcalde de Soledad, tampoco. Pregunté a la delegación de CONAGUA. Nada. Pregunté al titular de la CEA. Menos. Pregunté a la Comisión de Agua del poder legislativo, cero. Tampoco a los regidores. Es decir, ni un alma de las que podrían —al menos en teoría— hacer algo con esa relevante información.

¿Entonces? Una presentación cerrada, de élite académica o casi de logia masónica, pero con efecto y eco mediático calculado para que el mensaje explotara afuera como granada de fragmentación: “El agua de San Luis está envenenada”. (A los medios sí nos invitaron)

¿Qué hacer? Yo no sé Culto Público si llamar a los bomberos o a la Haya para presentar cargos por delitos de lesa humanidad contra todas las autoridades involucradas.

Claro, me contuve porque noté que los resultados se los entregaron entre ellos mismos, como quien se da su propio premio Nobel de la Paz.

A ver y ¿cuándo lo presentaron? Un día después del Día Mundial del Agua —correcto, la foto de calendario no falla— pero cuatro meses después de que cualquier autoridad pudiera haber empatado esos datos con sus presupuestos de egresos y proyectos.

Los presupuestos se aprueban en diciembre, no en marzo, y esto es como si el cardiólogo te diagnosticara el infarto… pero te diera la receta cuando las farmacias ya cerraron. (Aunque hay versiones que si hubo reuniones previas con la autoridad local)

En la misma presentación se supo que, para los universitarios, la norma mexicana vigente que usa la Secretaría de Salud federal para medir niveles seguros de agua potable, y que usa el Interapas, no es suficiente —y quizá tengan razón— pero tampoco han propuesto formalmente a esa dependencia que la modifique. Es decir: la norma no sirve, pero tampoco hacemos nada por cambiarla. Solo lo exhibimos.

Entonces la pregunta se aleja del campo científico y entra a la cancha política:

¿A quién beneficia un diagnóstico tan alarmante que sin embargo no se articula con quien puede recetar el tratamiento?

Porque el estudio golpea mediáticamente a INTERAPAS, que es el responsable directo del agua que llega a nuestras casas.

Golpea al alcalde Enrique Galindo, que carga con la operación cotidiana del sistema. Y —más silenciosamente, como quien mueve alfil sin hacer ruido— golpea al tablero electoral del 2027.

Esto no ocurre en el vacío ni sin antecedentes. Ocurre después de meses de fricción de la Universidad con el Congreso, de desencuentros con el gobierno del estado por recursos, de desplantes y comparecencias negadas.

Ocurre en el marco de una universidad que reclama autonomía pero que no rehúye al protagonismo inquisitorial cuando le conviene, de señalar a todos los que “lo hacen mal” —o en traducción sin filtros: a todos aquellos que no lo hacen como el águila manda.

Y en medio de todo, un dato que no es menor: el gobernador Ricardo Gallardo no solo cumplió con los adeudos del año pasado con la uni, sino que para 2026 elevó la aportación estatal a la institución por encima de lo aprobado originalmente y eso en la práctica política, son gestos que rara vez son gratuitos.

Mientras el estudio desgasta al municipio (porque parece que para eso estuvo diseñada la presentación) extrañamente el gobierno del estado sale ileso de la narrativa.

(El enemigo de mi enemigo —máxima más vieja que el agua misma— es mi amigo)

Mientras tanto, el rector Alejandro Zermeño juega su propia partida: a ratos víctima, a ratos confrontador, a ratos académico impecable y a ratos —cada vez más— intenta subir al ring político con sotana de científico y sin querer ser golpeado.

Porque exhibir no es lo mismo que solucionar. Alertar no es lo mismo que articular. Y tener razón no es lo mismo que tener responsabilidad.

¿A qué voy? Muy fácil: Si la UASLP sabe que hay pozos envenenados, ¿por qué no lo comunica directamente a CONAGUA –que es la autoridad competente- para que revise concesiones de los pozos y los cancele?

Y aquí vuelvo: ¿Por qué no dicen exactamente cuaáles pozos son los 39 que tienen agua tóxica? ¿Qué tal que son los que darán agua al DinoOasis Aqua Park?

¿También van a revisar esa agua? Digo porque yo ya me vi en la alberca de olas pero no quiero andar nadando en Uranio.

Otra cosa: ¿A quién beneficia que en una circunstancia hídrica como la que vive la Zona Metropolitana se clausuren 39 pozos? ¿A quién le va exigir agua la población?

¿Por qué no articular con los tres niveles de gobierno la situación antes de publicar resultados alarmistas en tono de nota roja para que los recoja la prensa?

¿Por qué la doctora Gabriela Palestino aseguró en un comunicado universitario que será “en el mediano plazo” que se articularán sus estudios con las autoridades de los tres niveles y harán mesas de trabajo? ¿No sería mejor hacerlas antes?

Porque así como se hizo, huele a política o más bien a grilla, y en la grilla, ya lo sabemos, se privilegia a quien defiende mejor su verdad en lugar de usar esa verdad para aportar en cambiar las cosas.

¿De qué nos sirve el dato alarmante, aceptado o no por las autoridades, si los estudios no trascienden a la Secretaría de Salud, Conagua, Cea, Interapas, San Luis, Soledad, Cerro de San Pedro y Pozos?

De qué sirve compartir el conocimiento encontrado entre los que lo encontraron…

Mire, Culto Público, algo no me cuadra y yo no voy lo a afirmar todavía, pero lo dejo sobre la mesa ¿Está buscando el rector algo más que incidir en la agenda hídrica? (Como por ejemplo desgastar a los enemigos de tu nuevo amigo)

¿No estará Zermeño Guerra buscando boleta?

Me atrevo a decirlo porque al menos dos personas me han soltado la versión de una reunión hace unas semanas en la que se le “deslizó” al oftalmólogo esa posibilidad.

Si encuentro mayores datos, se los “deslizo” el lunes.

Mientras tanto, me pregunto e imagino cuál sería el slogan de campaña a la capital por parte del doctor Zermeño.

A mí no se me ocurre nada, pero seguro a alguna creativa estudiante de medicina se le podría ocurrir alguna variante de aquella famosa cartulina que lo mismo defendió que hundió al rector en los tiempos de crisis. ¿Si saben cuál, verdad?

De remate un par de apuntes que no quiero dejar en el tintero:

Ignorante como soy, no sabía que para opinar sobre la UASLP hacía falta ser egresado de la misma y además presentar acta de nacimiento potosina. (Bendito sea Dios yo tengo ambas)

Pero lo menciono porque eso fue exactamente lo que sugirió el rector al referirse al diputado Héctor Serrano, quien —ojo al dato— ni siquiera afirmó que la universidad debería recortar las pensiones millonarias de los ex rectores y funcionarios.

Lo que declaró fue que al menos las dieran a conocer, junto con los sueldos actuales de los altos mandos. Es decir, pidió transparencia, no recortes.

La respuesta del rector a través de una reportera, fue querer darle cátedra con guante blanco al legislador sobre la no retroactividad de la ley y demeritar su opinión (“hay que tomarlo de quien viene”) porque Serrano -según dijo Zermeño- no es egresado de la Universidad y tampoco es potosino. Tómala.

En lugar de verse elegante, el rector se vio reactivo y herido —como quien se defiende de algo de lo que nadie le atacó.

Y aquí va el bonus, Culto Público, porque a mí las ideas no me las detiene ni el punto final.

Es cierto: Zermeño no puede legalmente recortar ni un peso a las pensiones de ex rectores, ex funcionarios y hasta ex acosadores que no dan una sola clase, pero siguen cobrando como si dictaran cátedra desde la impunidad y la desvergüenza.

La ley no es retroactiva y eso no está a discusión.

Pero lo que sí puede hacer —y nadie se lo impide— es convocar a los ex rectores vivos y proponerles un acuerdo solidario: que por amor a la UASLP y en congruencia con la crisis financiera que todos conocen, renuncien voluntariamente a sus pensiones de privilegio y las ajusten a la realidad de las finanzas universitarias. Un gesto de grandeza institucional. Un acto de decencia magnánimo que no necesita reforma legal, solo voluntad.

Claro… para eso tendría que poder sentarlos en la misma mesa. Y es que según tengo entendido, el rector solo se habla con Jaime Valle. Con los demás ex rectores ya rompió lanzas, puentes y hasta el saludo… igual que con prácticamente todas las autoridades de los tres niveles.

Allá ellos. Y allá todos, porque Todos Somos la Uni…dicen.

Buen fin de semana y abran a la llave con fe.

Yo soy Jorge Saldaña.

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