octubre 30, 2026

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El Cronopio

Física y Literatura en la obra de Jorge Comensal | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Me enteré de la obra del narrador Jorge Comensal en la sección mesa de novedades del programa que conduce Rafael Pérez Gay, “La otra aventura”, que por lo regular estoy atento para seleccionar mis lecturas de obras literarias. Me llamó la atención la presentación de Pérez Gay sobre la novela de Jorge Comensal, este vacío que hierve, pues la protagonista sería una física de 25 años que trabaja en su tesis doctoral en una teoría cuántica de la gravedad, aunque la trama de la novela se centra en conflictos familiares, pero donde orbitan temas fundamentales de nuestra realidad como la crisis ambiental, las adicciones, el fanatismo y el vínculo de la humanidad con los demás seres que habitan el planeta, sin dejar de lado los temas de física que resuenan en la cotidianidad de la protagonista.

Conseguí la novela y me sumí en su lectura descubriendo a la vez a un joven escritor, que es una de las grandes revelaciones literarias del país. Además de su magnífica narrativa resalta el manejo de temas científicos, lo que me llamó su atención para conocer su formación.

Jorge Comensal estudió letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y en su labor profesional fue editor de la Revista de la Universidad de México, entre otros. Esta actividad de seguro le permitió relacionarse con el medio académico científico de la UNAM de tal forma que al abordar sus temas literarios los comenzó a relacionar con aspectos científicos, como fue su primera novela que al parecer ha tenido un buen éxito a nivel internacional, Mutaciones, donde trata el tema del cáncer lo que lo orilló a revisar una buena cantidad de textos científicos para abordarla. Dicha novela, la tengo pendiente de su lectura, publicada en 2016, así como algunos cuentos en la antología la sociedad de los científicos anónimos de 2018. Actualmente Jorge Comensal trabaja en una serie de crónicas dedicadas a la vida silvestre, vena que se refleja en la trama de la novela este vacío que hierve.

De esta forma descubro a Jorge Comensal, no sólo como escritor, sino como divulgador de la ciencia. Al parecer en la actualidad realiza una maestría en Filosofía de la Ciencia en la UNAM; todo ello se refleja en los protagonistas de la novela aludida, pues no sólo Karina la física que estudia su doctorado en la UNAM y que da clases en la Facultad de Ciencias siendo investigadora del Instituto de Investigaciones Nucleares, donde tiene su cubículo, y su pareja que es filósofo, desfilan por la novela, pues aparecen esporádicamente neurólogos, entre otros.

En una entrevista publicada el 27 de febrero del 2023, día de mi chamuco, realizada por Ana Lagos para Wired, Comensal habla de su interés en los temas de física: “Me interesa mucho. Tengo opiniones muy calurosas y no muy bien fundadas sobre esos temas, como el de la materia oscura, la expansión acelerada del universo, las implicaciones de los raros fenómenos cuánticos como el entrelazamiento cuántico, que pareciera que hay comunicación entre partículas más rápido que la velocidad de la luz, lo cual viola el fundamento de la teoría de la relatividad o la idea popularizada por Gato de Schrödinger, que pareciera que el gato está vivo y muerto a la vez hasta que no abres la caja donde la tienen.

Todos estos temas, me parecen muy estimulantes. La vocación de Karina la encontré al imaginar la escena en la que batalla con su abuela, que está tan ebria que no puede levantarse por sí misma. Y ella no hace ejercicio y no puede cargarla y está sola. Entonces, al batallar con su abuela, pensé en la gravedad. Ella quiere proponer más cosas de las que sabemos sobre la gravedad. La ironía existencial de esto era que no podía con la gravedad. Ese fue el origen de cómo supe que Karina era física. También algo que resonaba con esta vocación era la presencia de estrellas fosforescentes en el techo de su cuarto, la formación de constelaciones y la magnitud del universo de la que ella es muy consciente por su profesión. Y que contrasta tanto con la magnitud de nuestras vidas, tan breves, tan pequeñas, tan insignificantes.”

Es gratificante encontrar personajes que combinan la literatura con temas científicos lo que es una extraordinaria forma de acercar al público, tanto a la lectura como la ciencia tratada en circunstancia de la vida diaria. Este vacío que hierve de Jorge Comensal, se estructura además con el uso del tratamiento espacio tiempo, para tejer un relato de suspenso fractal, así el tiempo avanza y retrocede, se expande y contrae.

Acompañemos a Karina, protagonista de la novela de Comensal de quien describe: “En la adolescencia, gracias a su temprano romance con la divulgación científica, Karina había llegado a creer en el poder inferior de las partículas elementales, las fluctuaciones cuánticas, los puentes de hidrógeno, las moléculas orgánicas, el ácido desoxirribonucleico, las hormonas y las células madre”, escribe Comensal en las primeras páginas. “En su cosmovisión no había lugar en la realidad para seres inmateriales de ningún orden”.

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Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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