julio 3, 2026

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#Entrevista | Juan Luis Silis: el torero tamalero que quiere hacer historia

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Cornado, casi ahijado de “El Pana”, triunfador y de un origen poco ortodoxo… esta es la historia de un matador como los que ya no hay

Por: Daniel Rocha

Juan Luis Silis es un torero y tamalero que nació en la Ciudad de México el 30 de enero de 1981. Durante su infancia, Silis vivió en una vecindad con sus cuatro tíos, sus papás y sus cinco hermanos. Ahí tuvo que compartir una habitación con siete personas.

Juan Luis recuerda que esa etapa de su niñez fue de muchas carencias económicas, a pesar de esto, mencionó que su infancia fue bastante feliz, pero sobre todo ahí nació su amor a la tauromaquia gracias a su primo novillero: Pedro Escamilla Silis.

Silis comentó que desde sus primeros recuerdos ya era tamalero, una herencia que llegó a sus padres legado de su abuela paterna, Mónica, pues ella vendía ese alimento en el Zócalo de la Ciudad de México en los años 50. Las recetas familiares aún son conservadas, con la diferencia que pasaron de cocinarse en leña a gas.

A los cinco años, Silis se vio atraído por el proceso de su primo para vestirse de luces: las medias, el oro, los colores, luego lo conquistó el arte del toreo, el capote, la muleta y las espadas.

Juan Luis decidió vestirse por primera vez como matador de toros apenas a sus seis años: “Solía robar las medias de mis hermanas, me ponía una camisa café de mi papá (o color tabaco como les decimos los taurinos), me gustaba mucho vestirme de tabaco y oro, mi papá me compraba unas muletas y una montera para jugar en la casa toreando a mis perros y en la que me ponían música para recrear toda una tarde de toros”.

Silis rememoró que en su adolescencia era bastante “vago”, aunque acotó “de esos vagos sanos”, refiriéndose a que le gustaba salir de casa “maquinitas” o futbol, su otra gran pasión, de hecho uno de los principales sacrificios que ha tenido que hacer para poder llegar a ser torero fue dejar de lado ese deporte, lo cual admite que le duele, pero que es necesario porque nunca sabe cuando tendrá que ser llamado para regresar al ruedo.

El torero comenzó su vida como novillero a los 18 años, un 28 de agosto de 1999, en El Cortijo Ángel Isunza, en una vacada. Consiguió un rabo; y al siguiente año, logró lo que muy pocos: presentarse en la Plaza México, la plaza de toros más grande del mundo.

En abril del 2000, hizo su debut con traje de luces y sin picadores, con un novillo de nombre “Tamalito” y el 26 de diciembre tuvo su primera participación con picadores en la Plaza de Toros Jesús María.

Silis aseguró que en el 2007 estuvo a punto de dejar su pasión por los toros, hasta que participó en un festival taurino en la delegación Iztacalco, en el que cortó dos orejas. Gracias a esto, Fernando Rosique Castillo, su actual apoderado, al ver sus cualidades, le dio la oportunidad de tener su alternativa.

Desde entonces Rosique Castillo es su apoderado, es decir el que se encarga de organizar la carrera de Silis y que gracias a él pudo realizar su confirmación en la plaza México, aunque hasta la fecha tienen muchos objetivos, como ir a torear a Las Ventas.

Silis agradece a su apoderado por ver sus cualidades y darle una oportunidad: “siempre voy a estar eternamente agradecido a mi apoderado que gracias a él estoy donde estoy en el medio taurino, gracias a dios por ponérmelo en mi vida y en mi carrera”.

Juan Luis Silis tuvo su alternativa el 21 de marzo de 2009 en la Plaza de Toros de Apizaco, con su maestro Mariano Ramos como su padrino y Rafael Rubio “Rafaelillo” como su testigo, aunque originalmente se iba a presentar Rodolfo Rodriguez “El Pana”, aunque no pudo estar debido a que el matador se había ido de fiesta

. Esa tarde terminó cortándole dos apéndices a su segundo toro.

Silis comentó que le hubiera gustado que “El Pana” estuviera en el cártel, pero no quiso reprocharle nada, porque le fue bien en esa tarde de toros, aunque Rodolfo Rodríguez sí se disculpó.

El 7 octubre de 2012, el matador tuvo la faena que nunca va a olvidar: salió como triunfador en Pachuca, cortó dos orejas al toro Gato de la divisa de Caparica y 24 horas después de la muerte de su maestro Mariano Ramos: “Ese día sentí que mi maestro me acompañó, me desbordé, fue una tarde estupenda y en la que muchos creían que no iba a estar bien”.

Juan Luis estuvo apuntó de perder la vida el 13 de octubre de 2013 en la plaza de toros Vicente Segura de Pachuca: un toro de nombre Peletero, de la ganadería José Julián Llaguno, lo cornó en la cara. Silis recuerda
ese día como extraño, desde que se despertó tuvo la sensación que algo podría suceder o muy bueno o muy malo, para infortunio del diestro terminó en el hospital y en coma. Después de un proceso largo de recuperación en el que necesitó rehabilitación física y terapia psicológica, reapareció en Pachuca el 4 de mayo de 2014, en compañía de Julián López “El Juli”y “Joselito” Adame, cortó 3 orejas y terminó saliendo a hombros.

El matador aseguró que la plaza de toros Vicente Segura tiene un gran significado para él, ya que fue la plaza que lo vio nacer, caer y renacer.

La cornada que recibió hizo que Silis pudiera confirmar su alternativa nueve años después de tomarla, un rito que tenía planeado desde el 2013, pero que encontró realización hasta el 12 de marzo de 2017.

El diestro cree que ha tenido pocas oportunidades para poder ser una figura en el mundo del toreo, hasta se ha sentido despreciado por algunos empresarios, pero sigue con la convicción de dejar huella en la tauromaquia.

Silis ve al toreo como una sensación similar a una droga: “Esto es como una droga, si no le ves la cara al toro, si no estás en una plaza, no te sientes a gusto, es una especie de adicción”.

Juan Luis Silis representa la última oleada de los toreros de la vieja escuela, esos que vienen de vidas precarias y que lo hacen por amor al arte como: Rodolfo Rodríguez “El Pana” o Morante de la Puebla, lo cual no le avergüenza, por el contrario le llega de orgullo: “Gracias a los tamales, mi papá me hizo torero y consiguió sacar adelante a mi familia”.

Hace un año retomó junto con su madre el negocio familiar, en la Av. Congreso de la Unión 517 col Santa Anita. Esquina Calle Hidalgo, alcaldía Iztacalco en la Ciudad de México, pero solo los domingos y argumenta que lo hace por cuatro razones: “Me gusta hacer tamales, me quedan deliciosos, mucha gente me los pide y me deja dinero”.

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Columna de Nefrox

Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.

México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.

México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.

Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.

El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas

.

Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.

Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.

Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.

Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.

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El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.

Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.

La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.

Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.

Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.

Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.

El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.

Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.

Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.

Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.

No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.

Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.

Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos

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Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia

Por: Redacción

El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.

La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.

De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.

Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.

El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.

En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.

La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.

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Opinión

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