septiembre 14, 2026

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#Entrevista | Juan Luis Silis: el torero tamalero que quiere hacer historia

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Cornado, casi ahijado de “El Pana”, triunfador y de un origen poco ortodoxo… esta es la historia de un matador como los que ya no hay

Por: Daniel Rocha

Juan Luis Silis es un torero y tamalero que nació en la Ciudad de México el 30 de enero de 1981. Durante su infancia, Silis vivió en una vecindad con sus cuatro tíos, sus papás y sus cinco hermanos. Ahí tuvo que compartir una habitación con siete personas.

Juan Luis recuerda que esa etapa de su niñez fue de muchas carencias económicas, a pesar de esto, mencionó que su infancia fue bastante feliz, pero sobre todo ahí nació su amor a la tauromaquia gracias a su primo novillero: Pedro Escamilla Silis.

Silis comentó que desde sus primeros recuerdos ya era tamalero, una herencia que llegó a sus padres legado de su abuela paterna, Mónica, pues ella vendía ese alimento en el Zócalo de la Ciudad de México en los años 50. Las recetas familiares aún son conservadas, con la diferencia que pasaron de cocinarse en leña a gas.

A los cinco años, Silis se vio atraído por el proceso de su primo para vestirse de luces: las medias, el oro, los colores, luego lo conquistó el arte del toreo, el capote, la muleta y las espadas.

Juan Luis decidió vestirse por primera vez como matador de toros apenas a sus seis años: “Solía robar las medias de mis hermanas, me ponía una camisa café de mi papá (o color tabaco como les decimos los taurinos), me gustaba mucho vestirme de tabaco y oro, mi papá me compraba unas muletas y una montera para jugar en la casa toreando a mis perros y en la que me ponían música para recrear toda una tarde de toros”.

Silis rememoró que en su adolescencia era bastante “vago”, aunque acotó “de esos vagos sanos”, refiriéndose a que le gustaba salir de casa “maquinitas” o futbol, su otra gran pasión, de hecho uno de los principales sacrificios que ha tenido que hacer para poder llegar a ser torero fue dejar de lado ese deporte, lo cual admite que le duele, pero que es necesario porque nunca sabe cuando tendrá que ser llamado para regresar al ruedo.

El torero comenzó su vida como novillero a los 18 años, un 28 de agosto de 1999, en El Cortijo Ángel Isunza, en una vacada. Consiguió un rabo; y al siguiente año, logró lo que muy pocos: presentarse en la Plaza México, la plaza de toros más grande del mundo.

En abril del 2000, hizo su debut con traje de luces y sin picadores, con un novillo de nombre “Tamalito” y el 26 de diciembre tuvo su primera participación con picadores en la Plaza de Toros Jesús María.

Silis aseguró que en el 2007 estuvo a punto de dejar su pasión por los toros, hasta que participó en un festival taurino en la delegación Iztacalco, en el que cortó dos orejas. Gracias a esto, Fernando Rosique Castillo, su actual apoderado, al ver sus cualidades, le dio la oportunidad de tener su alternativa.

Desde entonces Rosique Castillo es su apoderado, es decir el que se encarga de organizar la carrera de Silis y que gracias a él pudo realizar su confirmación en la plaza México, aunque hasta la fecha tienen muchos objetivos, como ir a torear a Las Ventas.

Silis agradece a su apoderado por ver sus cualidades y darle una oportunidad: “siempre voy a estar eternamente agradecido a mi apoderado que gracias a él estoy donde estoy en el medio taurino, gracias a dios por ponérmelo en mi vida y en mi carrera”.

Juan Luis Silis tuvo su alternativa el 21 de marzo de 2009 en la Plaza de Toros de Apizaco, con su maestro Mariano Ramos como su padrino y Rafael Rubio “Rafaelillo” como su testigo, aunque originalmente se iba a presentar Rodolfo Rodriguez “El Pana”, aunque no pudo estar debido a que el matador se había ido de fiesta

. Esa tarde terminó cortándole dos apéndices a su segundo toro.

Silis comentó que le hubiera gustado que “El Pana” estuviera en el cártel, pero no quiso reprocharle nada, porque le fue bien en esa tarde de toros, aunque Rodolfo Rodríguez sí se disculpó.

El 7 octubre de 2012, el matador tuvo la faena que nunca va a olvidar: salió como triunfador en Pachuca, cortó dos orejas al toro Gato de la divisa de Caparica y 24 horas después de la muerte de su maestro Mariano Ramos: “Ese día sentí que mi maestro me acompañó, me desbordé, fue una tarde estupenda y en la que muchos creían que no iba a estar bien”.

Juan Luis estuvo apuntó de perder la vida el 13 de octubre de 2013 en la plaza de toros Vicente Segura de Pachuca: un toro de nombre Peletero, de la ganadería José Julián Llaguno, lo cornó en la cara. Silis recuerda
ese día como extraño, desde que se despertó tuvo la sensación que algo podría suceder o muy bueno o muy malo, para infortunio del diestro terminó en el hospital y en coma. Después de un proceso largo de recuperación en el que necesitó rehabilitación física y terapia psicológica, reapareció en Pachuca el 4 de mayo de 2014, en compañía de Julián López “El Juli”y “Joselito” Adame, cortó 3 orejas y terminó saliendo a hombros.

El matador aseguró que la plaza de toros Vicente Segura tiene un gran significado para él, ya que fue la plaza que lo vio nacer, caer y renacer.

La cornada que recibió hizo que Silis pudiera confirmar su alternativa nueve años después de tomarla, un rito que tenía planeado desde el 2013, pero que encontró realización hasta el 12 de marzo de 2017.

El diestro cree que ha tenido pocas oportunidades para poder ser una figura en el mundo del toreo, hasta se ha sentido despreciado por algunos empresarios, pero sigue con la convicción de dejar huella en la tauromaquia.

Silis ve al toreo como una sensación similar a una droga: “Esto es como una droga, si no le ves la cara al toro, si no estás en una plaza, no te sientes a gusto, es una especie de adicción”.

Juan Luis Silis representa la última oleada de los toreros de la vieja escuela, esos que vienen de vidas precarias y que lo hacen por amor al arte como: Rodolfo Rodríguez “El Pana” o Morante de la Puebla, lo cual no le avergüenza, por el contrario le llega de orgullo: “Gracias a los tamales, mi papá me hizo torero y consiguió sacar adelante a mi familia”.

Hace un año retomó junto con su madre el negocio familiar, en la Av. Congreso de la Unión 517 col Santa Anita. Esquina Calle Hidalgo, alcaldía Iztacalco en la Ciudad de México, pero solo los domingos y argumenta que lo hace por cuatro razones: “Me gusta hacer tamales, me quedan deliciosos, mucha gente me los pide y me deja dinero”.

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San Luis Femenil, tercero y con hambre de más | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

El Atlético de San Luis Femenil está en su mejor momento del Apertura 2026, y toca decirlo sin miedo: esta racha ya no es casualidad. Apenas inicia el torneo, pero el equipo de Nacho Quintana es candidato a liguilla.

Con la victoria 2-0 sobre Necaxa el pasado 5 de septiembre, el equipo acumuló su tercer triunfo consecutivo. Antes había goleado 6-1 al Atlas. El resultado no es un rebote aislado: San Luis marcha tercero del Grupo B, con 4 victorias, 0 empates y 2 derrotas en seis jornadas, 17 goles a favor por 11 en contra y 12 puntos. Solo América y Guadalajara están por delante.

Lo que más llama la atención es la diferencia de goles: +6, la tercera mejor del grupo. Un equipo que antes sufría para sacar resultados fuera de casa ahora también gana de visita, como quedó claro ante Necaxa.

Detrás de esa racha hay un nombre que se repite: Enyerliannys Higuera. La delantera venezolana suma 8 goles en el torneo y ocupa el segundo lugar de la tabla de goleo individual, solo por debajo de la brasileña Geyse Da Silva (11). Higuera anotó dobletes ante Puebla y Atlas, y también se hizo presente ante Necaxa. Si el Atlético de San Luis pelea por meterse entre los primeros lugares, buena parte de esa aspiración lleva su firma.

Higuera no es la única que viene teniendo un temporadón, Rebeca Contreras, que si bien en ediciones anteriores mostró que tenía buen talento y nivel para destacar dentro del equipo potosino, está encontrando en esta Apertura 2026, su temporada de consagración. Es la segunda máxima goleadora del equipo, con 4 tantos, pero no es ahí donde está su mayor aporte, Becky tiene una capacidad sin igual para el juego sin balón, para abrir espacios, colocarse en la zona justa donde llegará el pase y buscar a Higuera siempre dentro del área.

Nota destacada también para Daniela Delgado, la recién llegada se entiende perfectamente con el resto del equipo y ha dejado ver en más de una ocasión esos destellos que nos dice a qué vino y qué buscaba aportar a la plantilla. Amina Bello es la otra jugadora que encontró en esta su temporada consagratoria, tu regateadora de confianza, la que siempre va a dejar rivales tiradas en el campo, mientras gana espacios, arrastra la defensa contraria y pasa revista por el área

, lo mismo tira a puerta que pone centros, déjala soñar, tú solo disfruta las obras de arte que hace quien sabe a cuántos kilómetros por hora.

Personalmente, mis preferidas siguen siendo dos defensoras, porque esas garras, esas ganas de jugar y ganar, así como la omnipresencia en cancha hacen que sea un lujo verlas. Elaily Hernández es un seguro siempre, jugadora de sangre fría y que entiende perfecto eso de “o pasa rival o pasa balón”, capitana con y sin brazalete, justa, hasta milimétrica en cada jugada. Frida Vargas es otra que sabe brillar en la línea defensiva, porque además te aporta salida con balón y es una fuera de serie subiendo a presionar al rival. Ojo, con Frida lo único negativo es que acumula cuatro tarjetas amarillas y una roja en lo que va de torneo, gajes del oficio quizás, o exceso de revoluciones por momentos, aspecto a trabajar, pero que no demeritan todo lo positivo que nos regala en cada partido.

La prueba de que la racha es real llega este domingo 13 de septiembre, cuando San Luis reciba a Santos Laguna en la jornada 7, a las 17:00 horas. Santos llega urgido de puntos para no quedar descolgado en su grupo, así que no será un rival cómodo. Pero si el Atlético repite el nivel de las últimas dos jornadas —control del balón, salida rápida por bandas y a Higuera cerca del área—, hay margen para hilar la cuarta victoria seguida y consolidarse en zona de calificación.

Por ahora, lo que hay que subrayar es esto: San Luis Femenil dejó de ser un equipo que compite por salvar el torneo y empieza a comportarse como uno que pelea por algo más.

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Columna de Nefrox

El verdadero torneo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay calendarios que parecen diseñados para poner a prueba cualquier proyecto. Y el del Atlético de San Luis fue uno de esos.

Desde antes de que comenzara el torneo lo habíamos dicho en esta misma columna: el arranque no iba a ser sencillo. No hacía falta ser adivino. Bastaba con mirar los nombres que aparecían uno detrás de otro.

Cruz Azul, Tigres, América.

Y ahora León.

No precisamente la bienvenida que uno quisiera para un equipo que estrena proyecto, entrenador y una idea de juego que todavía necesita tiempo para convertirse en costumbre. Pero el calendario no tiene paciencia y la Liga MX mucho menos.

El problema es que una cosa es anticipar que un inicio será complicado y otra muy distinta es vivirlo. Después de las primeras jornadas, el Atlético de San Luis todavía está buscando su primera victoria en casa y las sensaciones no han sido las mejores.

Ha habido partidos donde el equipo compitió. Momentos donde mostró la idea de Diego Mejía. Instantes donde pareció que el trabajo en los entrenamientos comenzaba a trasladarse a la cancha.

Pero también hubo errores. Desconcentraciones. Falta de contundencia. Y, sobre todo, puntos que se fueron. Eso no se puede esconder detrás del calendario.

Porque sí, los rivales han sido complicados. Pero también hay que decir algo que parece una obviedad y que en el fútbol mexicano a veces olvidamos en algún momento: hay que ganarles a los buenos. Y San Luis no lo ha hecho.

El próximo lunes estará León.

Y después de ese partido viene lo verdaderamente interesante.

Porque, al menos en el papel, el calendario comienza a parecerse mucho más a lo que uno esperaría para un equipo como el Atlético de San Luis. Rivales con los que puede competir de otra manera. Partidos donde la diferencia de presupuesto no debería ser tan grande. Encuentros en los que ya no bastará con decir que enfrente estaba un gigante.

Ahí comenzará el verdadero examen.

Y quizá por eso este momento del torneo sea tan importante. Porque el San Luis ya no puede vivir del argumento del calendario complicado.

Ese argumento tuvo sentido. Lo dijimos antes de que comenzara. Pero tiene fecha de caducidad.
Y esa fecha está llegando.

Después de León, comienza otro torneo dentro del mismo torneo. Uno donde San Luis tendrá que demostrar qué tan bueno es realmente.

Hay que reconocer algo más.

Este no es el peor comienzo en la historia de la franquicia. La memoria del fútbol potosino suele ser s electiva y a veces parece que cada mal arranque es automáticamente el peor de todos.

No.

Para encontrar uno realmente oscuro hay que regresar hasta aquel equipo dirigido por Guillermo Vázquez, que terminó viviendo uno de los momentos más complicados de la historia reciente del club.

Lo de ahora es malo. Muy malo. Pero todavía no es aquello. Y esa diferencia importa.

Porque todavía hay tiempo. Muchísimo. Lo que sí se está acabando es la posibilidad de seguir explicando los resultados.

Ahora toca provocarlos. Diego Mejía llegó con una idea de fútbol. Un equipo que quiere tener la pelota. Que quiere ser intenso. Que pretende recuperar rápido y asumir riesgos. Pero una idea necesita resultados que la sostengan. Porque el fútbol permite paciencia mientras existen señales.

Después comienza a exigir respuestas.

Y quizá ahí está el verdadero reto para San Luis. No convertirse de repente en un candidato al campeonato. No hacer diez partidos perfectos.
No borrar de un plumazo todo lo que salió mal.

Simplemente empezar a ganar. Encontrar una victoria que cambie el estado de ánimo.

Después otra.

Y entonces comenzar a descubrir qué puede ser este equipo cuando el rival ya no se llama Cruz Azul, Tigres o América cada semana.

El calendario difícil está por terminar. La excusa también. Y eso, aunque pueda sonar negativo, quizá sea la mejor noticia para San Luis.

Porque ahora podremos saber cuánto de este mal comienzo fue consecuencia del calendario y cuánto corresponde realmente a las deficiencias del equipo.

El lunes contra León todavía queda una prueba complicada. Después, comienza el torneo de verdad.
El torneo donde San Luis tendrá que demostrar que no solamente sabe competir contra los grandes. Que también sabe ganarles a los que están a su alcance.

Porque todavía queda mucho campeonato.
Y este equipo todavía tiene demasiado que demostrar. Pero a partir de ahora, ya no habrá calendario al cual culpar.

Ahora sí comienza la historia que Diego Mejía vino a escribir en San Luis.

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Los potosinos que se colgaron el bronce bajo la llovizna de Berlín

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Hace justo noventa años, once mexicanos con los dedos raspados y cortos de presupuesto se colgaron la única medalla olímpica que el país ha ganado en basquetbol. Dos eran potosinos, y uno de ellos se hubiera quedado en México si un caudillo no le hubiera pagado el boleto

Por: Carlos Ruíz Espinosa

La tarde del 14 de agosto de 1936 caía una llovizna sobre dos canchas de arcilla de un viejo club de tenis en Berlín, reconvertidas a las prisas en rectángulos de basquetbol, con gradas de madera para dos mil espectadores que nunca se llenaron. Ahí, once mexicanos vencieron 26-12 a Polonia y se colgaron el bronce en el primer torneo olímpico de baloncesto de la historia. Este viernes se cumplen noventa años, y esa tarde de lluvia sigue siendo la única medalla que México ha ganado en ese deporte.

Dos de esos once jugadores eran potosinos: Luis Ignacio ‘El Tallarín’ de la Vega y José Pamplona. Sus nombres pertenecen a la selecta lista de atletas mexicanos que han conseguirdo colgarse un metal olímpico, pero el caso de Pamplona estuvo a punto de ser muy diferente.

El Comité Olímpico Internacional determinó que los rosters de los equipos estarían conformados por máximo catorce jugadores, pero México armó su concentración con una lista de doce. Sin embargo, semanas antes de viajar a la Alemania Nazi, la Selección Mexicana sufrió una reducción en el presupuesto, por lo que el entrenador Alfonso Rojo de la Vega tuvo que armar una convocatoria de diez integrantes. La lista de bajas quedó en dos nombres: Pamplona y el chihuahuense Miguel Miranda.

Ahí entró un personaje que no tenía nada que ver con el baloncesto. Saturnino Cedillo era, en 1936, secretario de Agricultura en el gabinete de Lázaro Cárdenas y, antes que funcionario, uno de los últimos caudillos armados de la Revolución: se había unido a los maderistas en 1911, después peleó contra ellos junto a Pascual Orozco, combatió a los cristeros al frente de su propia gente y en junio de 1929 sus fuerzas mataron en combate al general Enrique Gorostieta, jefe militar del Ejército Cristero. También había sido gobernador de San Luis Potosí. Cuenta la leyenda que cuando Cedillo se enteró de que un potosino se quedaba fuera del equipo olímpico por falta de dinero, él pagó de su bolsa el pasaje de Pamplona. Nadie hizo lo mismo por Miranda, así que el chihuahuense se quedó en México, y el equipo que zarpó rumbo a Berlín llegó con once jugadores en lugar de doce.

Cedillo no tuvo tiempo de disfrutar mucho más ese papel de benefactor. Dos años después, en 1938, se levantó en armas contra el propio Cárdenas (supuestamente coaccionado por nazis en México) en el que es conocido como el último gran levantamiento posrevolucionario. Lo persiguieron durante meses. El 11 de enero de 1939 lo alcanzaron en la sierra potosina y murió ahí, a tiros, junto con varios de sus hombres. El mismo general que mandó a Pamplona a Berlín acabó cazado como fugitivo en las montañas, tres años después de aquella medalla.

Volviendo al tema deportivo, en 1936, el basquetbol no tenía nada que ver con el que conocemos hoy en día. Era un juego de muchos menos puntos y sin reloj de posesión, y si de por sí México no es el país más adelantado en dicho deporte, hace noventa años… mucho menos. Andrés Gómez, integrante de ese equipo, lo recordó décadas después en una entrevista: se entrenaba en parques de tierra o concreto, en gimnasios de duela cuando había suerte, con pelotas de cuero una pulgada más grandes que las de hoy y cosidas por fuera, lo que las hacía botar de manera irregular y despellejaba los dedos de quien las manejaba mucho tiempo.

Cuando por fin llegaron a Berlín, la sede olímpica del baloncesto no fue mucho mejor que las canchas de tierra que habían dejado atrás. Hoy en día, el básquetbol olímpico se disputa en pabellones techados de primer nivel. En 1936, los nazis adaptaron un club de tenis con dos canchas de arcilla al aire libre, y como Alemania perdió a las primeras de cambio, las gradas casi nunca tuvieron una asistencia decente.

En la cancha, el equipo tuvo sus propios problemas. En el segundo partido, contra Filipinas, aflojó una vieja rivalidad interna entre los jugadores capitalinos y los de Chihuahua (cada bando se negaba a pasarle el balón al otro) y México acabó perdiendo 32-30 un partido que dominaba. Tras la derrota que los había dejado prácticamente eliminados, lograron poner orden en el vestidor, y se enracharon en el resto de la competencia.

Con ‘El Tallarín’ de la Vega en un rol mucho más importante, México tuvo que afrontar una especie de Repechaje donde derrotaron contundentemente a Egipto, instalándose en la fase de eliminación en la que dejaron en el camino a la Japón Imperial y a la Italia Fascista para meterse en semifinales, donde acabaron cayendo ante Estados Unidos, en el partido donde Pamplona tuvo su primera (y única) aparición en el certamen.

En el juego por la medalla de bronce, ‘El Tallarín’ volvió a alinear con el equipo que derrotó de manera contundente 26-12 a Polonia. “La patria se había coronado, figurando entre las 3 primeras naciones del mundo en basquetbol, nuestra bandera se agitaba orgullosa para mostrar al mundo entero que en México se hace deporte, que en México se sabe luchar y vencer”, señaló en su crónica de ese día el mítico Fray Nano.

En la premiación, la quinteta mexicana compartió el podio con Estados Unidos y Canadá, en una ceremonia en la que participó James Naismith, ni más ni menos que el creador del basquetbol en 1891, y quien fue el encargado de entregar las medallas. El Dr Naismith vivió justo lo suficiente como para ver a su deporte en la máxima justa del olimpismo, pues acabaría falleciendo tres años después.

De los dos potosinos, ‘El Tallarín’ de la Vega tuvo después una vida casi tan inesperada como la remontada tras el partido contra Filipinas: dirigió cuadrillas de buzos que recogían guano de aves en islas del Pacífico para convertirlo en fertilizante, luego trabajó en una fábrica de cemento y terminó administrando un fraccionamiento de lujo en Tijuana, donde murió en 1974.

Con Pamplona, en cambio, ni siquiera está claro dónde nació: unas fuentes dicen San Luis Potosí, otras Zacatecas e incluso revisando en los archivos del Registro Civil se suma Colima a los contendientes para ser su lugar de origen. Lo que no está en duda es que fue en San Luis Potosí donde Pamplona hizo su vida y su carrera como basquetbolista, y donde se quedó jugando mucho después de su participación en Berlín.

Según contó décadas después Ángel Vázquez Robledo, Pamplona seguía yendo a echar cascaritas al Internado Damián Carmona con su viejo compañero de entrenamientos, el profesor Fausto González Ramírez. Hasta sus últimos años, el basquetbolista guardó entre sus recuerdos el álbum oficial de los Juegos de Berlín, el mismo donde aparecía, con foto y firma, Adolf Hitler.

Muchas veces se pasa por alto esa histórica medalla conseguida por los entonces once guerreros en Berlín, pero lo que ha pasado desde entonces con este deporte debería de ser para enaltecer este logro todavía más. Tras 1936, México solo ha clasificado seis veces más al basquetbol olímpico, y en este 2026 se cumplieron cincuenta años de la última participación mexicana en el certamen en Montreal 1976. A pesar de prospectos interesantes en la NBA como Karim López, la actualidad del equipo no da para pensar que vaya a cambiar mucho la situación, pues últimamente ya no clasifican ni a la AmeriCup.

México hace muchos años que dejó de figurar en el deporte ráfaga, pero la historia siempre recordará que la primera vez que se jugó de manera oficial en unos Juegos Olímpicos, nuestro país se colgó la medalla de bronce, y lo hizo con dos potosinos en el roster.

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