marzo 2, 2021

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#4 Tiempos

El infantilismo de la oposición | Columna de Enrique Domínguez

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Cuentas claras

 

Ahora más que nunca vivimos en un auténtico cambio que se gesta a partir de grandes movimientos del establishment que por muchas décadas prevaleció en nuestro país. La ahora oposición da claros visos de enojo y un odio inverosímil hacia la persona que originó un real cambio. No es para menos, los intereses económicos de quien ahora no está en el poder se ven menguados por atroces ataques que, en su mayoría, se ven generados por el bombardeo continuo de noticias falsas a través de personajes que lideran una horda de trolls y bots para generar tendencias y hacer prevalecer un ficticio dominio de la opinión pública.

El odio permanece como una constante para la destrucción de todo aquello que altere la posición “cómoda” de un falso orgullo de la rutina y una adaptación a lo ruin, es decir una costumbre en la que un cambio siempre generará un malestar, sobretodo, cuando se tiene poca disposición para la adaptación.

Estamos inmersos en un mundo que evoluciona de manera veloz, las modificaciones se dan de un modo sublime o incluso drástico, pero, por lo general cualquier cambio será para un bienestar, tenemos para ello grandes ejemplos tecnológicos, científicos y naturales.

Oponerse es natural, sin embargo, resulta disparatado no entender que los beneficios, ante todo, siempre serán en beneficio de la sociedad. No olvidemos que nuestro país ha sido víctima de un saqueo abominable, hemos entregado al menos 20% de nuestro territorio para estar a expensas de una explotación por procesos poco ortodoxos para la extracción mineral, simplemente recordemos la Minera San Xavier y más recientemente la contaminación de la minera México, agreguemos la venta de los Ferrocarriles, playas, energía, bancos, telecomunicaciones y concesiones a la iniciativa privada.

Ser oposición es completamente legítimo, hay muchas situaciones o ideologías que no siempre serán del agrado de la sociedad y menos aun cuando una mayoría se ve perjudicada por decisiones o errores que solo generarían problemas y catástrofes.

Cuando las decisiones dejan de ser beneficiosas a una minoría y si con un enfoque a la población más vulnerable siempre saltarán aquellos que con dádivas o sobras se dedicaban a calmar la sed de hambre del pobre y saciar en demasía la ambición de los mezquinos intereses de los repartidores.

El insulto al intelecto humano se da cuando la oposición incipiente se dedica al denuesto hueco y estúpido ante los beneficios de obras de infraestructura que se generarían en nuestro país por los alcances que estos tendrían.

Existe una ceguera para la descalificación barata e irracional sin la idea de concebir una lectura previa al ideal de ser una nación próspera.

Oponerse a la construcción de una refinería para ser autosuficientes en combustibles o en la construcción del tren maya para generar mayor recaudación en turismo y la comunicación entre poblaciones apartadas o aplaudir los 80 amparos promovidos para la no construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía solo habla de una minoría opositora que solo busca el irracional momento de recuperar el poder mediante la descalificación y la zozobra del gobierno actual.

Independientemente de la ideología política, México es más que la creencia o la enajenación de acercamiento a corrientes y opiniones diferentes es necesario entender que estamos asentados en un territorio que tiene una gran riqueza cultural, fuimos emanados por la sangre de luchadores en diferentes épocas.

La polarización es un encuentro con la evolución de caminos que nos llevan a la idea de la independencia intelectual, vivimos en épocas de cambio  o por ello debemos dejar de ser sensibles a una realidad que nos pide a gritos ser considerada y hacer un análisis introspectivo para determinar las causas de los males que nos aquejan como nación, no se trata de la idea estúpida del reclamo a priori de cualquier sutileza que enarbole los oídos y nos siga favoreciendo en nuestros vanos escrúpulos para asimilar esas bases y entablar una lucha diría y desgastante para el reclamo fácil.

Es triste decir que puede más un encabezado que la lectura entrelíneas de cualquier artículo para fundamentar un correcto raciocinio de la realidad. A veces olvidamos que una pequeña minoría se resiste al cambio y con ello no quiero entablar el debate de mí referido a la minoría, pero si vale la pena recordar que ese grupúsculo de empresarios, políticos y proveedores que antes se vio beneficiado por el viejo régimen, ahora reclamen con vehemencia los beneficios que en otros tiempos se vieron favorecidos con creces dejando a un lado la ética y el principio elemental de la honestidad.

Es mezquino y completamente incongruente que prevalece más la publicación visceral de un doliente que la realidad de una ojeada a la investigación natural arraigada por la curiosidad natural. Dicho en pocas palabras, puede más la información facilitada en una red social que el sentido común.

En un país de más de 125 millones de habitantes es común que exista la discrepancia, sin embargo, la anteposición ante cualquier hecho que discrepe de nuestra ideología y nos haga tomar decisiones para afectar una estima y un acercamiento a las personas y solo antepongan una cerrazón ideológica que nada tiene que ver con el don natural del afecto humano, nos hará enaltecer el odio como primicia fundamental en un país radicalizado.

Las causas sociales son menester en un país que por décadas se olvidó de los marginados, de las comunidades apartadas y sin la idea de ver por ellos. El racismo y el clasismo son solo una muestra de un estancamiento en el pasado marcado por el sectarismo y la conglomeración de ideas erróneas que datan de la época medieval.

Apelar por un país que sea sensible es extremadamente necesario, es muy importante olvidarse del círculo cercano y de los allegados, para saber que México no es ese mundo cerrado que creemos nos pertenece, México es más y requiere que la visión traspase fronteras para asimilar la realidad y las dolencias que con vehemencia son solicitadas a gritos ante la ignorancia de los problemas ajenos.

Apelar por un mundo perfecto resulta imposible, pero dar voz a una minoría que con cizaña sólo enarbola el encono es una muestra de egoísmo fundamentado en la podredumbre del gestor de la malicia en la bondad y en la aceptación de este lindo lugar llamado México.

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#4 Tiempos

Ramón Villarreal pionero en salud pública en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los pioneros en temas de salud pública en México, fue el Dr. Ramón Villarreal Pérez (1919-1978), potosino por adopción y formación, quien en su momento dirigió la Escuela de Medicina, hoy Facultad, de la UASLP, y quien gestionó y logró la construcción de su actual edificio, así como la implantación de la medicina moderna en dicha Facultad. Ramón Villarreal fue un fundador de instituciones de educación superior, pues al formar el Departamento de Fisiología en la UASLP sentó las bases de su gran proyecto educativo basado en un modelo modular en contraposición al modelo disciplinar común en la educación superior en México. En 1874 creaba la unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y con ese proyecto regresaba al país después de estar trabajando en los Estados Unidos en medicina y en su enseñanza en América Latina por más de quince años, emprendía así el novedoso modelo educativo que implantaba en la UAM.

“En la UAM he encontrado muchos aspectos positivos. Simplemente el haber aceptado este reto: embarcarse en una innovación educacional, porque eso es la UAM-Xochimilco; la sola decisión de venir a estas instalaciones tan precarias habla de cosas positivas.

Vivir esto da una sensación de inquietud por lo desconocido. No únicamente los estudiantes la experimentan, también los docentes.

Queremos que en Xochimilco la enseñanza no se centre sólo en la Universidad, sino también en la comunidad social, porque sólo así incidiremos en el cambio de valores, tanto de los estudiantes como de los profesores. Para lograrlo es indispensable el constante contacto con la realidad”

Villarreal estudió medicina en la UNAM y viajó a Estados Unidos a proseguir sus estudios de posgrado complementando su preparación en gastroenterología se especializó en fisiología, siempre estuvo interesado en las ciencias básicas y se interesó mucho por los trabajos de Claudio Bernard, quien fue realmente el introductor del método científico en medicina. En su primera época de estancia en Estados Unidos estuvo en las universidades de Harvard, Madison y de Chicago hasta 1955, año en el que regresa a México a incorporarse a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, donde impartiría la cátedra de fisiología y formaría el Departamento de Fisiología para ser luego director de la entonces Escuela de Medicina de la UASLP.

En este periodo comienza a gestar un nuevo diseño académico impulsando la investigación y la educación en medicina, elabora un ensayo sobre la situación de la enseñanza de la medicina y configura el concepto de departamentos, que llevaría años después al proyecto modular de la UAM-Xochimilco.

Ramón Villarreal, al terminar su gestión como director de la Escuela de Medicina de la UASLP en 1959 fue invitado por la Organización Mundial de la Salud, OMS; a trabajar como asesor de educación médica en los programas para América Latina, con sede en Washington, DC; ahí formó lo que sería el Departamento más importante de la OMS, el departamento de formación profesional. Desde ese momento se involucró en el tema de la salud pública, pues su formación originaria fue en el campo de la fisiología y gastroenterología. Obtuvo así su maestría en salud pública en la Escuela de Higiene y Salud Pública John Hopkins en Baltimore. En su momento estuvo postulado para ocupar la dirección de la OMS. 

En la enseñanza de la medicina fue un pilar en toda Latinoamérica. En sus últimos años fue presidente de la Fundación Mexicana para la salud. Publicó alrededor de 43 artículos científicos relacionados con la formación de recursos humanos como base para aumentar la calidad y cantidad de atención a la salud, con énfasis comunitario.

Colaboró con un grupo internacional de distinguidos epidemiólogos, en la publicación de Epidemiología, Guía de Métodos de enseñanza, editada por C.R. Lowe y J. Kostrzewski, publicado en varios idiomas y del cual se basan para tomar los modelos de contingencia usados en epidemias como la que ahora padecemos del coronavirus. Ramón Villarreal fue el promotor de la escuela de salud pública en nuestro país, y sus contribuciones ahora se vuelven importantes.

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La reforma judicial | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Para los estudiantes de los primeros semestres de la carrera de Derecho, los paseos no pueden faltar. Bien pueden ser simpáticos días de campo en el congreso local, un paseo por los juzgados o incluso —con una labor logística más demandante— una visita a un penal.  En mi caso, el tour guiado se llevó a cabo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Después de los protocolos de seguridad a la entrada, de apagar los celulares y de observar por varios minutos los murales de José Clemente Orozco, Cauduro y otros, procedimos a observar una muy interesante sesión de Pleno, donde se discutía un proyecto de la recién nombrada Ministra Yasmín Esquivel, quien, por cierto, estaba ausente.  

Al término de la sesión, la treintena de estudiantes primersemestrinos tuvimos la fortuna de charlar con dos ministros. Aquí abro un pequeño paréntesis para precisar un poco sobre el contexto. Apenas un par de semanas antes, el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, había sido sujeto de críticas: había aparecido en el programa de John Ackerman y Sabina Berman y publicado unos polémicos tweets. Por el contrario, casi ningún otro de los y las ministras tenía cuenta de Twitter; mucho menos habían salido a dar entrevistas a ningún medio. Considerando ese escenario, mis preguntas a los dos ministros fueron: ¿Cuál debe ser la relación de los ministros con la vida pública del país? ¿Por qué hay tanta distancia y tan poca comunicación entre la Corte y la ciudadanía?

Ciertamente, es un tema bastante complejo. Por ejemplo, en la Corte Suprema de Estados Unidos, el perfil ideológico de las y los jueces que la integran es conocido desde antes: al tribunal constitucional llegan jueces que son abiertamente conservadores o liberales, según el proyecto de nación del presidente que les haya nominado. En México, el perfil ideológico de las y los ministros se especula analizando sus sentencias y el sentido de sus votos; rara vez aparecen en medios de comunicación; y, para la gran mayoría de la población, la Corte y sus sentencias son completamente irrelevantes, debido al silencio que genera la poca difusión de lo que ahí se decide.

En ese sentido, los ministros me respondieron que lo que buscan es preservar su autonomía y garantizar la división de poderes. Comentaron que durante los 15 años que dura su encargo, los ministros y ministras dejan de asistir a restaurantes, reuniones sociales, bodas y eventos con políticos, incluso aquellos a los que han sido invitados por la Presidencia de la República. También, dan muy pocas entrevistas y no se enfrascan en discusiones sobre el sentido de sus votos. La regla general es que los tribunales sean herméticos, con el objeto de alejarse de cualquier presión que busque influir en lo que se decide en la Suprema Corte; además de ser muy cuidadosos con los simbolismos que puedan demeritar la legitimidad del Poder Judicial.

Traigo a colación esta anécdota para analizar uno de los cambios más importantes que vendrán para la Corte.

El viernes pasado, después de haberse aprobado en el Congreso de la Unión y en 18 congresos locales, la Cámara de Senadores emitió la Declaratoria de Reforma Constitucional, referente a la propuesta de reforma que presentó el Ministro Presidente Arturo Zaldívar el año pasado. Así, en estos días deberá publicarse en el Diario Oficial de la Federación la reforma a siete artículos constitucionales, la promulgación de dos leyes —la Ley de Carrera Judicial y una renovada Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación— y reformas a diversos códigos y leyes secundarias.

La iniciativa fue presentada por Zaldívar en una Mañanera, al lado de López Obrador, de Olga Sánchez Cordero y del Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra. La imagen por sí misma fue un tanto bochornosa para la (al menos aparente) independencia que le caracteriza al Poder Judicial. Desde ese momento, el ministro Zaldívar ha tenido poco recato en mostrar su cercanía al Poder Ejecutivo, que impulsó esta reforma muy decididamente.

La autonomía de la Corte estuvo nuevamente cuestionada después de que Zaldívar decidiera romper la regla tácita de que el ministro presidente es el último en presentar sus argumentos al revisar un caso. Durante el debate de la consulta popular, Arturo Zaldívar se asignó la palabra a sí mismo antes que todos y recitó lo que parecía un discurso más político que jurídico, validando la constitucionalidad de la materia con argumentos, por llamarles de una manera, muy endebles.

Más recientemente, Zaldívar acudió a la inauguración de una de las pistas de Santa Lucía. ¿Qué estaba haciendo ahí? Nadie lo sabe; menos cuando los grandes proyectos de infraestructura se están decidiendo en la Corte.

Del contenido de la reforma se dice que fue redactada únicamente en la oficina de Zaldívar; no hubo colaboración con otros ministros, ni con la academia, ni con otras instancias del Poder Judicial. No obstante, haciendo un balance muy general, podemos conceder que el saldo es más positivo que negativo. Por una parte, hay un fortalecimiento a la carrera judicial; mayores herramientas para el combate a la corrupción, nepotismo y violencia de género; y se mejora también a la defensoría pública. Por otra, la reforma contempla una modificación a la manera en que se generan criterios jurisprudenciales: ahora todas las resoluciones del Pleno votadas por una mayoría de ocho votos serán vinculantes para todos los jueces del país. Además, la reforma prevé facultar a los organismos constitucionales autónomos de los estados para que también puedan aplicar controversias constitucionales.

Del lado negativo, la reforma es omisa en hacer algún pronunciamiento sobre el trágico Tribunal Electoral. Además, no hace ninguna modificación al agotado método de designación de ministros, así como al tema de las renuncias. Uno esperaría que después del escándalo de Medina Mora, alguien tomara cartas en el asunto.

Zaldívar ha logrado su cometido y la reforma ha sido aprobada casi exactamente como él la concibió. Con estas modificaciones, es muy probable que la Corte transite a la onceava época del Semanario Judicial de la Federación con él como abanderado de dicho cambio.  Con la reforma, también ha conseguido dotar de mayor poder al presidente del Consejo de la Judicatura Federal, cargo que ocupa el presidente de la Suprema Corte, o sea, él. En resumidas cuentas, Zaldívar ha venido a romper con el paradigmático comportamiento discreto de los ministros; ahora ha adherido su discurso al de la 4T, está activo en redes y acude a inauguraciones (pero no acude al aniversario de la Constitución, por ejemplo). Habrá que prestar atención a sus siguientes movidas. ¿Cómo cambiará su relación con el Ejecutivo, ahora que su reforma fue aprobada? ¿En dónde lo veremos en 2024, cuando termine su encargo?

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Un gato en el estómago | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

 

En su Anatomía de la melancolía (obra que vio la luz por vez primera en 1621), Robert Burton cuenta la historia de una mujer que creía haberse tragado una serpiente. Ahora bien, como ésta era una cosa altamente improbable (¿quién en su sano juicio hubiera podido hacer algo como esto?), el médico que la veía llegó a la conclusión de que la mujer no estaba muy en sus cabales que digamos, y, para curarla, ideó la siguiente estratagema: primero la hizo tomar un vomitivo; luego, sin que ella lo advirtiera, colocó una serpiente muerta en el fondo de un bacín, diciéndole:

«He ahí el tremendo bicho que tanto la atormentaba, mi estimada señora». Cuando la mujer vio que el animal se hallaba por fin fuera de su cuerpo, se sintió aliviada. ¡Excelente terapia!

Otro caso curioso contado por el mismo Burton es el de un caballero de Siena que tenía miedo de ir al baño, pues creía que, en cuanto lo hiciera, la ciudad se ahogaría bajo el río de sus orines. Aunque la vejiga estaba a punto de estallarle, el caballero se contenía estoicamente. Para curarlo, otro médico, tanto o más ingenioso que el anterior, mandó tocar las campanas de una iglesia vecina y le dijo al enfermo en tono gravísimo que Siena se consumía en ese momento bajo las llamas y que únicamente él podía salvarla, si quisiera. Ante advertencia tan severa, el enfermo accedió a orinar, y si no salvó a Siena de las llamas, sí salvó por lo menos su estropeada vejiga.

Estos ejemplos muestran con bastante claridad que los médicos del pasado no eran tan ingenuos como a algunos les gusta imaginar. Sin embargo, la curación no siempre es tan sencilla, como demuestra este otro caso tomado de la vida real:

Un hombre se quejaba constantemente de un fuerte dolor de estómago. «¿Sabes? –le dijo un día a su mujer-, me da la impresión de que lo que tengo adentro es un gato». La esposa le dijo que eso no era posible y que lo mejor que podía hacer era ir a consultar a un gastroenterólogo lo antes posible. Pero el hombre persistió en su idea. Sí, lo que lo arañaba por dentro era un gato, un enorme gato de afiladas uñas.

«Esto ya no es asunto del gastroenterólogo, sino del psiquíatra», pensó la mujer, terriblemente afligida. Y a partir de entonces todos sus esfuerzos se concentraron en convencer a su esposo de que tenía que someterse a uno de esos inofensivos tratamientos psicológicos que a la larga no le podían hacer más que bien. Tras diez mil ruegos, el marido accedió a ir por fin a una clínica neurológica.

-¿Qué es lo que sentimos? –preguntó el psiquiatra, mirándolo con burlona atención.

-Lo que sentimos, doctor –respondió el hombre-, son unos terribles arañazos provocados por un gato que llevamos dentro.

El especialista se le quedó mirando largamente. Y, tras pensárselo durante unos instantes, dijo en tono confidencial:

-Sí, es probable que se trate efectivamente de un gato. En todo caso, no es ésta la primera vez que le sucede a alguien una cosa semejante.

-¿Es, digamos, una enfermedad común?

-¡Más común de lo que usted se imagina, mi estimado amigo!

-Me aterra pensar que dentro de mí pudiera también haber ratones, doctor, pues, de no ser así, ¿a qué diablos se habría metido el gato? –dijo el hombre casi llorando de pesar.

El psiquiatra hizo abrir la boca a su paciente, le examinó la garganta con una lamparilla y dijo finalmente:

-En efecto, amigo mío, anda por ahí un gato de respetables dimensiones: acabo de verle la punta de la cola. ¡Ah, pero no se preocupe usted, que ya me encargaré yo de que salga pronto de ahí! Si le parece bien, mañana mismo, a las diez, procederemos a realizar la operación.

-Me parece bien –dijo el paciente.

Al día siguiente, el psiquiatra lo anestesió, simuló una operación complicadísima, mandó a un muchacho del barrio a que le trajera un gato callejero, le torció la cabeza, y tan pronto como el enfermo volvió en sí, le dijo gritando de alborozo:

-He aquí el gato que tanto lo molestaba, querido amigo. De ahora en adelante podrá usted vivir en paz.

El paciente miró el gato detenidamente; finalmente, dijo con desilusión:

-Lo siento mucho, doctor, pero el gato que usted me muestra es negro, y el que a mí molesta adentro es gris.

¡Para amargarnos la vida, los humanos somos unos expertos! Nos ahogamos en vasos de agua. Una vez, según cuenta el doctor M. Scott Peck en su libro La nueva psicología del amor, una mujer que acababa de intentar suicidarse fue a verlo a su consultorio y le confió: «Intenté matarme porque no soporto vivir en esta maldita isla» (se trataba de la isla de Okinawa, donde ambos, médico y paciente, residían por entonces). «¿Por qué es tan doloroso vivir en Okinawa?» –le preguntó el doctor-. «Aquí no tengo amigos. Estoy siempre sola» –respondió sollozando la mujer-.

«Eso es malo. ¿Por qué no ha hecho amistades?». «Tengo que vivir en una urbanización de Okinawa donde ninguno de mis vecinos habla inglés». «¿Por qué no va a la zona residencial norteamericana o al club de mujeres para entablar alguna relación?» –insistió el médico-. «Porque mi marido se lleva el coche para ir al trabajo». «¿Y no podría llevarlo usted misma al trabajo, puesto que está sola durante todo el día y se aburre?» –siguió insistiendo el doctor-. «Es un coche con el cambio de marcha manual, y yo no sé conducirlo; sólo sé conducir los que tienen caja automática». «Pues podría aprender a conducirlo». «¿En estas carreteras? –gritó indignada la mujer-, ¿es que quiere que me mate?».

En lo dicho: con algunos no hay remedio. Pero si hay alguna conclusión que sacar de estas historias, que las saque el lector, que yo con habérselas contado me doy por satisfecho.

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Xavier Nava, ¿en Morena?

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