#4 TiemposColumna de Enrique Domínguez Gutiérrez

El infantilismo de la oposición | Columna de Enrique Domínguez

Cuentas claras

 

Ahora más que nunca vivimos en un auténtico cambio que se gesta a partir de grandes movimientos del establishment que por muchas décadas prevaleció en nuestro país. La ahora oposición da claros visos de enojo y un odio inverosímil hacia la persona que originó un real cambio. No es para menos, los intereses económicos de quien ahora no está en el poder se ven menguados por atroces ataques que, en su mayoría, se ven generados por el bombardeo continuo de noticias falsas a través de personajes que lideran una horda de trolls y bots para generar tendencias y hacer prevalecer un ficticio dominio de la opinión pública.

El odio permanece como una constante para la destrucción de todo aquello que altere la posición “cómoda” de un falso orgullo de la rutina y una adaptación a lo ruin, es decir una costumbre en la que un cambio siempre generará un malestar, sobretodo, cuando se tiene poca disposición para la adaptación.

Estamos inmersos en un mundo que evoluciona de manera veloz, las modificaciones se dan de un modo sublime o incluso drástico, pero, por lo general cualquier cambio será para un bienestar, tenemos para ello grandes ejemplos tecnológicos, científicos y naturales.

Oponerse es natural, sin embargo, resulta disparatado no entender que los beneficios, ante todo, siempre serán en beneficio de la sociedad. No olvidemos que nuestro país ha sido víctima de un saqueo abominable, hemos entregado al menos 20% de nuestro territorio para estar a expensas de una explotación por procesos poco ortodoxos para la extracción mineral, simplemente recordemos la Minera San Xavier y más recientemente la contaminación de la minera México, agreguemos la venta de los Ferrocarriles, playas, energía, bancos, telecomunicaciones y concesiones a la iniciativa privada.

Ser oposición es completamente legítimo, hay muchas situaciones o ideologías que no siempre serán del agrado de la sociedad y menos aun cuando una mayoría se ve perjudicada por decisiones o errores que solo generarían problemas y catástrofes.

Cuando las decisiones dejan de ser beneficiosas a una minoría y si con un enfoque a la población más vulnerable siempre saltarán aquellos que con dádivas o sobras se dedicaban a calmar la sed de hambre del pobre y saciar en demasía la ambición de los mezquinos intereses de los repartidores.

El insulto al intelecto humano se da cuando la oposición incipiente se dedica al denuesto hueco y estúpido ante los beneficios de obras de infraestructura que se generarían en nuestro país por los alcances que estos tendrían.

Existe una ceguera para la descalificación barata e irracional sin la idea de concebir una lectura previa al ideal de ser una nación próspera.

Oponerse a la construcción de una refinería para ser autosuficientes en combustibles o en la construcción del tren maya para generar mayor recaudación en turismo y la comunicación entre poblaciones apartadas o aplaudir los 80 amparos promovidos para la no construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía solo habla de una minoría opositora que solo busca el irracional momento de recuperar el poder mediante la descalificación y la zozobra del gobierno actual.

Independientemente de la ideología política, México es más que la creencia o la enajenación de acercamiento a corrientes y opiniones diferentes es necesario entender que estamos asentados en un territorio que tiene una gran riqueza cultural, fuimos emanados por la sangre de luchadores en diferentes épocas.

La polarización es un encuentro con la evolución de caminos que nos llevan a la idea de la independencia intelectual, vivimos en épocas de cambio  o por ello debemos dejar de ser sensibles a una realidad que nos pide a gritos ser considerada y hacer un análisis introspectivo para determinar las causas de los males que nos aquejan como nación, no se trata de la idea estúpida del reclamo a priori de cualquier sutileza que enarbole los oídos y nos siga favoreciendo en nuestros vanos escrúpulos para asimilar esas bases y entablar una lucha diría y desgastante para el reclamo fácil.

Es triste decir que puede más un encabezado que la lectura entrelíneas de cualquier artículo para fundamentar un correcto raciocinio de la realidad. A veces olvidamos que una pequeña minoría se resiste al cambio y con ello no quiero entablar el debate de mí referido a la minoría, pero si vale la pena recordar que ese grupúsculo de empresarios, políticos y proveedores que antes se vio beneficiado por el viejo régimen, ahora reclamen con vehemencia los beneficios que en otros tiempos se vieron favorecidos con creces dejando a un lado la ética y el principio elemental de la honestidad.

Es mezquino y completamente incongruente que prevalece más la publicación visceral de un doliente que la realidad de una ojeada a la investigación natural arraigada por la curiosidad natural. Dicho en pocas palabras, puede más la información facilitada en una red social que el sentido común.

En un país de más de 125 millones de habitantes es común que exista la discrepancia, sin embargo, la anteposición ante cualquier hecho que discrepe de nuestra ideología y nos haga tomar decisiones para afectar una estima y un acercamiento a las personas y solo antepongan una cerrazón ideológica que nada tiene que ver con el don natural del afecto humano, nos hará enaltecer el odio como primicia fundamental en un país radicalizado.

Las causas sociales son menester en un país que por décadas se olvidó de los marginados, de las comunidades apartadas y sin la idea de ver por ellos. El racismo y el clasismo son solo una muestra de un estancamiento en el pasado marcado por el sectarismo y la conglomeración de ideas erróneas que datan de la época medieval.

Apelar por un país que sea sensible es extremadamente necesario, es muy importante olvidarse del círculo cercano y de los allegados, para saber que México no es ese mundo cerrado que creemos nos pertenece, México es más y requiere que la visión traspase fronteras para asimilar la realidad y las dolencias que con vehemencia son solicitadas a gritos ante la ignorancia de los problemas ajenos.

Apelar por un mundo perfecto resulta imposible, pero dar voz a una minoría que con cizaña sólo enarbola el encono es una muestra de egoísmo fundamentado en la podredumbre del gestor de la malicia en la bondad y en la aceptación de este lindo lugar llamado México.

También lee: Los trapitos de Felipe Calderón | Columa de Enrique Domínguez

Nota Anterior

"Manos a la obra", el programa que planea mejorar colonias en Soledad

Siguiente Nota

Legalizar la marihuana no resolverá la inseguridad en SLP: diputada