febrero 21, 2026

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Dentro del presupuesto | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Atlético de San Luis

Testeando

 

La jornada 5 está a punto de comenzar. Atlético de San Luis llega presionado al partido contra Tigres, con la necesidad de ganarle a un equipo complicado para poder sumar y liberar un poco los malos resultados en las primeras jornadas.

Atlético de San Luis parece una víctima contra los poderosos Tigres. Parece que los del norte pueden llevarse tres puntos para su casa.

Mucho se ha hablado durante la semana del accionar del equipo potosino, muchas personas se han atrevido incluso a señalar a Alfonso Sosa como el responsable de los pobres resultados, diciendo que el equipo le ha quedado grande, que hay jugadores que merecen más minutos, que otros no saben jugar en la división y cualquier cantidad de pretextos para menospreciar lo hecho por el equipo y el técnico.

Mi opinión es concreta y certera: ¡vamos por buen camino!

Y explico: en el juego anterior, el equipo jugó con una línea de cuatro muy marcada con Catalán, Abrante, Laso y Escalante; en media cancha por el centro con Maya y Sánchez; por los costados Reyes y Mayada, un media punta con Gónzalez y un nueve con Ibáñez. Esta alineación parecía suficiente ante la ausencia por lesión de Bilbao y Madrigal (por cierto este último ya recuperado para el próximo partido) y tomando en cuenta que se visitaba una cancha complicada.

En el papel parecía suficiente, pero Chivas jugó con una línea de 5 muy atrevida que metía muchos jugadores en media cancha, superando con ello en momentos a los jugadores potosinos; de ahí nació el primer gol, luego dos penales que no discutiremos si fueron o no, simplemente se traducen en goles.

Sosa intentó cambiar en el segundo tiempo sacando a Escalante por Centurión y retrasando a Reyes para ocupar el puesto de lateral, luego sacó a Maya por Valdez intentando tener más llegada para terminar sacando a González por Berterame para darle variante a la ofensiva. Desgraciadamente ninguno de estos cambios resultó: al final un contundente 3-0

.

Para mi, Sosa no fue el culpable de las circunstancias del partido, y tampoco fue timorato al encarar a Chivas, fue prudente e intentó solucionar las ausencias con jugadores disponibles, sus variantes son lo lógico, lo que el equipo puede dar y no hay más.

Pedir la cabeza del técnico ante esta forma de jugar es conocer muy poco de la estrategia del futbol, es querer tener resultados casi por arte de magia.

Vamos a hacer un ejercicio: tomemos las 19 fechas del calendario de la primera división y simulemos con puntos el camino que logrará Atlético de San Luis:

1.- Pumas (empate 1)
2.- Monterrey (derrota 1)
3.- descanso
4.- Chivas (empate 2)
5.- Tigres (derrota 2)
6.- Veracruz (victoria 5)
7.- Morelia (victoria 8)
8.- Pachuca (empate 9)
9.- Puebla (victoria 12)
10.- Santos (empate 13)
11.- Toluca (derrota 13)
12.- Tijuana (empate 14)
13.- Juárez (victoria 17)
14.- Querétaro (empate 18)
15.- León (derrota 18)
16.- América (derrota 18)
17.- Atlas (empate 19)
18.- Necaxa (victoria 22)
19.- Cruz Azul (derrota 22)

Según este ejercicio y una mera simulación, Atlético de San Luis terminará el torneo con 22 puntos en el presupuesto.

Bien sabemos que me equivoqué ya en tres pronósticos y el equipo lleva más puntos de los que pensaba para la jornada 4.

Con todo esto, solo quiero aclarar: estamos dentro del presupuesto, no es momento de quemar las naves, el equipo juega a algo, Alfonso Sosa está haciendo un trabajo de a poco, pero con pasos firmes. Tiempo al tiempo y el que piense lo contrario que me busque, lo podemos discutir con una buena charla de futbol.

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La sorpresa táctica y una victoria de lectura fina | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El partido entre San Luis y Atlas se presenta envuelto en una sensación poco habitual: la duda como punto de partida. No tanto por el rival, sino por lo que San Luis ha venido mostrando desde la banca, donde las decisiones recientes de Guillermo Abascal han alterado un escenario que parecía más estable de lo que realmente era.

En el encuentro anterior, el técnico español del cuatro potosino sorprendió con una cantidad considerable de cambios en su alineación. No fueron ajustes cosméticos ni solo rotaciones obligadas, sino movimientos que modificaron la estructura del equipo y dejaron claro que solo algunos tienen el puesto asegurado. Esa sacudida abre ahora un interrogante inevitable: resulta complicado anticipar qué versión de San Luis veremos frente al Atlas, y esa incertidumbre convierte la previa en un ejercicio de especulación más que de certeza.

El buen resultado conseguido ante Querétaro sirve como respaldo inmediato, pero también requiere una lectura más profunda. El marcador fue amplio, sí, pero los tres goles llegaron más como consecuencia de un rival desordenado, frágil y superado por sus propios errores que por una exhibición contundente de San Luis. Fue un triunfo valioso en lo anímico, aunque no necesariamente una confirmación absoluta de funcionamiento.

Ese matiz es c lave para entender el momento. San Luis aprovechó lo que Querétaro le ofreció

, algo que también cuenta en la Liga MX, pero ahora enfrentará a un Atlas que suele cometer menos errores no forzados y que rara vez se descompone con facilidad. Ante un rival más sólido, la eficacia y la claridad táctica serán más exigidas.

Atlas llega como un equipo acostumbrado a partidos cerrados, cómodo en escenarios donde el rival aún está ajustando piezas. No necesita controlar el juego para competirlo y suele crecer cuando detecta dudas estructurales enfrente. En ese sentido, la posible rotación de San Luis puede ser tanto una ventaja como un riesgo, dependiendo de qué tan rápido el equipo logre reconocerse en el campo.

Este partido se empezará a jugar desde la alineación. La lectura inicial, los nombres elegidos y los roles asignados dirán mucho más que cualquier discurso previo. Si San Luis logra sostener orden pese a los cambios, el mensaje será positivo: hay profundidad y alternativas. Si no, la sensación será que el triunfo anterior maquilló problemas que siguen ahí.

Frente al Atlas, San Luis no solo defiende un resultado reciente, sino una idea en construcción. En la Liga MX, ganar ayuda, pero entender por qué se gana es lo que realmente define el rumbo. Y este encuentro será una prueba clara de si los cambios recientes fueron el inicio de una evolución… o solo una reacción momentánea ante un rival que se equivocó demasiado.

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El clásico de la gente | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El clásico entre San Luis y Querétaro es uno de esos partidos que no se explican únicamente desde lo futbolístico. No nace de finales, títulos ni de una historia prolongada de choques decisivos. Su verdadera raíz está en otro lado: en la tribuna, en el viaje, en el orgullo regional y en una rivalidad que las aficiones se han encargado de alimentar con el paso de los años.

En la cancha, el enfrentamiento suele ser más sobrio de lo que la previa anticipa. Ni los jugadores ni los cuerpos técnicos cargan con una animadversión profunda; los planteles cambian, los proyectos se renuevan y las prioridades pasan por sumar puntos más que por saldar cuentas históricas. Pero fuera del rectángulo verde, el partido se vive con otra intensidad. Ahí es donde el clásico cobra sentido.

San Luis llega a este duelo con la obligación de hacerse respetar en casa. El Alfonso Lastras se transforma cuando aparece Querétaro en el calendario, no tanto por lo que representa el rival en términos deportivos, sino por lo que despierta en la afición local. Ganar este partido es una forma de reafirmar identidad, de sostener una narrativa que va más allá de la tabla y que conecta directamente con la grada.

Querétaro, en cambio, asume el papel de visitante incómodo. No necesita dominar el juego para competirlo; le basta con resistir el ambiente y aprovechar cualquier momento de desconcentración. En este tipo de clásicos, el equipo que mejor entiende el contexto suele sacar ventaja, porque sabe que el partido puede romperse por tensión, no por talento.

La rivalidad, entonces, se manifiesta más en los cánticos que en las barridas, más en el color de las tribunas que en los esquemas tácticos. Los futbolistas juegan un partido importante

, sí, pero no uno que defina su historia personal. Para la afición, en cambio, este encuentro sí pesa distinto: es conversación de semana completa, es memoria compartida, es rivalidad de las redes y comparación inevitable.

Eso no significa que el partido carezca de intensidad. Al contrario. Precisamente porque se carga desde fuera, el margen de error se reduce. Nadie quiere ser el responsable de un tropiezo en un partido que la gente siente propio. Cada balón dividido se juega con un poco más de cuidado, cada decisión arbitral se magnifica y cada gol tiene un eco que trasciende los noventa minutos.

El clásico San Luis–Querétaro no necesita exagerar su importancia deportiva para existir. Su valor está en el entorno, en la cercanía geográfica, en la rivalidad que se construyó sin manual y sin guion. Es un partido donde los jugadores cumplen su función y los entrenadores hacen su trabajo, pero donde las aficiones son las verdaderas protagonistas.

Al final, como ocurre con muchos clásicos regionales, el resultado importa, pero no lo es todo. Lo que queda es la sensación de haber defendido colores, de haber impuesto presencia y de haber ganado (o perdido) un duelo que se juega tanto en la memoria como en el marcador. Y en la Liga MX, esos partidos, aunque no siempre definan campeonatos, sí terminan definiendo identidades.

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Noventa minutos para confirmar | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El duelo entre San Luis y Necaxa llega en un punto delicado, la tabla empieza a apretar y cada partido deja de ser trámite para convertirse en sentencia. No es un choque cargado de reflectores ni de discursos, pero sí uno de esos encuentros que terminan definiendo el ánimo y el rumbo de un equipo.

San Luis enfrenta este compromiso con la obligación silenciosa de hacerse sentir. De visita ha sido más, los cuatro puntos de este torneo, los ha obtenido en patio ajeno, un espacio donde el equipo entiende mejor sus límites y virtudes. San Luis no vive de la posesión prolongada ni del brillo individual; vive del orden, de la disciplina táctica y de saber esperar su momento. Ante Necaxa, esa paciencia será clave, porque cualquier exceso de confianza puede volverse en contra.

Necaxa, por su parte, llega con una identidad clara: intensidad, presión y transiciones rápidas. Es un equipo incómodo, que rara vez regala espacios y que suele crecer cuando el rival se desespera. No necesita dominar el partido para competirlo; le basta con mantenerse cerca del marcador y aprovechar errores ajenos. En ese contexto, el reto para San Luis será no caer en el juego que propone el rival.

Este partido se jugará más en la cabeza que en los pies. San Luis tendrá que manejar la ansiedad de buscar el resultado sin romper su estructura. Necaxa, en cambio, intentará alargar el partido, hacerlo pesado, llevarlo a una zona donde cualquier descuido sea definitivo. No es un duelo para distracciones ni para excesos de riesgo.

Hay además una lectura más profunda: este encuentro puede marcar una línea. Para San Luis, ganar significaría confirmar que el proyecto tiene argumentos para sostenerse en la pelea y no quedar atrapado en la irregularidad. Perder, en cambio, devolvería viejas dudas sobre su capacidad para cerrar partidos clave. Para Necaxa, sumar sería reforzar la idea de que su propuesta sigue siendo competitiva, sobre todo en casa.

No será un partido que se decida por grandes secuencias de juego. Todo apunta a que el marcador se moverá por detalles mínimos: una pelota parada, una mala salida, una jugada aislada. En la Liga MX, esos momentos suelen pesar más que cualquier dominio estadístico.

San Luis y Necaxa se encuentran en un cruce que no promete espectáculo, pero sí consecuencias. Y en un torneo tan corto y tan exigente, esos partidos son los que terminan definiendo temporadas completas. Aquí no se trata de brillar, sino de resistir, entender el momento y no fallar cuando la oportunidad aparece.

Partido de pronóstico reservado, parejo y con ambas escuadras muy necesitadas de esos sagrados tres puntos. Que gane el fútbol y que por lo menos Joao Pedro vuelva a marcar, que ese es un espectáculo independiente en este presente del fútbol potosino.

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