Deportes
El futbol más allá de la cancha: Entrevista con Juan Villoro
A menos de tres meses de la Copa del Mundo, el escritor reflexiona sobre los males del balompié mexicano, la desconexión de la afición con la Selección y la irrupción del futbol femenil
Por: Carlos Ruíz
Es viernes por la mañana. Se acabó el frío excesivo, pero la primavera todavía no trae los calores intensos que inevitablemente llegarán en abril. Nuestro escenario es el Edificio Central de la UASLP, donde en el marco de la Feria del Libro universitaria, tenemos la oportunidad única de entrevistar en exclusiva a Juan Villoro, una de las plumas más reconocidas de México.
Tras unos cuantos minutos de retraso en donde nuestra amiga de la Editorial Planeta casi pierde la cabeza, nuestro protagonista llega con una distintiva elegancia, y después de mostrarse muy apenado por la demora hasta cierto punto común en esta clase de contextos, nos sentamos en el patio principal para comenzar la charla.
Con más de cincuenta publicaciones a su nombre, y habiendo obtenido premios en Chile, España, Colombia y Argentina, uno pensaría que la obra que presentaría en la feria sería, quizás, una novela de ficción. A lo mejor un ensayo político. En una de esas, un libro científico o filosófico.
Pero no, o al menos no del todo. El maestro trae como novedad “Los Héroes Numerados”, un escrito acerca de algo que muchos consideran como la cosa más banal y ridícula del mundo, un mero distractor social al que Borges catalogó como “popular solo porque lo estúpido es popular”: el futbol.
Resulta que dentro de su amplia bibliografía, el tema del balompié suele ser muy recurrente en los textos de Villoro, pero no nos confundamos, no se va a poner a explicar sistemas de juego y esquemas tácticos, lo que lo hace diferente, es su modo de entender todo el fenómeno social, cultural y político que rodea al balón.
Y es que el futbol no es un simple deporte. Es toda una maquinaria multidisciplinaria capaz de tener influencia más allá del campo de juego. Es un fenómeno que se ve asociado con las principales cúpulas del poder mundial, con la corrupción, con la manipulación mediática y hasta con la división de clases.
Por eso decía que este no “es del todo” un libro político, científico, filosófico o de ficción, porque aunque no se le describa como tal, estos temas no son ajenos a la redonda, y mucho menos a la visión que se presenta de ella en “Los Héroes Numerados”.
No es ningún accidente que esta obra sea lanzada justo ahora. A tres meses de la Copa del Mundo, su autor reconoce que “el clima propicio para sacar este libro era este. Antes del Mundial siempre nos preguntamos qué significa el futbol, qué cosas ya detestamos y estamos hartos respecto al futbol, y al mismo tiempo qué cosas amamos, qué esperamos“.
Dentro de esta reflexión previa al verano, es imposible omitir a los protagonistas del espectáculo. El escritor le dedica páginas a los jugadores, los comentaristas y a los árbitros que fungen como villanos, pero el énfasis está en el personaje más importante: la afición.
El hincha que, según relata, “delega sus ilusiones en un equipo o en una selección, creando una pasión que cambia la vida de las familias y rompe amistades, pero también, y eso es una de las cosas en las que tenemos que reflexionar, cuando se vuelve excesiva, procura aniquilar al contrario“.
Esa última frase es fulminante, y comenta que en ningún otro lugar se vuelve realidad como en Argentina, donde está la afición más extrema de todas, y cuyas barras han sido infiltradas por el crimen organizado, generando que de ser aficionados, hayan pasado a ser vándalos.
Aquí, Villoro saca una anécdota que vivió en El Monumental de River Plate, donde tras reconocer su acento mexicano, un hincha del millonario le preguntó si era cierto que en México el equivalente a un hincha de River se podía sentar al lado del equivalente a un hincha de Boca.
Cuando él le dijo que sí, su nuevo amigo exclamó “!¿y no se matan?!”. Resulta que lo que parecía un elogio era un realidad una crítica, pues el che remató con un contundente “uh, pero qué degenerados”, reflejando cómo a este argentino le parecía que el verdadero futbol es “ir contra la piel del enemigo”.
En México seremos un poco más tranquilos que en tierras albicelestes, pero tenemos nuestra propia versión del Super Clásico, y muy similar en algo crucial (además de en los colores). Así como en Buenos Aires, River es el equipo de los “millonarios” (he ahí su apodo) y Boca es el del pueblo, en nuestro país pasa algo casi idéntico.
Mientras las Chivas “son las más queridas” e impulsan los valores nacionalistas al jugar con puro mexicano, el América fue diseñado por Televisa para ser “el malo de la novela”, una contraparte con dinero y los mejores extranjeros para ir contra lo que representa el Guadalajara.
El literato resalta la importancia del vínculo que se generó entre los azulcremas y un producto muy novedoso en aquel entonces como era la televisión, con lo que se posicionó en primer plano al equipo y se creó una afición que no existía a tal escala.
Podríamos hablar con Juan Villoro durante horas de estos clásicos, pero retomemos el tema principal. Los Héroes Numerados se publica en el contexto de la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá, probablemente, el certamen con más carga política en la historia.
El escritor describe a este Mundial como uno, para empezar, muy complejo en el tema logístico, ya que el recorrido que muchos equipos van a tener que hacer será muy duro, y además de las distancias, tendrán que enfrentar condiciones climatológicas extremadamente diversas.
Del lado político, tampoco se muestra muy positivo. Considera una situación crítica el hecho de que se celebre el certamen mientras Donald Trump está en contra de los migrantes y en plena guerra con Irán, un país que no solo está clasificado, sino programado para jugar sus tres partidos de fase de grupos en Estados Unidos.
Todo esto, transparenta una cosa para el autor: “a la FIFA lo único que le interesa es el dinero. Es una organización teóricamente no lucrativa, pero que es multimillonaria. Estamos en una situación totalmente controlada por la FIFA y donde el gran negocio depende de ellos”.
Recuerda que para esta Copa del Mundo, en el Estadio Azteca (o Banorte como le quieren decir ahora) los propietarios de palcos y plateas estuvieron rodeados de incertidumbre después de que el organismo se apoderara de los estadios y pusiera en jaque el derecho que obtuvieron al adquirir sus lugares para poder ver todos los eventos que se realizaran en el recinto.
Finalmente, Grupo Ollamani, propietario del recinto, tuvo que pagarle a la Federación para que los palcohabientes pudieran tener acceso a los cinco partidos que se disputarán en el Azteca, dos de ellos, de la Selección Mexicana, aunque con la posibilidad de que también jueguen ahí sus duelos de dieciseisavos y octavos en caso de pasar líder de grupo.
Villoro no es tan optimista con el tricolor. “Es muy cierto que en este Mundial creo que es cuando ha habido menor expectativa hacia la selección nacional. En otras ocasiones, a pesar de que nuestro rendimiento no sea muy alto, la expectativa, la ilusión ha sido grande”, señala.
Profundiza en este tema, y cataloga que el combinado nacional tiene un “prestigio neumático”, explicando que “se desinfla con gran facilidad y generalmente antes de los Mundiales se infla, pero en este caso veo a la gente muy escéptica“.
Para el escritor, la razón de este escepticismo es lógica. “Tenemos una liga que ha machacado y destruido la competitividad deportiva”, asegura. Añade que la desaparición del ascenso y descenso, sumada al alto número de futbolistas extranjeros, han acabado con un semillero de talento, generando que se tenga que recurrir a la naturalización de jugadores como Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo.
¿Cómo corregir esta situación? No es nada fácil, porque define a nuestra liga como “un éxito comercial, pero un fracaso deportivo”. Al final de cuentas, si el dinero sigue ingresando, ¿por qué habría que invertir y esforzarse para mejorar el lado estrictamente futbolístico?
Recuerda entonces un caso que, si bien puede parecer hasta chistoso, refleja la priorización de lo comercial: el de Jesús Corona. Cuando debutó el jugador de Rayados, el equipo era patrocinado por Cervecería Cuahtémoc a través de su marca Tecate, por lo que para evitar mencionar a la cerveza que es su competencia directa, se desechó el apellido en favor del apodo ‘Tecatito’.
“¿Qué se puede decir de un país en donde un jugador ni siquiera tiene derecho a usar su apellido?“, cuestiona Villoro.
Ya en la recta final de la entrevista, vamos dejando de lado el tema mundialista, ya que dentro del libro hay un tópico que el polígrafo destaca poderosamente: el futbol femenil.
Y es que lo que hace diez años no era más que un sueño, hoy se ha convertido en toda una realidad con una liga ya bien establecida en México, además de grandes equipos a nivel mundial como Barcelona, Real Madrid y Chelsea que cada vez voltean a ver más al futbol femenino.
Sin embargo, no es necesariamente algo nuevo en nuestro país. ya que hasta la fecha, el partido de mujeres con más espectadores de la historia sigue siendo un México vs Dinamarca de 1971 en el Estadio Azteca, donde se disputó la final de la Copa Mundial Femenil, que en aquel entonces, todavía no era organizada por la FIFA.
“Yo estuve ahí. Fue un una fiesta extraordinaria y demostró que el futbol femenino podía concitar la atención de muchísimas personas, cientos de miles. Se transmitió por televisión. Fue una fiesta con globos, palomas, en fin, realmente extraordinaria”, recuerda.
Pero si tal fue el éxito de un torneo femenil hace más de cincuenta años… ¿por qué tuvimos que esperar décadas para que se magnificara a las escalas de hoy en día? Villoro tiene muy clara la respuesta y, de nueva cuenta, apunta a las oficinas de Suiza.
“Ahí ya se señalaba que el futbol femenino tenía un futuro comercial muy grande, pero la FIFA que ha sido una mafia, porque no hay otra palabra, siniestra, lo vetó durante mucho tiempo“, asegura.
Va muchos años atrás en comparativa del varonil, pero para el autor, esto no es necesariamente una desventaja, sino una de sus principales fortalezas, ya que afirma que “es la gran transformación del juego porque nos remite a cómo era el futbol varonil cuando no había tanta trampa, cuando no había tanta especulación“.
“Yo creo que era importante que este libro terminara con lo más significativo del futbol a nivel mundial, que es la otra parte de la población, la otra mitad ya está dentro del juego“, remata.
Todavía quedan muchos temas que habría sido importante abarcar, pero en esta clase de eventos, el tiempo apremia. Agradecemos al maestro por dedicarnos un espacio de su apretada agenda, y nos levantamos de nuestros lugares en el patio central.
Villoro se disculpa por tener que retirarse con apremio, pero explica que tiene varios actos que atender con premura. Eso sí, antes de irse, no pierde la oportunidad de exaltar a su Necaxa, “el equipo de la década” como le llama. Los seguidores de los ‘rayos’ parecen estar en peligro de extinción, pero el autor no pierde oportunidad para resaltarse como uno de ellos.
Y es que si uno revisa la descripción de “Los Héroes Numerados”, leerá: “Los héroes de las canchas llevan números en la espalda. El 10 de Pelé, Maradona o Messi; el 14 de Johan Cruyff; el 7 de Cristiano Ronaldo o Álex Aguinaga“. Aguinaga habrá sido un jugadorazo, pero solo a un necaxista se le hubiera ocurrido ponerlo ahí. Es parte del encanto de Juan Villoro. Si se le antoja enaltecer al ídolo del Necaxa de los 90’s, lo va a hacer, sin importar que lo ponga a la altura de Messi y Cristiano.
También lee: El éxito puede ser circunstancial, pero nunca accidental: La historia en la duela y en el aula de Naomi Galeana
Columna de Nefrox
San Luis contra Atlas: la bisagra de una temporada | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Existen partidos que valen tres puntos y otros que terminan valiendo mucho más. No porque la Liga MX entregue unidades adicionales cuando la presión aumenta, sino porque existen noches en las que un equipo se juega la posibilidad de seguir creyendo en su temporada. Atlético de San Luis está frente a una de ellas. El encuentro contra Atlas no es simplemente otra fecha del calendario: es el partido bisagra del Apertura 2026, ese momento en el que los dirigidos por Diego Mejía tienen que decidir si quieren ser protagonistas de la recta final o quedarse mirando cómo otros ocupan los lugares que todavía están a su alcance.
La clasificación está ahí, suficientemente cerca para ilusionarse y lo bastante lejos para exigir una respuesta inmediata. San Luis llega con 19 puntos, ubicado en el undécimo puesto, mientras Atlas aparece en la cuarta posición con 24 unidades. Cinco puntos separan a los dos equipos, pero la diferencia más importante está en las consecuencias que puede tener el resultado. Para los rojinegros, ganar significaría consolidar su lugar entre los primeros puestos; para los potosinos, hacerlo representaría acercarse de manera decisiva a la zona de clasificación y mantener viva una temporada que ha tenido demasiados altibajos.
Por eso no conviene disfrazar la importancia de este encuentro. San Luis necesita ganar. No es una exageración periodística ni una manera de elevar artificialmente la expectativa. Es una consecuencia directa de su posición en la tabla y del calendario que tiene por delante. Con apenas tres jornadas restantes después de este compromiso, cada oportunidad comienza a tener un peso diferente. Un empate podría mantener las posibilidades matemáticas, pero dejaría al equipo dependiendo de demasiadas combinaciones. Una derrota sería todavía más complicada: permitiría que Atlas se alejara y obligaría a los de casa a esperar tropiezos ajenos para seguir soñando.
El problema para Mejía es que enfrente tendrá a uno de los equipos más consistentes del campeonato. Atlas ha construido una temporada que lo mantiene entre los cuatro primeros lugares y llega después de una remontada espectacular ante Puebla, al que derrotó 4-3. No es un rival que pueda darse por vencido cuando el partido se complica. Los rojinegros han demostrado capacidad ofensiva y carácter para resolver encuentros, dos características que obligarán al Atlético a jugar con una concentración muy superior a la que ha mostrado en algunos momentos del torneo.
Pero el contexto también ofrece una oportunidad. Los dirigidos por el histórico Hernán Crespo no llegan a San Luis con la tranquilidad de quien ya tiene todo resuelto. La pelea por los primeros puestos sigue abierta y una derrota podría comprometer su posición. Los visitantes también tienen algo que defender y eso puede convertir el encuentro en un partido de mucha tensión, con dos equipos que necesitan encontrar el equilibrio entre atacar y no regalar espacios.
Para el Atlético, la primera obligación será entender que no puede jugar este partido como si tuviera todo el tiempo del mundo. La urgencia no debe convertirse en desesperación, pero tampoco puede servir como excusa para administrar el resultado desde el primer minuto. Si San Luis quiere meterse a la Liguilla, tendrá que asumir la responsabilidad de buscar el encuentro, aprovechar la localía y demostrar que puede imponerse ante un adversario que llega mejor colocado en la clasificación.
La temporada de Diego Mejía ha tenido momentos que invitan a pensar que el equipo puede competir. Ha habido partidos en los que San Luis ha mostrado capacidad para generar ocasiones, recuperar terreno y encontrar soluciones ofensivas. También ha habido tropiezos que han dejado una sensación de oportunidad desperdiciada. Esa irregularidad es precisamente lo que ha colocado al Atlético en una posición incómoda: tiene argumentos para aspirar a más, pero no ha conseguido sostenerlos durante el tiempo suficiente.
El empate ante Toluca y las victorias frente a Querétaro y Atlante han permitido recuperar terreno. El equipo ha conseguido sumar en sus últimos compromisos y parece haber encontrado una pequeña ventana de estabilidad. Sin embargo, ahora viene una prueba de otra dimensión. Ganar el clásico siempre tiene un valor emocional especial, y vencer a Atlante como visitante también suma confianza, pero Atlas representa un desafío directo en la carrera por alcanzar la fase final. Es el tipo de partido que permite medir cuánto ha avanzado realmente un equipo.
Mejía necesita que sus jugadores entiendan esa diferencia. No alcanza con repetir la intensidad de las últimas jornadas; hay que acompañarla con decisiones correctas. El Atlético tendrá que saber cuándo presionar, cuándo mantener la pelota y cuándo acelerar. No puede regalarle a Atlas transiciones que le permitan aprovechar su capacidad ofensiva, ni puede refugiarse demasiado cerca de su propia área esperando que el rival cometa un error. La mejor manera de defender la clasificación es jugar para ganar, pero hacerlo con inteligencia.
La responsabilidad también pasa por los futbolistas que tienen mayor peso dentro del vestidor. En partidos como este, los jugadores experimentados deben asumir el control de los momentos complicados. No se trata únicamente de marcar un gol o de resolver una jugada individual. Se trata de evitar que el equipo pierda la cabeza cuando el marcador no sea favorable, de exigir concentración y de transmitir la confianza necesaria para que el plan de juego no se desmorone ante la primera dificultad.
El Alfonso Lastras tendrá que convertirse en un factor. La afición potosina ha acompañado al equipo durante una campaña que no siempre ha ofrecido motivos para celebrar, pero ahora tiene delante un encuentro que puede darle sentido a buena parte del esfuerzo realizado. La localía no garantiza nada, aunque sí representa una responsabilidad adicional. San Luis no puede permitir que Atlas se sienta cómodo, que encuentre espacios con facilidad o que termine imponiendo el ritmo de un partido que debería jugarse bajo las condiciones del equipo de casa.
También hay que reconocer que el margen de error se ha reducido por decisiones y resultados acumulados a lo largo del torneo. La clasificación no se está escapando únicamente por lo que ocurra este viernes. Se ha complicado por los puntos que el Atlético dejó en el camino, por los partidos en los que no consiguió sostener una ventaja y por las ocasiones en las que no tuvo la contundencia necesaria. Ahora, sin embargo, ya no sirve demasiado mirar hacia atrás. La única manera de corregir esa historia es conseguir que los encuentros restantes tengan una respuesta distinta.
Y aquí aparece una cuestión que va más allá de la tabla: ¿qué quiere ser este Atlético de San Luis? ¿Un equipo que cada temporada se conforma con competir durante algunos tramos y termina dependiendo de los resultados de otros, o una institución que pretende consolidarse como un participante habitual en las fases finales? La respuesta no se encontrará en una conferencia de prensa ni en una promesa para el próximo campeonato. Se construye en noches como esta, cuando el equipo tiene que responder ante un rival de jerarquía y una afición que espera algo más que buenas intenciones.
No sería justo decir que una victoria resolverá todos los problemas del proyecto de Mejía. Tampoco sería correcto afirmar que una derrota terminaría automáticamente con cualquier posibilidad de clasificación. Pero sí sería un error tratar este partido como uno más. La distancia entre San Luis y Atlas, el momento del calendario y la cantidad de jornadas restantes convierten el enfrentamiento en una auténtica bisagra. El resultado puede modificar la manera en que el equipo enfrente el cierre del torneo y, sobre todo, la confianza con la que llegue a esas últimas oportunidades.
Atlas tiene motivos para sentirse favorito por su posición y por la regularidad que ha mostrado. San Luis tiene motivos para creer en su capacidad de competir, especialmente después de recuperar puntos en las últimas semanas. Pero la clasificación no se gana con argumentos, antecedentes ni pronósticos. Se gana con goles, concentración y resultados. Y en este momento el Atlético necesita demostrar que tiene lo necesario para conseguirlos.
San Luis ha llegado hasta aquí con la posibilidad de corregir el camino. Todavía tiene tiempo, pero ya no tiene demasiado margen. Atlas será una prueba exigente, un rival que no regalará nada y que también tiene objetivos importantes. El Atlético deberá jugar con personalidad, asumir el riesgo de buscar el triunfo y entender que la oportunidad está frente a su gente.
Diego Mejía y sus jugadores tienen noventa minutos para demostrar que la clasificación es una aspiración real y no solamente una cuenta matemática. La temporada todavía puede tener un desenlace distinto, pero para conseguirlo hace falta dar un golpe sobre la mesa.
Hoy no se juega únicamente contra Atlas. Se juega contra la irregularidad, contra los puntos que quedaron en el camino y contra la posibilidad de que otra temporada termine dejando más preguntas que respuestas.
Es el partido bisagra. El que puede abrir la puerta de la Liguilla o comenzar a cerrarla.
Y a estas alturas, San Luis ya no puede permitirse quedarse del lado equivocado.
Lee también: San Luis en el Azteca: la historia también juega esta noche
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Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.
Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.
Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.
El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones
quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.
Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.
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Caicedo y la ley de la ex | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La racha de tres partidos sin perder se terminó, y se terminó pronto. El domingo 18 de octubre, en el Libertad Financiera, el Atlético de San Luis Femenil cayó 1-2 ante FC Juárez en la jornada 11, en un partido que se le complicó desde el inicio y que las potosinas intentaron remontar hasta el último minuto.
Farlyn Caicedo, exjugadora de San Luis, abrió el marcador al minuto 3 con un disparo de media distancia y amplió la ventaja al 29 con un cabezazo. Con el 0-2, el partido pintaba cuesta arriba, pero el equipo no se cayó. Antes del descanso tuvo la oportunidad de meterse al partido: Natalia Macías provocó un penal, y Enyerliannys Higuera, la máxima goleadora de la historia del club, lo cobró y el balón se estrelló en el travesaño.
Para un equipo que acababa de coronar a su reina del gol, ese tipo de fallo duele, pero lo que importa es lo que viene después. En el segundo tiempo San Luis salió más sólido y más ofensivo. Amina Bello lo intentó desde fuera del área, Rebeca Contreras estuvo cerca tras un pase de Michelle Gutiérrez y, al minuto 75, Higuera aprovechó un rebote tras un remate al poste para marcar el 1-2. Es su gol número 14 del torneo, y llegó justo después de fallar el penal. Más tarde, el equipo pensó que había empatado, pero el gol fue anulado por una falta en el área.
San Luis no pudo completar la remontada, pero se fue del campo reconocido: la afición despidió con aplausos a sus jugadoras. No fue una derrota que deje dudas sobre el nivel del equipo, sino una que deja claro dónde está la tarea pendiente, que es no regalar el primer tiempo. Dos goles en los primeros 29 minutos son demasiado para un equipo que luego tuvo 45 de dominio.
Con este resultado, San Luis suma 11 jornadas jugadas, 6 victorias, 1 empate y 4 derrotas, 24 goles a favor, 18 en contra y 19 puntos. Sigue en el tercer lugar del Grupo 2, detrás de América (28 pts) y Guadalajara (24 pts), que ya aseguraron su lugar en la Liguilla, y con tres puntos de ventaja sobre Pumas (16 pts), que ocupa la cuarta posición. Con solo tres jornadas por jugarse, cada punto cuenta.
La siguiente prueba es de las difíciles: el sábado 24 de octubre, en el Libertad Financiera, San Luis recibe al América, líder del grupo con 28 puntos y una diferencia de goles de +35. Del partido ante Juárez, el equipo se lleva una lección y un gol de Higuera que demuestra que siempre responde. Ahora hay que mostrarlo ante el mejor equipo del grupo.
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