septiembre 23, 2026

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El futbol más allá de la cancha: Entrevista con Juan Villoro

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A menos de tres meses de la Copa del Mundo, el escritor reflexiona sobre los males del balompié mexicano, la desconexión de la afición con la Selección y la irrupción del futbol femenil

Por: Carlos Ruíz

Es viernes por la mañana. Se acabó el frío excesivo, pero la primavera todavía no trae los calores intensos que inevitablemente llegarán en abril. Nuestro escenario es el Edificio Central de la UASLP, donde en el marco de la Feria del Libro universitaria, tenemos la oportunidad única de entrevistar en exclusiva a Juan Villoro, una de las plumas más reconocidas de México.

Tras unos cuantos minutos de retraso en donde nuestra amiga de la Editorial Planeta casi pierde la cabeza, nuestro protagonista llega con una distintiva elegancia, y después de mostrarse muy apenado por la demora hasta cierto punto común en esta clase de contextos, nos sentamos en el patio principal para comenzar la charla.

Con más de cincuenta publicaciones a su nombre, y habiendo obtenido premios en Chile, España, Colombia y Argentina, uno pensaría que la obra que presentaría en la feria sería, quizás, una novela de ficción. A lo mejor un ensayo político. En una de esas, un libro científico o filosófico.

Pero no, o al menos no del todo. El maestro trae como novedad “Los Héroes Numerados”, un escrito acerca de algo que muchos consideran como la cosa más banal y ridícula del mundo, un mero distractor social al que Borges catalogó como “popular solo porque lo estúpido es popular”: el futbol.

Resulta que dentro de su amplia bibliografía, el tema del balompié suele ser muy recurrente en los textos de Villoro, pero no nos confundamos, no se va a poner a explicar sistemas de juego y esquemas tácticos, lo que lo hace diferente, es su modo de entender todo el fenómeno social, cultural y político que rodea al balón.

Y es que el futbol no es un simple deporte. Es toda una maquinaria multidisciplinaria capaz de tener influencia más allá del campo de juego. Es un fenómeno que se ve asociado con las principales cúpulas del poder mundial, con la corrupción, con la manipulación mediática y hasta con la división de clases.

Por eso decía que este no “es del todo” un libro político, científico, filosófico o de ficción, porque aunque no se le describa como tal, estos temas no son ajenos a la redonda, y mucho menos a la visión que se presenta de ella en “Los Héroes Numerados”.

No es ningún accidente que esta obra sea lanzada justo ahora. A tres meses de la Copa del Mundo, su autor reconoce que “el clima propicio para sacar este libro era este. Antes del Mundial siempre nos preguntamos qué significa el futbol, qué cosas ya detestamos y estamos hartos respecto al futbol, y al mismo tiempo qué cosas amamos, qué esperamos“.

Dentro de esta reflexión previa al verano, es imposible omitir a los protagonistas del espectáculo. El escritor le dedica páginas a los jugadores, los comentaristas y a los árbitros que fungen como villanos, pero el énfasis está en el personaje más importante: la afición.

El hincha que, según relata, “delega sus ilusiones en un equipo o en una selección, creando una pasión que cambia la vida de las familias y rompe amistades, pero también, y eso es una de las cosas en las que tenemos que reflexionar, cuando se vuelve excesiva, procura aniquilar al contrario“.

Esa última frase es fulminante, y comenta que en ningún otro lugar se vuelve realidad como en Argentina, donde está la afición más extrema de todas, y cuyas barras han sido infiltradas por el crimen organizado, generando que de ser aficionados, hayan pasado a ser vándalos.

Aquí, Villoro saca una anécdota que vivió en El Monumental de River Plate, donde tras reconocer su acento mexicano, un hincha del millonario le preguntó si era cierto que en México el equivalente a un hincha de River se podía sentar al lado del equivalente a un hincha de Boca.

Cuando él le dijo que sí, su nuevo amigo exclamó “!¿y no se matan?!”. Resulta que lo que parecía un elogio era un realidad una crítica, pues el che remató con un contundente “uh, pero qué degenerados”, reflejando cómo a este argentino le parecía que el verdadero futbol es “ir contra la piel del enemigo”.

En México seremos un poco más tranquilos que en tierras albicelestes, pero tenemos nuestra propia versión del Super Clásico, y muy similar en algo crucial (además de en los colores). Así como en Buenos Aires, River es el equipo de los “millonarios” (he ahí su apodo) y Boca es el del pueblo, en nuestro país pasa algo casi idéntico.

Mientras las Chivas “son las más queridas” e impulsan los valores nacionalistas al jugar con puro mexicano, el América fue diseñado por Televisa para ser “el malo de la novela”, una contraparte con dinero y los mejores extranjeros para ir contra lo que representa el Guadalajara.

El literato resalta la importancia del vínculo que se generó entre los azulcremas y un producto muy novedoso en aquel entonces como era la televisión, con lo que se posicionó en primer plano al equipo y se creó una afición que no existía a tal escala.

Podríamos hablar con Juan Villoro durante horas de estos clásicos, pero retomemos el tema principal. Los Héroes Numerados se publica en el contexto de la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá, probablemente, el certamen con más carga política en la historia.

El escritor describe a este Mundial como uno, para empezar, muy complejo en el tema logístico, ya que el recorrido que muchos equipos van a tener que hacer será muy duro, y además de las distancias, tendrán que enfrentar condiciones climatológicas extremadamente diversas.

Del lado político, tampoco se muestra muy positivo. Considera una situación crítica el hecho de que se celebre el certamen mientras Donald Trump está en contra de los migrantes y en plena guerra con Irán, un país que no solo está clasificado, sino programado para jugar sus tres partidos de fase de grupos en Estados Unidos.

Todo esto, transparenta una cosa para el autor: “a la FIFA lo único que le interesa es el dinero. Es una organización teóricamente no lucrativa, pero que es multimillonaria. Estamos en una situación totalmente controlada por la FIFA y donde el gran negocio depende de ellos”.

Recuerda que para esta Copa del Mundo, en el Estadio Azteca (o Banorte como le quieren decir ahora) los propietarios de palcos y plateas estuvieron rodeados de incertidumbre después de que el organismo se apoderara de los estadios y pusiera en jaque el derecho que obtuvieron al adquirir sus lugares para poder ver todos los eventos que se realizaran en el recinto.

Finalmente, Grupo Ollamani, propietario del recinto, tuvo que pagarle a la Federación para que los palcohabientes pudieran tener acceso a los cinco partidos que se disputarán en el Azteca, dos de ellos, de la Selección Mexicana, aunque con la posibilidad de que también jueguen ahí sus duelos de dieciseisavos y octavos en caso de pasar líder de grupo.

Villoro no es tan optimista con el tricolor. “Es muy cierto que en este Mundial creo que es cuando ha habido menor expectativa hacia la selección nacional. En otras ocasiones, a pesar de que nuestro rendimiento no sea muy alto, la expectativa, la ilusión ha sido grande”, señala.

Profundiza en este tema, y cataloga que el combinado nacional tiene un “prestigio neumático”, explicando que “se desinfla con gran facilidad y generalmente antes de los Mundiales se infla, pero en este caso veo a la gente muy escéptica“.

Para el escritor, la razón de este escepticismo es lógica. “Tenemos una liga que ha machacado y destruido la competitividad deportiva”, asegura. Añade que la desaparición del ascenso y descenso, sumada al alto número de futbolistas extranjeros, han acabado con un semillero de talento, generando que se tenga que recurrir a la naturalización de jugadores como Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo.

¿Cómo corregir esta situación? No es nada fácil, porque define a nuestra liga como “un éxito comercial, pero un fracaso deportivo”. Al final de cuentas, si el dinero sigue ingresando, ¿por qué habría que invertir y esforzarse para mejorar el lado estrictamente futbolístico?

Recuerda entonces un caso que, si bien puede parecer hasta chistoso, refleja la priorización de lo comercial: el de Jesús Corona. Cuando debutó el jugador de Rayados, el equipo era patrocinado por Cervecería Cuahtémoc a través de su marca Tecate, por lo que para evitar mencionar a la cerveza que es su competencia directa, se desechó el apellido en favor del apodo ‘Tecatito’.

¿Qué se puede decir de un país en donde un jugador ni siquiera tiene derecho a usar su apellido?“, cuestiona Villoro.

Ya en la recta final de la entrevista, vamos dejando de lado el tema mundialista, ya que dentro del libro hay un tópico que el polígrafo destaca poderosamente: el futbol femenil.

Y es que lo que hace diez años no era más que un sueño, hoy se ha convertido en toda una realidad con una liga ya bien establecida en México, además de grandes equipos a nivel mundial como Barcelona, Real Madrid y Chelsea que cada vez voltean a ver más al futbol femenino.

Sin embargo, no es necesariamente algo nuevo en nuestro país. ya que hasta la fecha, el partido de mujeres con más espectadores de la historia sigue siendo un México vs Dinamarca de 1971 en el Estadio Azteca, donde se disputó la final de la Copa Mundial Femenil, que en aquel entonces, todavía no era organizada por la FIFA.

Yo estuve ahí. Fue un una fiesta extraordinaria y demostró que el futbol femenino podía concitar la atención de muchísimas personas, cientos de miles. Se transmitió por televisión. Fue una fiesta con globos, palomas, en fin, realmente extraordinaria”, recuerda.

Pero si tal fue el éxito de un torneo femenil hace más de cincuenta años… ¿por qué tuvimos que esperar décadas para que se magnificara a las escalas de hoy en día? Villoro tiene muy clara la respuesta y, de nueva cuenta, apunta a las oficinas de Suiza.

“Ahí ya se señalaba que el futbol femenino tenía un futuro comercial muy grande, pero la FIFA que ha sido una mafia, porque no hay otra palabra, siniestra, lo vetó durante mucho tiempo“, asegura.

Va muchos años atrás en comparativa del varonil, pero para el autor, esto no es necesariamente una desventaja, sino una de sus principales fortalezas, ya que afirma que “es la gran transformación del juego porque nos remite a cómo era el futbol varonil cuando no había tanta trampa, cuando no había tanta especulación“.

“Yo creo que era importante que este libro terminara con lo más significativo del futbol a nivel mundial, que es la otra parte de la población, la otra mitad ya está dentro del juego“, remata.

Todavía quedan muchos temas que habría sido importante abarcar, pero en esta clase de eventos, el tiempo apremia. Agradecemos al maestro por dedicarnos un espacio de su apretada agenda, y nos levantamos de nuestros lugares en el patio central.

Villoro se disculpa por tener que retirarse con apremio, pero explica que tiene varios actos que atender con premura. Eso sí, antes de irse, no pierde la oportunidad de exaltar a su Necaxa, “el equipo de la década” como le llama. Los seguidores de los ‘rayos’ parecen estar en peligro de extinción, pero el autor no pierde oportunidad para resaltarse como uno de ellos.

Y es que si uno revisa la descripción de “Los Héroes Numerados”, leerá: “Los héroes de las canchas llevan números en la espalda. El 10 de Pelé, Maradona o Messi; el 14 de Johan Cruyff; el 7 de Cristiano Ronaldo o Álex Aguinaga“. Aguinaga habrá sido un jugadorazo, pero solo a un necaxista se le hubiera ocurrido ponerlo ahí. Es parte del encanto de Juan Villoro. Si se le antoja enaltecer al ídolo del Necaxa de los 90’s, lo va a hacer, sin importar que lo ponga a la altura de Messi y Cristiano.

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San Luis Femenil, tercero y con hambre de más | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

El Atlético de San Luis Femenil está en su mejor momento del Apertura 2026, y toca decirlo sin miedo: esta racha ya no es casualidad. Apenas inicia el torneo, pero el equipo de Nacho Quintana es candidato a liguilla.

Con la victoria 2-0 sobre Necaxa el pasado 5 de septiembre, el equipo acumuló su tercer triunfo consecutivo. Antes había goleado 6-1 al Atlas. El resultado no es un rebote aislado: San Luis marcha tercero del Grupo B, con 4 victorias, 0 empates y 2 derrotas en seis jornadas, 17 goles a favor por 11 en contra y 12 puntos. Solo América y Guadalajara están por delante.

Lo que más llama la atención es la diferencia de goles: +6, la tercera mejor del grupo. Un equipo que antes sufría para sacar resultados fuera de casa ahora también gana de visita, como quedó claro ante Necaxa.

Detrás de esa racha hay un nombre que se repite: Enyerliannys Higuera. La delantera venezolana suma 8 goles en el torneo y ocupa el segundo lugar de la tabla de goleo individual, solo por debajo de la brasileña Geyse Da Silva (11). Higuera anotó dobletes ante Puebla y Atlas, y también se hizo presente ante Necaxa. Si el Atlético de San Luis pelea por meterse entre los primeros lugares, buena parte de esa aspiración lleva su firma.

Higuera no es la única que viene teniendo un temporadón, Rebeca Contreras, que si bien en ediciones anteriores mostró que tenía buen talento y nivel para destacar dentro del equipo potosino, está encontrando en esta Apertura 2026, su temporada de consagración. Es la segunda máxima goleadora del equipo, con 4 tantos, pero no es ahí donde está su mayor aporte, Becky tiene una capacidad sin igual para el juego sin balón, para abrir espacios, colocarse en la zona justa donde llegará el pase y buscar a Higuera siempre dentro del área.

Nota destacada también para Daniela Delgado, la recién llegada se entiende perfectamente con el resto del equipo y ha dejado ver en más de una ocasión esos destellos que nos dice a qué vino y qué buscaba aportar a la plantilla. Amina Bello es la otra jugadora que encontró en esta su temporada consagratoria, tu regateadora de confianza, la que siempre va a dejar rivales tiradas en el campo, mientras gana espacios, arrastra la defensa contraria y pasa revista por el área

, lo mismo tira a puerta que pone centros, déjala soñar, tú solo disfruta las obras de arte que hace quien sabe a cuántos kilómetros por hora.

Personalmente, mis preferidas siguen siendo dos defensoras, porque esas garras, esas ganas de jugar y ganar, así como la omnipresencia en cancha hacen que sea un lujo verlas. Elaily Hernández es un seguro siempre, jugadora de sangre fría y que entiende perfecto eso de “o pasa rival o pasa balón”, capitana con y sin brazalete, justa, hasta milimétrica en cada jugada. Frida Vargas es otra que sabe brillar en la línea defensiva, porque además te aporta salida con balón y es una fuera de serie subiendo a presionar al rival. Ojo, con Frida lo único negativo es que acumula cuatro tarjetas amarillas y una roja en lo que va de torneo, gajes del oficio quizás, o exceso de revoluciones por momentos, aspecto a trabajar, pero que no demeritan todo lo positivo que nos regala en cada partido.

La prueba de que la racha es real llega este domingo 13 de septiembre, cuando San Luis reciba a Santos Laguna en la jornada 7, a las 17:00 horas. Santos llega urgido de puntos para no quedar descolgado en su grupo, así que no será un rival cómodo. Pero si el Atlético repite el nivel de las últimas dos jornadas —control del balón, salida rápida por bandas y a Higuera cerca del área—, hay margen para hilar la cuarta victoria seguida y consolidarse en zona de calificación.

Por ahora, lo que hay que subrayar es esto: San Luis Femenil dejó de ser un equipo que compite por salvar el torneo y empieza a comportarse como uno que pelea por algo más.

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Columna de Nefrox

El verdadero torneo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay calendarios que parecen diseñados para poner a prueba cualquier proyecto. Y el del Atlético de San Luis fue uno de esos.

Desde antes de que comenzara el torneo lo habíamos dicho en esta misma columna: el arranque no iba a ser sencillo. No hacía falta ser adivino. Bastaba con mirar los nombres que aparecían uno detrás de otro.

Cruz Azul, Tigres, América.

Y ahora León.

No precisamente la bienvenida que uno quisiera para un equipo que estrena proyecto, entrenador y una idea de juego que todavía necesita tiempo para convertirse en costumbre. Pero el calendario no tiene paciencia y la Liga MX mucho menos.

El problema es que una cosa es anticipar que un inicio será complicado y otra muy distinta es vivirlo. Después de las primeras jornadas, el Atlético de San Luis todavía está buscando su primera victoria en casa y las sensaciones no han sido las mejores.

Ha habido partidos donde el equipo compitió. Momentos donde mostró la idea de Diego Mejía. Instantes donde pareció que el trabajo en los entrenamientos comenzaba a trasladarse a la cancha.

Pero también hubo errores. Desconcentraciones. Falta de contundencia. Y, sobre todo, puntos que se fueron. Eso no se puede esconder detrás del calendario.

Porque sí, los rivales han sido complicados. Pero también hay que decir algo que parece una obviedad y que en el fútbol mexicano a veces olvidamos en algún momento: hay que ganarles a los buenos. Y San Luis no lo ha hecho.

El próximo lunes estará León.

Y después de ese partido viene lo verdaderamente interesante.

Porque, al menos en el papel, el calendario comienza a parecerse mucho más a lo que uno esperaría para un equipo como el Atlético de San Luis. Rivales con los que puede competir de otra manera. Partidos donde la diferencia de presupuesto no debería ser tan grande. Encuentros en los que ya no bastará con decir que enfrente estaba un gigante.

Ahí comenzará el verdadero examen.

Y quizá por eso este momento del torneo sea tan importante. Porque el San Luis ya no puede vivir del argumento del calendario complicado.

Ese argumento tuvo sentido. Lo dijimos antes de que comenzara. Pero tiene fecha de caducidad.
Y esa fecha está llegando.

Después de León, comienza otro torneo dentro del mismo torneo. Uno donde San Luis tendrá que demostrar qué tan bueno es realmente.

Hay que reconocer algo más.

Este no es el peor comienzo en la historia de la franquicia. La memoria del fútbol potosino suele ser s electiva y a veces parece que cada mal arranque es automáticamente el peor de todos.

No.

Para encontrar uno realmente oscuro hay que regresar hasta aquel equipo dirigido por Guillermo Vázquez, que terminó viviendo uno de los momentos más complicados de la historia reciente del club.

Lo de ahora es malo. Muy malo. Pero todavía no es aquello. Y esa diferencia importa.

Porque todavía hay tiempo. Muchísimo. Lo que sí se está acabando es la posibilidad de seguir explicando los resultados.

Ahora toca provocarlos. Diego Mejía llegó con una idea de fútbol. Un equipo que quiere tener la pelota. Que quiere ser intenso. Que pretende recuperar rápido y asumir riesgos. Pero una idea necesita resultados que la sostengan. Porque el fútbol permite paciencia mientras existen señales.

Después comienza a exigir respuestas.

Y quizá ahí está el verdadero reto para San Luis. No convertirse de repente en un candidato al campeonato. No hacer diez partidos perfectos.
No borrar de un plumazo todo lo que salió mal.

Simplemente empezar a ganar. Encontrar una victoria que cambie el estado de ánimo.

Después otra.

Y entonces comenzar a descubrir qué puede ser este equipo cuando el rival ya no se llama Cruz Azul, Tigres o América cada semana.

El calendario difícil está por terminar. La excusa también. Y eso, aunque pueda sonar negativo, quizá sea la mejor noticia para San Luis.

Porque ahora podremos saber cuánto de este mal comienzo fue consecuencia del calendario y cuánto corresponde realmente a las deficiencias del equipo.

El lunes contra León todavía queda una prueba complicada. Después, comienza el torneo de verdad.
El torneo donde San Luis tendrá que demostrar que no solamente sabe competir contra los grandes. Que también sabe ganarles a los que están a su alcance.

Porque todavía queda mucho campeonato.
Y este equipo todavía tiene demasiado que demostrar. Pero a partir de ahora, ya no habrá calendario al cual culpar.

Ahora sí comienza la historia que Diego Mejía vino a escribir en San Luis.

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Los potosinos que se colgaron el bronce bajo la llovizna de Berlín

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Hace justo noventa años, once mexicanos con los dedos raspados y cortos de presupuesto se colgaron la única medalla olímpica que el país ha ganado en basquetbol. Dos eran potosinos, y uno de ellos se hubiera quedado en México si un caudillo no le hubiera pagado el boleto

Por: Carlos Ruíz Espinosa

La tarde del 14 de agosto de 1936 caía una llovizna sobre dos canchas de arcilla de un viejo club de tenis en Berlín, reconvertidas a las prisas en rectángulos de basquetbol, con gradas de madera para dos mil espectadores que nunca se llenaron. Ahí, once mexicanos vencieron 26-12 a Polonia y se colgaron el bronce en el primer torneo olímpico de baloncesto de la historia. Este viernes se cumplen noventa años, y esa tarde de lluvia sigue siendo la única medalla que México ha ganado en ese deporte.

Dos de esos once jugadores eran potosinos: Luis Ignacio ‘El Tallarín’ de la Vega y José Pamplona. Sus nombres pertenecen a la selecta lista de atletas mexicanos que han conseguirdo colgarse un metal olímpico, pero el caso de Pamplona estuvo a punto de ser muy diferente.

El Comité Olímpico Internacional determinó que los rosters de los equipos estarían conformados por máximo catorce jugadores, pero México armó su concentración con una lista de doce. Sin embargo, semanas antes de viajar a la Alemania Nazi, la Selección Mexicana sufrió una reducción en el presupuesto, por lo que el entrenador Alfonso Rojo de la Vega tuvo que armar una convocatoria de diez integrantes. La lista de bajas quedó en dos nombres: Pamplona y el chihuahuense Miguel Miranda.

Ahí entró un personaje que no tenía nada que ver con el baloncesto. Saturnino Cedillo era, en 1936, secretario de Agricultura en el gabinete de Lázaro Cárdenas y, antes que funcionario, uno de los últimos caudillos armados de la Revolución: se había unido a los maderistas en 1911, después peleó contra ellos junto a Pascual Orozco, combatió a los cristeros al frente de su propia gente y en junio de 1929 sus fuerzas mataron en combate al general Enrique Gorostieta, jefe militar del Ejército Cristero. También había sido gobernador de San Luis Potosí. Cuenta la leyenda que cuando Cedillo se enteró de que un potosino se quedaba fuera del equipo olímpico por falta de dinero, él pagó de su bolsa el pasaje de Pamplona. Nadie hizo lo mismo por Miranda, así que el chihuahuense se quedó en México, y el equipo que zarpó rumbo a Berlín llegó con once jugadores en lugar de doce.

Cedillo no tuvo tiempo de disfrutar mucho más ese papel de benefactor. Dos años después, en 1938, se levantó en armas contra el propio Cárdenas (supuestamente coaccionado por nazis en México) en el que es conocido como el último gran levantamiento posrevolucionario. Lo persiguieron durante meses. El 11 de enero de 1939 lo alcanzaron en la sierra potosina y murió ahí, a tiros, junto con varios de sus hombres. El mismo general que mandó a Pamplona a Berlín acabó cazado como fugitivo en las montañas, tres años después de aquella medalla.

Volviendo al tema deportivo, en 1936, el basquetbol no tenía nada que ver con el que conocemos hoy en día. Era un juego de muchos menos puntos y sin reloj de posesión, y si de por sí México no es el país más adelantado en dicho deporte, hace noventa años… mucho menos. Andrés Gómez, integrante de ese equipo, lo recordó décadas después en una entrevista: se entrenaba en parques de tierra o concreto, en gimnasios de duela cuando había suerte, con pelotas de cuero una pulgada más grandes que las de hoy y cosidas por fuera, lo que las hacía botar de manera irregular y despellejaba los dedos de quien las manejaba mucho tiempo.

Cuando por fin llegaron a Berlín, la sede olímpica del baloncesto no fue mucho mejor que las canchas de tierra que habían dejado atrás. Hoy en día, el básquetbol olímpico se disputa en pabellones techados de primer nivel. En 1936, los nazis adaptaron un club de tenis con dos canchas de arcilla al aire libre, y como Alemania perdió a las primeras de cambio, las gradas casi nunca tuvieron una asistencia decente.

En la cancha, el equipo tuvo sus propios problemas. En el segundo partido, contra Filipinas, aflojó una vieja rivalidad interna entre los jugadores capitalinos y los de Chihuahua (cada bando se negaba a pasarle el balón al otro) y México acabó perdiendo 32-30 un partido que dominaba. Tras la derrota que los había dejado prácticamente eliminados, lograron poner orden en el vestidor, y se enracharon en el resto de la competencia.

Con ‘El Tallarín’ de la Vega en un rol mucho más importante, México tuvo que afrontar una especie de Repechaje donde derrotaron contundentemente a Egipto, instalándose en la fase de eliminación en la que dejaron en el camino a la Japón Imperial y a la Italia Fascista para meterse en semifinales, donde acabaron cayendo ante Estados Unidos, en el partido donde Pamplona tuvo su primera (y única) aparición en el certamen.

En el juego por la medalla de bronce, ‘El Tallarín’ volvió a alinear con el equipo que derrotó de manera contundente 26-12 a Polonia. “La patria se había coronado, figurando entre las 3 primeras naciones del mundo en basquetbol, nuestra bandera se agitaba orgullosa para mostrar al mundo entero que en México se hace deporte, que en México se sabe luchar y vencer”, señaló en su crónica de ese día el mítico Fray Nano.

En la premiación, la quinteta mexicana compartió el podio con Estados Unidos y Canadá, en una ceremonia en la que participó James Naismith, ni más ni menos que el creador del basquetbol en 1891, y quien fue el encargado de entregar las medallas. El Dr Naismith vivió justo lo suficiente como para ver a su deporte en la máxima justa del olimpismo, pues acabaría falleciendo tres años después.

De los dos potosinos, ‘El Tallarín’ de la Vega tuvo después una vida casi tan inesperada como la remontada tras el partido contra Filipinas: dirigió cuadrillas de buzos que recogían guano de aves en islas del Pacífico para convertirlo en fertilizante, luego trabajó en una fábrica de cemento y terminó administrando un fraccionamiento de lujo en Tijuana, donde murió en 1974.

Con Pamplona, en cambio, ni siquiera está claro dónde nació: unas fuentes dicen San Luis Potosí, otras Zacatecas e incluso revisando en los archivos del Registro Civil se suma Colima a los contendientes para ser su lugar de origen. Lo que no está en duda es que fue en San Luis Potosí donde Pamplona hizo su vida y su carrera como basquetbolista, y donde se quedó jugando mucho después de su participación en Berlín.

Según contó décadas después Ángel Vázquez Robledo, Pamplona seguía yendo a echar cascaritas al Internado Damián Carmona con su viejo compañero de entrenamientos, el profesor Fausto González Ramírez. Hasta sus últimos años, el basquetbolista guardó entre sus recuerdos el álbum oficial de los Juegos de Berlín, el mismo donde aparecía, con foto y firma, Adolf Hitler.

Muchas veces se pasa por alto esa histórica medalla conseguida por los entonces once guerreros en Berlín, pero lo que ha pasado desde entonces con este deporte debería de ser para enaltecer este logro todavía más. Tras 1936, México solo ha clasificado seis veces más al basquetbol olímpico, y en este 2026 se cumplieron cincuenta años de la última participación mexicana en el certamen en Montreal 1976. A pesar de prospectos interesantes en la NBA como Karim López, la actualidad del equipo no da para pensar que vaya a cambiar mucho la situación, pues últimamente ya no clasifican ni a la AmeriCup.

México hace muchos años que dejó de figurar en el deporte ráfaga, pero la historia siempre recordará que la primera vez que se jugó de manera oficial en unos Juegos Olímpicos, nuestro país se colgó la medalla de bronce, y lo hizo con dos potosinos en el roster.

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