julio 28, 2021

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#4 Tiempos

¿Cuáles son los cuerpos que se poseen por la masculinidad? | Columna de Paul Ibarra

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masculinidad

Desde mi clóset

 

A lo largo de la historia, en la ciencia ha existido una frenética necesidad por comprobar la hipótesis sobre la diferencia sexual. Tras la premisa darwiniana que sentencia a las especies a reproducirse de manera irrestricta para trascender, la masculinidad incluyó esta característica en su estructura orgánica. La reproductividad humana es una suerte de subdispositivo de la sexualidad para construir sentido y relaciones de poder. El hombre se reproduce a través de la cópula, qué, como acto performativo (Butler, 1990) implica la intervención de un cuerpo. Así pues, la penetración es un acto de dominación que produce la masculinidad. Introducir el pene dentro de una cavidad carnal se vuelve entonces una posibilidad para producir una propiedad. De esta manera el hombre tiene un ámbito de trascendencia. Cada cavidad humana penetrada es un logro, una condecoración que ratifica la pertenencia a la masculinidad.

En la antigua Grecia, los jóvenes efebos eran sodomizados por sus maestros a razón de transmitir los saberes, los cuales sólo podrían trascender de esta manera. La escritura que reclamaba la propiedad del cuerpo, dotaba al efebo de un poder no merecido para las mujeres, quienes eran incapaces de retener a la episteme. Las mujeres podían aspirar solo a producir doxa inmanente. Por lo que la reproducción del conocimiento requería la irrupción de un cuerpo par, otro hombre.

La requisa de la masculinidad por los cuerpos femeninos y aquellos feminizados ha sido un fenómeno histórico. Requisar mujeres o cuerpos feminizados ha llevado a la hoy conocida cultura de la violación. Un hombre sabe que tomar un cuerpo, irrumpirlo, intervenirlo con el falo, es una necesidad de interés público. Es necesario para el patriarcado hacer decomisos legítimos. En su epístola, Melchor Ocampo dijo que las principales dotes sexuales del hombre son la fuerza y el valor, por lo que debe dar dirección a la mujer, y este es un mandato confiado por la sociedad para si. Por lo que la praxis sexual requerida para la reproducción traspasa las barreras biológicas que la fecundación trae consigo.

Al respecto, el hecho de violar corresponde a un actividad trascendente de lo masculino. La violación, además implica una revelación doble, por una parte desvela la fragilidad de un cuerpo y por el otro es un acto profano de un territorio respetable pero impropio. Un hombre sabe que a las prostitutas no se les viola, ya que son un territorio propio, por lo menos en instantes, se arrienda. El esposo no viola a “su mujer” ya que es un espacio adquirido. Un sacerdote considera poseer cuerpos de infantes ya que son un lugar inmanente, que por la gracia de dios puede ser ocupado, conquistado y hasta convertido.

La lucha de los feminismos por visibilizar las agresiones sexuales contra las mujeres ha permitido nombrar esta violencia. Entonces, se podría definir a la violación como el acto de infringir la norma sociopatriarcal que regula la posesión de los cuerpos. ¿A quien pertenecen los cuerpos de las mujeres? Ya sea el esposo, el padre o el estado, la escrituración de los cuerpos femeninos está dada per se. Por lo que el significado de la violación es más amplio que la provista en la mayor parte de las regulaciones estatales en materia penal. Violar, además del abuso sexual en una práctica no consensuada de contacto genital o en una cavidad provista para ser penetrada, implica una revelación y un acto profano que reafirma el carácter endeble del cuerpo poseído.

Entonces, ¿deberían ser las agresiones sexuales hacia otros hombres consideradas una violación? ¿Los hombres pueden ser violados por el hecho de ser hombres? ¿Qué implicaciones tiene para un varón, que se asume como tal, una agresión sexual que implica la revelación de la vulnerabilidad de un cuerpo masculino? La masculinidad por sí misma es invulnerable. Es fuerte y trasciende en la medida en que se realiza. El éxito de la masculinidad depende de la capacidad del cuerpo encarnado para producirla. La violación es un acto que invierte la masculinidad. ¿La agresión de un cuerpo masculino, por otro similar, es un acto profano? Afirmar que un hombre ha sido violado resulta en una enunciación falaz en esencia. Desde mi particular punto de vista, a un hombre no se le viola por el hecho de ser hombre, sino en la medida que el cuasi sujeto masculino percibe la posibilidad de ocupar un cuerpo que considera inferior, débil, es decir, femenino. Argüir que la violación niega la masculinidad en si misma tiene implicaciones pragmáticas que no forman parte de la propia constitución masculina.

El contrato masculino es irrenunciable, inalienable e intransferible. Además de tener un carácter indivisible, no tiene cláusulas que posibiliten la cesión. La única posibilidad para la cesión de la potestad masculina es la destrucción, la muerte. La masculinidad no es inmanencia, por lo que deja de trascender cuando se esfuma. La primera carta a los Corintios 11:4-5 a la letra dice: “El hombre deshonra a su cabeza si se cubre la cabeza mientras ora o profetiza. En cambio, la mujer deshonra a su cabeza si ora o profetiza sin cubrirse la cabeza.” El hombre no está subordinado sino a la masculinidad, es decir, responde solo a la divinidad que le dijo en el Génesis que era el centro de todo en la Tierra. Un hombre es deshonrado en la medida en que deja de serlo, o renuncia a serlo. En cambio, la mujer, bajo el yugo, sin la capacidad de poseer, es territorio en disputa.

Lo anterior no implica solo hacer un análisis metafísico que anquilose el devenir genérico-sexual. Por el contrario, busca facilitar la comprehensión del proceso de socialización del concepto violación. Es por ello que considero necesario la asunción de un nuevo verbo para describir los fenómenos que implican las agresiones sexuales de los cuerpos con roles sociales de sexo masculinos que se identifican como hombres y con anatomía del macho de la especie. Lo anterior si y solo si se intenta escindir la experiencia corpórea propia de la violación entendida como el acto profano de revelar la vulnerabilidad de un territorio impropio.

La experiencia de una agresión sexual derivará en un proceso diverso sí se rompe con la ontología de la violación. Que, enmarcada dentro del sistema performativo del género, refiere a la deshonra, profanación y revelación de un territorio ocupado. Territorio que venera al propietario, y que existe por la benevolencia generosa masculina, que, de manera abnegada da de sí todo a quien le defiende. Tierra anhelada que de forma irresponsable puede ser invadida sin previo aviso debido a su sacralidad. Dicho esto, vale la pena hacer un análisis sesudo que evite imbricaciones que diluyan las experiencias subjetivas de los cuerpos agredidos, acosados u hostigados sexualmente. La diferencia sexual que posibilita la reproductividad va más allá del hecho biológico de la fecundación, derivado de un proceso pragmático que comienza con la penetración. Al ser el sexo un producto del género, tiene un carácter discursivo polisémico que le permite ductilidad ampliada. 

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#4 Tiempos

Del poder a la precariedad; Antorcha en la inopia | Columna de Felipe Donato

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DE CHILE, DULCE Y MANTECA.

 

Una máxima popular en política señala que se puede engañar a parte de la población todo el tiempo o se puede engañar a todo el pueblo una parte del tiempo; pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo.

Sin duda nadie sabe mejor la veracidad de la frase que los dirigentes de ese engendro mal llamado Antorcha Campesina.

Mire usted si no. A la organización de la flamita al viento no le fue nada bien en el proceso electoral de este pasado 6 de junio: Antorcha Campesina perdió en Salinas, Villa de Ramos, Mexquitic, Charcas, Villa de Arriaga y Villa Hidalgo.

También se quedaron sin la diputación del cuarto distrito y hasta le dijeron no a la reelección de su líder estatal, el pobre entre los pobres, el cuasi frugal franciscano, Lenin Campos Córdova.

Menos posiciones de poder, significa en los hechos menos acceso a recursos públicos y eso es precisamente lo que más le preocupa a la cúpula antorchista. ¿De qué va a vivir esta “pobre” gente?, se pregunta uno, que está aquí nada más de morboso espectador.

La respuesta no tardó en llegar y la propuesta de la dirigencia es que retomarán la estrategia de enviar a la gente a botear, es decir, en palabras francas y llanas, mandarán a su militancia a pedir limosna. Todo para seguir sosteniendo a la organización, es decir para que los dirigentes puedan conservar su alto nivel de vida.

Y es que mire usted, ¿cómo podrían los líderes seguir luchando por los pobres a través de la gestión de recursos con la panza vacía?, ¿cómo presentarse ante los desarrapados estando mal vestido?, ¿cómo llegar a las comunidades más apartadas en humildes carcachitas?

El reto es grande y por ello a los activistas les comunicaron que van a tener que dar una aportación “voluntaria” de entre mil 800 y 3 mil pesos de manera mensual para este mismo fin. Tal cantidad la deben reunir realizando diferentes actividades, entre ellas la ya mencionada de andar boteando en diferentes lugares.

Esto ha ocasionado claramente enojo entre los más fieles seguidores de la organización y es que les mencionan sus líderes que es hora de regresarle a la organización un poco de lo que Antorcha les ha dado. Es un pequeño sacrificio, les reiteran y reiteran sus preclaros dirigentes.

Quienes han recibido un bulto de cemento, una lámina, o algunos blocks mencionan que el cinismo de estos señores es muy grande, pues quienes al final lo que se han beneficiado de la gente son ellos.

No necesitan ir muy lejos para comprobarlo. Es evidente que de no tener nada, hoy los dirigentes antorchistas ya son dueños de autos de lujo, casas y tienen dinero en sus cuentas bancarias.

Aparte saben que quienes van a tener que andar de pedigüeños, de francos limosneros, son los de siempre, los de abajo, los líderes a gusto se dedicarán simplemente a verlos y a esperar para extender la mano para recibir las aportaciones “voluntarias”.

No debe ignorar la cúpula antorchista que la paciencia de la población tiene un límite y que cada vez resulta menos creíble la perorata de su dirigente el soporífero Aquiles Córdoba Morán.

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#4 Tiempos

Un potosino fue el primer mexicano que voló | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Los esfuerzos pioneros, en lo que se refiere al diseño y construcción de máquinas voladoras, le corresponde a Latinoamérica. Por supuesto, estos esfuerzos son desconocidos, y si llegan a plantearse parecerían, para la mayoría de quienes las escuchan o leen, simplemente historias fantasiosas. De esta forma personajes como el sacerdote brasileño Bartolomeu de Gusmão, o el peruano Pedro Paulet Mostajo son unos perfectos desconocidos junto con sus contribuciones. Ya trataremos sus aportaciones en otra ocasión.

Pero no vayamos muy lejos, San Luis Potosí, ha sido uno de los protagonistas en el país, no solo por lo de Cabo Tuna, sino una serie de acontecimientos sucedidos desde el siglo XIX, que merecen que se le designe, como ya está sucediendo, cuna de la experimentación espacial en México. Uno de esos acontecimientos, realizado por el potosino Juan María Balboltin Vargas oriundo de la entonces Villa de los Armadillo, es el que sería el primer experimento en el país relacionado con diseño y construcción de máquinas voladoras y que sucediera en el año 1840.

El espíritu inquieto de Balbontin, lo llevó a planear experimentos con globos aerostáticos, y se marcó una meta: lograr convertirse en el primer aeronauta mexicano, en el sentido estricto de la palabra, donde implicaba diseñar y construir su propio aerostato. 

Poco se habla de nuestro personaje que a todas luces realizara el primer experimento en el país, tratando de hacer volar, no sólo un globo aerostático, sino una máquina más pesada que el aire. Experimento que fuera realizado en el centro de la ciudad de San Luis Potosí en 1840.

En este marco Balbontin apuraba sus preparativos que había estado realizando hacia varios años y no sólo planeaba sino anunciaba la realización de su experimento con globo aerostático para el 16 de septiembre de 1839 en el marco de las fiestas por la independencia de México, mismas que intentaría realizar en San Luis Potosí. Llegado ese día se lanzaron algunos globos como número solemne y uno de ellos, el más grande, iba provisto de un muñeco. Este globo con seguridad, sería el globo diseñado y preparado por Balbontin aunque en su lugar el muñeco ocupaba su lugar. Lo más seguro es que Balbontin se preparaba, no sólo para emprender el vuelo sino lograr que la ascensión pudiera ser dirigida y controlada a voluntad y no sólo una ascensión aerostática, para lo cual se enfocó en preparar una máquina voladora más pesada que el aire. Un ingrediente más adelante en las ambiciones de Balbontin y por lo mismo una aportación extraordinaria, no realizada nunca antes en el mundo entero.

En 1839 el profesor Juan María Balbontín junto con Mariano Gordoa comenzaron a experimentar y construir artefactos más pesados que el aire con los que pretendían elevarse por los aires, obtuvieron el permiso del gobierno del estado y realizaron sus experimentos en el actual centro histórico de la ciudad. En 1840 Balbontin y Gordoa tenían todo preparado para probar su máquina que era más que un simple globo aerostático, de la azotea de la casa que en la actualidad es ocupada por el Casino Español, en la calle de cinco de mayo; daban sus primeros aletazos y se lanzaban al vacío, cuyo piso estaba provisto de paja que el gobernador, quien había dado el permiso, mandó instalar ante la incomodidad de los prospectos a aeronautas, cuya capacidad se ponía en duda con semejante acción. Que de algo sirvió pues a los pocos aleteos del par de potosinos en pocos segundos estaban en descenso cayendo en el piso empajado. Los accidentes estuvieron presentes y se les retiró el permiso para volar sus aparatos, pero no segaron en continuar con sus experimentos que realizaron con gran entusiasmo.

No creemos que haya sido un rotundo fracaso como suele afirmarse, fue un experimento que permitiría rediseñar su aparato y tratar de lograr su objetivo contribuyendo al desarrollo aéreo en el país. Pero no se les permitió seguir con su empeño. Como quiera queda registrado como el primer experimento con máquinas voladoras tripuladas en el país, y de lo cual los potosinos debemos estar orgullosos. El experimento de Balbontin y Gordoa, aunado a los experimentos de comunicación inalámbrica realizados por Estrada en los ochenta decimonónicos, de radiación cósmica por Gustavo del Castillo, la construcción de aviones en 1930 y el diseño y lanzamiento de cohetes en Cabo Tuna, sitúan a San Luis Potosí como cuna de la experimentación espacial en México.

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#4 Tiempos

La realidad de las mujeres trans #JusticiaParaFabiola | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Discriminación, exclusión, violencia física, violencia psicológica, violencia institucional, invisibilidad y violencia a su dignidad, son algunas de las realidades que viven las mujeres transgénero no solo en San Luis Potosí, sino en todo México, pero eso solo es la punta del iceberg, pues gracias a lo anterior la seguridad de estas personas pende de un hilo, pues no es una prioridad ni de la sociedad ni de las autoridades.

Durante la madrugada del miércoles pasado, Fabiola, una mujer transgénero, fue reportada sin vida luego de haber sufrido diversas lesiones con arma blanca en su estética de la calle Perla, cerca de la avenida Industrias, hasta el momento no hay detenidos, solo se adelantó que el transfeminicida puede ser una persona cercana a ella.

Luego de esto, el viernes activistas LGBT+ de San Luis Potosí realizaron una marcha para exigir justicia, al concluir ingresaron a las instalaciones de la Fiscalía y colocaron una manta en las escaleras principales con la foto de la víctima, junto con veladoras encendidas, para expresar su malestar ante este el manejo que se le ha dado al caso.

La muerte de Fabiola resulta ser el reflejo de un país y de un estado donde la discriminación y la violencia se han normalizado a tal grado que la sociedad no la detecta.

Aunque se han logrado muchos avances en materia de derechos humanos, aún no se han conseguido las garantías que evitarían la pérdida de vidas como la de Fabiola.

No hay ni siquiera en nuestro país un registro oficial de transfeminicidios, lo que demuestra la falta de interés institucional en mitigar esa violencia.

No hay nada que devuelva la vida de esta mujer que se encontraba en su negocio cuando alguien decidió matarla por ello, su muerte no deber en vano y debe servir como un motor social para evitar que casos así sigan ocurriendo y, sobre todo, las autoridades se tienen que asegurar de que haya #JusticiaParaFabiola.

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Opinión