octubre 25, 2026

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#4 Tiempos

¿Cuáles son los cuerpos que se poseen por la masculinidad? | Columna de Paul Ibarra

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Desde mi clóset

 

A lo largo de la historia, en la ciencia ha existido una frenética necesidad por comprobar la hipótesis sobre la diferencia sexual. Tras la premisa darwiniana que sentencia a las especies a reproducirse de manera irrestricta para trascender, la masculinidad incluyó esta característica en su estructura orgánica. La reproductividad humana es una suerte de subdispositivo de la sexualidad para construir sentido y relaciones de poder. El hombre se reproduce a través de la cópula, qué, como acto performativo (Butler, 1990) implica la intervención de un cuerpo. Así pues, la penetración es un acto de dominación que produce la masculinidad. Introducir el pene dentro de una cavidad carnal se vuelve entonces una posibilidad para producir una propiedad. De esta manera el hombre tiene un ámbito de trascendencia. Cada cavidad humana penetrada es un logro, una condecoración que ratifica la pertenencia a la masculinidad.

En la antigua Grecia, los jóvenes efebos eran sodomizados por sus maestros a razón de transmitir los saberes, los cuales sólo podrían trascender de esta manera. La escritura que reclamaba la propiedad del cuerpo, dotaba al efebo de un poder no merecido para las mujeres, quienes eran incapaces de retener a la episteme. Las mujeres podían aspirar solo a producir doxa inmanente. Por lo que la reproducción del conocimiento requería la irrupción de un cuerpo par, otro hombre.

La requisa de la masculinidad por los cuerpos femeninos y aquellos feminizados ha sido un fenómeno histórico. Requisar mujeres o cuerpos feminizados ha llevado a la hoy conocida cultura de la violación. Un hombre sabe que tomar un cuerpo, irrumpirlo, intervenirlo con el falo, es una necesidad de interés público. Es necesario para el patriarcado hacer decomisos legítimos. En su epístola, Melchor Ocampo dijo que las principales dotes sexuales del hombre son la fuerza y el valor, por lo que debe dar dirección a la mujer, y este es un mandato confiado por la sociedad para si. Por lo que la praxis sexual requerida para la reproducción traspasa las barreras biológicas que la fecundación trae consigo.

Al respecto, el hecho de violar corresponde a un actividad trascendente de lo masculino. La violación, además implica una revelación doble, por una parte desvela la fragilidad de un cuerpo y por el otro es un acto profano de un territorio respetable pero impropio. Un hombre sabe que a las prostitutas no se les viola, ya que son un territorio propio, por lo menos en instantes, se arrienda. El esposo no viola a “su mujer” ya que es un espacio adquirido. Un sacerdote considera poseer cuerpos de infantes ya que son un lugar inmanente, que por la gracia de dios puede ser ocupado, conquistado y hasta convertido.

La lucha de los feminismos por visibilizar las agresiones sexuales contra las mujeres ha permitido nombrar esta violencia. Entonces, se podría definir a la violación como el acto de infringir la norma sociopatriarcal que regula la posesión de los cuerpos. ¿A quien pertenecen los cuerpos de las mujeres? Ya sea el esposo, el padre o el estado, la escrituración de los cuerpos femeninos está dada per se. Por lo que el significado de la violación es más amplio que la provista en la mayor parte de las regulaciones estatales en materia penal. Violar, además del abuso sexual en una práctica no consensuada de contacto genital o en una cavidad provista para ser penetrada, implica una revelación y un acto profano que reafirma el carácter endeble del cuerpo poseído.

Entonces, ¿deberían ser las agresiones sexuales hacia otros hombres consideradas una violación? ¿Los hombres pueden ser violados por el hecho de ser hombres? ¿Qué implicaciones tiene para un varón, que se asume como tal, una agresión sexual que implica la revelación de la vulnerabilidad de un cuerpo masculino? La masculinidad por sí misma es invulnerable. Es fuerte y trasciende en la medida en que se realiza. El éxito de la masculinidad depende de la capacidad del cuerpo encarnado para producirla. La violación es un acto que invierte la masculinidad. ¿La agresión de un cuerpo masculino, por otro similar, es un acto profano? Afirmar que un hombre ha sido violado resulta en una enunciación falaz en esencia. Desde mi particular punto de vista, a un hombre no se le viola por el hecho de ser hombre, sino en la medida que el cuasi sujeto masculino percibe la posibilidad de ocupar un cuerpo que considera inferior, débil, es decir, femenino. Argüir que la violación niega la masculinidad en si misma tiene implicaciones pragmáticas que no forman parte de la propia constitución masculina.

El contrato masculino es irrenunciable, inalienable e intransferible. Además de tener un carácter indivisible, no tiene cláusulas que posibiliten la cesión. La única posibilidad para la cesión de la potestad masculina es la destrucción, la muerte. La masculinidad no es inmanencia, por lo que deja de trascender cuando se esfuma. La primera carta a los Corintios 11:4-5 a la letra dice: “El hombre deshonra a su cabeza si se cubre la cabeza mientras ora o profetiza. En cambio, la mujer deshonra a su cabeza si ora o profetiza sin cubrirse la cabeza.” El hombre no está subordinado sino a la masculinidad, es decir, responde solo a la divinidad que le dijo en el Génesis que era el centro de todo en la Tierra. Un hombre es deshonrado en la medida en que deja de serlo, o renuncia a serlo. En cambio, la mujer, bajo el yugo, sin la capacidad de poseer, es territorio en disputa.

Lo anterior no implica solo hacer un análisis metafísico que anquilose el devenir genérico-sexual. Por el contrario, busca facilitar la comprehensión del proceso de socialización del concepto violación. Es por ello que considero necesario la asunción de un nuevo verbo para describir los fenómenos que implican las agresiones sexuales de los cuerpos con roles sociales de sexo masculinos que se identifican como hombres y con anatomía del macho de la especie. Lo anterior si y solo si se intenta escindir la experiencia corpórea propia de la violación entendida como el acto profano de revelar la vulnerabilidad de un territorio impropio.

La experiencia de una agresión sexual derivará en un proceso diverso sí se rompe con la ontología de la violación. Que, enmarcada dentro del sistema performativo del género, refiere a la deshonra, profanación y revelación de un territorio ocupado. Territorio que venera al propietario, y que existe por la benevolencia generosa masculina, que, de manera abnegada da de sí todo a quien le defiende. Tierra anhelada que de forma irresponsable puede ser invadida sin previo aviso debido a su sacralidad. Dicho esto, vale la pena hacer un análisis sesudo que evite imbricaciones que diluyan las experiencias subjetivas de los cuerpos agredidos, acosados u hostigados sexualmente. La diferencia sexual que posibilita la reproductividad va más allá del hecho biológico de la fecundación, derivado de un proceso pragmático que comienza con la penetración. Al ser el sexo un producto del género, tiene un carácter discursivo polisémico que le permite ductilidad ampliada. 

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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