junio 23, 2021

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#Si Sostenido

#Crónica | Iba a ser niña; la historia de un aborto

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En San Luis Potosí a pesar de estar penalizado, el aborto clandestino existe. La falta de condiciones apropiadas para realizarlo es un problema de salud pública que afecta a muchas mujeres

Por: Ana G Silva

En San Luis Potosí el aborto clandestino es un problema que sigue matando mujeres. La estadística muestra que realizarse este procedimiento en esas condiciones tiene entre 100 y 500 por ciento más posibilidades de terminar con la muerte de la persona a la que se le practica. La razón por la cual se oculta el tema es porque las mujeres que deciden abortar sufren desigualdades estructurales que hacen que no tengan acceso a los derechos humanos.

En el estado, no se garantiza el derecho a abortar, sino que se penaliza y criminaliza: Se les penaliza porque está prohibido abortar, pueden ir a dar a la cárcel; y las criminalizan porque se habla de la construcción social del criminal, son estereotipos, la mujer es una delincuente, mala madre o asesina.

Actualmente en San Luis Potosí el aborto es considerado un delito penal en cualquier momento de la preñez. De acuerdo con el Código Penal del estado, con penas que van de uno a tres años de prisión, además de una sanción de 20 a 60 días de salario mínimo, sin embargo, seguirá corriendo como siempre ha ocurrido. Esta es solo una de esas historias.

(Los nombres de los involucrados fueron cambiados para proteger su identidad)

 

VIERNES

Una noche del viernes recibí una llamada, era Emily, me había dicho que iría al ginecólogo porque tenía un atraso de varios meses, se escuchaba angustiada. Tenía 4 meses de embarazo.

Ella mencionó que meses antes tuvo relaciones sexuales sin protección, tomó una pastilla de emergencia; sin embargo, por su pánico al día siguiente consumió una segunda dosis, lo que la hizo pensar que la cantidad del medicamento y las hormonas que este provoca, generó su atraso como “una especie de efecto secundario”.

Emily me dijo que no tenía idea de su embarazo por esta situación, además jamás tuvo algún síntoma como mareos, náuseas o antojos, incluso solía a hacer ejercicio de vez en cuando, tampoco se preocupó porque anteriormente tuvo retrasos en su regla y no sintió algún cambio notable en su cuerpo, pero le comenzaba a preocupar que sucediera algo mal con ella por las pastillas, lo primero que pensó es que podía llegar a tener quistes.“¿Qué vas a hacer?”, le dije.“Pues tenerlo, ya qué, ya no se puede hacer nada”, me contestó. Sonaba resignada, la plática continuó con diferentes temas, uno de ellos fue que le diría a su familia tres días después, pues el padre dijo que tenía que pensar las cosas y necesitaba ese tiempo para saber si quería reconocer al bebé o no. Luego recordó algo:“Adivina qué, creo que será niña, por el tiempo aún no puedo estar del todo segura, pero parece que así es”.

La plática concluyó.

 

SÁBADO

Al día siguiente recibí un mensaje suyo que decía: “Creo que aún puedo hacer algo, no es nada seguro y menos por el tiempo, pero quiero intentarlo, el lunes visitaré a un ginecólogo ¿Me acompañas?”.

 

LUNES

Fui a recogerla a su casa, le dijimos a su madre que íbamos por un café, al principio fue así, pues decidimos ir a platicar sobre el tema. Describió que el día que fue al ginecologo no esperaba escuchar que estaba embarazada, provocó que su presión bajara:

Entré en pánico y estaba distraída, tanto que perdí mi cartera, le llamé por teléfono al padre y obviamente, como yo, no lo esperaba, me dijo que no sabía qué hacer y que le diera tiempo para pensarlo. Después de que te llamé a ti, recordé que hace poco conocí a una chava en pro del aborto, que pertenece a una asociacion en el estado y se me ocurrió contarle, la verdad es que no estoy lista, ella me dijo que iba a ser muy peligroso para mí, pero como no era experta en el tema me pasó la dirección de un ginecólogo aliado llamado Samuel, me dijo que fuera honesta con él y si lo consideraba, podría ayudarme”.

Llegamos con el ginecólogo, cuando estábamos a la puerta del consultorio nos recibió:

“Hola soy el doctor Pérez”.

“¿Es el doctor Samuel?”, preguntó Emily, pues solo le dijeron cuál era el nombre del doctor y no el apellido, era obvio que quería estar segura de no revelar información a la persona equivocada, pues eso la pondría en peligro con las autoridades, al igual que al doctor.

Sí, Samuel Pérez; lo siento pero solo puede entrar la paciente”, contestó, así que tuve que sentarme en la sala de espera mientras salía. Emily salió del lugar y nos fuimos de inmediato, camino a su casa me contó que le había platicado al doctor que no quería tener a su bebé, aunque estaba consciente que incluso en la Ciudad de México, por el tiempo, ya era ilegal, pero si quedaba alguna oportunidad, aunque fuera remota, la tomaría.

Él le mencionó que por ser su médico no podía aconsejarla, pero la trasladó con una asesora para que ella le diera indicaciones. Así le recomendaron un sitio en la Ciudad de México en el podrían ayudarla a pesar de su tiempo de gestación, pero advirtió que era crucial actuar de inmediato. 

Llamamos a ese lugar luego de contarme todo lo sucedido con el ginecólogo y la asesora. Respondieron del otro lado de la línea, nuevamente Emily explicó todo lo que sucedía:

Primero tenemos que ver tu caso y después buscar una causal legal para ver si podemos proceder con la interrupción del embarazo ¿te programo la cita para mañana?, es de 500 pesos”, le contestó la mujer.“No, mejor para el viernes no alcanzó a llegar mañana porque le hablo de San Luis Potosí, disculpe ¿cuánto dinero sería? en caso de que sí puedan ayudarme para ir juntando y no llegar con las manos vacías”, volvió a cuestionar Emily.

“Lo más recomendable sería que hicieras la cita lo antes posible y en cuanto al dinero no podría decírtelo, como te dije dependerá de tu situación, pero en caso de que encontremos la causal legal tendrías que dar la mitad del dinero después de la cita y cuando se realice la interrupción la otra mitad, te podría recomendar que al menos puedas tener 5 mil pesos”, respondió.

Unas horas más tarde volvió a llamarme, su voz sonaba aliviada me contó que ya había conseguido el dinero necesario para el viaje, el hospedaje, la cita y la posible interrupción del embarazo, sus amigos se lo prestaron, junto con algo de dinero que le prometió el padre del bebé. Indicó que adelantó la cita para el miércoles y estaba lista para irse.

 

MARTES

Partí con ella a la Ciudad de México, en el camino narró que su mejor amiga fue a visitarla, lloró y le pidió que no interrumpiera el embarazo. Luego le hice la pregunta:

“¿Estás segura que quieres hacerlo?”.

“Sí, quiero hacerlo, no imaginé mi vida así, no sola; tal vez sí pueda lograrlo, tal vez sí pueda salir adelante con mi hija, pero será muy difícil, no solo para mí, sino para mis padres. También hay cosas que quiero hacer y tal vez suene egoista, pero nadie está en mis zapatos y sí hay quienes lo han estado, pero yo no soy como esas mujeres; además aún no ha pasado nada, ni siquiera sé si me podrán ayudar”, contestó Emily.

 

MIÉRCOLES

Al llegar a la clínica nos registramos y esperamos a que el doctor atendiera a Emily, había algunas personas, tanto mujeres como hombres, no sabría decir exactamente por qué estaban ahí.

Emily y yo entramos con el ginecólogo, de nuevo ella explicó su situación y mencionó que no había pedido ayuda antes porque no sabía de su embarazo, de la misma manera, como el médico anterior, le realizó un ultrasonido para confirmar que estuviera embarazada.

“Te podemos ayudar, te ves muy afligida y no tendrías que estar así”, le dijo el doctor; agregó: “tu embarazo ya es avanzado y no podemos hacerlo con una pastilla de misoprostol solamente, tenemos que provocarte algo así como un parto, se le llama legrado, prácticamente lo succionaremos. Primero, te daremos una pastilla que te tomarás una vez que hayas pasado con la psicóloga, después de ingerirla ya no hay marcha atrás; esa pastilla hará que tu útero, por decirlo vagamente, se “afloje” y servirá para el procedimiento de mañana. Luego tomarás un antibiótico, que servirá para una inyección que te colocaremos vía uterina, ella detendrá el corazón del feto; te irás a casa y te daré unas pastillas más: otro antibiótico que debes tomar después de cenar porque te causará vómito; y algunas misoprostol; una deberás de tomarla a la 1 de la madrugada, la debes de colocar en tu encía en la parte inferior derecha o izquierda y esperar a que se desintegre en tu boca por aproximadamente una hora, la segunda dosis será a las 4 de la mañana con el mismo procedimiento, pero del lado contrario, yo te esperaré aquí a las 7 de la mañana”.

“¿Cuánto costará doctor?”, preguntó Emily.

Son 16 mil pesos, tendrás que dar la mitad ahora y el resto mañana cuando llegues en la mañana, pero necesito que desde ahora te relajes, tu presión no ha estado bien”.

Emily claramente alivió su tensión luego de escuchar las palabras del ginecólogo; aún tenía esperanza.

Salimos del consultorio y pagó los 8 mil pesos del adelanto, conversamos media hora en la sala de espera y después la llamó la psicóloga y posteriormente pasó al quirófano, donde le pusieron la inyección vía uterina utilizando un artefacto llamado “pato” que servía para abrir un poco su útero, ella describió que es una aguja de 20 centímetros o más y es guiada con el ultrasonido.

Antes de irnos volvimos al consultorio del ginecólogo y le dijo: “Tú procedimiento está agendado para mañana a la 1 de la tarde, cuando te tomes la pastillas misoprostol pueden provocarte un poco de sangrado, solo unas gotitas, diarrea o cólicos, pero que son soportables; si pasa eso no hay problema. Pero si empiezas a sangrar demasiado, que no pueda contener la toalla, tienes cólicos intensos o se te rompe la fuente tendrás que llamarme y venir, no importa la hora, estaremos al pendiente, porque eso quiere decir que tu parto se adelantó y tenemos que proceder”.

Salimos de la clínica, fuimos a desayunar y regresamos al hotel. La noche llegó y decidimos acostarnos temprano porque al día siguiente teníamos que madrugar, obviamente Emily no iba a poder dormir, pues tenía que estar consumiendo las pastillas.

Recostadas Emily me dijo: “Sabes, cuando me enteré que estaba embarazada en estos 5 días noté que tenía algunos espasmos, creo que se movía y tenía que acomodarme de cierto lado de la cama porque si no me sentía incómoda, ahora no siento nada y puedo girar sin problema”.

Fue la primera vez que noté que Emily se sentía triste y culpable, ella sabía que el feto ya había muerto: ¿Fue la mejor o peor decisión que pudo tomar? No lo sabíamos en ese momento.

 

JUEVES

Durante la madrugada, Emily tomó las pastillas de misoprostol como se lo indicaron, despertaba a ratos para preguntarle cómo se sentía y mencionó que solo tenía ligeros cólicos, pero nada de que preocuparse.

Nos levantamos temprano y llegamos a la clínica a las 7 de la mañana, Emily pagó los 8 mil pesos restantes, enseguida le dieron dos pastillas de misoprostol más y la enfermera le explicó que las sensaciones del legrado serían similares a las de un parto: dolores muy intensos, cólicos; sangrado; rompimiento del saco amniótico… todo con la ayuda de las pastillas.

Emily tomó las otras dos pastillas y la llevaron al segundo piso donde hicieron que se cambiara con bata de hospital, y le dijeron que descansara en un sillón reclinable en el que pusieron un pañal para adulto en caso de que se le rompiera la fuente.

A las 9:30 de la mañana llegó el doctor y le preguntó nuevamente si sentía algún síntoma, pero ella contestó que no, ni siquiera los síntomas más leves. El doctor le mencionó que era importante que pasara eso, enseguida ordenó a la enfermera que le diera dos pastillas más y le pidió a Emily que caminara alrededor de la habitación para acelerar el procedimiento.

Emily caminó durante una hora; sin embargo, no tenía síntomas; nuevamente, a las 11 de la mañana le dieron dos pastillas de misoprostol más y una hora después el médico le volvió a preguntar, pero aún no sucedía nada con ella.

“Entonces tenemos que prepararte, en un momento llegará el anestesiólogo, creo que ya deben canalizarte, no te preocupes lo que va a suceder es que nosotros te vamos a inducir ‘el parto’, te vamos a hacer una pequeña incisión y requerirá puntadas que desaparecerán con el paso de los días”.

Finalmente entró al quirófano.

Mientras la esperaba se me ocurrió preguntarle a una enfermera algo que recordé:

“Disculpe, se supone que Emily no tiene una causal legal para realizar una interrupción del embarazo, ¿cómo resuelven esto?”, le dije.

“En el expediente debemos decir que ella llegó aquí desangrandose por lo que tuvimos que intervenir, las pastillas misoprostol, por más que haya consumido no son detectables por lo que nadie puede adivinar que se trató de un aborto voluntario”, contestó la enfermera.

Al salir Emily dijo que estaba mareada, durmió unos minutos y al poco tiempo despertó. Ya no estaba embarazada.

 

DOS SEMANAS DESPUÉS

Emily me contó que fue a visitar al ginecólogo en San Luis, le dijo lo que pasó en la clínica de la Ciudad de México. Le hicieron un ultrasonido para verificar que estuviera bien y así fue, le reiteró que no tenía residuos y que su útero volvía a su tamaño normal. Enseguida fue a colocarse un método anticonceptivo.

 

AHORA

Luego de pasar un tiempo, me reencontré con Emily y conversamos sobre su experiencia.“¿Cómo te sientes?”, le pregunté.“La verdad, muy bien”, contestó.“¿No te arrepientes?”.“No, si te soy sincera me siento bien, seguí con mi vida al día siguiente, se enteró la gente que tenía que enterarse y me apoyaron sin juzgar, no tengo ningún riesgo de salud y si lo deseo en el futuro me podré embarazar y tener un hijo, pero será mi decisión.

A veces crees que hacer un procedimiento de esta manera es lo más complejo del mundo, y que incluso el feto sufre, pero no es así, pues se encargan de que este muera antes de hacer el legrado y sales hasta caminando del lugar. Claro, yo tuve la fortuna de conocer a las personas indicadas. No me arrepiento, no sé si la vida en el futuro me castigue si es que lo que hice estuvo mal, pero por ahora estoy bien”.

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Demasiadas mujeres | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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A veces traes a una, dos o tres personas en la cabeza y estás demasiado cansado que no cabe otra más. Y a veces traes a quince y no has llenado todavía y tienes demasiada energía para gastar en otras diez mil personas más, pero al final del día no encontraste a nadie.

Compré sobres de colores para enviar cartas tristes a mis amigos, puede que también a algunas muchachas, ¿por qué no enviar cartas tristes a las mujeres? Las mujeres entienden todo pero hay cosas que no les hacen gracia y entonces se hacen las estúpidas y terminan por reducirte a un pobre estúpido mediante el hiriente conducto de la lástima.

Los textos sagrados no mencionan que Jesucristo follaba como un loco. Se tiraba a todas las mujeres, no por ser divino sino por ser humano. Luego se paseaba por los pueblos, brincando en pelotas, agitando un abanico para secarse el sudor y demás fluidos.

No te descuides, prepara un buen montón de mentiras para que las cosas no se pongan peor de lo habitual. Corre y cuéntales diez o doce mentiras más. Joseph Campbell le encontró mil caras al héroe y todo el mundo lo respeta. Encuentra mil mentiras qué contar y nadie va a decirte nada.

Luego, cuando todo esto mejore, nos inventaremos un saludo marcial para saludar a nuestro Ejército. Leeremos la biblia como se debe, guiados por un pastor yonqui con sida, preparado, con la claridad suficiente que ninguno de nosotros tendremos.

Ella me dijo: “te amo en tu condición de estar loco”, pero cuando llegó el momento de conocer a su madre, la locura se había ido, y ella dejó de quererme para siempre.

Me encanta el olor a alcohol en el aliento de las chicas, es un perfume único que dice muchas cosas a la vez, todas buenas, pero demasiadas como para explicarlas con palabras. Por lo demás, los padres de la chica con aliento a alcohol no estarán muy de acuerdo conmigo, es por eso que no son invitados a las noches de fiesta junto con sus hijas.

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#Crónica | No fue tu culpa, no fue el alcohol … ¿abuso sexual o violación?

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No se trata de quien es víctima y quien victimario; porque si preguntas a las mujeres, ¿quiénes han sido sufrido violencia en alguna de sus formas?, te sorprendería el resultado

Por: Itzel Márquez

Texto ganador del segundo lugar en el Premio Estatal de Periodismo 2021 dentro de la categoría de Crónica.

Este año, La Orquesta ha sido honrada con 4 galardones del Premio Estatal de Periodismo, para celebrarlo, publicaremos de nueva cuenta esos trabajos que fueron reconocidos por nuestros y nuestras colegas del medio. Esperamos que los disfruten.

Parece estar de moda denunciarla, pero la violencia sexual siempre ha estado ahí, como un testigo silencioso, normalizado y tan interiorizado socialmente, pero el “me too”, tantas famosas alzando la voz y el constante “si tocan a una respondemos todas”, nos han dado el valor de no callarnos más. Porque si en una habitación llena de personas piden que levanten la mano las mujeres que han sufrido violencia en alguna de sus formas, te sorprenderá el resultado.

Esta historia viene del 23 de julio de 2017, comienza como muchas otras, no era un día en el que se esperara mayor sobresalto: Julieta trabajaba en una cafetería desde algunos meses atrás y como era costumbre, ese sábado había decidido ir de fiesta con sus compañeros. Al término de la jornada laboral, pasaron por ella a su casa, tenían todo listo: comida y algo de alcohol. Ese día la fiesta sería en una de las casas de Beto, lejos de la ciudad para poder acampar y hacer una fogata.

Cerca de la medianoche, todos llegaron al lugar, escuchaban música, asaron malvaviscos y bebían un poco de cerveza. Al cabo de un rato, el anfitrión comentó que había un cementerio y una cancha de básquetbol cerca del lugar y propuso ir a caminar hacia esos lugares, a lo cual todos accedieron, un tanto porque el alcohol comenzaba hacer estragos en el organismo de los presentes y otro más para buscar aventura.

Todo marchaba bien, caminaron hacia ambos lugares sin más contratiempo; no obstante, al regresar de la cancha de básquetbol, Julieta comenzó a sentirse mareada, tropezó y Pablo la ayudó a continuar de regreso. Al llegar a la casa, comenzaron los shots de ese amargo licor, el tequila; uno, dos, tres, cinco… Julieta perdió la cuenta al grado de perder la conciencia, Pablo le insistió que se recostara un momento en la habitación para que se sintiera mejor, ella accedió, él la acompañó, cerró la puerta y la fiesta continuó.

Momentos borrosos y pocos recuerdos fueron lo que siguió en la mente de Julieta, cerró los ojos un momento y al instante siguiente tenía el busto descubierto y el pantalón desabrochado, de un lado de la cama estaba Beto y del otro Manuel, su hermano, una silla atrancaba la puerta para que nadie pudiera entrar. Ella quedó en shock sin saber qué había pasado, cerró los ojos otro instante y después vio entrar a Pablo, quien le dio un puñetazo a Beto en la cara, él solo dijo: “es mi vieja, ella me dijo que quería”.

Julieta sin saber qué hacer y al escuchar los gritos de todos, se vistió, luego se levantó de la cama y salió de la habitación, le pidió a Ana que buscara su celular, fueron por él al camino, subieron las cosas al automóvil mientras intentaban separar a Beto y a Pablo, él estaba furioso por lo que Beto (había o no hecho).

Condujeron a casa de Ana, todos decían que Julieta no podía volver así con sus papás. Fueron a casa de Ana, nadie sabía qué decirle a Julieta, Ana solo murmuró: “duerme, te sentirás mejor en un rato”; así fue y tras dos horas, Julieta despertó, dijo que quería ir a su casa, nadie se opuso. Comenzó a caminar, una calle tras otra, sabía a dónde dirigirse, pero en su mente no era ella.

Al llegar, sus padres le preguntaron cómo le había ido, ella solo dijo “bien”, sin más atención, se bañó y continuó con lo planeado para ese día.

Al pasar el tiempo, tal como cuando comienza a amanecer en el horizonte después de una larga oscuridad, los recuerdos volvían a Julieta: detalles de lo ocurrido ese sábado 23 de julio, pero tenía que seguir trabajando en la cafetería en donde Beto era su compañero, un día como si nada hubiera ocurrido, él se acercó y le dijo: “oye, estuve pensando en lo que pasó el sábado y solo quiero decirte perdón”, ella ni siquiera lo volteó a ver.

Cansada de tener que convivir con Beto, Julieta le contó a la encargada de la cafetería. Julieta nunca la había visto tan enojada, con la dueña no ocurrió lo mismo, ella solo dijo que no podía hacer mucho, porque “había ocurrido fuera del horario laboral”; Julieta solo pidió que no tuviera que volver a trabajar con él.

Una semana después decidió que era momento de hablarlo con sus padres, esa noche al salir del trabajo y llegar a casa, ella estaba tan nerviosa, lo único que pensaba era lo mucho que la iban a regañar, sus papás le dijeron: “tuviste que haber tomado menos, para poder defenderte”, se sentía llena de rabia. Su padre le sugirió que acudieran a dependencias locales para denunciar y que tomara terapia psicológica, después de muchas lágrimas y algunos abrazos, ella aceptó.

Al día siguiente su padre la acompañó, pero en el Ministerio Público, Julieta recibió comentarios como “te van a preguntar todo muy puntual y si no te acuerdas, mejor ni te desgastes”, o “si no recuerdas lo que pasó y no hay testigos, no podrás hacer nada”, ahí vio que legalmente no podría hacer nada, así que solo accedió a tomar terapia psicológica. Ese día, al llegar al trabajo, ella le contó a Ana todo lo que le habían dicho al querer tomar acciones legales, su amiga trató de consolarla: “tranquila, ya hicimos memoria todos y no pasó nada, también lo platicamos con Beto”; Julieta sintió de nuevo una rabia inmensa y solo se quedó callada.

Se fue de viaje una semana, la psicóloga le dijo que tenía que estar lejos para no pensar, para no ver a Beto y para meditar lo que decidiría, casi al regreso vio su horario de trabajo de la siguiente semana con tal sorpresa que, tendría que compartir horario con Beto tres días, ahí decidió que no quería seguir en ese lugar. A su regreso, renunció, la dueña solo dijo que no quería que se fuera, pero que no podía hacer nada; tiempo después, Julieta se enteró que habían ascendido a Beto y ahora era gerente del lugar.

Tal vez las ideas en la mente de Julieta nunca estén del todo claras, tal vez aunque hayan pasado cuatro años siempre será una herida abierta y tal vez Julieta no es real, tal vez su nombre es Itzel Márquez, una víctima más de violencia sexual que no encontró apoyo en la ley, pero que ha seguido con su vida y no, no se trata de quién es víctima y quién victimario, se trata de concientizar, se trata de que NUNCA MÁS UNA MUJER TENGA QUE SUFRIR VIOLENCIA SEXUAL.

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#Si Sostenido

Crucigrama | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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Las instrucciones en el altavoz sonaron inútiles. ¿De qué sirve tener el cinturón de seguridad bien puesto a diez mil metros de altura? Moriríamos igual. Los protocolos guardan el orden, pero el orden no guarda certezas.

Fueron llamados pájaros de acero. Ahora ofrecen un falso wifi que nunca conecta, sólo promete que el avión sea de primera, y a su vez sugiere un vuelo seguro que nadie puede notar a las primeras.

Los protocolos, por inútiles que parezcan, guardan el orden de las cosas, unas tienen su sitio y las otras tienen su otro buen sitio. Tienen, ambas, prohibido salirse de sus lugares. Respetan el tiempo. Se siguen instrucciones, se obedecen las órdenes. Por lo demás, son los cielos los que se encargan de los nubarrones, turbulencias y caídas.

Nunca he conocido a ninguna asistente de vuelo, es decir, conocer a fondo, a pelo, hasta el hueso. Tampoco he conocido a nadie que conozca a una, ni de lejos a alguien que diga que ha conversado más de diez segundos con ellas.

Casi todas las azafatas son hermosas y viven en el cielo. Son como ángeles, por eso quienes habitamos en piso firme no las conocemos nunca.

La primera vez que una de estas criaturas me miró a los ojos, me sentí especial, como si ella quisiera que fuéramos algo más que pasajero y ángel. El hechizo debe ser el mismo para todos. Aquella era una asistente de una buena aerolínea, nada barata.

También he viajado en aerolíneas malas y sus azafatas son menos amables, y en vez de entregar sonrisas muestran sus culos, culos gordos, feos, desmedidos. Si eres pequeño puede que la señora del culo enorme te asuste, si eres mayor puede que te la ponga dura. Y si el vuelo tiene más de dos horas no habrá de otra que machacártela en los cielos, dentro de un baño donde la mierda no termina de irse del todo. El cielo no es justo con las aerolíneas baratas. Palabra de dios, ley de los cielos.

Confías en los ángeles cuando te dicen que un absurdo cinturón pegado al asiento te asegura la vida durante el viaje. Al bajar del avión te das cuenta que nada de eso era real y que los ángeles han desaparecido en cuanto la compuerta se cierra.

Me pone mal saber que las cosas se mueven mientras duermo. Ojalá al irse uno a dormir todo lo demás se fuera también a dormir con uno. Le haría un espacio en mi cama a todas las cosas con tal de que me permitieran dormir en paz.

Leonard Cohen le canta una canción a Lorca en secreto. Antes de despedirse del mundo, Pavese dijo: “El consuelo de una visión consiste en creer en ella, no en que sea real”. Por lo demás, el tiempo es una forma de experiencia limitada. Es como entrar y salir del cine, como subir y bajar de un avión, elevarse y descender del cielo. Todo cambia dentro, nada cambia afuera.

El viejo juego de las pestañas y los deseos, cosas que pasan frente a tus narices y otra persona se hace cargo de premiarte por ello. Alguien se las arregla para acariciarte la cara. Pierdes una pestaña, pides un deseo. Un día conoces a una chica preciosa y te dice que has perdido una pestaña. Luego te pide permiso para tomarla. Después viene el momento de pedir un deseo. Lo cierto también es que no todas las chicas conceden deseos, ni son todos los afortunados en perder oportunamente las pestañas frente a una chica.

Hay lluvias de miles de estrellas una vez cada cientos de años, hay una lámpara escondida en alguna parte con un genio dentro, y hay pestañas que pertenecen a chicas hermosas.

Uno de los ángeles resuelve crucigramas durante el vuelo. Adentro hay turbulencia, el aire se agita afuera. Brota el pánico, el miedo de irnos en picada, el miedo de estrellarnos contra el suelo, ese violento regreso al piso firme. La chica sigue en lo suyo, resuelve crucigramas, entonces la tripulación la observa y de a poco se tranquiliza. Pasan algunos minutos y el avión recupera el control del vuelo.

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