septiembre 12, 2026

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Columna de Nefrox

Borges no me enseñó nada | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Jorge Luis Borges

Testeando

 

Hace unos día el escritor argentino Rodrigo Fresán dio muchas entrevistas en Buenos Aires para promocionar su nueva novela “La parte recordada” y entre tantas cosas que le preguntaron y tantas más que respondió, hubo algo que causó entre asombro e incredulidad: se le ocurrió cuestionar el valor de Borges, en pleno corazón del puerto de Buenos Aires:

“Borges es como una computadora de 2001, el mundo de los sentimientos se le escapa… no tiene nada para enseñarte, salvo escribir como Borges, lo cual sería un error catastrófico”

Pum, contundentes declaraciones de alguien que además de vivir de las letras como Borges, es un argentino orgulloso de su herencia, como Borges. Y justo esto me hizo pensar, reflexionar: ¿qué me ha enseñado Borges?

Leer a uno de los grandes de la literatura mundial es algo que todo mundo debe realizar, leer a Borges es tan necesario como a Shakespeare o Cervantes, pasear por el Aleph es un proyecto que todo lector debe afrontar, conocer a Beatriz.

No voy a cuestionar ni tantito la grandeza de Jorge Francisco Isidoro Luis, ni voy a atreverme a decir que el porteño es poca cosa, al contrario, pocos tan grandes como Borges. Sin embargo, es por muchos sabida la arrogancia con la que veía el futbol y ese desinterés prácticamente insultante con el que despreciaba al deporte más popular en la Argentina. Ahí es donde Borges pierde… y pierde mucho.

Estadísticamente el país que más consume futbol no es Argentina, ni siquiera es un país de América Latina, es más, ni siquiera consume su liga l ocal. Ese país es Noruega,

donde el índice de consumo por habitante del deporte (por cierto, futbol inglés) es superior a cualquier otra parte del mundo. Just o ahí, justo en ese extraño lugar, es donde el amor al futbol florece con mayor fuerza; dicho de otra manera, el polo opuesto a la grandeza de Borges y su aberración al futbol, se llama Noruega
.

Leer de futbol es una verdadera delicia para el amante de las letras y del deporte: leer a Valdano o a Sacheri, leer a Villoro o a Caparrós, leer a Galeano o a Panzeri es un placer que se come con los ojos y se saborea en la mente, y no me refiero solo a sus textos del futbol, me refiero a cualquiera de sus textos: esa forma de tratar a las palabras como si de una jugada de Messi se tratara, esa manera de circular el balón por sus verbos como si fueran pases al pie en un desborde por la banda, ese atrevimiento al hablar de temas complejos y explicarlos como una gran atajada de Buffon. En fin, ese goce de leer a un grande.

Pero esos grandes también son humanos y hablan con el corazón y, más allá de todo, a diferencia de Borges, los antes mencionados escribieron de futbol. Pero no lo hicieron solo con la pluma, lo hicieron con su alma: desnudando muchas de sus pasiones y enseñándonos a amar a través de sus palabras, amar a algo tan extraño y efímero como once tipos corriendo detrás de un balón. A diferencia de Borges a los otros les aprendí como se escribe con el alma, como se dicta con el corazón, como se aterriza la locura en la razón de las letras.

Perdón Borges, pero no me enseñaste nada. Te leo, te intento entender, pero hoy (como dijo Fresán) me pareces anacrónico. Te aprendí tan poco que es prácticamente nada, disfruto tus letras pero no las encuentro entre las mías. En fin, gracias por eso que pude leerte pero perdón por no querer (o no poder) parecerme a ti, por tener un fuego enorme en el corazón y amar con locura a una pelota, esa pelota que hace rodar al mundo para gritar un gol.

Perdón, y nuevamente perdón.

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El verdadero torneo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay calendarios que parecen diseñados para poner a prueba cualquier proyecto. Y el del Atlético de San Luis fue uno de esos.

Desde antes de que comenzara el torneo lo habíamos dicho en esta misma columna: el arranque no iba a ser sencillo. No hacía falta ser adivino. Bastaba con mirar los nombres que aparecían uno detrás de otro.

Cruz Azul, Tigres, América.

Y ahora León.

No precisamente la bienvenida que uno quisiera para un equipo que estrena proyecto, entrenador y una idea de juego que todavía necesita tiempo para convertirse en costumbre. Pero el calendario no tiene paciencia y la Liga MX mucho menos.

El problema es que una cosa es anticipar que un inicio será complicado y otra muy distinta es vivirlo. Después de las primeras jornadas, el Atlético de San Luis todavía está buscando su primera victoria en casa y las sensaciones no han sido las mejores.

Ha habido partidos donde el equipo compitió. Momentos donde mostró la idea de Diego Mejía. Instantes donde pareció que el trabajo en los entrenamientos comenzaba a trasladarse a la cancha.

Pero también hubo errores. Desconcentraciones. Falta de contundencia. Y, sobre todo, puntos que se fueron. Eso no se puede esconder detrás del calendario.

Porque sí, los rivales han sido complicados. Pero también hay que decir algo que parece una obviedad y que en el fútbol mexicano a veces olvidamos en algún momento: hay que ganarles a los buenos. Y San Luis no lo ha hecho.

El próximo lunes estará León.

Y después de ese partido viene lo verdaderamente interesante.

Porque, al menos en el papel, el calendario comienza a parecerse mucho más a lo que uno esperaría para un equipo como el Atlético de San Luis. Rivales con los que puede competir de otra manera. Partidos donde la diferencia de presupuesto no debería ser tan grande. Encuentros en los que ya no bastará con decir que enfrente estaba un gigante.

Ahí comenzará el verdadero examen.

Y quizá por eso este momento del torneo sea tan importante. Porque el San Luis ya no puede vivir del argumento del calendario complicado.

Ese argumento tuvo sentido. Lo dijimos antes de que comenzara. Pero tiene fecha de caducidad.
Y esa fecha está llegando.

Después de León, comienza otro torneo dentro del mismo torneo. Uno donde San Luis tendrá que demostrar qué tan bueno es realmente.

Hay que reconocer algo más.

Este no es el peor comienzo en la historia de la franquicia. La memoria del fútbol potosino suele ser s electiva y a veces parece que cada mal arranque es automáticamente el peor de todos.

No.

Para encontrar uno realmente oscuro hay que regresar hasta aquel equipo dirigido por Guillermo Vázquez, que terminó viviendo uno de los momentos más complicados de la historia reciente del club.

Lo de ahora es malo. Muy malo. Pero todavía no es aquello. Y esa diferencia importa.

Porque todavía hay tiempo. Muchísimo. Lo que sí se está acabando es la posibilidad de seguir explicando los resultados.

Ahora toca provocarlos. Diego Mejía llegó con una idea de fútbol. Un equipo que quiere tener la pelota. Que quiere ser intenso. Que pretende recuperar rápido y asumir riesgos. Pero una idea necesita resultados que la sostengan. Porque el fútbol permite paciencia mientras existen señales.

Después comienza a exigir respuestas.

Y quizá ahí está el verdadero reto para San Luis. No convertirse de repente en un candidato al campeonato. No hacer diez partidos perfectos.
No borrar de un plumazo todo lo que salió mal.

Simplemente empezar a ganar. Encontrar una victoria que cambie el estado de ánimo.

Después otra.

Y entonces comenzar a descubrir qué puede ser este equipo cuando el rival ya no se llama Cruz Azul, Tigres o América cada semana.

El calendario difícil está por terminar. La excusa también. Y eso, aunque pueda sonar negativo, quizá sea la mejor noticia para San Luis.

Porque ahora podremos saber cuánto de este mal comienzo fue consecuencia del calendario y cuánto corresponde realmente a las deficiencias del equipo.

El lunes contra León todavía queda una prueba complicada. Después, comienza el torneo de verdad.
El torneo donde San Luis tendrá que demostrar que no solamente sabe competir contra los grandes. Que también sabe ganarles a los que están a su alcance.

Porque todavía queda mucho campeonato.
Y este equipo todavía tiene demasiado que demostrar. Pero a partir de ahora, ya no habrá calendario al cual culpar.

Ahora sí comienza la historia que Diego Mejía vino a escribir en San Luis.

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San Luis quiere jugar de otra manera | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Hay entrenadores que llegan a un equipo para cambiar resultados. Y hay otros que llegan para cambiar la manera en que el equipo entiende el fútbol.

Diego Mejía parece pertenecer al segundo grupo.

Porque si algo ha quedado claro durante estas primeras semanas del Atlético de San Luis es que el técnico no quiere un equipo que simplemente sobreviva los partidos. Quiere que los juegue. Y eso, aunque parezca una diferencia pequeña, cambia absolutamente todo.

San Luis quiere tener la pelota. Pero no por presumir posesión. La quiere porque Mejía entiende que con el balón también se puede defender. Construir desde atrás. Mover al rival. Encontrar espacios. Y cuando se pierde, recuperarla lo más rápido posible.

La famosa presión tras pérdida, esa que parece sencilla cuando se explica pero que requiere muchísimo trabajo cuando se intenta ejecutar.

Ahí comienza a entenderse la idea.

Porque este Atlético de San Luis no quiere esperar. Quiere provocar. Quiere que el rival tenga que tomar decisiones. Quiere avanzar con la pelota desde el fondo y asumir riesgos.

Y eso implica algo que quizá no siempre será agradable para la afición: habrá errores y muchos con el nivel de jugadores que se tienen.

Porque jugar con valentía significa aceptar que alguna vez el riesgo puede salir mal. Mejía lo ha dicho de manera bastante clara: busca un equipo que tome riesgos y que sea capaz de atacar mucho. No parece una promesa. Parece una declaración de principios.

Y quizá ahí está lo más interesante. Diego Mejía no llegó a San Luis solamente con la intención de cambiar nombres.

Llegó con una idea.

Una idea que comenzó a construir desde su experiencia anterior, particularmente durante su paso por Atlético Ottawa, donde consiguió el campeonato de la Canadian Premier League en 2025. Antes de eso también acumuló experiencia como auxiliar y entrenador en México, además de una etapa de formación y scouting en el Manchester City.

Eso ayuda a entender de dónde viene su obsesión por los detalles.

El fútbol no comienza cuando el árbitro pita. Comienza desde la salida. Desde la posición de los centrales. Desde dónde recibe el mediocampista. Desde cómo se mueve el extremo cuando la pelota está en el otro costado. Desde qué hace el equipo cinco segundos después de perderla.

Y ahí aparece una palabra que quizá define mejor su propuesta: intensidad.

Pero no solamente correr. Correr con sentido. Presionar con sentido. Atacar con sentido.

Porque correr detrás de la pelota durante noventa minutos no es intensidad. Es cansancio.

La intensidad que busca Mejía parece estar más relacionada con controlar el partido mediante las decisiones que toma el equipo. El técnico potosino ha dejado claro que no entiende el fútbol desde una postura excesivamente defensiva, busca ofender, propone, pero su equipo no le responde, su diseño no corresponde al nivel de plantel.

Eso también explica algunos partidos que hemos visto. San Luis puede tener más la pelota y, aun así, no ganar. Puede llegar más veces y no encontrar el gol. Puede dominar territorialmente y terminar empatando. Y ahí está la parte que todavía necesita madurar. Porque una cosa es construir una identidad.

Otra es convertir esa identidad en resultados. El Atlético todavía está aprendiendo.

La propuesta tiene riesgos. Y muchos. Si los laterales avanzan, habrá espacios. Si el mediocampo pierde la pelota mal parado, habrá contragolpes. Si los centrales tienen que defender demasiados metros a su espalda, aparecerán problemas.

Pero también hay una recompensa. Cuando el sistema funciona, San Luis puede convertirse en un equipo incómodo. Uno que no te deja respirar. Uno que te obliga a defender durante largos periodos. Uno que recupera la pelota cerca del área rival y vuelve a atacar antes de que puedas acomodarte.

Eso es lo que Mejía está buscando.

Quizá por eso sería injusto evaluar su trabajo solamente desde la tabla. Los resultados importan. Por supuesto que importan. Pero también hay que observar qué está intentando construir.

Porque después de varios años en los que San Luis encontró identidad con diferentes entrenadores, ahora parece estar intentando algo distinto: que la identidad no dependa solamente del rival.

Que San Luis tenga una manera propia de jugar.

Que no importe si enfrente está Cruz Azul, América, Pachuca o cualquier otro.

Que el equipo pueda decir: así queremos jugar.

Y quizá esa sea la apuesta más grande de Diego Mejía. No promete que San Luis ganará todos los partidos. Promete, con sus decisiones, que San Luis intentará ser protagonista.

Eso puede salir bien.
Puede salir mal.
Puede tardar.

Pero al menos en momentos, parece que hay una idea.

Y en el fútbol mexicano, donde muchas veces los equipos cambian de entrenador antes de terminar de entender lo que quieren ser, tener una idea ya es un comienzo.

Ahora falta lo más difícil. Convertirla en costumbre. Y después, convertir la costumbre en resultados.

Porque jugar bonito puede ilusionar.

Jugar con identidad puede enamorar. Pero al final, como siempre, el fútbol termina haciendo la misma pregunta:

¿Y los puntos?

Ahí comienza el verdadero examen para Diego Mejía.

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¿Cómo volver a ganar? | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Diego.

Hay comienzos que preocupan. Y hay comienzos que simplemente obligan a poner atención.

El Atlético de San Luis está parado justo en ese lugar.

Cuatro jornadas del Apertura 2026 y el equipo de Diego Mejía todavía no sabe lo que es ganar. Dos empates y dos derrotas. Dos puntos de doce posibles. Un arranque que, visto únicamente desde la tabla, invita a encender las alarmas.

Pero quizá todavía sea demasiado pronto para hablar de crisis. Porque también hay que mirar contra quién se ha jugado. Y ahí la historia cambia un poco.

San Luis comenzó enfrentando a Cruz Azul.
Después apareció Tigres.
Luego Tijuana.
Y finalmente América.
No precisamente un calendario diseñado para regalar puntos.

De hecho, en esos primeros cuatro partidos hubo encuentros donde el equipo potosino compitió de tú a tú durante largos pasajes, aunque no siempre encontró la manera de convertir esa competencia en victorias.

El problema es que en el fútbol mexicano las buenas intenciones no aparecen en la tabla.

Después llegó la Leagues Cup.

Y ahí está el otro elemento que puede hacer que este comienzo parezca todavía más complicado.

Porque mientras otros equipos podían concentrarse en corregir sus errores de Liga MX, San Luis tuvo que repartir esfuerzos, preparar partidos distintos y enfrentarse a otra competencia que tampoco terminó de salir como se esperaba.

La Leagues Cup no creó necesariamente una crisis. Pero sí puede agudizar la sensación de que algo no termina de funcionar.

Es como si el calendario hubiera decidido no darle al Atlético ni siquiera una semana para respirar.

Y quizá por eso hay que tener cuidado. Porque una cosa es decir que el equipo no está funcionando como se esperaba. Y otra muy distinta es afirmar que el proyecto de Diego Mejía está en peligro.

Todavía no.

Cuatro jornadas son demasiado pocas para dictar una sentencia.

Más aún cuando el equipo ha enfrentado rivales que, por presupuesto, plantilla y aspiraciones, parten con ventaja.

El problema sería que esta tendencia continuara.
Que los empates comiencen a sentirse como derrotas.
Que las derrotas se conviertan en costumbre.
Que la falta de gol termine afectando la confianza.

Ahí sí habría razones para preocuparse.

Pero el fútbol también tiene una característica maravillosa.

Siempre ofrece una oportunidad para cambiar la historia.

Y la siguiente se llama Pachuca.

El domingo, el Atlético de San Luis volverá a casa para recibir a los Tuzos en la quinta jornada.

Y quizá no podía llegar en mejor momento. Porque hay partidos que sirven para sumar tres puntos. Y hay otros que sirven para cambiar una dinámica. Este puede ser de los segundos.

Pachuca tampoco representa un rival sencillo.

Pero jugar en casa cambia las cosas. El equipo tendrá a su gente. Tendrá la posibilidad de jugar sin el cansancio de un viaje internacional. Y, sobre todo, tendrá la oportunidad de quitarse de encima esas palabras que empiezan a aparecer demasiado pronto: sin triunfo.

Una victoria no solucionaría todo. No borraría la eliminación de la Leagues Cup. No convertiría mágicamente los dos empates y dos derrotas en un buen comienzo.

Pero sí cambiaría la conversación.

Y a veces eso es exactamente lo que necesita un equipo.

Porque todavía hay tiempo. Mucho.

El torneo apenas comienza y la Liga MX ya ha demostrado infinidad de veces que un equipo puede estar abajo en agosto y terminar peleando arriba unos meses después.

San Luis no necesita entrar en pánico.
Necesita mejorar.
Necesita convertir los buenos momentos en goles.
Necesita aprender a cerrar los partidos.
Y necesita que los jugadores que deben marcar diferencia aparezcan cuando más se les necesita.

Eso es todo.
Por ahora.

Porque hay una diferencia enorme entre estar en crisis y estar obligado a reaccionar.

El Atlético de San Luis está en lo segundo.
Todavía.

Pero el fútbol tiene memoria corta.

Y si el domingo vuelve a dejar puntos en casa, entonces la pregunta dejará de ser si hay motivos para preocuparse.

Empezaremos a preguntarnos cuánto tiempo más puede esperar el equipo.

Por eso Pachuca no es solamente la jornada cinco. Es una oportunidad. Una de esas que aparecen justo cuando más falta hacen.

Y quizá San Luis no necesite encontrar todas las respuestas el domingo.

Quizá solamente necesite encontrar una: cómo volver a ganar.

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