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La Conquista: la visión de los vencidos

La petición de disculpas de AMLO a la Corona española avivó las dudas de los mexicanos sobre sus mismos orígenes

Por El Saxofón

La petición de disculpas que anunció el presidente Andrés Manuel López Obrador al rey de España, por los agravios cometidos durante el periodo de la Conquista de México, es acaso, por la forma en que se dio a conocer y por las reacciones que detonó, el primer traspié del actual presidente de la República.

Tal vez ninguna otra iniciativa de López Obrador enfrentó el rechazo mayoritario y devolvió al mandatario no solo una respuesta rotundamente negativa por parte del país aludido, sino de los propios mexicanos, cuya mayoría consideraron la carta enviada por AMLO al rey Felipe, como un despropósito.

Hay algo que tal vez no está a discusión: López Obrador equivocó las formas. Si se hubiera mantenido en los canales diplomáticos, acaso la solicitud del presidente hubiera prosperado en los casi dos años que restan para la celebración de la culminación de este episodio histórico en 2021, pero el mandatario decidió llevar el tema al debate público, y ello sacó a flote el trauma cultural que llevamos dentro los mexicanos, o incluso, los latinoamericanos.

En teoría, los mexicanos nos enorgullecemos de nuestro pasado indígena, pero en la práctica, nos sentimos más a gusto con la herencia española. ¿Cómo se manifiesta esta inclinación? Muy sencillo: en la discriminación de la que son objeto las personas de tez morena y los integrantes de las etnias.

Los mestizos recibieron, de los españoles ibéricos que se asentaron en el país y de los criollos nacidos en él, la aspiración de «mejorar la raza», entendiéndose por ello, no el hecho de cultivar las ciencias y las artes, sino simplemente disminuir la pigmentación de la piel en los ciudadanos.

Los indios, como se dio en llamar a los habitantes originales del territorio que luego se llamó América, fueron tenidos entonces, y aún ahora, por bárbaros e ignorantes. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, nos sorprende que algún miembro de un pueblo originario destaque en la sociedad occidental, que alcance el éxito o reconocimiento económico, académico o social, puesto que estamos habituados y vemos como algo «normal» su atraso y su ignorancia.

En el debate que ha surgido después de la aventurada petición de López Obrador al Reino de España y al papa Francisco, jefe del Estado Vaticano, incluso los mexicanos le han dado la espalda a López Obrador:

Podemos pasar por alto la reacción de los partidos españoles, que rechazaron de tajo la petición lopezobradorista, incluso el insulto de un novelista como Pérez Reverte que llamó imbécil a AMLO, y sugirió que sea el propio tabasqueño quien pida disculpas por llevar apellidos españoles, lo que sorprende (y no) es el rechazo de los mexicanos.

El diario mexicano El Universal hizo un sondeo, y el 67% de los lectores que lo respondieron, opinó que el rey de España no debe pedir disculpas a México. Solo un 24 por ciento estuvo a favor de la petición de López Obrador. Políticos e intelectuales asumieron también esta posición.  

Apenas algunas voces se levantaron para defender la iniciativa de López Obrador con algo de inteligencia:

Antes que algún periódico mexicano, el diario español El País consignó la opinión de Enrique Márquez, poeta potosino y jefe de la diplomacia cultural mexicana, quien en entrevista matizó la solicitud de López Obrador: Enrique Márquez: “Es mejor la polémica que el olvido”, cabeceó el rotativo ibérico.

La Agencia de Noticias del Estado Mexicano, Notimex, divulgó la opinión del poeta y editor José María Espinasa (descendiente de españoles refugiados en México durante la Guerra Civil) bajo el título Respuesta torpe del Rey de España a AMLO: José María Espinasa. Pocos medios la retomaron.

En cambio, proliferaron opiniones como la de los expresidentes Vicente Fox quien dijo que López Obrador hizo el ridículo ante tal petición; o Felipe Calderón que aseguró que la Conquista está zanjada.

Enrique Márquez fue cauto ante los cuestionamientos de Jorge Morla, colaborador de El País, y reprodujo el discurso presidencial que fundamenta la solicitud:

¿Cree que los mexicanos comparten la idea de López Obrador de que España debe pedir perdón por los abusos de la conquista?

Mire, aquí lo importante es que es una iniciativa que mueve a la polémica, a la inquietud… habría sectores en España y en México que evidentemente preferirían la indiferencia y el olvido a polemizar sobre hechos históricos. Bueno, se van a celebrar los 500 años de la llegada de Hernán Cortés a México. Es una oportunidad para revisar la historia… para reacercarnos. La intención del presidente López Obrador, más allá del texto, es que no caigamos en la indiferencia y el olvido. Esto nos va a permitir reconciliarnos a través de la memoria histórica.

¿Y cree que López Obrador tiene derecho a hacer ese planteamiento?

Claro. El mismo que tuvo Barack Obama en 2016 cuando va a Hiroshima. El mismo que Willy Brandt en el 70 cuando se arrodilla ante el memorial del Holocausto.

Pero esos hechos son más recientes, había víctimas dueñas de un relato. Ahora hablamos de hechos de hace 500 años difíciles de calibrar. Al gobierno español le ha causado un gran malestar. ¿Qué opina de su respuesta?

Bueno, es natural esta inquietud. Estamos un día después de la propuesta, es natural, pero creo que es más importante que se polemice a que se olvide. La relación entre los dos países es fuerte.

En lo personal, ¿cree que este es un tema que la gente de la calle tiene en la cabeza?

La generación última… habría que preguntarle qué opina de la conquista. El propio término, conquista, ¿qué quiere decir a día de hoy? Justamente la celebración de coloquios y discusiones que proponemos en el marco del quinto centenario tienen que ver con documentar el conocimiento a quienes no tienen la cercanía con los hechos. Debemos acudir al expediente histórico para revisarlo y discutirlo. Mejor una polémica que un olvido. Es más sana, y en el caso de España y México siempre nos ha acercado.

Por su parte, José María Espinasa, poeta y editor, fue mucho más enfático:

“Esa reacción no es más que un ejemplo del mal momento por el que pasa la política española; pudo haber hecho lo mismo con más inteligencia, mayor elegancia y mucha profundidad”, dijo el editor y crítico literario a Notimex.

Espinasa es descendiente de inmigrantes que llegaron a México en el exilio español, producto de la Guerra Civil en ese país de 1936 a 1939. Desde su perspectiva, el país ibérico pasa por un momento muy conservador. En ese sentido aseguró que “España está gobernada por la Derecha… y los partidos de Izquierda también son de Derecha”.

Para él la respuesta del gobierno español ha sido torpe, triste y lamentable, e hizo votos porque las autoridades encabezadas por el Rey Felipe VI de España puedan recapacitar y se genere un diálogo sensato, constructivo e inteligente entre ambos países.

Reconoció que si bien la petición del presidente López Obrador pudo ser sorpresiva e intempestiva, lo real es que toca un tema que está presente.

“Han pasado 500 años pero la herida está ahí, y no costaba nada profundizar y pensar en ella, como hicieron con los árabes o los sefaradís, pero el conservadurismo español, en este momento, les impide no digamos pensar bien, simplemente, pensar”.

Explotación

Quienes critican la petición de López Obrador, sostienen que los abusos los cometieron solo los españoles que vinieron a América, pero esto no es tan simple. La guerra de Conquista duró dos años, pero el periodo de dominación se extendió por tres siglos, y es falso que esa dominación y esos agravios solo los hayan ejercido los españoles que vinieron a la Nueva España.

España extenuó la riqueza de América en sus guerras religiosas: “El calvinismo había hecho presa de Holanda, Inglaterra y Francia, y los turcos encarnaban el peligro del retorno de la religión de Alá. El salvacionismo costaba caro: los pocos objetos de oro y plata, maravillas del arte americano, que no llegaban ya fundidos desde México y el Perú, eran rápidamente arrancados de la Casa de Contratación de Sevilla y arrojados a las bocas de los hornos”, relata Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, y donde también señala que la monarquía y los capitalistas españoles dilapidaron esa riqueza que fue mal administrada.

Trauma cultural

Octavio Paz, en El Laberinto de la soledad, afirma que no es forzado decir que “la Conquista fue una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la propia carne de las indias.

La Malinche o Doña Marina, como la bautizó Hernán Cortés, “se ha convertido en una figura que representa a las indias, fascinadas, violadas o seducidas por los españoles. Y del mismo modo que el niño no perdona a su madre que lo abandone para ir en busca de su padre, el pueblo mexicano no perdona su traición a la Malinche.

En este sentido sostiene que hay “una voluntad mexicana de vivir cerrados al exterior, (…) pero sobre todo cerrados frente al pasado (…) condenamos nuestro origen y renegamos de nuestro hibridismo. La extraña permanencia de Cortés y la Malinche en la imaginación y la sensibilidad de los mexicanos revela que son algo más que figuras históricas: son símbolos de un conflicto secreto que aún no hemos resuelto. Al repudiar a la malinche (…) el mexicano rompe sus ligas con el pasado, reniega de su origen”.

Más adelante añade: “la tesis hispanista, que nos hace descender de Cortés con excepción de la Malinche es el patrimonio de unos cuantos extravagantes –que ni siquiera son blancos puros-. Y otro tanto se puede decir de la propaganda indigenista, que también está sostenida por criollos y mestizos maniáticos, sin que jamás los indios le hayan prestado atención”.

Dice Paz, “se contempla la Conquista desde la perspectiva indígena o de la española (…) Si México nace en el siglo XVI, hay que convenir que es hijo de una doble violencia imperial y unitaria: la de los aztecas y la de los españoles”.

El Nobel mexicano, señala que “si los españoles no exterminaron a los indios fue porque necesitaban la mano de obra nativa para el cultivo de los grandes feudos y la explotación minera. Los indios eran bienes que no convenía malgastar. Es difícil que a esta consideración se hayan mezclado otras de carácter humanitario. Semejante hipótesis hará sonreír a quien conozca la conducta de los encomenderos con los indígenas”.

Octavio Paz reconoce, como muchos que han salido en defensa de la  –equivocadamente llamada- Madre Patria, que la diferencia de la Nueva España con las colonias sajonas es radical “la Nueva España, -dice- conoció muchos horrores, pero por lo menos ignoró el más grave de ellos: negarle un sitio, así fuera el último en la escala social a los hombres que la componían”.

Con esto se marca la diferencia con las colonias inglesas que exterminaron a los habitantes originarios de las tierras de las cuales se apoderaron o los redujeron a las llamadas “reservas”.

Pero señala que “También es cierto que la superioridad técnica del mundo colonial y la introducción de formas culturales más ricas y complejas que las mesoamericanas no bastan para justificar una época”.

Sin embargo, admite que “la creación de un orden universal, logro extraordinario de la colonia, sí justifica a esa sociedad y la redime de sus limitaciones.

“La gran poesía colonial, el arte barroco, las Leyes de Indias, los cronistas, historiadores y sabios y, en fin, la arquitectura novohispana, en la que todo, aun los frutos fantásticos y los delirios profanos, se armoniza bajo un orden tan riguroso como amplio, no son sino reflejos del equilibrio de una sociedad en la que también todos los hombres y todas las razas encontraban sitio, justificación y sentido”.

No obstante puntualiza: “No pretendo justificar a la sociedad colonial. En rigor, mientras subsista esta o aquella forma de opresión, ninguna sociedad se justifica”.

“Aspiro a comprenderla como una totalidad viva –dice- y, por eso, contradictoria”

“Del mismo modo me niego a ver en los sacrificios humanos de los aztecas una expresión aislada de crueldad sin relación con el resto de esa civilización: la extracción de corazones y las pirámides monumentales, la escultura y el canibalismo ritual, la poesía y la «guerra florida», la teocracia y los mitos grandiosos son un todo indisoluble.

“Negar esto es tan infantil como negar el arte gótico o a la poesía provenzal en nombre de la situación de los siervos medievales, negar a Esquilo porque había esclavos en Atenas. La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla.”

Acaso ahí encuentra su base la petición de López Obrador. La Conquista duró dos años, con sus matanzas y crueldades mutuas, pero la colonia se extendió por tres siglos, tres siglos de explotación y no menos barbarie. Quinientos años después, la sociedad que surgió de ese periodo productivo y bárbaro a la vez, no ha resuelto ese trauma cultural.

El juicio moral sobre la Conquista se ha dado en diversos periodos de la historia, con mayor o menor intensidad, aún durante la misma época de la Colonia. Hay, como en toda cuestión humana, argumentos a favor y en contra, pero los papeles son muy claros: España nunca se podría llamar a sí misma, víctima de ese proceso.

Sin embargo, a todas luces el debate que ha surgido recientemente, está marcado por los mismos defectos que provocaron ese choque histórico, la incomprensión y la intolerancia.

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