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Tía Jemina, QEPD (que en pants descanse) | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales

 

Estados Unidos atraviesa, sin duda, una de las etapas más duras de su historia. En primer lugar por la ya tan mencionada pandemia del covid-19, que ha dejado en nuestro vecino del norte al menos 132 mil muertes en los últimos meses. Por si esto no fuera suficiente para poner al país más poderoso del mundo patas para arriba, el ánimo social se ha visto sumamente alterado por las diversas manifestaciones en contra del abuso policial, y el racismo en general, en contra de la población afroamericana en territorio norteamericano.

El tema se ha vuelto en una herida bastante sensible. El tema es tan delicado que se ha convertido en una misión imposible poder hablar al respecto sin herir a dos o tres individuos a la redonda. De entrada me cuesta bastante entender que sigamos viviendo en una sociedad en la que hacer alusión al color de piel oscuro siga siendo considerado un insulto. 

Lejos de asumirse como una ofensa, el pertenecer al sector poblacional de raza negra debería ser un cumplido, tomando en cuenta que la gente de raza negra resulta siempre muy superior al resto en disciplinas como la música, la danza y los deporte por mencionar solamente algunos.

La realidad es completamente opuesta, la historia de abuso y esclavitud a la que ha sido sometida la población de raza negra ha dejado un estigma en la memoria colectiva que se ha vuelto bastante complicado de olvidar. El abuso policial por parte de agentes de raza blanca en contra de ciudadanos afroamericanos se ha convertido, desgraciadamente, en una de las postales más recurrentes en el día a día. El único motivo del abuso es la simple y sencilla razón de llevar en la piel un color distinto.

Hace algunas semanas la compañía Quaker Oats anunció que la imagen de Aunt Jemina, una mujer afroamericana que figuró en los empaques de miel de maple y mezcla para hacer hot cakes por más de 130 años, sería retirada de los estantes de todas las tiendas norteamericanas. El objetivo simple y sencillamente mitigar el racismo en la sociedad estadounidense. 

La decisión generó opiniones encontradas en los medios de comunicación y en la sociedad norteamericana en general. La reacción en cadena desembocó en la desaparición de otras marcas importantes como el arroz Uncle Ben’s, cuyo empaque mostraba como imagen publicitaria a un hombre de raza negra con una corbata de moño.

Una situación similar se había presentado ya en nuestro país cuando Bimbo decidió retirar del mercado la marca de pastelillos “Negrito” por considerarla ofensiva y de connotación racista. La nueva imagen del producto fue presentada bajo el nombre de “Nito” y en su empaque se colocó un adolescente de raza blanca con cabello al estilo afro.

Si bien las intenciones de dichas marcas son bienintencionadas, o al menos así parece ser, es una realidad que el hecho de retirar la imágen de gente afroamericana de los anaqueles comerciales dista mucho de ser la solución ante la oleada de abusos a los que este sector poblacional ha sido sometido históricamente.

Debemos tener muy claro que es un tema delicado en el que lo único importante son los hechos, no las palabras. De poco sirve tanto alboroto y activismo de escritorio si esto no se ve directamente reflejado en un descenso en las estadísticas del abuso por parte de policías en contra de la población afroamericana. De nada sirve que Aunt Jemina y Uncle Ben sean retirados de los anaqueles comerciales, como muestra de falso respeto, si en las calles la sangre sigue corriendo.

Hay que entender que a final de cuentas lo que importa son los hechos, no las palabras. El verdadero abuso no está en el uso de la imagen de la raza negra con fines comerciales, el problema está en la violencia que se ejerce contra ellos en las calles. 

¿Estaría la población afroamericana a favor de que se siguiera usando la imagen de Aunt Jemina en las cajas de harina para hot cakes a cambio de que se detuvieran los abusos en su contra? Culto público: A sabiendas de que su criterio es el más atinado  le dejo la respuesta a su sabia consideración.

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