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#Cheve | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales

 

“Cerveza, la causa y solución de todos los problemas”.

Homero Simpson.

 

Como bebedor asiduo y amante de la cerveza y otros cuantos brebajes debo reconocer que el desabasto de la bebida espumosa durante la cuarentena me ha puesto, al igual que a muchos, contra las cuerdas. Es una realidad que el encierro era mucho más llevadero mientras en el refrigerador reposaba, al menos, un six de “chelas” dispuestas a llenar nuestra confusa realidad de colores y alegría.

Ahora que tenemos tiempo de sobra para hacer, deshacer, crear y pensar brincó a mi mente un cuestionamiento de tintes casi existencialistas ¿Por qué bebemos cerveza? ¿Es por su sabor o es por su efecto?

Compartí mi inquietud con mi círculo cercano de amigos para saber su punto de vista y me tomé el tiempo necesario para pensar en mi respuesta personal a tan comprometedor embrollo. Después de un par de noches de insomnio debatiendo conmigo mismo la etílica cuestión llegué a la conclusión de que, al menos en mi caso, bebo por el sabor de la chela, aunque el efecto no me resulta para nada desagradable. Digamos que si tuviera que elegir entre efecto o sabor me quedaría con el sabor.

Para gran parte de los mexicanos el consumo desmedido de cerveza se convirtió en una de las actividades más recurrentes derivadas de la cuarentena por la pandemia de Covid-19. Da lo mismo lunes que miércoles o domingo, cuando uno hace home office puede darse el lujo de realizar sus actividades laborales acompañado de un tarro del helado elixir de los dioses. Por el contrario, si se ha perdido el trabajo, el consumo de chela se convierte en el pretexto perfecto para regodearse en la depresión que el desempleo trae consigo.

Para desgracia de muchos, la suspensión de actividades no esenciales por la cuarentena afectó a la producción de cerveza en todo el país. Las imágenes de la gente realizando compras de pánico en supermercados y tiendas de conveniencia mientras los refrigeradores se quedaban vacíos hasta quién sabe cuándo diablos encendieron las alarmas de la sociedad en general. 

¿Qué tan necesario para los mexicanos tener cerveza en casa? ¿Qué problemáticas se pueden desencadenar si se pasa algunas semanas sin poder beber? Volviendo al cuestionamiento que me había hecho en días anteriores, llegué a la conclusión de que el mexicano en general bebe cerveza por el efecto, no por el sabor. El consumo de bebidas alcohólicas en nuestra sociedad es una práctica que funge como válvula de escape a nuestra  conflictiva realidad.

Después de un análisis introspectivo llegué a dos conclusiones:

  1. Efectivamente soy un amante empedernido de la chela.

  2. A pesar de mi amor por la cerveza, no sucedería gran cosa si me viera en la necesidad de dejar de beberla por tiempo indefinido.

Las imágenes de la gente en Nuevo León haciendo filas de hora y media bajo el sol para poder adquirir un six de cerveza, la gente en Tampico que recibe con aplausos a los camiones repartidores de chela y los más de cien mexicanos muertos en las últimas semanas por la ingesta de bebidas alcohólicas adulteradas por la necesidad del consumo son razón suficiente para sentarnos a reflexionar.

¿En verdad vale la pena poner la urgencia de la borrachera por sobre la salud propia y la de la gente que nos rodea? Si la respuesta es afirmativa, si es más importante para nuestro pueblo acomodarse una buena peda antes que prevenir los contagios masivos de covid y cuidar de la salud del país entonces tenemos muchísimo por enderezar antes de sentirnos con el derecho de, siquiera, dar el primer sorbo al tarro. 

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