junio 22, 2021

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#4 Tiempos

Sobre las lágrimas | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Uno de los documentos más interesantes que se hayan escrito nunca es, sin duda, el Diario de Sören Kierkegaard (1813-1855), el filósofo danés por desgracia todavía muy poco leído en los países de habla hispana.

Ya a principios de siglo don Miguel de Unamuno (1864-1936) se quejaba de las escasas y malas traducciones españolas de las obras de este filósofo al que se sentía tan afín y al que cariñosamente llamaba mi danesito. De hecho don Miguel, ya viejo, se aplicará a aprender danés con el único fin de leer a Kierkegaard.

Y, bueno, hay que reconocer que en el presente es mucho más fácil conseguir los libros de Sören Kierkegaard que en tiempos de don Miguel. El concepto de la angustia, Temor y temblor, y sobre todo Diario de un seductor son de sencillísima adquisición. Pero esto no es todo y ni siquiera lo más importante de la vasta obra kierkegaardiana, pues el que quiera conocer realmente a este cristiano excepcional tendrá como mínimo que leer su Diario.

Tengo entendido que allá por los años 60 la editorial argentina Santiago Rueda publicó una obra de Kierkegaard con el título de Diario íntimo (al menos eso fue lo que leí en la solapa de otro libro publicado por la misma editorial); lo que ya no sé –pues nunca se me ha hecho ver un ejemplar de éstos ni de lejos ni de cerca- es si se trataba de todo el diario o si sólo de una de sus partes o de una antología. Porque el Diario completo es monumental: consta de unas 5.000 páginas, aproximadamente. Ahora bien, una de las selecciones más completas, por lo menos hasta hoy, de dicho Diario, es la que realizó el filósofo y sacerdote italiano Cornelio Fabro y que publicó en 1972 la editorial Morcelliana, de Brescia, en la simbólica y muy apostólica cantidad de 12 volúmenes.

Pero, bueno, como el presente no quiere ser un mero artículo bibliográfico, vamos a abrir uno de los tomos de ese Diario, el segundo, en el párrafo 523 (de la versión italiana a la que hemos aludido), justo donde escribió lo siguiente el filósofo danés:
«Así como las mujeres judías consideraban un deshonor no tener hijos, así los cristianos deberían considerar un deshonor no tener lágrimas (las cuales, como los hijos, son un don de Dios)».

«¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!», exclama el aviador perdido en el desierto al ver llorar al Principito a causa de su rosa. ¡Sí, es tan misterioso! Se nace llorando, se va uno de este mundo entre las lágrimas de los seres queridos (y acaso también entre las propias) y la risa misma, cuando llega a un cierto punto, al punto en el que le es imposible ya dar más de sí, no encuentra otra manera de expresarse más que con el llanto. ¡Y cuántas son las cosas que pueden hacernos llorar! El hombre maduro, el hombre fuerte que soportó ver a su madre rodeada de cuatro cirios, con mucha frecuencia es el mismo que no puede escuchar una canción de su niñez o de su juventud sin que las lágrimas se le escurran descaradamente por entre las barbas. En el mundo del llanto no hay reglas inmutables y fijas: cada quien sabe por qué llora, y sus lágrimas serán siempre sinceras, es decir, legítimas.

«Las lágrimas son mi pan día y noche», cantaba el salmista lleno de pesar (Salmo 42,4). «Me parezco al búho del yermo, a la lechuza en las ruinas. Sin dormir estoy, y gimo como pájaro solitario en el tejado» (Salmo 102, 7). «Estoy cansado de gemir, baño mi cama cada noche, inundo de lágrimas mi lecho» (Salmo 6, 7).
El autor del salmo 56(55), como Kierkegaard, tampoco se avergonzaba de llorar, y cantaba gimiendo, dirigiéndose al Señor: «Tú llevas cuenta de mi vida errante: ¡recoge mis lágrimas en tu odre!» (v. 9).

¿Qué significa esta súplica extraña: «Recoge mis lágrimas en tu odre»? El salmista se dirige a Dios con el único lenguaje que conoce: el de los hombres del desierto, para quienes el odre es lo más importante que pueden cargar en una travesía por entre los mares de arena. En el odre va el agua, la seguridad, la vida. Sin el odre no hay esperanza de seguir adelante. El salmista dice pues a Dios: «Guarda mis lágrimas y ponlas en un lugar importante. Así como un beduino no pierde jamás una gota de agua, pues para él es un tesoro, así no dejes tú que se pierda ninguna de mis lágrimas».

A esta oración confiada, Dios responde así por boca del profeta: «Hará Yahvé en este monte para todos los pueblos un convite de manjares exquisitos… Enjugará el Señor las lágrimas de todos los rostros y quitará el oprobio de su pueblo» (Isaías 25, 6-9). A Dios le importan nuestras lágrimas. Por eso, un cristiano no debería avergonzarse de llorar cada vez que la vida le diera material y ocasiones para ello, siempre y cuando dé sus lágrimas a Dios para que Él las ponga en lugar seguro. Dios es un buen conocedor de los desiertos de esta vida y no dejará perder ni una sola de las gotas que hayamos depositado en la concavidad de su odre.

«Señor –dice Gustave Thibon (1903-2002) que una vez preguntó a Dios-, esas lágrimas que corren arrastrando jirones de almas destrozadas…, ¿por qué?». Y dice también que muy dentro de sí escuchó en seguida, a modo de respuesta, estas palabras: «Distintos imanes atraen nuestras miradas. La tuya se detiene en las lágrimas que corren y la mía en las flores que esas lágrimas riegan» (Le pain de chaque jour).

No sabemos por qué el dolor. Pero sabemos que es fecundo y que nuestras lágrimas están guardadas en la eternidad. Del hombre, el amado de Dios, ni siquiera eso que parece tan volátil se perderá.

 

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#4 Tiempos

El desprecio a la Suprema Corte | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Finalmente, el pasado 14 de junio Arturo Zaldívar emitió un pronunciamiento sobre la suerte que tendrá el artículo transitorio décimo tercero de la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación (LOPJF) que prevé ampliar por dos años su mandato como presidente del Consejo de la Judicatura, así como el del resto de las y los consejeros actuales. Es decir, se trata de un vil intento —pobremente justificado— de López Obrador de tomar por asalto al Consejo de la Judicatura y a la Presidencia de la Suprema Corte y minar su autonomía de gestión, con lo que podrían, por ejemplo, iniciar procedimientos sancionatorios en contra de jueces y juezas. El transitorio es a todas luces contrario a lo dispuesto en los artículos 97 y 100 de la Constitución, que prevén cuestiones como la duración de dichos cargos y su independencia.

Desde la aprobación del citado transitorio, el Ministro Presidente de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura Federal se ha encontrado en la posición incómoda de decidir qué tratamiento darle al regalo envenenado que le envió López Obrador a través de sus serviles mayorías legislativas, que con cada voto dejan en claro que no comprenden el peso del mandato constitucional que reviste a su puesto como integrantes del Congreso de la Unión.

En dicho pronunciamiento anunciado en su cuenta de Twitter, Arturo Zaldívar afirma que solicitará la integración de un expediente que sea turnado a algún ministro o ministra para que proponga al Pleno de la Suprema Corte un proyecto, sea para ratificar el contenido del transitorio décimo tercero o para declararlo inconstitucional. El procedimiento propuesto por Arturo Zaldívar encuentra su fundamento en el artículo 11, fracción XVII de la LOPJF, que indica que, para velar por la autonomía de los órganos del Poder Judicial, son atribuciones del Pleno de la Corte «[c]onocer y dirimir cualquier controversia que surja entre las Salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y las que se susciten dentro del Poder Judicial de la Federación con motivo de la interpretación y aplicación de los artículos 94, 97, 100 y 101 de la Constitución […]».

Lo anterior quiere decir que, por tratarse de una cuestión que afecta a la vida interna y autonomía del Poder Judicial, las y los once ministros que integran el Pleno están facultados para dirimir controversias de esta naturaleza con una mayoría simple de seis ministros. Con este procedimiento, Arturo Zaldívar no tendría impedimento alguno y sí podrá participar en la votación del futuro proyecto.

Una vía alterna para invalidar el transitorio décimo tercero sería a través de una acción de inconstitucionalidad presentada por una minoría de al menos 33% de las y los integrantes de la Cámara de Senadores y Senadoras. Dicha acción de inconstitucionalidad tendría que votarse mínimo por una mayoría de ocho ministros y ministras para que se pueda retirar del ordenamiento jurídico al transitorio décimo tercero. Sin embargo, Arturo Zaldívar ha señalado que, de ser el caso, tendría que excusarse de la votación por ser un tema que le beneficia/perjudica directamente. Por tanto, la votación requerida sería aún más ajustada (al menos ocho votos de diez posibles). Una porción significativa de las críticas a Zaldívar sostienen que esta representa la mejor vía para la invalidez del transitorio, pues ya no sería el ministro presidente el protagonista del asunto.

Considero que la vía más adecuada para invalidar al transitorio décimo tercero es con la consulta propuesta por Zaldívar en los términos del artículo 11, fracción XVII de la LOPJF. Por una parte, sostengo que la Corte saldrá mejor librada de este entuerto si es el propio Zaldívar quien impulse su invalidez y que, muy importante, vote en contra de la constitucionalidad del transitorio. Lo anterior enviaría un mensaje institucional muy claro de rechazo a la extensión de su periodo. Por otra parte, si la vía fuese a través de la acción de inconstitucionalidad, el procedimiento vendría impulsado por una minoría legislativa y con Zaldívar teniéndose que excusar de la votación, lo cual dejaría un silencio institucional por parte de Arturo Zaldívar mucho más significativo que cualquier posicionamiento que pueda realizar en medios de comunicación. No obstante, considero que las minorías legislativas deben de presentar las acciones de inconstitucionalidad para que, aunque eventualmente se resuelva el asunto con la consulta propuesta por Zaldívar, quede registrado también el rechazo del Legislativo a los embates que buscan concentrar el poder en manos del Ejecutivo.

La solicitud de Zaldívar ya fue turnada al Ministro José Fernando Franco González-Salas para la elaboración del respectivo proyecto. Hay que destacar que fue el ministro Franco González-Salas quien redactó el sólido y robusto proyecto que propuso invalidar la extensión del periodo de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California, mismo que fue aprobado por unanimidad en el Pleno de la Corte. A su vez, hay que resaltar que Franco González-Salas terminará en diciembre próximo sus 15 años como ministro, por lo que tendrá en este proyecto la oportunidad de figurar una última vez como un ministro discreto pero confiable a la hora de hacer guardar la Constitución. 

El rechazo al transitorio décimo tercero debe de contar con el apoyo de las y los once ministros, incluyendo a Zaldívar, y quedar registrado como un acontecimiento simbólico de resistencia del derecho frente a la política. Si alguno de los o las ministras vota en favor de su constitucionalidad, la legitimidad y credibilidad de la Corte —y muy particularmente la de ese ministro o ministra— se verá reducida a su mínima expresión.

La necesidad de que la Corte rechace este transitorio de manera unánime se vuelve aún más clara cuando López Obrador no muestra recato alguno en afirmar desde Palacio Nacional que los otros diez ministros y ministras son incapaces de llevar a cabo la reforma. «Son conservadores», les dice. ¿Juan Luis González Alcántara Carrancá, Yazmín Esquivel Mossa y Margarita Ríos Farjat, propuestas por López Obrador, son inútiles? ¿Para qué los propuso para la Corte, entonces?

Decir que solamente Zaldívar puede llevar a buen puerto la reforma significa un completo desprecio a la Suprema Corte y a sus integrantes. La naturaleza misma de las instituciones radica en que estas prevalecen y funcionan sin importar quién esté al frente de ellas. Es inadmisible para la vida de nuestro Estado democrático y de derecho pensar que instituciones de una sola persona son lo que se necesita para transformar al país.

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#4 Tiempos

El elíxir de la vida | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

-¡Oh! ¿De modo que no ha sido solamente un lindo sueño? –exclamó el anciano alisándose el cabello, o al menos lo que quedaba de él; su rostro estaba marcado por infinitas arrugas, como un periódico estrujado.

«¿Entonces todo ha sido verdad y lo que contiene esta copa que veo frente a mí no es otra cosa –digámoslo despacio, digámoslo en voz baja- que el elíxir de la vida? ¿De veras este líquido, espeso en apariencia, es el brebaje buscado por todos los hombres y todas las culturas en su deseo vehemente de abolir la muerte? ¡Oh, pócima maravillosa, déjame contemplarte de cerca! ¡Cuánto no hubieran dado por poseerte aquellos hombres de barba larga y sueño corto que conocemos con el misterioso nombre de alquimistas!».

Tomó el anciano el frasco entre sus manos y lo levantó a la altura de los ojos, un poco así como el sacerdote levanta el cáliz frente al altar. Su apariencia no era nada extraordinaria y; sin embargo, sus efectos…

-¡Ea! –exclamó-, bebámoslo de una vez.

Pero sus manos le temblaban, y poco después también sus piernas, y por último todos los miembros de su frágil cuerpo. ¿Emoción? Acaso miedo.

«-¿Por qué te agitas, alma mía, ¿qué es lo que temes? –volvió a decir como hablando consigo mismo, o con su otro yo-. ¿No es verdad que te aterraba la idea de morir?, ¿no es cierto que con sólo pensar en la tumba que te espera te volvías loco de pesar? ¡Entonces, bébelo de una vez! No lo dudes: un solo trago y el futuro será tuyo, un futuro convertido en un continuo presente: lo más parecido a la eternidad. ¿Es que no habías pedido este milagro? Un ángel bueno te lo ha concedido y, no obstante eso, ahora vacilas, ahora retrocedes espantado, como rechazando el don».

Sudaba, parecía otro.

«-Vamos, vuelve a tomar esa copa y apura su contenido de una vez por todas. Degústalo, bébelo a pequeños sorbos, si lo prefieres, y empieza a ver la vida con el desprecio con que suelen verla los inmortales: con la indiferencia de un dios. Sólo los inmortales sobreviven a la tiranía de la pasión; aman protegidos como por una coraza y no sucumben a ningún amor; sus manos no tiemblan, ni sudan, ni conocen los vértigos.

»Bébelo. ¿Qué fue lo que te dijo el ángel a la hora de depositar el frasco en el borde de tu mesa de noche? Recuerda sus palabras: “Si bebes de esta copa, no morirás”. ¿Las recuerdas? ¿Dudas, pues, de la veracidad de sus palabras? No dudes. ¡Tu plegaria ha sido atendida! Y; sin embargo titubeas. “Si bebes de esta copa, no morirás”. Te dan miedo estas palabras. ¿O es, quizá, que te recuerdan algo?».

A este punto de su monólogo, el anciano parecía más viejo que antes; era como si le hubieran caído encima los años que quería vivir de más y lo aplastaran.

Casi no podía tenerse en pie. Las palabras del ángel le parecían conocidas, pero no sabía con precisión dónde las había escuchado.

«-Trata de recordarlo –se decía a sí mismo-. “Si bebes de esta copa, no morirás”. Se trata de una feliz promesa y, no obstante, te estremeces. ¡No te estremezcas! Haz memoria. ¿Fue en un cuento de los hermanos Grimm donde la escuchaste? Después de todo, cuando eras pequeño, tu madre solía contarte todas las noches los cuentos de los hermanos Grimm, leyéndolos en un viejo volumen de tapas color marrón. Es entonces muy probable que haya sido en uno de ellos donde…».

Pero el hombre no estaba muy seguro. ¿Hans Christian Andersen, entonces? No, no, no… Repasó mentalmente todas las lecturas de su infancia; incluso fue a su biblioteca y se puso a hojear pacientemente libro por libro en busca de aquella frase que lo fascinaba y lo turbaba al mismo tiempo. Removió estantes, desempolvó folios, repasó volúmenes, pero no pudo encontrar nada.

¡Esa maldita costumbre suya de dejar las frases importantes sin subrayar!

Ya casi amanecía cuando llegó, por fin, a una vieja Biblia ilustrada por Doré, regalo de sus padres en una ocasión que ni siquiera recordaba. No hubo necesidad de hurgarla mucho; en las primeras páginas encontró lo que buscaba:

«La serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yahvé había hecho, y dijo a la mujer: “¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?”. La mujer respondió: “Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, menos del fruto del árbol que está en medio del jardín, pues Dios nos ha dicho: No coman de él ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán”. La serpiente replicó: De ninguna manera morirán» (Génesis 3,1-4)…

¡En efecto, ésta era la frase que buscaba! De ninguna manera morirán. ¡Y qué parecida era a aquella otra que…! El anciano tomó el frasco, corrió al baño y dejó que el líquido se fuera por la cañería. Y cuando hubo desaparecido hasta la última gota, suspiró lleno de alivio. ¿Había comprendido que buscar por todos los medios no morirse era tanto como obedecer a la serpiente? ¿Comprendió que aceptar morirse es un acto de humildad por el que Alguien nos recompensará con una vida eterna? Morir es abandonarse a Aquel que nunca dijo: «No morirás», sino simple y sencillamente: «Vivirás» (Juan 14,19), lo cual es muy distinto, casi lo contrario. ¿Y no dijo Jesús, el Señor, que si el grano de trigo no caía en tierra y moría quedaría estéril para siempre, pero que, si moría, daría mucho fruto (Juan 12,24)?

Sí, cerrar los ojos a este sol era necesario, morir era necesario. Jesús no dijo nunca que no lo fuera. Y, por lo demás, él mismo, enseñando con el ejemplo…

El anciano huyó hacia su cama pensando en el misterio de los granos de trigo y se arrebujó entre las sábanas. No estaba tranquilo, pero tampoco desesperado. Había perdido una batalla, pero había ganado otra.

Cerró los ojos dolorosamente y se quedó dormido.

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#4 Tiempos

¿Por qué ganó Gallardo? | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS

Las victorias se componen de dos elementos: los errores del rival y los aciertos propios, ambos están enmarcados en la lectura del contexto en el que se juega.

Ganar 16 alcaldías (una menos que Sí por San Luis), 9 diputaciones locales, 6 de 7 diputaciones federales y, lo más importante, la gubernatura del estado, convierten al Gallardismo en la corriente política de mayor relevancia en décadas, pues ha demostrado que tiene un capital electoral propio, que no depende de partidos, pues lograron transicionar sin problema del PRD al Verde, algo que el Navismo no consiguió, ya que el paso del PAN a Morena (y una pésima administración) le valió a Xavier Nava para perder el 80% de sus votos de una elección a otra.

Sobre los motivos de la victoria de Ricardo, comencemos con los errores de Octavio Pedroza, ahí la deficiencia principal no fue algo que pudiera controlar el panista, pues el problema resultó estructural: la coalición Va X México o Sí por San Luis, es aberrante. El enfrentamiento histórico entre PRI, PAN y PRD ha costado sangre de miles que defendieron ideales o intereses (intereses mayormente) como para que de un momento a otro los partidos, sin ningún respeto por sus electores, se unan y vomiten sobre sus supuestos valores fundacionales. El experimento resultó en un rotundo fracaso a nivel nacional ya que solo lograron quedarse con dos de las 15 gubernaturas que estaban en juego (las cuales ya tenía el PAN), no le quitaron la mayoría en la Cámara a López Obrador y dejan la incógnita de qué partido llevará mano en la construcción de su agenda legislativa. El coletazo de la pésima idea golpeó a la candidatura potosina, que nunca vio más allá del ejercicio aritmético en el que presuntamente los votos de los frentes políticos se iban a sumar.

Por otro lado, el discurso de Octavio Pedroza convocó a una clase media aspiracionista que hoy está en peligro de extinción, pues el verdadero potencial económico clasemediero de San Luis se ubica en una zona industrial donde sus trabajadores crecieron mirando al mundo y no al anacrónico mito conservador de Lomas-Tequis. Pedroza además ofreció una narrativa que pone en duda la inteligencia de la ciudadanía e invoca la mediocridad: “¡Dele combo!”, “¡Vamos a la segura!”.

No podría hablar de cómo es Octavio Pedroza la persona, pero en su versión candidato se mostró como un hombre tradicional, rancio y, por momentos, hasta intolerante, que en el contexto de los grandes cambios sociales que están en marcha dentro de México, no tenía manera de salir bien librado.

Si bien, Gallardo tampoco es un hombre moderno, ha sabido alinear su visión asistencialista, la banderas más importante que tiene, a la Cuarta Transformación, con lo que arrebató a Mónica Rangel la constancia de ser el hijo legítimo de López Obrador en San Luis Potosí.

Mientras Octavio se desgastó primero en una guerra panista contra Xavier Nava y luego en una partidista con los operadores del resto de los integrantes de la coalición, Gallardo caminó y sumó, con las facilidades que da ser el jefe único de su partido, a las y los agraviados que la inscripción masiva de candidatos dejó en Morena y a los “daños colaterales” del PRIAN.

El enfoque de su campaña evolucionó y se atemperó, pero nunca perdió de vista la estrategia de confrontación entre clases, que resulta lógica en un país y en un estado en el que los pobres son mayoría. Más si se considera que el presidente López Obrador es querido (su 59% de aprobación en San Luis, según Latinus, así lo deja claro).

En ¿qué lo sustento?, en que la plataforma de campaña de Pedroza fue la continuidad, seguir por la misma línea que trazaron Toranzo y Carreras; si los potosinos y potosinas se hubieran sentido convencidos de querer conservar lo que ya tenían, lo hubieran defendido ferozmente en las urnas.

No sé si Gallardo será un buen gobernador, pero el verdadero peligro era la inmovilidad, total, para eso vivimos en una democracia y si tan mal lo hace en tres año quedará debilitado por la oposición que prosperará en sus errores y en seis estará aniquilado. 

Tampoco creo en la campaña negra difundida en su contra y que está basada en el elitismo: “claro que es narco, mira cómo se ve”, es el comentario más sólido que le he escuchado al grueso de sus detractores. El temor real es el que intentan contagiar vetustas élites que se han vestido de panistas o priistas a conveniencia y que ven en esta derrota el final de una era.

Gallardo estuvo en la cárcel y salió por un error técnico en el proceso que se tenía contra él, pero no se le puede juzgar dos veces por el mismo tema. Nunca quedó claro si era responsable o no. Mientras tanto, nadie ha logrado, en lo legal, comprobarle algo más, Xavier Nava incluso desperdició sus tres años en la alcaldía, sin éxito, intentando hacerlo y Tomás Zerón, ex titular de la Agencia de Investigación Criminal durante la administración de Peña Nieto y responsable de la captura del Pollo, hoy está prófugo de la justicia.

No hay mucho misterio en el triunfo de Gallardo, San Luis Potosí quería un cambio, el que fuera. Cambió de alcalde, cambió sus representaciones en el Congreso y cambió su gubernatura. Dio un salto de fe al elegir a Ricardo a pesar de todo lo que sobre él se dice, ahora le toca demostrar que llegó por una visión legítima de mejorar al estado y no por un ansia criminal de dinero y poder.

Para fortuna de los más nerviosos, Gallardo será el gobernador más observado de la historia potosina. Nuestra responsabilidad será juzgarlo y cuestionarlo basados en sus acciones y no en complejos estúpidos. ¿Podremos?

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