#4 TiemposDesde mi clóset

¡Rosario, renuncia ya! | Columna de Paul Ibarra Collazo

Desde mi clóset

 

Hace unas cuantas semanas, el Senado de la República designó a Rosario Piedra Ibarra como titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Entre dimes y diretes tomó protesta una mujer cercana al presidente que había recibido, en representación de su madre, la Belisario Domínguez. La votación por la que se eligió estuvo envuelta en un manto hediondo de ilegalidad. Aún se cuestionan ese par de votos. 

Tras su designación ha tenido tropezones que ya son más que absurdos. Criminalizó a las mujeres que el 25N salieron a manifestar su hartazgo contra el sistema patriarcal que las está exterminando. Parece que ya no se acuerda cuando de la mano de su madre tomó las calles en el apogeo del Eureka. Ahora, cómo es contra el régimen actual, que no ha respondido como se esperaba frente a la violencia feminicida, busca pervertir la protesta legítima. 

El activismo de calle es valiosísimo para los movimientos; sin embargo, la praxis en determinado momento se vuelve teoría, esa teoría de instrumentaliza en un proceso metodológico que luego sentará las bases para la construcción de normativas que potencialicen el desarrollo de policías públicas. Esa ruta implica un ejercicio de adquisición de herramientas didácticas que la señora Piedra no tiene. 

Andrés Manuel en una mañanera dijo que prefería a una activista frente la CNDH que a una persona de la academia, según él porque en la calle se adquiere una experiencia distinta. Nada más falaz que ese dicho del líder de la 4T

Rosario es un perfil impresentable. Era funcionaria del partido en el poder cuando participó en el proceso, incluso fue candidata a un cargo de elección popular. Tiene el sesgo de la ideología obradorista, esa que vomitó el flamante secretario de relaciones exteriores en su cuenta de twitter. 

Con base en la normativa vigente, la persona ombudsman debe de ser apartidista. Rosario es militante de Morena, o por lo menos lo era hasta pocas horas después de tomar protesta. No tiene experiencia en materia de derechos humanos, ya que, solo por ser activista no implica que tenga claridad en los conceptos básicos del paradigma constitucional vigente. 

Doña Rosario debe renunciar por dignidad, en un acto de humildad frente a la crisis de derechos humanos, frente a la situación agravada de violencia feminicida que viven las mujeres en este país. 

Ostentar un cargo público implica conocimiento de causa. La toma de protesta de ley es un acto con una carga simbólica clara. Guardar y hacer guardar la Constitución General de la República, implica asumir el control difuso que confiere a cada autoridad mexicana. Doña Rosario dudo que conozca siquiera el contenido del primero constitucional.

López Obrador tendrá que reconocer que se equivocó proponiéndole. El Senado tendrá que reponer el procedimiento y colocar un perfil con amplia experiencia en la promoción y defensa de los derechos humanos, que entienda los mecanismos de justiciabilidad y accesibilidad. Que esté capacitada en los principios transversales, que tenga claro el enfoque interseccional, con énfasis en la perspectiva de género. 

Contradiciendo al presidente, necesitamos como ombudsman a una persona capaz, especialista, comprometida. No a una comparsa del régimen actual. 

Por cierto, ya que andan en esas, es necesario que se modifique la Ley, ya que hoy en día discrimina a las personas menores de 35 años a contender por el cargo

Senado ahí les encargo. 

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