#4 TiemposColumna de Daniel Tristán

ROMAntic Style in da World | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales

Hay cosas y situaciones de las cuales uno simplemente no puede escapar. Es imposible encerrarse en una burbuja para aislarse del entorno social y sus mamadas. Tal vez en otras épocas era más factible hacerlo pero, hoy en día, lo que las paredes de concreto bloquean lo permean las ventanas del internet.

Me sucedió hace un par de años con la canción «Despacito» del cantante puertorriqueño Luis Fonsi. Ya lo he dicho anteriormente, no tengo nada en contra del reggaetón, pero simplemente no está en mi lista de intereses. En aquellos días vivía con una chica extranjera, misma que vino a México a trabajar y no sabía ni media palabra en español. Supe de la existencia de la canción hasta que la escuché a ella cantar la pegajosa tonada todo el tiempo.

Una vez que me explicó que era la canción obligada en los antros en ese momento se abrió la Caja de Pandora. Fue inevitable notar la presencia de la canción en los comerciales de tele, en los canales de videos, en YouTube, en los pasillos del supermercado, en las calles, fiestas y casi hasta en funerales. Simplemente fue imposible conservarme hermético ante el fenómeno reggaetonero del momento.

Algo parecido me sucedió en el segundo semestre del 2018 en plena temporada de campañas presidenciales. La palabra «amnistía», pocas veces escuchada nivel masivo, fue puesta sobre la mesa por el ahora Presidente Constitucional AMLOVE. La palabra brincaba desde la primera hora de la mañana de las páginas de los periódicos, estaba en boca de los proAMLO, en boca de los antiAMLO, en boca de los conductores de noticieros, en cada rincón de redes sociales. Por más que uno se tapara los oídos tarde o temprano la palabra «amnistía» encontraba la forma de colarse por las orejas y llegar a jodernos el tímpano.

Hoy se presenta un fenómeno similar con el revuelo causado por «Roma», película del director mexicano Alfonso Cuarón. Su protagonista de origen oaxaqueño, Yalitza Aparicio, se convirtió en el tema del momento. Sin duda se trata de una situación fuera de lo convencional. Una chica que no encaja en el prototipo de belleza femenino impuesto por revistas de moda, pero que curiosamente terminó siendo portada de Vogue.

Culto público, no estoy aquí para hacer una crítica cinematográfica sobre «Roma», de eso ya se encargarán los expertos. Estoy aquí para expresar mi repudio a las críticas que el súbito éxito de Yalitza ha acarreado. En su mayoría críticas despectivas, negativas y cargadas de racismo. Me resulta nauseabundo encontrar un mar de memes en redes sociales de quienes, por algún motivo, se sienten superiores y con el derecho de poner el dedo sobre la joven oaxaqueña.

¿Por qué nos arde tanto ver que alguien tenga éxito? Tal vez nos resulta más cómodo mantener a todos a nuestra redonda hundidos en la mediocridad. Tal vez la envidia nos corroe las entrañas al ver que la vida de alguien da un giro hacia el éxito de manera tan abrupta. Tal vez nos enchila que jamás estrecharemos la mano de Tom Hanks, ni pisaremos una alfombra roja en Hollywood. Tal vez nos pudre el alma saber que la vida se nos va entre los dedos y estamos destinados a morir con una historia promedio y mediocre y no contamos con el valor de hacer algo al respecto.

Afortunadamente vivimos en un país con libertad de expresión y cada quién es libre de opinar sobre la chica que salió de Oaxaca para codearse con la crema y nata de la farándula internacional. Podremos estar a favor o en contra y lanzar todas las críticas que nos venga en gana. Pero, por favor, de rodillas lo pido. No tengamos el descaro de pedir un cambio en nuestro país si al primer cambio positivo que vemos en una compatriota nos da el fricky. Congruencia le llaman.

https://laorquesta.mx/la-cruda-navidarks-columna-de-daniel-tristan/

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