junio 28, 2026

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#4 Tiempos

Nuevos ladinos o naco/ricos | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Enred@rte

 

El suceso a continuación descrito, se dio en una reunión de amigos para bienvenir el año:

– No estoy de acuerdo con que se bajen los sueldos de más de 100 mil pesos a los funcionarios, porque a quienes estamos acostumbrados a “ganarlos” no nos alcanzaría para cubrir gastos, dice una señora cincuentona. Las colegiaturas, agrega, ya están en más de 15 mil pesos y yo no mandaría a mi hijo a una escuela pública.

Ella, con estudios de preparatoria inconclusos, pese a su infancia cargada de carencias, nunca ha devengado un sueldo y dentro de casa siempre ha tenido apoyo de empleadas domésticas. Desde luego, está inscrita a un club potosino de élite y goza de toda suerte de privilegios.

A lo dicho por ella, agrega su esposo.
– La referencia debió ser 150 mil pesos.  
Él es administrador público, desde hace más de cuatro décadas al servicio de “empresarios” millonarios evasores de impuestos y apoyadores consuetudinarios de campañas PRI/PAN/PRDistas. Ellos, los empresarios, también con carencias infantiles/juveniles y baja escolaridad.

Todos votaron por Andrés Manuel porque era tendencia. Antes, queda insinuado, fueron de PAN, PRI y PRD con gallardía, a conveniencia.
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El asunto es más que evidente, desconocimiento del “México profundo” (según lo denominó Guillermo Bonfil Batalla) para quien nunca ha ganado un sueldo, pero ha tenido una vida de privilegios por encima de la media nacional.

Asiduos a misa dominical, comulgantes y católicos confesos, empero, no tienen conciencia de la pobreza de la mayoría de los mexicanos en un país tipificado como “el cuerno de la abundancia” y/o “milagro mexicano”, hace 70 años y más, cuando arrancó, durante la Segunda Guerra Mundial, el despegue del desarrollo industrial, dependiente en su mayoría de tecnología y capital e intereses extranjeros.

México, sin duda, tiene una riqueza humana, cultural y biótica enorme. Pero una desviación perversa y dispar en cuanto la repartición de los recursos. Ahora que se ensaya un cambio de régimen, resulta incómodo y hasta insultante par quien ha vivido de la años a costumbre de la inequidad malhabida.


No es sólo el rechazo al NAIM (nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México) en Texcoco, es el huachicol ya detectado como surgido de la entraña del mismo gobierno recién destronado (es presidencia imperial), son los sindicatos con beneficios económicos insultantes por desmedidos para líderes sindicales.
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Se le denomina ladina a la población mestiza o “hispanizada”. En sentido más amplio, ladino es el indio u originario de una comunidad rural o urbana que, cuando asciende a una posición más favorable, niega ese ascendente y, en la medida de los posible, lo aprovecha para explotar y/o discriminar a los integrantes de su núcleo poblacional originario.

Un ejemplo evidente de un ladino confeso, es el mostrado por Ramón Rubín en su novela autobiográfica “La bruma lo vuelve azul”, publicado en 1984 por el Fondo de Cultura Económica con el 34 de la colección Lecturas mexicanas.

“La acción -señala la editorial- se sitúa entre los indios huicholes que habitan principalmente en las regiones de Jalisco y Nayarit, y es un reflejo de las relaciones sociales y de las jerarquías establecidas en esa comunidad (…) se  transmutan las reacciones psicológicas y los usos de sus habitantes, a menudo ajenos a la generalidad de la sociedad mexicana”. Vale agregar, se trata de una confesión sincera y amarga del autor en tanto ladino o explotador de sus desiguales huicholes en cuando él aprendió el idioma español o “castilla” y empleó sus ventaja para explotar a sus ancestros y antiguos iguales.


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Un ladino en cada hijo te dio

Durante las dos primeras décadas posteriores a la masacre estudiantil de 1968, en el aviso clasificado de los diarios nacionales de mayor tiraje de entonces, aparecían letreros para ofertas de trabajo acompañadas de la siguiente leyenda: “no aceptamos egresados de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México”. Había el prejuicio en los ascendidos sociales o nuevos ricos de conducta ladina, la mayoría de ellos con ascenso conseguido por complicidad con la corrupción.

Aquí mismo y en la incómoda plática la referida, salió a relucir el prejuicio de considerar a las escuelas privadas las únicas dignas y libres de contagio de clases desfavorecidas, tipificadas con el esquema Donald Trump para los migrantes México/centroamericanos como delincuentes. En la práctica es lo mismo. Vale remarcar, sin consciencia de ello, porque el contexto lo camufla y justifica.

Cuando se le informa a la señora que nunca ha tenido un trabajo remunerado y sí vida de nuevo rico: los alumnos de las escuelas públicas potosinas de educación media superior (preparatoria o bachillerato) tienen los mejores promedios escolares y las hijas de campesinos estudiantes del Colegio de Bachilleres de Mexquitic tienen mejore historias fílmicas, educación y disciplina que alumnos universitarios o preparatorianos con colegiaturas de 15 mil pesos mensuales, y que la mayoría de los asalariados mexicanos con responsabilidad de una familia no ganan el monto de una de esas colegiaturas, prefiere renunciar al postre de la sobremesa y desviar la charla para hablar de ofertas de inicio de año en el Gabacho.
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Difícil tarea la de cambio de régimen para desmontar la corrupción pragmática y el ladinismo camuflado. ¿Cuantos mexicanos padres de familia tiene un sueldo mensual siquiera próximo a 100 mil pesos?

También lea: Alturas entre trigo y gozo | Columna de Jorge Ramírez Pardo

 

El Cronopio

La cultura es la infraestructura viva de un país: Ángel Blanco | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Ángel Blanco, el músico méxico-canadiense de quien hemos tratado en varias ocasiones en esta columna; que se distingue por ser de los principales difusores de la música de Julián Carrillo, con énfasis en la de Sonido 13, intervino en la Casa de los Comunes del Parlamento Canadiense ante el Comité Permanente de Patrimonio Canadiense, bajo una invitación del mismo para disertar y proponer ideas para el desarrollo cultural de la región, enfatizando en su presentación que la cultura no es un elemento decorativo, sino la infraestructura viva de un país.

Blanco habló en el Parlamento desde la visión de los artistas que trabajan fuera de los grandes centros urbanos, donde existe talento, pero las oportunidades siguen siendo desiguales, en su calidad de artista independiente y en representación de la École de musique Alain-Caron, situada en Rivière-du-Loup, donde labora profesionalmente enseñando música; habló también desde la visión de un artista internacional que llva el nombre de Canadá al extranjero y de quien mantiene vivo el vínculo con sus raíces y herencias mexicana y estadounidense.

Sus planteamientos, dados en la Casa de los Comunes y dirigidos al contexto canadiense, son de aplicación general a nuestros pueblos latinoamericanos y en particular al mexicano, dado que subraya la infrarrepresentación de las tradiciones musicales indígenas en las instituciones educativas formales, la necesidad de integrar la innovación tecnológica en la educación musical, recordando que la tecnología no sustituye al arte; lo amplifica.

Su intervención nos hace reflexionar sobre el estado en México de la difusión y enseñanza de las tradiciones musicales autóctonas, mismas que no están integradas en la educación formal y que son también sistemas vivos de conocimiento que siguen evolucionando e influyendo en el presente. La música de los pueblos mesoamericanos estuvo muy desarrollada y se cultivaban formalmente y esas tradiciones no son solo el legado de esas grandes civilizaciones americanas. También nos hace reflexionar sobre las trascendentes contribuciones de músicos mexicanos y potosinos que suelen estar alejadas en los planes educativos nacionales.

La innovación a la que se refiere Ángel Blanco en su intervención, no sólo es tecnológica sino también conceptual, lo ejemplifica con modelos de integración entre tradición e innovación que ya se usan en algunos países han desarrollado políticas culturales que integran activamente las tradiciones locales en la educación, la creación contemporánea y la identidad nacional, demostrando que la tradición y la modernidad no son opuestas, sino profundamente interdependientes, como el caso de Burkina Faso.

En su intervención subraya que la música puede ser accesible, inclusiva y un motor de creatividad desde una edad temprana, incluso para las personas con discapacidad

. Ejemplifica con herramientas tecnológicas usadas en el Reino Unido que tienen su fuerte relación con la aportación del músico mexicano Raúl Pavón Sarrelangue que creara en 1960 el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

Resaltó la importancia de la música microtonal para ampliar los planes de estudios, diversificar las herramientas pedagógicas y profundizar en la comprensión del sonido, para lo cual puso en la palestra las contribuciones de los músicos mexicanos Augusto Novaro con su Sistema Natural de Música, y de quien tratamos en su oportunidad en esta columna, así como del potosino Julián Carrillo y su Teoría del Sonido 13 como campo coherente de experimentación sonora de donde surge una corriente que va más allá de la experimentación para convertirse en una auténtica línea de pensamiento musical.

Esta obra no debe considerarse una simple curiosidad aislada, sino una contribución significativa al lenguaje musical contemporáneo, con claras implicaciones para la educación, la investigación y la creación artística”.

Su intervención la remata recordando que el que el progreso colectivo no se mide únicamente bajo variables económicas. “Una sociedad fuerte no se sustenta únicamente en la economía sino también en la ciencia, el arte, el deporte y la filosofía: pilares esenciales de la formación humana. La próxima generación de artistas no solo necesita espacios; necesita un sistema conectado

Felicitamos a Ángel Blanco por tan distinguida invitación en el Parlamento Canadiense y en la oportunidad para resaltar uno de los puntos esenciales para el desarrollo cultural y su integración en la educación, en particular lo relacionado con el caso mexicano.

También lee: El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés

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Acento Ajeno

 

La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.

El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.

Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.

La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?

Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.

Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.

Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.

Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.

El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.

¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?

¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?

¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?

La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.

Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.

Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.

El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.

Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.

Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.

También lee: Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez

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El Cronopio

El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.

Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.  

En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE

, mismos que estudiaba con ahínco. 

Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.

Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.

A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo. 

Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.

Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna. 

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