Conecta con nosotros

#Si Sostenido

Nuestro nombre en sus manos | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

LETRAS minúsculas

 

El maestro, en momentos como ese, tan solemnes, solía girar violentamente la cabeza. Era un recurso que había aprendido de sus profesores hacía muchos, muchos años, en sus tiempos de estudiante, pero que seguía utilizando con el mismo ardor del primer día.

-Se trata de un método violento, debo confesarlo, sobre todo para mi cuello -explicaba a sus colegas a la hora del café-, pero que no ha dejado de reportarme, a través de los años, unos resultados que no dudaría un instante en calificar de buenos; más aún, de excelentes.

El método completo consistía en lo siguiente: primero repartía las hojas de las preguntas, hacía después algunas recomendaciones acerca de temas tales como la honradez y la transparencia, y por último se dedicaba a dar rápidos paseos por entre los pupitres.

-Un examen es siempre una cosa muy seria, jovencitos -decía invariablemente una y otra vez a lo largo de estos rápidos paseos-, pues deja ver no solo la solidez de vuestros conocimientos, sino también y sobre todo la nobleza de vuestros corazones.

A pesar de sus discursos, que siempre hablaban de lo mismo, no se fiaba demasiado de sus víctimas, pues en lo profundo de sí mismo creía necesario seguir recurriendo a ciertas estratagemas. Girar la cabeza violentamente hacia atrás mientras caminaba hacia delante era una de ellas, aunque había muchas otras más.

Cualquier sonido que no fuera el de los lapiceros deslizándose sobre el papel suscitaba en su interior una infinidad de sospechas. Esta desconfianza sistemática lo había llevado a descubrir acordeones (en España los llaman chuletas) hasta en los lugares más insólitos y recónditos. Con él, el clásico papelito pegado en las suelas de los zapatos ya no funcionaba desde hacía varias décadas.

-Desde la época de Pedro Picapiedra, para ser exactos –seguía diciendo a sus colegas mientras les guiñaba el ojo derecho en signo evidente de complicidad.

Pues bien, uno de esos días de examen, mientras efectuaba una minuciosa observación del «estado de las cosas» en las filas de adelante, vio con el rabillo del ojo que una joven, en los asientos de atrás, miraba a hurtadillas la palma de su mano derecha.

-¿Será posible tanta insensatez?, se preguntó. A esta pobre mujer debería suspenderla no tanto por irresponsable y perezosa cuanto por su falta de ingenio. ¡Ni aun en mis tiempos esta técnica funcionaba ya!

El maestro rió por dentro y fingió no haber visto nada. Pero la chica vio la palma de su mano por segunda vez, y luego una tercera, y eso era ya demasiado. El maestro corrió hacia ella a grandes trancos, y le ordenó que se pusiera de pie y le mostrara sus manos.

-Veamos qué es lo que hay aquí -dijo observando detenidamente manos, codos y brazos. En la izquierda no había nada, y, en la derecha, solamente una palabra; mejor dicho, un nombre: Óscar. Justo en lo más duro del curso, en el examen, la jovencita pensaba en Óscar. ¿Dónde estaba él mientras ella escribía unas respuestas de las que no estaba muy segura? ¿También él, en esos instantes, pensaba en ella?

Muchos años después de aquello, el viejo maestro me dijo entre confidencial y sonriente:

-Aquella chica era una ingenua. Pero, escuche usted: hay en la Biblia unos versículos que me gustan de manera especial; si no me equivoco, se encuentran en el libro de Isaías. Los israelitas se están quejando con Dios de que los tiene muy olvidados, de que casi no se acuerda de ellos. Entonces el Señor les responde por boca del profeta: «¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho? Pues aunque ella se olvidara, yo nunca me olvidaría de ti. ¡Mira cómo llevo tu nombre tatuado en la palma de mi mano!» (49,15-16).

El maestro se quedó pensativo durante unos momentos y, a juzgar por su mirada, que brillaba con la luz de los focos, casi estaba a punto de llorar. Luego prosiguió así:

Vea usted el texto; en él se lee la palabra tatuado, que no es lo mismo a estar simplemente escrito. ¡Los tatuajes se hacen con punzones, y los punzones son siempre mucho más agresivos que los bolígrafos cuando tienen que marcar algo en una piel! Dios lleva nuestro nombre no escrito, sino tatuado, en la palma de su mano, según asegura el profeta. ¿Y no es esto maravilloso? Ya sé que no hay comparación entre una cosa y la otra, pero cada vez que leo este pasaje, y la verdad es que lo leo a menudo, me acuerdo de mi antigua alumna. ¿Dónde estará ahora? ¿Se habrá casado con Óscar? Yo, sinceramente, lo dudo, pues es muy raro que uno acabe casándose con el amor de su vida.

Viendo que la conversación había tomado un giro tan indiscreto como inoportuno, el maestro carraspeó un poco e hizo de todo para devolverla al buen camino.

-Sin duda, mi alumna en aquel momento se parecía mucho más a Dios que yo mismo. Porque Dios, según Isaías, recurre al mismo método para no olvidarnos; mejor aún, para tenernos siempre en su memoria; o mejor todavía, en su corazón. ¿Qué piensa usted de todo esto?

No dije nada: simplemente me quedé callado, lleno de emoción. En realidad, era el mejor comentario a aquel pasaje de Isaías que había escuchado en toda mi vida.

También lee: El emperador persa | Columna de Juan Jesús Priego

#Si Sostenido

Perfil del secretario de Cultura | Columna de León García Lam

Publicado hace

el

VOLUTA.

 

Estimado y culto público de La Orquesta, Mauricio Gómez publicó en su periódico Grado 23 un detallado estado de la cultura y de las experiencias con las últimas administraciones estatales, que obligan a la reflexión sobre el perfil del próximo secretario de cultura y como imaginar y proponer no cuesta nada, aquí propongo mis humildes consideraciones.

  1. Comprensión cultural transversal

No solo cultura a secas, no solo cultura en un campo (música, artes visuales, arte popular o letras), se requiere de alguien que reconozca de los problemas básicos de la cultura en San Luis Potosí, que no son pocos y sí muy variados: como los espacios abandonados, las instituciones disfuncionales, el desdén por la cultura indígena, la pérdida de lenguas y de patrimonio cultural, la falta de objetivos artísticos-académicos, la renovación de concursos, convocatorias y programas, la instalación de un programa editorial, o sea: la definición de una política cultural. Hubo un tiempo donde hubo un secretario que era culto, muy culto, ávido de música, pero nada más de eso, lo demás importó lo mismo que un cilantro partido a la mitad. Se requiere pues de un especialista en todo. Transversal significa, en resumidas cuentas, que comprenda la complejidad de cada caso, que tenga la virtud de actuar en circo de tres pistas.

  1. Capacidad política frente a la administración del Estado

El secretario es un vocero del sector cultural frente al poder. Tuvimos alguna vez un secretario sensible y conocedor, como el que se describe atrás, pero atado de manos y pues no sirve de nada un secretario que no es escuchado por el gobernador. Se requiere de un mediador que tenga esa fuerza de hacerse escuchar en palacio de gobierno y que logre colocar en la agenda del estado los intereses del sector cultural.

Por el otro lado, la comunidad cultural es difícil: el aparador es insuficiente para tanto ego inflado. Así que la capacidad política no solo debe servir para codearse en la mesa de los secretarios del Estado sino para estabilizar las aguas tempestuosas de artistas, críticos, gestores y consumidores culturales, ávidos de chamba y aquí viene una pregunta ¿hasta dónde el Estado puede seguir siendo el mecenas del arte, la cultura y la academia?

  1. Vinculación nacional

También se requiere un tejedor de vínculos nacionales. Al estado de San Luis Potosí le conviene tutearse con las Escuelas de Arte de Oaxaca, Guanajuato, Querétaro, Michoacán. ¡Nos estamos quedando bien atrás! Hay que impulsar programas federales en el suelo potosino y vincular a los intereses del locales con editoriales, museos, galerías, gestores e instituciones como el INALI, el INAH, los centros independientes de arte y un muy nutrido etcétera. No se crea que es cosa fácil, simplemente el acervo Julián Carrillo implica más de un dolor de cabeza.

Pero si el próximo secretario considera que la solución consiste sólo en importar cultura, en copiar modelos, eventos o festivales y que las soluciones vienen de fuera, pues ya se perdieron otros seis años de gobierno y otra oportunidad de desenredar el embrollo.

  1. Lejanía de las mafias culturales

En la encarnizada lucha que muchas personas emprendieron contra las élites culturales, estas fueron sustituidas por mafias, es decir por grupos que se enquistan en algún coto cultural, artístico o académico. Se requiere que el próximo secretario no deba cuentas a los mafiosos o esté enemistado con algún sector, porque de ser así, la institución se convierte para unos en una industria de regalías (justicia y gracia), y para otros de torpeza administrativa (ley a secas), o peor de vendettas.

  1. Voltear abajo

Estando en el Tlalocan es muy difícil voltear a ver lo que ocurre en el inframundo cultural. Los sacos y las corbatas impiden enterarse de que, acá abajo, hay unas “corbatas de tierra” (así me dijo un amigo de Santa María Acapulco). Un buen secretario debe saber que la parte de abajo no solo es chusma proletaria que hay que civilizar, sino la mejor mitad del mundo (Galinier dixit), por lo menos donde esta la infraestructura humana (infraestrukchor en el sexenio de Peña) y la oportunidad de pasar a la historia de ser el primer semidios que alcance a ver tan abajo.

  1. Dosificador de soluciones

El primer problema por solucionar será la premiación del 20 de noviembre 2021 en el contexto de la austeridad y COVID19 de estos tiempos, esa será la medida de todo el sexenio. Para que la Secult no sea una dosificadora de programas federales, requiere de cierta autonomía y margen de maniobra. Aplicar el presupuesto con creatividad permitirá solucionar poco a poco la inmensa cantidad de pendientes culturales que tenemos acumulándose en el horizonte.

Hay más consideraciones claro, pero ya se acabó el espacio. Al fin que vendrán otros seis años para seguir comentando… ¿y usted qué piensa?

También lee: ¿Usted es de clase media? | Columna de León García Lam

Continuar leyendo

#4 Tiempos

¿Usted es de clase media? | Columna de León García Lam

Publicado hace

el

VOLUTA IX.

Estimado y culto lector de La Orquesta: yo, más que una opinión, tengo una pregunta: ¿usted a qué clase social pertenece? (si tiene tiempo, responda este formulario) Seguramente usted es parte de ese exclusivo sector de la población que se llama así mismo “clase media”, pues el 78% de la población afirma pertenecer ahí. Queda claro que, la mayoría no somos tan ricos (o tan presumidos) para sentirnos clase alta, ni nos consideramos tan fregados pues siempre hay alguien más jodido que uno. Casi todos tenemos la suerte de estar en el justo medio, en el mero centro de la decencia existencial: ni muy muy, ni tan tan. Los opinólogos se arrancan los cabellos de desesperación, porque esa percepción no coincide con la evaluación de CONEVAL, la cual calcula 70 millones de pobres en México y creciendo.

Pero déjeme ponerle en contexto de dónde viene y a dónde va todo este debate sobre la clase media. Hace un año, Viri Ríos escribió para The New York Times un escandaloso artículo intitulado “No, no eres clase media” en donde refuta el mito de que todos somos clasemedieros, desde los que ganan $6 mil pesos al mes hasta los que ganan $120 mil pesos al día. Viri Ríos pone la vara en $16 mil pesos mensuales. Nadie recordaría la discusión del año pasado, si no es porque el presidente lleva semanas atacando a la clase media: aspiracionistas, egoístas, corruptos y privilegiados. Lo cual ha desencadenado ríos de tinta y harta discusión. Después de tanto, se determinó que, como casi todos somos clase media hay que dividirnos en clase media baja, clase media-media y clase media alta. El 90% de la población se ubicó como clase media-media.

Para algunos, que usted se considere clase media es un síntoma de una enfermedad muy grave que se llama conformismo, porque si se diera cuenta de su verdadera condición de pobreza, eso lo llevaría a luchar por salir del hoyo; para otros, que existan tantas personas aspirando a ser clase media es síntoma del egoísmo y del materialismo consumista que carcome los valores de nuestra sociedad. Hay quien piensa, por el contrario, que la única salida que tendríamos los mexicanos es a aspirar a ensanchar la clase media, pues ese sería el mejor signo de una repartición justa de la riqueza y hay quien piensa lo contrario, que la clase media es un callejón sin salida, porque seguir pensando en clases es reproducir el mismo sistema injusto, por lo tanto, nuestra aspiración debe ser hacia una sociedad de derechos.

Ante eso, déjeme contarle un secreto, aquí entre nos. Hay temas que no tienen solución. El concepto clase media surgió de la opinión popular, para referirnos a nosotros mismos, los que estamos en medio, que volteamos arriba con envidia y agradecemos no estar más abajo. Que los economistas (que son bien cuadrados) quieran encontrarle una definición exacta definitiva y cerrada a lo dicho en una discusión de cantina (que es donde seguramente apareció por primera vez el concepto), es muy su problema, ahí seguirán como el burro que persigue a la zanahoria, intentando poner un límite a la clase.

El gran error que cometen los economistas y comentólogos es partir del supositorio de que clase es igual a ingreso. Efectivamente, uno de nuestros principales anhelos son mayores ingresos, pero esos no cambiarán nuestra clase social. Uno podrá salir del barrio, pero el barrio nunca sale de nosotros, para que mejor me entienda. Un aumento en el ingreso solo incrementa el consumo en el mismo conjunto de significados que tiene nuestra clase, como cuando una familia recién acaudalada amuebla su nuevo departamento con una jirafa gigante de peluche o como cuando vemos pasar el coche deportivo edición limitada rebotando con frenesí al ritmo de los Ángeles Azules. Mudarse de colonia, vestir con ropa de marca, ostentar vehículos refleja solo la ventaja económica que tienen algunos en su propia clase. Dicho de otra manera, en todas las clases hay personas ricas y pobres.

Todo esto, me recuerda aquellas profecías apocalípticas: llegará el día que la clase alta no tenga clase, la clase media se quede sin medios y la clase trabajadora esté desempleada.

Continuar leyendo

#Si Sostenido

Demasiadas mujeres | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

Publicado hace

el

A veces traes a una, dos o tres personas en la cabeza y estás demasiado cansado que no cabe otra más. Y a veces traes a quince y no has llenado todavía y tienes demasiada energía para gastar en otras diez mil personas más, pero al final del día no encontraste a nadie.

Compré sobres de colores para enviar cartas tristes a mis amigos, puede que también a algunas muchachas, ¿por qué no enviar cartas tristes a las mujeres? Las mujeres entienden todo pero hay cosas que no les hacen gracia y entonces se hacen las estúpidas y terminan por reducirte a un pobre estúpido mediante el hiriente conducto de la lástima.

Los textos sagrados no mencionan que Jesucristo follaba como un loco. Se tiraba a todas las mujeres, no por ser divino sino por ser humano. Luego se paseaba por los pueblos, brincando en pelotas, agitando un abanico para secarse el sudor y demás fluidos.

No te descuides, prepara un buen montón de mentiras para que las cosas no se pongan peor de lo habitual. Corre y cuéntales diez o doce mentiras más. Joseph Campbell le encontró mil caras al héroe y todo el mundo lo respeta. Encuentra mil mentiras qué contar y nadie va a decirte nada.

Luego, cuando todo esto mejore, nos inventaremos un saludo marcial para saludar a nuestro Ejército. Leeremos la biblia como se debe, guiados por un pastor yonqui con sida, preparado, con la claridad suficiente que ninguno de nosotros tendremos.

Ella me dijo: “te amo en tu condición de estar loco”, pero cuando llegó el momento de conocer a su madre, la locura se había ido, y ella dejó de quererme para siempre.

Me encanta el olor a alcohol en el aliento de las chicas, es un perfume único que dice muchas cosas a la vez, todas buenas, pero demasiadas como para explicarlas con palabras. Por lo demás, los padres de la chica con aliento a alcohol no estarán muy de acuerdo conmigo, es por eso que no son invitados a las noches de fiesta junto con sus hijas.

Lee también: Crucigrama | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

Continuar leyendo

Opinión