febrero 10, 2026

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Opinión

La Garita, un espejo…. de la realidad

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En 1930 logró conformarse el Ejido conocido como La Garita de Jalisco en el Municipio de San Luis Potosí. Este conjunto de tierras originalmente contaba con 1008 hectáreas después de haber sido reconocido como un título virreinal que reconocía un asentamiento humano y comunidad sobre una superficie de 3,770 hectáreas.

¿Cómo es que pasó a disminuirse en aquél momento a menos de un tercio de su tamaño original?

Entre donaciones en las que se dotó a otras comunidades de varias hectáreas como sucedió con Escalerillas, Capulines, La Tenería, entre otros.

Los ejidatarios nunca tuvieron una posesión real de sus tierras porque los trámites burocráticos de papeleo para legitimar esos derechos, siempre estuvieron empañados por información incorrecta, a través de la cual, con engaños y un verdadero abuso tanto de las autoridades, como de los intereses de algunos desarrolladores, sirvió para que algunos vivales se aprovecharan de las circunstancias de ignorancia de los ejidatarios para ir despojándolos de sus tierras hasta reducir su extensión a casi nada….

Los “empresarios” especuladores expertos manipularon los planes de desarrollo de la ciudad capital para provocar un crecimiento en sentido opuesto al originalmente trazado, impactando ambientalmente todo el entorno y eso lo vemos actualmente en los niveles de contaminación en el aire que respiramos en San Luis Potosí.

Luego de un sinfín de operaciones que no cumplieron en su momento con las formalidades indispensables para que esas tierras que conformaban el Ejido y después pasaron a manos de particulares, en 1994 aportaron 200 hectáreas para participar en un “gran proyecto” con el cual los ejidatarios pasarían a alcanzar una calidad de vida sin las carencias de la pobreza extrema de tantos años de abusos y despojos, les entregaron a cada ejidatario en pago 2,500 metros cuadrados de los nuevos desarrollos… Con esta me cobro y con un pedacito te pago.

Actualmente existen 90 ejidatarios y aunque existe división entre algunos de ellos porque los desarrolladores los han intimidado con contratos que exigen la no actuación judicial para hacer ningún reclamo por las tierras aportadas, nos encontramos con una situación más grave aún.

En ese año de 1994 se hace una aportación mayor de 620 hectáreas y el despojo es muy evidente porque, luego de constituir en 1995, en el año 2000 piden los desarrolladores un cambio de uso de suelo de 737 hectáreas. Caray, 117 hectáreas que no corresponden a la aportación de las 620 hectáreas aportadas.

Actualmente se encuentran varias demandas en trámite ante el Tribunal Agrario, donde se reclama el despojo de esas 117 hectáreas que salen de las medidas del polígono aportado en 1994 y aunque se diga que la moneda está en el aire, la autoridad juzgadora debe considerar todas las pruebas aportadas y que gracias a la tecnología con la que se cuenta hoy día, no se puede hacer ojo de hormiga ante una realidad que en documentos y pruebas fehacientes hará por vez primera justicia a los ejidatarios del Ejido de La Garita de Jalisco en esta ciudad d San Luis Potosí.

Las sentencias que están por emitirse en el Tribunal Agrario serán el espejo de esta realidad que traerá como consecuencia revelar los abusos que entre particulares y autoridades se generaron en perjuicio de los ejidatarios de La Garita y se espera que una vez sea demostrada la injusticia, se repare el daño constante que por años se ha vivido en esa comunidad.

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Letras minúsculas

Permaneced distantes | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Por: Juan Jesús Priego

¿Ha leído usted, estimado señor, un relato de Thomas Mann (1875-1955) titulado Mario y el mago? Ah, es magnífico, es terrible. Léalo, léalo usted.

A un pueblo de Italia –un pueblecito del Sur- llegó un día un prestidigitador famoso capaz de hipnotizar a los espectadores y hacer que éstos ejecutaran al instante cuanto él les ordenase. Usted, seguramente, habrá conocido alguna vez a hombres como éste, pues en otro tiempo fueron muy comunes, sobre todo en las ferias de pueblo. Éste del que nos habla Mann en su novela se llamaba Cipolla –es decir, cebolla- y, efectivamente, era un maestro consumado en la ejecución de su arte. Si decía a uno de los asistentes, por ejemplo: «Ahora marcharás como soldado», éste, a la vista de todos, comenzaba a caminar a paso redoblado. Y si le ordenaba: «Ahora tienes que demostrar que eres un niño», el sujeto en cuestión, aunque fuera ya un anciano al borde del abismo, empezaba a lloriquear cual si hubiese regresado a las edades más tempranas de su existencia y necesitara urgentemente, para calmarse, un chupón.

A veces, también, pedía a espectadores tomados al azar que contaran algo de su vida, y éstos, en voz alta, empezaban entonces a hablar largo y tendido de sus miedos y decepciones, de sus quebrantos financieros y hasta de sus decepciones amorosas. Por demás está decir que los espectadores se hallaban siempre entre la maravilla, el suspiro y el espanto. ¿Cómo era posible que este hombre, flaco y un tanto desgarbado, con ojos de buitre, se apoderarse así de la voluntad de las personas? Y, sin embargo, nadie dudaba de que en verdad lo hacía, pues ante su vista realizaba éste cada una de sus maniobras.

Entre los asistentes a aquella memorable representación estaba también Mario, un campesino muy bien parecido que, como todo mortal, también había sufrido lo suyo… El mago le habló, pidiéndole que se acercara, y en poco tiempo éste quedó convertido en una máquina humana cuyo control parecía tenerlo únicamente Cipolla. La gente estaba en suspenso. ¿Qué iba a decir o a hacer este muchacho codiciado por más de una mujer del pueblo? ¿Qué es lo que iba a pasar?

«-Noto en tu cara –le dijo el mago- un rasgo de carácter taciturno y triste, un rasgo de melancolía… Dime ahora –y aquí cogió una mano del muchacho, como para animarle-, ¿tienes algún pesar? »-No, señor –respondió Mario.

»-Sé que lo tienes. ¿Cómo quieres que no me dé cuenta? ¿Vas a engañarme a mí, al gran Cipolla? Y, desde luego, se trata de las muchachas: de una chica. Tienes un gran pesar de amor»… ¡Ah, señor, lo que sigue es tremendo, inaudito, vergonzoso! Pues sucede que, de pronto, Cipolla, el malvado hipnotizador, la estrella de las ferias, da a Mario la siguiente orden:

»-¡Bésame! Tú puedes hacerlo. Créeme que puedes hacerlo. Te quiero. Bésame, aquí –y con la punta del índice, tendiendo brazo, mano y dedo meñique, designó la mejilla, cerca de la boca. Y Mario se inclinó y le besó».

Expectación general. ¡Mario ha besado a aquel hombre repugnante, Mario ha besado en público a otro hombre! Y, cuando vuelve en sí, hay en su rostro la expresión de quien se pregunta qué ha pasado, pues en re alidad no lo sabe. La gente se ríe de él y le silba gritándole todo tipo de cosas. ¿Qué fue lo que sucedió? Mario se hace esta pregunta mientras camina en dirección a las butacas. Algo terrible debió haber ocurrido: lo nota en la expresión divertida y socarrona de la gente. Algo, pero ¿qué?

Pocos minutos después, Mario vuelve al escenario con una pistola en la mano

. «Un silencio se produjo inmediatamente. Incluso los bailarines se detuvieron en su ejercicio, mirando con ojos desorbitados. Cipolla se incorporó súbitamente. Allí estaba, de pie, con los brazos tendidos hacia un lado, como si quisiera rechazar algo y gritar». Se oyeron unas detonaciones. «Y allí quedó Cipolla, tendido, inmóvil, formando un montón desordenado de prendas y huesos».

¡Ah, señor, qué historia! Ya sé que una obra de arte –y ésta novela lo es, sin duda- se presta poco a las moralejas, pero ¿qué le vamos a hacer? Está en nuestra naturaleza sacarle a todo una enseñanza. Hay quien sugiere que Mario y el mago es ante todo una parábola; Thomas Mann quiso con ella, según eso, advertir a los dictadores de su tiempo lo que con toda seguridad les ocurriría cuando los pueblos sometidos a su embrujo oyeran el chasquido del látigo y salieran, por fin, del sueño en el que se hallaban sumidos. Hay quien ha dicho, abundando en lo anterior, que más concretamente Mario y el mago era un grito de amenaza lanzado contra el fascismo.

Pudiera ser; en todo caso, señor, yo no lo pongo en duda. «Vosotros, encantadores, habéis, con vuestra voz, arrullado a Mario y hecho con él cuanto se os ha antojado. Incluso, sin que él se diera cuenta, porque dormía, le habéis pedido cosas que estando despierto jamás se habría atrevido a hacer: lo indujisteis a realizar acciones vergonzosas; pero tened cuidado, porque Mario despertará y entonces es muy posible que no reaccione de otra manera que como lo hizo en esta trágica historia». Tal interpretación es justa: Mussolini, en efecto, murió ahorcado en 1945, es decir, dieciséis años después de que Thomas Mann escribiera este relato profético. Pero si leyéramos Mario y el mago sólo en esta clave, la historia ya no tendría nada que decirnos, pues el fascismo, como Cipolla, está hoy bien muerto; en cambio, si lo abordamos desde otra perspectiva –desde una perspectiva puramente humana-, el relato no podría ser más actual. «Toma tus distancias. Respeta los límites. No te acerques demasiado». Tal parece ser el mensaje.

¡Cuántas veces he visto noviazgos y amistades que fueron demasiado lejos en sus efusiones y que por su sed de caricias lo echaron todo a perder! A éstos habría que recitarles los siguientes versos de Rainer Maria Rilke (1875-1926): “Quiero siempre precaver y avisar: permaneced distantes. Me gusta oír cómo cantan las cosas. Las tocáis y se vuelven mudas y rígidas; vosotros me matáis todas las cosas. No tocar, permaneced distantes; en ocasiones, tal vez sea esto lo único que habría que decir a los que quieren salvar su amor, o ya por lo menos conservarlo. ¡No tocar! Hay caricias que son demasiado peligrosas, hay atrevimientos que se pagan caros. Traspasar los límites –y esto es algo sabido desde los tiempos de Adán y Eva- puede resultar mortal.

Pero debo callarme ya. Hasta luego, estimado señor.

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Necesitamos más Benitos y menos Donalds | Opinión de Haniel Valdés Velázquez

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Latinoamérica derrotó a Estados Unidos en su guerra favorita, la mediática; el Super Tazón, fue latino

Por: Haniel Valdés Velázquez

Pensé escribir sobre el Super Bowl, pero ahora mismo ya nadie habla de eso, todos hablan del concierto de Bad Bunny que puso a rabiar a más de uno en el gobierno de los Estados Unidos.

No voy a mencionar las obviedades, como lo que representa que en la mayor muestra de “americanismo” que existe un reguetonero boricua se parase a cantar y hablar español, ni de que las cifras lo confirman como el más visto de la historia. Quiero centrarme en detalles que quizás escaparon al ojo del que solo esperaba un espectáculo musical.

Iniciando el show de mediotiempo, la presentación oficial (en pantallas) fue en español, y llamó Super Tazón a un juego nacido puramente de la lengua inglesa. Benito siguió su costumbre de usar un traje de los oriundos de Puerto Rico, pero adaptado a la ocasión (como de playera de jugador de football).

La mesa de dominó con personas de edades variadas jugando en lo que se ambientó como una calle cualquiera de cualquier ciudad del Caribe, habla de eso que los caribeños tanto extrañamos cuando vivimos en otros países, la libertad de cerrarle el paso a los autos y disfrutar de un espacio que es de todos, no del que va tras el volante.

Bailarines sobre postes de tendido eléctrico, el propio Bad Bunny cantando “El Apagón” sobre uno de ellos, habla de la cotidiana falta de fluido eléctrico en islas del Caribe y de la adaptación de los lugareños de hacer algo más cuando no hay luz.

El verde, el verde constante junto a las casas, la caña, los plátanos, los jardines, el verde que las grandes ciudades devoran y que en el Caribe sigue intacto.

Lady Gaga cantó, obvio en su idioma natal, una canción suya; a muchos les pareció descabellado y fuera de lugar, pero yo vi a la ídolo de los estadounidenses (también de los que odian y deportan), bailar salsa, abrazar a un latino y sonreír disfrutando de una cultura que sí que supo hacer grande a América

.

Ricky Martin tiene un punto a parte, no solo por el merecido reconocimiento que tiene su trayectoria a nivel mundial, sino por el mensaje que le tocó llevar en su voz. La historia de “Lo que le pasó a Hawai” es un poco larga, pero la letra de Benito Antonio se resume en una cultura autóctona perdida entre máquinas de guerra y bases militares. Pudo haber cantado muchas otras, pero esta no podía faltar.

Mientras veía el show en directo, me pareció una idea maravillosa la de que Bad Bunny le entregara uno de sus (muchos) Grammys a un pequeño en pantalla

, pensé que era un guiño a la idea de “se lo que quieras ser, que el niño que fuiste se sienta orgulloso”. Luego del show varios medios señalaron que el pequeño que salió en todas las pantallas de los Estados Unidos y el mundo, sonriendo, feliz, orgulloso, fue una representación de Liam Conejo Ramos, el pequeño ecuatoriano atrapado por ICE y que se viralizó semanas atrás, cualquiera de las dos versiones, caló justo donde debía.

El puesto de tacos llamado Villa´s Taco, los puestecitos de abarrotes, de bebidas, de frutas, lo que hay en cada barrio de América Latina, el pequeño en plena boda durmiendo en las sillas, no hay nada más nuestro, más latino que eso.

Benito Antonio Martínez Ocasio terminó su presentación con la frase God Bless America, seguido de un “o sea” que fue el colofón de su denuncia, resumen fiel ya no de su espectáculo, de su carrera, y procedió a enumerar uno a uno a los países de este continente, incluidos Estados Unidos y Canadá.

Donald Trump lanzó un mensaje, criticando lo que le pareció fue un atentado contra la América que nos quiere vender y la ideología estadounidense. O sea, gracias Benito, por incomodar al que ya nos ha incomodado bastante. En su mensaje narcisista, odiador y carente de conocimiento histórico, menciona que se avergüenza de que los niños tengan que escuchar las letras de Conejo Malo. ¿En esos mismos niños pensó cuando violaba, vendía y abusaba a niñas acompañado de una élite millonaria que hoy también estaba ofendida?

MAGA preparó otro evento, a parte del Super Tazón, un circo que solo vieron las 4 personas presentes, porque el resto del país no obedeció la orden de apagar la tele durante todo el medio tiempo.

La Casa Blanca twiteó, los periodistas trumpistas y los fascistas seguidores de Trump compartieron el mensaje, pero preferí no traducir del inglés lo que ya me imaginaba, un reguetonero boricua dejó llorando al imperio más poderoso del mundo.

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La luna y y la tierra, debajo de un árbol

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Por: Jorge Saldaña

Esta es, Culto Público, una teoría íntima del nosotros viendo a la luna, siendo tierra y siendo luna:

Nadie nos vio nacer.
Como la Luna, llegamos
de un choque que no debía ocurrir
y ocurrió.

Fuimos escombro ardiendo,
restos de otras vidas,
fragmentos que el mundo creyó perdidos
y que la gravedad —terca, sabia—
decidió juntar en silencio.

No nos tocamos de frente.
Fue un roce.
Un desvío mínimo.
Lo suficiente para desordenarlo todo
sin que nadie pudiera señalar el momento exacto.

Desde entonces orbitamos.
No alrededor del mundo,
sino alrededor del secreto.
Un centro invisible
que no aparece en los mapas
pero sostiene todo.

Yo te atraigo sin permiso.
Tú me sostienes sin prometer.
La fuerza es mutua,
aunque fingimos inmovilidad
cuando otros miran.

Siempre te muestro la misma cara,
no porque no tenga más,
sino porque esa es la que aprendí a confiarte.
La otra —la que nadie ve—
también es tuya.

Nos alejamos apenas
unos centímetros por año,
lo justo para no delatarnos,
lo justo para no destruirnos.
Y aun así,
cada noche el cuerpo recuerda
la marea.

Si algún día preguntan
cómo nació esto,
diremos que no pasó nada.
Que fue una coincidencia.
Que la Luna siempre estuvo ahí.

Pero tú y yo sabemos
que somos la cicatriz
de un golpe hermoso,
la prueba de que incluso en el caos
algo decide quedarse
y girar
y volver
y volver
y volver.

En secreto.
Como todo lo que es verdadero.

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