#4 TiemposDesde mi clóset

La discursividad de la 4T | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

Esta semana el presidente de la República entregó, en Congreso federal, el paquete a través del cual informa al poder representado por el pueblo, el legislativo, sobre las acciones realizadas en el primer año de administración. Al respecto, es interesante hacer un análisis de las prácticas corporales acaecidas en este ritual institucionalizado.

En primera instancia, al estar el lenguaje constituido en código masculino, existe una sentencia dogmática que el patriarca impone. Si bien, llevamos décadas hablando de la institucionalización de la perspectiva de género en la función pública, de la implementación de políticas públicas para reducir las brechas de desigualdad, algo está pasando con la Cuarta Transformación que parece no quedar claro.

El discurso no es homogéneo. Mientras el Senado presume la Nueva Reforma Educativa que incorpora los derechos humanos y la igualdad sustantiva como ejes transversales, algunas dependencias federales regresaron a hablar de equidad de género. ¿Qué implicaciones tiene este retroceso? En primera instancia, se ha dejado de contextualizar el ejercicio de prácticas corporales de las colectividades en relación con la diferencia sexual.

La dilución de los discursos que enuncian las violencias dan cabida a formas más sutiles de violaciones a derechos humanos, no por eso menos graves. Hoy en día está en boga la disputa entre fifís y chairos, que pareciera ser una vieja afrenta entre el proletariado y la burguesía, sólo que más compleja. No llegamos en ningún momento a la dictadura proletaria, ni ganó ninguna revolución. Son los mismos cuerpos, solo que con distinta vestimenta aquellos que se encuentran ostentando el poder en todas las dimensiones.

Ya decía Butler que esos cuerpos que importan no son los abyectos, ni los que cuestionan a la biopolítica con disfraz revolucionario son contestatarios. Marichuy, lideresa indígena que aspiraba gobernar México, cuando le da un rotundo no a Andrés Manuel lo calificó de excluyente. Y es que no existe un cambio real en el paradigma. No se busca ni acabar con el capitalismo ni con el patriarcado. Sólo falta escuchar los diversos comentarios realizados por el mandatario mexicano, las acciones provenientes de la administración federal y los enfoques en el ejercicio de los recursos.

Discursivamente, se está buscando generar una identidad novedosa, pensando mal, con fines clientelares. La identidad en construcción atraviesa las corporalidades, sin embargo, no se hace un análisis crítico del contexto.

Los cuerpos no se emancipan con un redentor, sino que a través de procesos de concienciación que faciliten el cuestionamiento de la realidad. Lo cual dista de la actualidad. Hoy en día no aprobar los mandamientos propuestos por el Jefe de Estado, en su crimen. 

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