marzo 31, 2026

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Columna de Nefrox

Jugar contra el campeón | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Cruz Azul es el siguiente rival del equipo potosino. Recibir a la máquina no es cualquier cosa y mucho menos cuando es el actual campeón del futbol nacional.

Dicen y dicen bien, que las estadísticas no juegan al futbol, y es cierto, en un deporte de contrastes cualquier cosa puede pasar. Bajo esa premisa hablar de números termina siendo irrelevante.

Por eso creo que lo importante no es ver la tabla, tomando en cuenta también que San Luis tiene ahora un partido menos junto con Pachuca, que el resto de los equipos. Mejor hablemos de su funcionamiento.

Cruz Azul, después de un arranque titubeante en la liga, logró vencer por un amplio 4-0 a uno de los mejores equipos del torneo, Toluca. Sin embargo, ese partido estuvo lleno de cosas raras, un defensa rojo que no salió en su mejor tarde y una expulsión que modificó la estrategia de Hernán Cristante terminaron con tan abultado marcador. Justo después y previo al partido contra San Luis, Cruz Azul empata a uno contra un contradictorio Monterrey que aún no arranca como todos quisieramos.

Por el lado potosino, las cosas lucen mucho peor, después de un arranque prometedor en cuanto a puntos pero con muchas dudas respecto al funcionamiento, el equipo pierde en casa frente al colero Necaxa, un equipo que por cierto no venía jugando mal en sus primeros encuentros. San Luis ha demostrado ser un equipo inoperante al ataque y que encuentra los resultados con más suerte que talento, esos que le han otorgado ganar de visitante pero no poder hacerlo aún de local.

Bajo este panorama, parece fácil pronosticar el triunfo del campeón en el Lastras el fin de semana, pero un triunfo que muy probablemente le cueste caro a los azules. San Luis ha demostrado que su fortaleza se encuentra en la defensa, jugando a buen ritmo y sin cometer tantos errores, situación que puede darle oportunidades para competir, pero ante la peligrosidad de los atacantes celestes, todo se puede derrumbar.

Del otro lado, no veo la forma en que San Luis crezca ofensivamente de un fin de semana a otro, creo que será un proceso lento el que tendrá que pasar para ofender más allá de las equivocaciones de sus rivales, por lo que veo complicado anotar en el encuentro ante Cruz Azul.

En fin, mi pronóstico no es favorable para los de casa, lo cual no debe sorprendernos ni desanimarnos: San Luis es un equipo en franca recuperación, que intenta reestructurarse en todas las áreas del campo, mientras que Cruz Azul es uno de los mejores equipos de la actualidad del futbol nacional. Poco a poco San Luis ganará un lugar y, si todo va con el mismo orden que hasta ahora, tal vez hasta pueda calificar a la liguilla, pero este fin de semana no, este fin de semana muy probablemente la cancha del Lastras, vea celebrar al campeón.

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Hay algo incómodo en el repechaje | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Hay algo incómodo en el repechaje.

Como esas conversaciones que llegan tarde, como esos equipos que reaccionan cuando ya no hay margen.

Nadie quiere estar ahí… pero todos quieren salir.

El Mundial de 2026 promete ser el de la inclusión, el de las 48 selecciones, el de “ahora sí hay lugar para más”. Pero en el fondo, el fútbol sigue siendo el mismo de siempre: el que aprieta cuando más duele. Y ahí, en ese rincón donde ya no hay mañana, aparece el repechaje.

No como premio, como castigo.

En Europa, por ejemplo, el repechaje no debería existir para ciertos nombres. Y sin embargo, ahí está Italia, otra vez, jugando con fuego después de haber aprendido (o no) la lección de quedarse fuera.

Ganó 2-0 su primer partido. Sin convencer, sin emocionar, pero ganando. Que a estas alturas ya es suficiente. Porque en estas instancias el fútbol no se juega bonito… se sobrevive.

Alrededor, el mapa es igual de tenso.

Polonia sacó un 2-1 que dice más de sufrimiento que de superioridad.
Suecia resolvió con un 3-1 que parece cómodo, pero que no garantiza nada.
Dinamarca, quizá la más seria de todas, aplastó 4-0 y mandó un mensaje: hay selecciones que sí entendieron dónde estaban paradas.

Y ahora todo se resume a una noche.
Una sola.

Italia contra Bosnia.
Suecia contra Polonia.
Dinamarca contra República Checa.
Turquía contra Kosovo.

Cuatro partidos para decidir quién va al Mundial… y quién se queda viendo cómo pasa la historia.

Así de frío.

Del otro lado del mundo, el repechaje tiene otro tono. No es presión… es oportunidad.

México es la sede de esa última puerta, y eso no es menor. Porque jugarse el Mundial en este país no es lo mismo. Aquí el fútbol se siente distinto: más ruidoso, más emocional, más impredecible.

Y en ese escenario aparecen nombres que no suelen habitar estas conversaciones.

Bolivia, Surinam, Irak.
Jamaica esperando.
Nueva Caledonia soñando.
República Democrática del Congo empujando desde lejos.

Seis selecciones para dos boletos.
Seis historias que no estaban destinadas a este momento… pero que ya están ahí.

Y cuando eso pasa, el fútbol se vuelve peligroso.
Porque el repechaje no clasifica a los mejores.
Clasifica a los que aguantan.
A los que llegan con dudas pero no se rompen.
A los que no cargan historia… y por eso juegan sin miedo.

Y ahí es donde empieza lo interesante.

Porque cada Mundial tiene ese equipo que nadie vio venir. Ese que no tenía obligación de nada y termina incomodando a todos. Muchas veces, ese equipo sale de aquí.

Si Dinamarca entra, nadie la va a querer enfrente.
Si Suecia se mete, será ese rival incómodo que no regala nada.
Y si Jamaica, incluso Bolivia logran colarse… entonces habrá una historia nueva, de esas que no se explican con rankings, de esas que solo se entienden cuando la pelota empieza a rodar.

El repechaje es injusto, sí. Pero también es brutalmente honesto. Porque aquí no hay margen para discursos, ni para proyectos, ni para promesas. Aquí todo se reduce a 90 minutos donde el pasado no sirve de nada, ni los títulos, ni el nombre, ni la historia, solo el presente. Y quizá por eso incomoda tanto. Porque en el fondo, el repechaje nos recuerda algo que el fútbol intenta ocultar todo el tiempo: que no siempre llegan los que más lo merecen…
sino los que sobreviven cuando ya no queda nada.

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Ignacio Quintana: romper la frontera que parecía imposible / Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Hoy director técnico del Atlético de San Luis femenil, pero Ignacio Quintana “Nacho” como el mismo nos pidió llamarlo, tiene un pasado digno de contar y resaltar.

En el fútbol mexicano hay historias que se construyen desde la costumbre: jugadores que emigran, entrenadores que se forman en casa y procesos que rara vez cruzan ciertas fronteras. Por eso la historia de Nacho Quintana no es un episodio más, sino un punto de quiebre. Su presencia en un Mundial dirigiendo a una selección que no es México representa algo que durante años parecía improbable: un técnico mexicano abriéndose camino en otro país hasta alcanzar la máxima vitrina del fútbol.

No es solo un logro personal, es una señal. Durante mucho tiempo, el entrenador mexicano fue visto como una figura limitada al entorno local o, en el mejor de los casos, al ámbito regional. La exportación de talento desde el banquillo no era una constante, ni siquiera una aspiración clara. Quintana rompe con esa narrativa y lo hace desde un terreno que también ha exigido abrirse paso: el fútbol femenino.

Su camino no fue inmediato ni sencillo. Se construyó desde procesos formativos, desde el trabajo silencioso, desde la convicción de que el crecimiento real no siempre es visible en el corto plazo. Cuando asumió el reto de dirigir fuera de México, no llevaba consigo el respaldo de una etiqueta internacional consolidada, sino la responsabilidad de demostrar que la preparación también puede hablar por sí sola.

Nacho recibió el llamado de Centroamérica apenas dos días después de terminar su carrera de director técnico, literalmente recibió su título un sábado y el lunes estaba en el vuelo a Nicaragua para ser auxiliar del proyecto de selección femenil, un reto que pocos se atreven, y no es que las propuestas no existan, sino que son las mismas federaciones o equipos, los que dudan en ofrecerlo a entrenadores mexicanos, pensando que los aztecas rechazarán por el poco cartel que ofrece la zona a sus carreras.

Llegar a un Mundial no es producto del azar

. Es consecuencia de estructura, de lectura del entorno y de una capacidad constante de adaptación. Dirigir a una selección distinta implica entender otra cultura futbolística, otro tipo de jugadoras, otro ritmo competitivo y, sobre todo, otra manera de gestionar expectativas. Quintana no solo se integró: logró construir un equipo que compitiera lo suficiente como para alcanzar ese escenario
.

Lo que vuelve más relevante su historia es lo que representa hacia afuera. Su logro abre una puerta que durante años estuvo prácticamente cerrada para los entrenadores mexicanos. Demuestra que el talento no está limitado por la nacionalidad, sino por las oportunidades y la capacidad de sostener procesos en contextos distintos.

En un fútbol donde se habla constantemente de exportar jugadores, pocas veces se pone atención en quienes dirigen. Nacho Quintana obliga a voltear hacia ese otro lado, a preguntarse cuántos entrenadores mexicanos podrían seguir un camino similar si existieran más espacios y menos prejuicios.

Su presencia en un Mundial no es una casualidad ni un gesto simbólico. Es el resultado de un trabajo serio que encontró eco fuera de casa. Y en ese sentido, su historia tiene un valor mayor: no solo cuenta lo que logró, sino lo que puede venir después.

Porque a veces, lo más importante no es llegar primero, sino demostrar que sí se puede llegar.
Hoy Nacho dirige al Atlético de San Luis femenil, y asume el mismo reto que cuando dirigió a Panamá en aquel Mundial en Australia y Nueva Zelanda en 2023, el reto de la primera vez, con la selección canalera la ilusión era esa primera vez en un Mundial, hoy es la ilusión de alcanzar por primera vez una liguilla, cosa que parece muy complicada en el torneo actual. Pero de historias imposibles se ha llenado la carrera de Nacho, y hoy vive y trabaja en San Luis Potosí, en búsqueda de ser un semillero en el equipo potosino, un equipo donde se pueda lograr llevar jugadoras a los más altos niveles y con ellas hacer realidad esa ilusión de lograr pronto, hacer probable lo imposible.

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San Luis vs Pachuca: el partido fuera de la cancha | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El encuentro entre San Luis y Pachuca llega en un momento delicado para el equipo potosino. No solo por lo futbolístico, sino por el ambiente que se ha ido formando alrededor del proyecto. Cuando un equipo atraviesa resultados irregulares, la tensión suele trasladarse de la cancha a la tribuna, y eso es precisamente lo que hoy vive San Luis.

La relación entre la afición y el técnico Guillermo Abascal no atraviesa su mejor momento. Las dudas sobre su manejo del equipo, los constantes cambios en las alineaciones y ciertos resultados que no terminaron de convencer han ido generando un clima de escepticismo. Este es ya un rechazo absoluto, un reclamo generalizado a la directiva, el aficionado siente, piensa y exige que el cambio en el banquillo tenga que venir sin importar el resultado frente a Pachuca.

Esa tensión volvió a hacerse visible en la última rueda de prensa previa al partido, donde Abascal compareció acompañado por João Pedro. Más que un acto protocolario, la conferencia dejó entrever el momento que vive el equipo. El técnico insistió en que el proyecto sigue una línea clara de trabajo, defendió la necesidad de los ajustes tácticos y dejó claro que las decisiones se toman pensando en el rendimiento colectivo, aunque no siempre sean comprendidas desde fuera.

João Pedro, por su parte, asumió un tono más conciliador. Habló del compromiso del plantel, de la responsabilidad que sienten con la afición y de la importancia de recuperar resultados que devuelvan tranquilidad al entorno. Fue un mensaje directo: el vestidor sabe que el apoyo de la grada es fundamental, pero también entiende que ese respaldo se gana con actuaciones convincentes.

En ese contexto aparece Pachuca, un rival que rara vez concede partidos cómodos. El equipo hidalguense suele competir con orden, paciencia y una lectura inteligente de los momentos del juego. No necesita dominar largos tramos para resultar peligroso y suele castigar cuando el adversario se precipita. Ante un San Luis que llega con presión ambiental, esa característica puede convertirse en un factor determinante.

Por eso, el partido no será únicamente una cuestión táctica. También será un examen emocional. San Luis deberá demostrar que puede aislarse del ruido externo y concentrarse en el funcionamiento dentro del campo. Pachuca, en cambio, buscará aprovechar cualquier signo de ansiedad o desorden.

El Alfonso Lastras o Libertad Financiera será testigo de algo más que un simple enfrentamiento de liga. Será un escenario donde el equipo tendrá la oportunidad de reconstruir puentes con su afición o, en el peor de los casos, ampliar una distancia que ya empieza a sentirse.

En el fútbol, las relaciones entre entrenadores y tribunas suelen ser frágiles. Un buen resultado puede cambiar el ánimo en cuestión de minutos; una derrota puede profundizar las dudas. Frente a Pachuca, San Luis no solo se juega puntos, se juega también la posibilidad de reconciliar discurso, resultados y confianza. Porque cuando esas tres cosas caminan juntas, los proyectos suelen encontrar estabilidad. Cuando no, la tormenta aparece más pronto que tarde.

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