enero 20, 2026

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#4 Tiempos

Isabelle Huppert en el vecindario | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

La vi por primera vez en una esquina destartalada alrededor de las nueve de la noche. Estaba del lado opuesto a donde se dirigía a luz de la farola, como si quisiera ser alumbrada, pero sin acabar expuesta o ser presa del encandilamiento. La posición reservada que le toca asumir a quien arrastra algún pesar. Era una mujer madura, de medio siglo, que destacaba en aquel lugar poco propicio para la honra. Su rostro reflejaba la experiencia, el conocimiento de las alegrías y los dolores que flotan en la efervescencia de los días.

Tenía tez blanca y cabello rubio, peinado de estrella de cine y ropa de quien duerme a escondidas en el supermercado. Delataba así la vulnerabilidad de quien perdió el rumbo hace tiempo. Un aura con cicatrices que se adentraban en la alfombra de sus ojos. Con la mirada baja, lanzaba fugaces vistazos hacia arriba, esperando algo que nunca llegaba. Una de esas personas que te hacen pensar que no están en el lugar que merecen. Una Isabelle Huppert del vecindario.

Estaba ahí en el camino que me tocaba a la salida del trabajo, en una zona repleta de puestos de comida que servían carne indigna del sistema digestivo y donde el aroma del aceite lleva a la nariz los vestigios de hace un par de calendarios. Un lugar donde las ratas se paseaban sin vergüenza y donde había vagabundos de cinco estrellas, personas sucias y desorientadas que le hablan al vacío: «Te voy a encontrar, ya verás. Te voy a encontrar».

Durante casi un mes, la vi diariamente en el mismo lugar, a la misma hora. Sin cruzar palabra, me quedaba cautivado durante los segundos que pasaba junto a ella, una presencia ilustre que contrarrestaba la peste y la inmundicia del entorno. No pensé demasiado en su profesión o estilo de vida. En esencia, todos nos vendemos de alguna manera u otra. Lo único que me llamaba la atención era una caja de cartón que siempre estaba a sus pies, a la que de vez en cuando vigilaba de reojo.

Un lunes, el último, el semáforo cambió a verde y con el pasar de los autos no pude cruzar la calle en donde ella hacía guardia. Lo que sí se cruzaron fueron nuestros mirares. Y ahí fue cuando conocí su voz.: «Tenga cuidado, joven», me dijo, «cierre bien su maletín».

Me tomó por sorpresa. No sabía cuáles eran sus intenciones. «Buenas noches», le respondí.

«Sí, joven, y guarde su reloj, aquí los chavos roban mucho, sobre todo en la calle de allá», agregó. «También esconda bien el aparato que lleva en la bolsa», dijo, refiriéndose a mi lector de libros electrónicos.

Un tono de alarma interior vino de súbito. En cuestión de segundos, aquella mujer había detectado que el cierre mi maletín estaba abierto, que llevaba reloj y que la funda de mi lector de libros asomaba por el bolsillo delantero de mi blazer. Además, alguien que me considera joven debe tener algún desequilibrio Tal vez sea una ladrona, alguien coludida con los delincuentes de la colonia a los que señaló mis puntos vulnerables.

Eso es. Con mirada de halcón está comunicando a sus cómplices el inventario de mis pertenencias. Probablemente en la caja de cartón lleve el botín de cada jornada. O el cuerpo desmembrado de una de sus víctimas. Puede ser.

No supe cómo reaccionar. Si apenas un minuto antes estaba encantado de conversar con quien había despertado mi curiosidad durante semanas, de repente me invadieron los peores pensamientos.

«Buenas noches», dije por segunda vez, «gracias».

Aproveché el momento en que el semáforo se puso en rojo para cruzar la calle y seguir hacia mi destino. Durante el trayecto estuve atento hacia todos lados y tomé precauciones añadidas. Nada me sucedió. Mientras iba en el transporte, volví a pensar en aquella mujer. Había exagerado. A fin de cuentas, no me lanzó una amenaza o una grosería. Me dio un consejo, intentó ayudarme con un tono maternal y una genuina preocupación, como nadie más en esa calle atestada había hecho por mí.

Confundí su mirada de angustia con la del nervio que tienen los delincuentes primerizos. Caí en una de las muchas trampas de esta época: la desconfianza en los demás. Estar siempre a la defensiva, poner barreras incluso a quienes traen un obsequio para nosotros. El efecto retardado de las malas experiencias; pasado el tiempo siguen condicionándonos, imponiéndonos reservas y levantando banderas rojas innecesarias.

Se podría argumentar que es mejor pecar de precavido que de confiado. Y sí, tal vez sea cierto, pero si reflexionamos sobre las bondades que perdemos al excedernos en nuestros cuidados, quizás nos embargue cierto vértigo.

No digo que debas lanzarte de cabeza a las fauces del lobo o que te conviertas en un pichón para los maleantes que aseguran tener perrito salchicha en adopción en su vagoneta (de esos me había advertido aquella mujer). Lo que sugiero es que, manteniendo las cautelas esenciales, permitas la convivencia. Charlar aunque sea de lejos. Qué pierde uno.

Durante toda la noche, di vueltas y vueltas a lo brusco que fui con la pobre Isabelle. La culpa me invadió, fui desconsiderado con alguien que había procurado por mí. Las previsiones a veces nos convierten en insensatos. Debería haber dicho más que un simple buenas noches gracias. Debería haberle preguntado cómo estaba, por qué estaba allí, si había considerado ir de vacaciones a Xalapa.

Insensatez que você fez

Coração mais sem cuidado

Fez chorar de dor

O seu amor

Um amor tão delicado…

Su voz volvió a mi memoria, el tono que las personas elegantes tienen sin darse cuenta, una musicalidad que podrían emplear incluso para leer la guía telefónica y seguir cautivando.

Compensaría lo descortés al día siguiente, pensé. Lo bueno era que sabía dónde encontrarla. Era una presencia habitual en mi ruta. La saludaría brevemente y le reiteraría mi agradecimiento con una entonación cálida, amable, diligente. A partir de ahora, adoptaría ese gesto, me dije a mí mismo.

Y habría llevado a cabo mi plan, pero por primera vez desde que frecuentaba esa zona, no la encontré en su lugar a la hora acostumbrada. Quizá se fue con alguien, pensé. No pasa nada, ya volverá; seguramente la veré mañana, creí. Y resultó que no. Tampoco la encontré el miércoles, ni el jueves, ni el viernes. Ni la semana siguiente ni la otra. Había dejado de estar en el lugar de siempre. Desapareció.

Han pasado varios días desde que me comporté como un patán y me pregunto si la volveré a ver. Si no es así, para mí siempre habrá un vacío en esa esquina, como los millones de vacíos que cada uno tiene en sus ciudades.

 

Contacto:

Correo electrónico: [email protected]
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

“Ya cállate, tenías razón” | Apuntes de Jorge Saldaña

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¡Ah culto público! Buen día y compañeros espero de bienestar:

Luego de unos días por aquí y por allá, regreso dichoso de hablarles. ¿Andan en grillas? Se pasan siendo tan temprano de enero.

Empezaré por el señor gobernador Gallardo que bien sabe, es mi bendición y maldición enterarme de todo: una llamada lo hizo decidir. No, no va la Ley gobernadora y qué bueno. ¿Y para qué? Diría Napoleón con José José. 

Lo dije en privado y en público y eso me queda de satisfacción. La señora y senadora Ruth le puede ganar a todos y a todas. Esa ley iba a causarle nada más oposición en todos los niveles por su percepción de “imposicón” (Ese CEEPAC de veras…jajaja)

Qué bueno que lo pensaron bien y ¿pues cómo no? si llamada fue clara: ganas ahorita o te gano después. Punto.

Morena local como sea (Dicen que el gobernador Gallardo hasta un Ron Potosí mandó a Gabino Morales).

Lo que sí hay que pensar es en no confiar mucho los Verdes de los de yate. Esos lo usan y ya. (Los yates).

Para el 2027 se abren de nuevo todas las posibilidades y ¿qué mejor? 

Si alguien no lo pensó pues yo tampoco: el que tenga la estructura gallardista va a ganar, y solo hay una condición: no abrir los cajones.

El color es lo de menos. El triángulo dorado que se llama Soledad, capital (ahí si con Ruth porque no son casualidad las fotos de Galindo y Ricardo ni los 800 millones para la capital) Pozos y Villa de Reyes, no son cualquier cosa.

¿Todo cambia? Sí. Todo. Pero no tanto. El Gallardismo junto a Morena solo tiene un hombre y nombre para la gubernatura (luego se los digo pero empieza con Juan)

Mujeres tienen varias cartas: desde mi tía Leonor, hasta la maestra Lola.

Oposiciones pues Galindo y ya. (Con el que prefiere entenderse que con otros y otras) y si me apuran pues con el que haga contraste, entendimiento y punto.

¿Y la familia? Bien gracias. Don Ricardo feliz de que su nuera sea alcaldesa…y ya.

En estos días y como para cambiar de temas, y para no ser el “ya cállate, tenías razón” pues deje les cuento mejor de crayolas.

Yo no tuve tiempo de colores, pero Holbox y León me enseñaron en tonos de grises y nada más. Por algo se empieza. Los arcoíris luego.

¿La uni? Que weba… es la única rectoría con pensamiento de pobreza en años. (Hasta Mario García, al que Marcelo le abonaba hasta casi en 31 de diciembre, hizo “El Bicentenario)

Hace poco hablé sobre las “Las dos promesas” y son las siguientes: Fabian no quiere 846 millones, le prometieron 84 mitad y mitad para la próxima rectora si es que se deja ganar. (No la menciono porque me da una flojera enorme responder sus solicitudes de réplica).

El rector pues tiene “vicerrectoras”,”vicerrectores”, sabelotodos y sabelotodas a su alrededor. ¿Para qué necesita más? Suerte. Perdiendo 86, con 189 menos y un amparo en contra para que los estudiantes no paguen, ojalá no le haya tocado además poner los tamales.

Seguro tomarán la mejor decisión. Igual que Ricardo mañana. (Hoy)

¿INTERAPAS? Feliz. No hay cosa mejor que le pueda pasar que Soledad se vaya y Pozos también. ¿A quien le van a echar la culpa ahora?

Yo mientras, si usted me lo permite o no, “voyatrair” el pelo suelto.

Hasta la próxima. (Ha que por cierto, que que la próxima puede ser desde la Pila, pero mire que me van a caer de maravilla 30 días de escribirle a lápiz y papel una iniciativa que traigo sobre que los y las jueces también tomen en cuenta la voz del afectado en las órdenes de restricción cuando se compruebe que el caballero jamás buscó a la dama)

Yo soy Jorge Saldaña.

 

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#4 Tiempos

La sabiduría de los antiguos | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Imagínese que llega usted al consultorio de un médico de reconocido prestigio y que éste, en vez de medirle la presión o de auscultarle el pecho, le preguntara: «¿Y cómo andan, estimado señor, sus relaciones con Dios? ¿No estará, por casualidad, enemistado con él?». Usted, sin duda, no sabría qué responder, y hasta es probable que dijera en su interior algo como esto: «¡Doctor entrometido! ¿Quién se cree que es? ¿Por qué debo confesarle cómo andan mis relaciones con Dios? ¿A él que le importa si creo en Dios o no creo? ¡Además, yo no he venido para que me confiese, sino para que me cure de este dolor de cabeza que no se me quita con nada!». 

Pues bien, según Robert Burton (véase, si no, su Anatomía de la melancolía, obra publicada por primera vez en 1621), tales son las primeras preguntas que todo médico digno de este nombre debería formular a sus pacientes. Extraño, ¿no? Pues no, ya que para él, como para muchos otros médicos de la antigüedad, la salud corporal estaba tan ligada a la salud del alma y del espíritu que, sin esta, aquella era simplemente imposible.

«Un francés sacrílego que intentó apoderarse de la imagen de San Juan, labrada en plata, que se encontraba en Birgburge –escribe Burton en su libro-, fue acometido súbitamente de rabia y empezó a arrancar pedazos de su propia carne. Según Girardo de Cambray, un señor de Rhadnos que por haber ido de caza regresó a altas horas de la noche y alojó sus sabuesos en la iglesia de San Avan, al despertar a la madrugada siguiente halló que los perros estaban atacados de hidrofobia y él mismo quedó repentinamente ciego… Tales relatos de poetas y escritores eclesiásticos parecen fabulosos, pero lo cierto es que existe el Dios vengador y son nuestros pecados los que atraen las enfermedades sobre nosotros». 

¿Es ésta una mentalidad que habría que considerar superada? ¿Es cierto que, como dice Burton, son nuestros pecados los que atraen las enfermedades sobre nosotros? En verdad, tales narraciones nos parecen realmente fabulosas, si no es que hasta inverosímiles; tomadas al pie de la letra, no dudo que hagan reír a más de uno, como me han hecho reír a mí. Sin embargo, para que se vea que lo que dice Burton no es, después de todo, tan descabellado, me permitiré contar a mi manera dos historias que me tocó ver de muy cerca. 

Un hombre empezó a sentir repentinos ataques de pánico. El primero de estos ataques hizo su aparición mientras cruzaba una gran avenida llena de autos que se movían en todas direcciones. Iba a mitad de la calle cuando, de pronto, sintió que las piernas ya no le respondían y que estaba a punto de desmayarse. ¡Aire, le faltaba aire: se asfixiaba! «Dios mío –gimió al llegar como pudo a la otra orilla-. ¿Qué me pasa». 

Por supuesto que tan pronto como pudo fue a consultar a un especialista. Éste le recetó una buena dosis de ansiolíticos que, por lo demás, no consiguieron que se sintiera mejor. «¡Estoy por morirme! –gritaba a su mujer-. ¡Estoy malo de los pulmones, quizá hasta tenga cáncer! ¿Por qué, si no, me falta tanto el aire?». 

Cuando me buscó para platicar conmigo, durante nuestra conversación salió a relucir, como de pasada, un dato que yo consideré de suma importancia: mi visitante, aprovechando diariamente las ausencias de su esposa, se internaba en el ciberespacio y mantenía una relación erótica, aunque virtual, con una mujer de la que ni siquiera podía estar seguro que no fuera otro hombre. 

Lo peor –me dijo- es que hasta había proporcionado a esa desconocida –o desconocido, quién lo sabe- una gran cantidad de datos personales, como por ejemplo su teléfono, su domicilio, etcétera. ¡Se sentía morir de pena! ¿Y si por culpa de este desliz que al principio él creyó inofensivo una banda de malhechores hacía algo a su esposa y a sus hijos? ¿Y si?…

-¿Y le platicó todo esto a su psicólogo? –le pregunté.

-Sí, pero no le dio importancia. Dijo que se trataba, en todo caso, de una relación que podía estar yo necesitando, de un escape inofensivo e inocente que no tenía por qué hacerme tanto daño; en fin, que no exagerara…

-Pues yo creo, con todo respeto, que allí justamente está el origen de su mal. ¿Por qué no hace usted un pequeño sacrificio y deja de una vez por todas esa relación culpable? ¿Por qué no suspende por un tiempo sus visitas a Internet?

El hombre siguió mi consejo y al cabo de unas semanas estaba mucho mejor. ¡Ahora sí le hacían bien los ansiolíticos, qué casualidad!

Otro caso. A un hombre que había abandonado a su esposa y a sus dos hijas por irse a vivir con otra mujer le fue diagnosticada una depresión severa. Como al hombre del ejemplo anterior, también a éste le fueron recetadas grandes dosis de antidepresivos con el mismo deprimente resultado. 

-¿Qué me pasa? –preguntaba el hombre.

-A mí, que no soy psicólogo, sino sacerdote, la cosa me parece muy clara: usted ha dejado a su mujer y a sus hijas abandonadas a su suerte, y esto, aunque a usted le cueste reconocerlo, es algo que le afecta enormemente. ¿Por qué no les pide perdón y vuelve con ellas? 

Así lo hizo, y debo decir que sólo hasta entonces los antidepresivos pudieron hacer lo suyo… 

¡Los problemas espirituales  no se curan con pastillas! «Por esta razón –sigue diciendo Burton en su Anatomía de la melancolía- Hipócrates quiere que el médico averigüe cuidadosamente si la enfermedad proviene de una causa sobrenatural y divina o sigue una evolución natural… Paracelso opina que las enfermedades del espíritu deben ser curadas espiritualmente y no por otro medio. En tal caso los tratamientos ordinarios son de poco provecho. 

¡Ah, no debemos desafiar las potencias supremas! Los médicos y los remedios pueden resultar del todo ineficaces y debemos confiarlos al gran poder de Dios, reconocer nuestras faltas e implorar su misericordia». 

¿Eran los médicos de la antigüedad tan ingenuos como a menudo se piensa? Yo termino ya, pues he agotado mi espacio; en todo caso, júzguelo el lector.

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#4 Tiempos

Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Buen inicio de San Luis en el torneo, un triunfo sobresaliente de visita ante América y una derrota a pesar de un buen partido en casa frente a Tigres. Tres puntos que dejan tranquila a la afición por ahora.

Pero vamos por partes.

El torneo arrancó con dos jornadas apresuradas, en la primera San Luis recibió a Tigres y cayó 1-2, un parado de 4-3-3 que sorprendió a lo mostrado en el torneo anterior, jugando con Benjamín Galindo (recién llegado) como uno de los centrales acompañado por el brasileño Bambu, dejando a Eduardo Águila en la banca, con Roman y Sanabria por los costados, en el centro Macías, García, Salles-Lamonge, adelante con la nueva incorporación de Duarte por izquierda, quien evitó el sacrificio a Juanma y que por cierto, tuvo buenos momentos sobre todo en el primer tiempo, por derecha, Galdames que dejó dudas y seguramente no se quedará de titular en ese puesto a lo largo del torneo y en el centro el siempre confiable Joao Pedro.

Con esa alineación el equipo se vio bien en la primera parte, donde debió tomar ventaja pero ni Joao ni Salles-Lamonge pudieron concretar las claras que tuvieron frente al marco. Para la segunda mitad, Tigres cumplió y con dos buenos goles terminó llevándose los puntos, pero dejando un buen partido para los potosinos.

El juego de media semana fue distinto. Línea de 5, regresando Águila a la titularidad así como Pérez Bouquet, con ambos para dejar un 5-4-1 un tanto engañoso que se puede desdoblar a un 3-4-3

en ofensiva, algo que ya habíamos visto el torneo anterior y que desgraciadamente no dio buenos resultados, sobre todo en los últimos minutos. Afortunadamente ante América, el resultado se dio y se ganó de visitante. Buen funcionamiento y una variante mostrada respecto al primer partido, cosa que no era muy común en el torneo anterior, donde casi nunca había posibilidad de maniobra.

En resumen, a pesar de que sigo pensando que San Luis no será contendiente a los primeros ocho lugares que estarán en la liguilla, estos dos partidos dan buena cara de lo que puede presentar el equipo a lo largo del torneo, un juego con plantel limitado pero con variantes según el rival. Al menos Abascal ya puede echar mano de ciertos planteamientos que le den amplitud de juego, cosa que hacía falta el torneo anterior.

Aún quedan dudas como algún delantero por derecha o saber si en algún momento se atreverá a jugar con dos centros delanteros tomando en cuenta la llegada de Flores y Muñoz, o solo serán cambios por Joao. En fin, cosas que solo Abascal nos mostrará con el tiempo, pero hoy, el profe, sigue teniendo mi confianza.

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