noviembre 2, 2026

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El éxito puede ser circunstancial, pero nunca accidental: La historia en la duela y en el aula de Naomi Galeana

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Dicen por ahí que cuando se tiene la preparación necesaria, las cosas llegan aunque uno no las espere, y en este cuento eso se volvió realidad

Por: Carlos Ruíz

Era el día previo al debut de Santas del Potosí en la temporada 2026 de la LNBP Femenil. Amablemente, nos habían invitado al último entrenamiento de la pretemporada del equipo para grabar una edición más de estos especiales del Día Internacional de la Mujer.

Al mismo tiempo que el coach Luis Andrés García grita indicaciones en inglés, nos explican que prácticamente todo el roster es estadounidense, con una jamaiquina y una minoría de mexicanas, con tan solo dos jugadores oriundas de San Luis Potosí, y que vamos a tener la libertad de entrevistar a cualquiera de las basquetbolistas.

Mientras nos ponemos a ver el entrenamiento para decidir con quién queremos platicar, hay alguien que llama la atención. Una joven con cara de niña que debajo de la casaca lleva una distintiva playera roja.

Colocamos el ojo en esta jugadora. Aparentemente juega de base. Muestra una agilidad mayor a la de las demás. No es ni tan alta ni tan corpulenta como sus compañeras, pero lo compensa con otras cosas.

Le preguntamos al equipo sobre ella, y se resuelven las dudas. “Ah, esa es Naomi. Es de las dos potosinas, y es su primera vez que está con nosotros“. La decisión de con quién hablar está más que clara.

Realizadas las gestiones necesarias y terminado el entrenamiento, se dirige hacia nuestra posición estratégica en una esquina de la duela. No ha de llevar muchas entrevistas en su carrera, pero no denota mayor nerviosismo.

Efectuadas las presentaciones protocolarias, ponemos en marcha el equipo de grabación y va la pregunta de cajón: “¿cómo estas?”, a la que responde con un tímido: “muy bien, gracias ¿cómo estás tú?” que arranca la conversación.

Nacida hace 19 años en tierras potosinas, la historia de Naomi Galeana Alonso en la duela comienza relativamente tarde, pues no fue sino hasta la secundaria que comenzó a jugar basquetbol en el equipo del Colegio Manuel L. Lazcano, y en aquel entonces, era difícil imaginarse lo que pasaría en los próximos años.

Lo que comenzó en un mero conjunto escolar dio el salto al siguiente nivel con una simple pregunta de su papá: “¿Le vas a entrar?” Cuando la respuesta fue positiva, la vida de nuestra protagonista cambió para siempre.

Entrenamientos, partidos, preparación. Lo que era solo un juego se fue tornando cada vez más serio, hasta que llegando a la universidad, fue seleccionada como parte de las Águilas que estuvieron compitiendo en la Liga ABE, liderando a su equipo en puntos.

Por lo general, ahí es donde mueren las carreras deportivas. Si de por sí ya no son muchos los que siguen jugando con cierta seriedad en la etapa universitaria, son todavía menos los que logran trascender todavía más allá. El suyo es uno de esos casos extraordinarios y quizás, circunstancial, pero no por accidente.

Cuando Santas del Potosí anunció sus tryouts para la temporada 2026 de la LNBP Femenil, era difícil para Naomi pensar en que ese salto se podía hacer realidad. Iba a ir a las pruebas, sí, pero a consciencia de que era más para calarse en contra de otras jugadoras destacadas que para verdaderamente aspirar a llenar un lugar.

Sin embargo, dicen por ahí que cuando se tiene la preparación necesaria, las cosas llegan aunque uno no las espere, y en este cuento eso se volvió realidad. Tras las pruebas, el staff de coacheo tomó la decisión: Naomi Galeana había sido aceptada para formar parte de la quinteta celestial.

El sueño estaba a punto de hacerse realidad, pero entonces, llegó la hora de decidir. Apenas iniciando sus estudios en gestión de información archivística, nuestra protagonista tenía tres opciones de cara a su futuro profesional.

La primera era la “fácil”. La que la mayoría de los deportistas en México eligen. La que casi siempre se le critica a los futbolistas: dejar de lado totalmente los estudios, y enfocarse de lleno en su carrera de basquetbolista.

La segunda es el sueño de muchas mamás de la televisión: renunciar al sueño de ser deportista profesional y dedicarse exclusivamente a la universidad.

Finalmente, la tercera. La más complicada de todas. Para algunos, la ideal, pero a la vez, la más difícil de realizar: compaginar escuela y deporte, ya en las altas instancias de los dos.

Resuena entonces esa pregunta que hace varios años le hizo su papá: “¿Le vas a entrar?” La respu esta, tal como en aquel entonc es, es un contundente sí, y Naomi se va por el desafío más grande: jugar y estudiar al mismo tiempo.

La misión es complicada. Apenas va empezando la temporada y ya comenzaron los contratiempos, pues resulta que los entrenamientos y la mayoría de las clases coinciden en horas. Nadie dijo que iba a ser fácil.

La situación también es nueva en el Miguel Barragán. No es lo mismo jugar en la prepa o en la universidad que hacerlo ya en el más alto nivel de nuestro país y más cuando, para empezar, los entrenamientos son en inglés por el alto número de extranjeras.

Sin embargo, Naomi lo ve como una oportunidad: “Las demás ya están muy experimentadas, incluso en ligas de Europa. Me encantaría algún día llegar a tener esa experiencia, espero que de aquí pueda tener esas oportunidades de viajar como ellas a otros continentes“.

Toca un tema muy importante: el “¿de aquí a dónde?” El deporte femenil ha tenido un crecimiento enorme en los últimos años, sí, pero de eso a ya poder forjar todo un plan de vida en torno a él, parece que todavía hay un largo trecho.

En la WNBA, que es la liga de mujeres más importante de basquetbol a nivel mundial, es cotidiano escuchar a las jugadoras exigir mejores condiciones laborales. La mayoría no pide ganar lo mismo que sus equivalentes de la NBA, sino lo que “ellas valen”.

La temporada 2026 en Estados Unidos estuvo en serio riesgo de no disputarse debido a la negativa de la Asociación de Jugadoras a firmar un convenio colectivo que no consideraban justo, pero prácticamente sobre la hora, llegaron a un acuerdo.

El tope salarial de los equipos quedará en 12 millones de dólares y los salarios promedio rondarán los 600 mil anuales. Un salto importante, pero una cantidad insulsa comparada con los 154 millones que tiene la NBA de tope salarial, con el promedio individual alrededor de los 10 millones.

Si esa es la situación en Estados Unidos, donde los equipos tienen contratos multimillonarios de publicidad y grandes figuras como Caitlin Clark, A’ja Wilson y Angel Reese… ¿cómo estaremos en México donde la LNBP Femenil solo tiene cuatro años? ¿cuáles son en verdad las posibilidades de que una mujer se dedique al basquetbol a tiempo completo?

Naomi no es tan pesimista como nosotros. “Pues depende mucho, depende mucho de lo que quiera uno como tal en la vida. Oportunidades creo que las hay, y como se me vayan presentando las oportunidades, si se me dan de lleno en el profesionalismo, pues lo tomaré“, señala.

Sin embargo, deja claro que no puede ser su única opción, y asegura: “A mí me encanta el baloncesto, me encanta el deporte, pero también me encanta prepararme pues mentalmente, académicamente, pero como le digo, sí me gustaría equilibrar estos dos”.

Entrando a la recta final de nuestra charla, le preguntamos sobre sus expectativas para esta temporada de Santas. Al principio duda un poco, pero al final, saca la confianza y afirma: “Siento que vamos a poder llegar lejos, el objetivo son los Playoffs, definitivo“.

Nos despedimos de Naomi, y procedemos a recoger nuestros armatostes. Tras agradecer a las personas que hicieron posible la entrevista, volteamos una última vez a la duela antes de retirarnos del auditorio, para vislumbrar una escena que dice mucho de nuestra protagonista.

Mientras casi todas las jugadoras ya se fueron o están descansando, queda una sola dentro de la cancha tomando tiros: Naomi Galeana. No sabemos hasta dónde le va a alcanzar a la potosina en el mundo del basquetbol profesional, pero una cosa es segura: las oportunidades que le lleguen quizás sean circunstanciales, pero nunca, por accidente.

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Columna de Nefrox

San Luis contra Atlas: la bisagra de una temporada | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Existen partidos que valen tres puntos y otros que terminan valiendo mucho más. No porque la Liga MX entregue unidades adicionales cuando la presión aumenta, sino porque existen noches en las que un equipo se juega la posibilidad de seguir creyendo en su temporada. Atlético de San Luis está frente a una de ellas. El encuentro contra Atlas no es simplemente otra fecha del calendario: es el partido bisagra del Apertura 2026, ese momento en el que los dirigidos por Diego Mejía tienen que decidir si quieren ser protagonistas de la recta final o quedarse mirando cómo otros ocupan los lugares que todavía están a su alcance.

La clasificación está ahí, suficientemente cerca para ilusionarse y lo bastante lejos para exigir una respuesta inmediata. San Luis llega con 19 puntos, ubicado en el undécimo puesto, mientras Atlas aparece en la cuarta posición con 24 unidades. Cinco puntos separan a los dos equipos, pero la diferencia más importante está en las consecuencias que puede tener el resultado. Para los rojinegros, ganar significaría consolidar su lugar entre los primeros puestos; para los potosinos, hacerlo representaría acercarse de manera decisiva a la zona de clasificación y mantener viva una temporada que ha tenido demasiados altibajos.

Por eso no conviene disfrazar la importancia de este encuentro. San Luis necesita ganar. No es una exageración periodística ni una manera de elevar artificialmente la expectativa. Es una consecuencia directa de su posición en la tabla y del calendario que tiene por delante. Con apenas tres jornadas restantes después de este compromiso, cada oportunidad comienza a tener un peso diferente. Un empate podría mantener las posibilidades matemáticas, pero dejaría al equipo dependiendo de demasiadas combinaciones. Una derrota sería todavía más complicada: permitiría que Atlas se alejara y obligaría a los de casa a esperar tropiezos ajenos para seguir soñando.

El problema para Mejía es que enfrente tendrá a uno de los equipos más consistentes del campeonato. Atlas ha construido una temporada que lo mantiene entre los cuatro primeros lugares y llega después de una remontada espectacular ante Puebla, al que derrotó 4-3. No es un rival que pueda darse por vencido cuando el partido se complica. Los rojinegros han demostrado capacidad ofensiva y carácter para resolver encuentros, dos características que obligarán al Atlético a jugar con una concentración muy superior a la que ha mostrado en algunos momentos del torneo.

Pero el contexto también ofrece una oportunidad. Los dirigidos por el histórico Hernán Crespo no llegan a San Luis con la tranquilidad de quien ya tiene todo resuelto. La pelea por los primeros puestos sigue abierta y una derrota podría comprometer su posición. Los visitantes también tienen algo que defender y eso puede convertir el encuentro en un partido de mucha tensión, con dos equipos que necesitan encontrar el equilibrio entre atacar y no regalar espacios.

Para el Atlético, la primera obligación será entender que no puede jugar este partido como si tuviera todo el tiempo del mundo. La urgencia no debe convertirse en desesperación, pero tampoco puede servir como excusa para administrar el resultado desde el primer minuto. Si San Luis quiere meterse a la Liguilla, tendrá que asumir la responsabilidad de buscar el encuentro, aprovechar la localía y demostrar que puede imponerse ante un adversario que llega mejor colocado en la clasificación.

La temporada de Diego Mejía ha tenido momentos que invitan a pensar que el equipo puede competir. Ha habido partidos en los que San Luis ha mostrado capacidad para generar ocasiones, recuperar terreno y encontrar soluciones ofensivas. También ha habido tropiezos que han dejado una sensación de oportunidad desperdiciada. Esa irregularidad es precisamente lo que ha colocado al Atlético en una posición incómoda: tiene argumentos para aspirar a más, pero no ha conseguido sostenerlos durante el tiempo suficiente.

El empate ante Toluca y las victorias frente a Querétaro y Atlante han permitido recuperar terreno. El equipo ha conseguido sumar en sus últimos compromisos y parece haber encontrado una pequeña ventana de estabilidad. Sin embargo, ahora viene una prueba de otra dimensión. Ganar el clásico siempre tiene un valor emocional especial, y vencer a Atlante como visitante también suma confianza, pero Atlas representa un desafío directo en la carrera por alcanzar la fase final. Es el tipo de partido que permite medir cuánto ha avanzado realmente un equipo.

Mejía necesita que sus jugadores entiendan esa diferencia. No alcanza con repetir la intensidad de las últimas jornadas; hay que acompañarla con decisiones correctas. El Atlético tendrá que saber cuándo presionar, cuándo mantener la pelota y cuándo acelerar. No puede regalarle a Atlas transiciones que le permitan aprovechar su capacidad ofensiva, ni puede refugiarse demasiado cerca de su propia área esperando que el rival cometa un error. La mejor manera de defender la clasificación es jugar para ganar, pero hacerlo con inteligencia.

La responsabilidad también pasa por los futbolistas que tienen mayor peso dentro del vestidor. En partidos como este, los jugadores experimentados deben asumir el control de los momentos complicados. No se trata únicamente de marcar un gol o de resolver una jugada individual. Se trata de evitar que el equipo pierda la cabeza cuando el marcador no sea favorable, de exigir concentración y de transmitir la confianza necesaria para que el plan de juego no se desmorone ante la primera dificultad.

El Alfonso Lastras tendrá que convertirse en un factor. La afición potosina ha acompañado al equipo durante una campaña que no siempre ha ofrecido motivos para celebrar, pero ahora tiene delante un encuentro que puede darle sentido a buena parte del esfuerzo realizado. La localía no garantiza nada, aunque sí representa una responsabilidad adicional. San Luis no puede permitir que Atlas se sienta cómodo, que encuentre espacios con facilidad o que termine imponiendo el ritmo de un partido que debería jugarse bajo las condiciones del equipo de casa.

También hay que reconocer que el margen de error se ha reducido por decisiones y resultados acumulados a lo largo del torneo. La clasificación no se está escapando únicamente por lo que ocurra este viernes. Se ha complicado por los puntos que el Atlético dejó en el camino, por los partidos en los que no consiguió sostener una ventaja y por las ocasiones en las que no tuvo la contundencia necesaria. Ahora, sin embargo, ya no sirve demasiado mirar hacia atrás. La única manera de corregir esa historia es conseguir que los encuentros restantes tengan una respuesta distinta.

Y aquí aparece una cuestión que va más allá de la tabla: ¿qué quiere ser este Atlético de San Luis? ¿Un equipo que cada temporada se conforma con competir durante algunos tramos y termina dependiendo de los resultados de otros, o una institución que pretende consolidarse como un participante habitual en las fases finales? La respuesta no se encontrará en una conferencia de prensa ni en una promesa para el próximo campeonato. Se construye en noches como esta, cuando el equipo tiene que responder ante un rival de jerarquía y una afición que espera algo más que buenas intenciones.

No sería justo decir que una victoria resolverá todos los problemas del proyecto de Mejía. Tampoco sería correcto afirmar que una derrota terminaría automáticamente con cualquier posibilidad de clasificación. Pero sí sería un error tratar este partido como uno más. La distancia entre San Luis y Atlas, el momento del calendario y la cantidad de jornadas restantes convierten el enfrentamiento en una auténtica bisagra. El resultado puede modificar la manera en que el equipo enfrente el cierre del torneo y, sobre todo, la confianza con la que llegue a esas últimas oportunidades.

Atlas tiene motivos para sentirse favorito por su posición y por la regularidad que ha mostrado. San Luis tiene motivos para creer en su capacidad de competir, especialmente después de recuperar puntos en las últimas semanas. Pero la clasificación no se gana con argumentos, antecedentes ni pronósticos. Se gana con goles, concentración y resultados. Y en este momento el Atlético necesita demostrar que tiene lo necesario para conseguirlos.

San Luis ha llegado hasta aquí con la posibilidad de corregir el camino. Todavía tiene tiempo, pero ya no tiene demasiado margen. Atlas será una prueba exigente, un rival que no regalará nada y que también tiene objetivos importantes. El Atlético deberá jugar con personalidad, asumir el riesgo de buscar el triunfo y entender que la oportunidad está frente a su gente.

Diego Mejía y sus jugadores tienen noventa minutos para demostrar que la clasificación es una aspiración real y no solamente una cuenta matemática. La temporada todavía puede tener un desenlace distinto, pero para conseguirlo hace falta dar un golpe sobre la mesa.

Hoy no se juega únicamente contra Atlas. Se juega contra la irregularidad, contra los puntos que quedaron en el camino y contra la posibilidad de que otra temporada termine dejando más preguntas que respuestas.

Es el partido bisagra. El que puede abrir la puerta de la Liguilla o comenzar a cerrarla.

Y a estas alturas, San Luis ya no puede permitirse quedarse del lado equivocado.

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Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.

Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.

Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.

El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones

quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.

Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.

Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.

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Caicedo y la ley de la ex | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La racha de tres partidos sin perder se terminó, y se terminó pronto. El domingo 18 de octubre, en el Libertad Financiera, el Atlético de San Luis Femenil cayó 1-2 ante FC Juárez en la jornada 11, en un partido que se le complicó desde el inicio y que las potosinas intentaron remontar hasta el último minuto.

Farlyn Caicedo, exjugadora de San Luis, abrió el marcador al minuto 3 con un disparo de media distancia y amplió la ventaja al 29 con un cabezazo. Con el 0-2, el partido pintaba cuesta arriba, pero el equipo no se cayó. Antes del descanso tuvo la oportunidad de meterse al partido: Natalia Macías provocó un penal, y Enyerliannys Higuera, la máxima goleadora de la historia del club, lo cobró y el balón se estrelló en el travesaño.

Para un equipo que acababa de coronar a su reina del gol, ese tipo de fallo duele, pero lo que importa es lo que viene después. En el segundo tiempo San Luis salió más sólido y más ofensivo. Amina Bello lo intentó desde fuera del área, Rebeca Contreras estuvo cerca tras un pase de Michelle Gutiérrez y, al minuto 75, Higuera aprovechó un rebote tras un remate al poste para marcar el 1-2. Es su gol número 14 del torneo, y llegó justo después de fallar el penal. Más tarde, el equipo pensó que había empatado, pero el gol fue anulado por una falta en el área.

San Luis no pudo completar la remontada, pero se fue del campo reconocido: la afición despidió con aplausos a sus jugadoras. No fue una derrota que deje dudas sobre el nivel del equipo, sino una que deja claro dónde está la tarea pendiente, que es no regalar el primer tiempo. Dos goles en los primeros 29 minutos son demasiado para un equipo que luego tuvo 45 de dominio.

Con este resultado, San Luis suma 11 jornadas jugadas, 6 victorias, 1 empate y 4 derrotas, 24 goles a favor, 18 en contra y 19 puntos. Sigue en el tercer lugar del Grupo 2, detrás de América (28 pts) y Guadalajara (24 pts), que ya aseguraron su lugar en la Liguilla, y con tres puntos de ventaja sobre Pumas (16 pts), que ocupa la cuarta posición. Con solo tres jornadas por jugarse, cada punto cuenta.

La siguiente prueba es de las difíciles: el sábado 24 de octubre, en el Libertad Financiera, San Luis recibe al América, líder del grupo con 28 puntos y una diferencia de goles de +35. Del partido ante Juárez, el equipo se lleva una lección y un gol de Higuera que demuestra que siempre responde. Ahora hay que mostrarlo ante el mejor equipo del grupo.

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