noviembre 4, 2026

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#4 Tiempos

Son Ruth y Galindo ¿Apuestan? | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Culto Público, “hijos los juegos malabares… para no amarte en exclusiva”.

¿Recuerdan la dinámica del patio de la primaria cuando se jugaba una “carrerita”? Nadie espera el “ya” y pocas veces se espera el “a la una, a las dos y a las tres”.

Todos arrancan al amago, al ruido, a la sospecha de que alguien más ya movió el pie primero, nadie se quiere quedar atrás, y menos ser el último convirtiéndose en “huevo podrido” -término muy usado en México-.

En eso, exactamente en eso está la política electoral mexicana en este momento: Ya sienten la carrera encima y todos quieren salir antes, madrugar para ver si les amanece más temprano o por lo menos no dormirse para que no se los lleve la corriente. ¿Y la Ley y los tiempos oficiales?… -Ja- no vivan en el pasado.

Lamentablemente lo de hoy en México lindo y querido, Culto Público, es torcer la Ley con un simple parafraseo creativo, la construcción de un sustantivo y una causa por encima de la legalidad.

Morena lo descubrió primero con las “corcholatas” ¿Se acuerdan? ponerle un nombre colectivo simpático —uno que lo diga todo sin decir nada— permite presentar candidatos… sin presentar a tus candidatos (Qué listos, ¿no?).

Así pues, con esas combinaciones gramaticales violatiempos, en esta semana, o un poco antes, supimos que Morena presentará pronto en todo lo larguiancho del país a los “Coordinadores de la Transformación”, ah, pero antes de que les ganen un paso en la carrerita, el PRI salió con sus “Defensores de México” ya con nombres y apellidos.

Para mañana el PAN aprovechará la escenografía porque no quieren ser los últimos en salir y le aseguro que para esta hora del sábado presentará su propia construcción gramatical con nombre inspirador.

Me imagino que saldrán con algo así como “Guardianes del bien común”, “Centinelas en Acción” o cualquier cosa que suene a título de caricatura de héroes contra villanos. (No son muy creativos con los nombres, hay que decirlo, pero el intento siempre se agradece.)

Por parte del Verde no se complicaron tanto y ayer Manuel Velasco soltó los nombres en entrevista “espontánea” (en la que de puritita casualidad ya traía su lista en la mano de los hombres y mujeres que podrían ir a “la encuesta”) -les podríamos decir los verdeencuestables- para las 17 gubernaturas en juego para el 27.

Por supuesto el tema potosino se cuece aparte como se cuece la pasta por separado de la salsa.

Y ahí está el nudo: el Verde en SLP no tiene plan B. Es Ruth o es nada. Manuel Velasco ya lo dijo con su diplomacia aterciopelada: podría ser la abanderada si ella lo decide, y si eso no cuadra con los estatutos de Morena, pues van solos. Traducción: van solos…

A partir de ahí, vamos a los malabares: de esos que canta Emmanuel “para no amarte en exclusiva” (en política la exclusividad es cosa rara, valiosa y cotizada en estos días).

Primero dejemos de lado el ruido de las declaraciones, los “tenemos muchos perfiles hombres y mujeres”, los “mi responsabilidad es la ciudad y no son tiempos de definiciones electorales”, los buscapiés al estilo “podría ser Guadalupe Torres o Ignacio Segura”, dejemos también detrás las filtraciones calculadas para despistar al enemigo, y entonces sí llamemos a las cosas por su nombre:

Por más cortinas de humo que se pongan, el escenario hoy más nítido de la elección potosina del 27 se dibuja so lo:

Serán Ruth González Silva por el Verde contra Enrique Galindo Ceballos. Punto.

Ambos, con circunstancias particulares pero con un elemento en común que aún no se ha decidido: lo mismo puede uno o el otro recibir el apoyo presidencial (abusados que no dije de Morena) por debajo de la mesa.

En pocas palabras, Ruth siendo candidata solo con el Verde (más adelante hablaré sobre la anunciada “gran alianza” que adelantó su esposo, el gobernador del estado) puede tener la bendición presidencial, lo que, junto a su reconocimiento y aprobación estatal, prácticamente le daría la gubernatura.

Por otro lado, ya sea con el PRI, el PAN o el PRIAN, Enrique Galindo es sin duda el único perfil competitivo de esos dos partidos y sí, también podría tener el apoyo presidencial por debajo de la mesa, una decisión que aún no se toma.

Todo depende y depende de algo muy simple:

No es secreto, a pesar de los tecleos e impresiones mal intencionadas, la relación entre Sheinbaum y Gallardo es sólida, se entienden y acuerdan. Ya lo han hecho antes.

Por lo tanto, la presidenta tiene una disyuntiva: si acuerda con el PVEM (con la cúpula y por supuesto con Gallardo) que SLP siga en el mismo rumbo, entonces Morena postulará a un candidato o candidata débil (en realidad no tienen ninguno fuerte) y como escribí líneas arriba, oficialmente no apoyarían a la senadora González Silva en público.. pero tampoco le pondrían obstáculos.

En el otro camino, si en la lectura racional de la presidenta, no se logran balancear los triunfos de su partido en el toma y daca de las 17 gubernaturas y lo más importante: los distritos federales, y toma como una afrenta que el Verde desprecie a Morena en SLP para jugar con la también esposa del mandatario, entonces tampoco pondría a un candidato o candidata fuerte en Morena (-insisto- por que no lo tienen, aunque si figuras de relevancia, pero esa es otra conversación) pero podría apoyar a la oposición, en este caso a Galindo, que no sería la primera vez que recibe el apoyo de

Morena para ganar aunque esté postulado por la oposición. Todo lo demás es ruido.

Al mismo tiempo, la posibilidad que se ha barajado en las mesas más influyentes de la política potosina, de que Enrique Galindo pueda ser el candidato oficial por encima de la mesa y a todas luces de Morena- se aleja de manera directamente proporcional a su cercanía con el PRI, que ya lo nombró Defensor de México, y a su cercanía con el PAN, que lo ha nombrado como “potencial candidato”.

¿Grandes coaliciones? Vamos oyendo dijo el sordo… (¿por qué siempre el ciego?)

Al respecto hay una ironía que me quema los dedos: el PRI es, en la narrativa gallardista de estos cuatro años, la “herencia maldita” en su esplendor. Es el sistema que había que sepultar con la llegada del cambio, en este caso con la llegada de Ricardo Gallardo a la gubernatura.

Por eso, el que el Partido Verde —responsable de la fortaleza de la 4T en San Luis— termine abrazando a la herencia maldita para armar su “gran alianza”, es un absurdo que ni el mejor escritor de telenovelas la hubiera imaginado: Verde con el PRI de Sara Rocha, y dejan fuera a Galindo.

Y es que esa “gran alianza” que anuncia Gallardo resulta, haciendo zoom al análisis, bastante pequeña. ¿Con quién exactamente se aliarían? Con el PRI sería contradictorio: el Verde defiende a la presidenta, el tricolor la combate.

Con el PAN, lo mismo. Con MC hay una distancia ideológica enorme, aunque la cercanía personal de Gallardo con Samuel García podría forzar a los naranjas a sumarse contra toda su lógica política.

El PT es opción que poco pesa. Y con Morena… solo si Ruth no es la candidata o la apoyan en secreto. Punto.

Galindo, mientras tanto, deshoja una margarita con espinas. ¿Va con el PRI y se queda con la estructura estatal alejándose de ser la carta tapada de Morena? ¿O espera al PAN y se arriesga a que la cúpula nacional “venda” o le venda su candidatura a cambio de lingotes de oro? (Que el PAN prefiera ganar perdiendo no es novedad… es casi tradición, y mi amiga Verónica Rodríguez poco puede hacer ante una instrucción, aunque sea producto de la ambición, de Jorge Romero y su master of puppets, Marko Cortés)

Entre todo este caos y escenarios posibles, aparece Gerardo Sánchez Zumaya: el huasteco de supuesto dinero abundante y granjas de bots contratadas a una empresa de la CDMX que generan una percepción de popularidad que no resiste un minuto de análisis real.

(Que paguen tuits, likes y comentarios de robots no es base social, es decorado, y el decorado se cae con el primer viento.)

Más importante: a sus vínculos con el huachicol, su cercanía y enriquecimiento de microondas con el cobijo de Adán Augusto López —el lastre de Sheinbaum— y a la posibilidad, que varias fuentes ya susurran con nombre y apellido, de que Sánchez Zumaya será detenido muy pronto por la justicia federal, lo van a desfondar antes de que cargue a los peregrinos.

Es cierto, aún desde la cárcel su dinero podría impulsar a alguien de su confianza a la alcaldía, como David Azuara del PAN (traicionando a Morena a la que se afilió) que hasta hoy no ha brillado ni ha dejado huella en San Lázaro.

Se habla también de otras figuras, frontales enemigos del gallardismo, con supuesto acceso ilimitado al dinero de su mecenas, sin embargo, para gobernar la capital potosina se necesitan más que en vivos plagados de adjetivos.

Se requiere sentarse en mesas serias, tener la confianza de las oligarquías locales y, sobre todo, no ser un monigote que a la gente seria le da risa. Al respecto hay que recordar que “Cuando un payaso entra a un castillo, el payaso no se convierte en rey. El castillo se convierte en circo”.

A todo lo anterior, debo decirlo, hay un antídoto: Si el gallardismo convence al PRI de abanderar a Sara Rocha, y al PAN de abanderar a Verónica Rodríguez, (el fin justifica los medios), pues entonces, será Ruth la próxima gobernadora. No hay más.

Para despedirme en este viernes pre primaveral, cierro con algunos apuntes sobre la reforma electoral desde mi muy humilde lectura:

El “Plan A” —el que votaron en contra todos menos Morena y algunas honrosas excepciones (eso sí fue una traición a la presidenta, lo digo y lo sostengo)— era una reforma estructural de fondo del sistema electoral mexicano. Sí cambiaba las reglas del juego.

En contraparte, el “Plan B” no tiene nada que ver con el A. Son tan distintos como un molusco y un camello, como un trasplante de corazón y un parche en el codo, o como construir un edificio y cambiar el foco de un pasillo.

Si el Plan A renovaba el estadio completo, el Plan B recorta el precio de los boletos y le baja el sueldo a los árbitros, no más.

Lo verdaderamente irónico —casi poético— es esto: La oposición bloqueó el Plan A celebrando… sin darse cuenta que con eso le dejó a Morena exactamente con lo que tiene hoy: más recursos, más pluris, más exposición y más poder. “Nombre unos genios” dirían los clásicos.

El plan “B” para SLP ni siquiera aplica. No mueve ni una hojita de diente de león.

Que pasen un buen viernes, sábado y domingo.

Hasta la próxima.

Jorge Saldaña.

También lee: La reforma que no quería pasar | Apuntes de Jorge Saldaña

El Cronopio

Juan José Ortega, director cinematográfico matehualense | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En las primeras décadas del siglo XX un buen número de potosinos van a la Ciudad de México a continuar su formación y su desarrollo profesional. La mayoría sobresalen en las actividades que se realizan, como lo muestra la nutrida membresía de la Academia Potosina de Ciencias y Artes formada por potosinos que radican en la Ciudad de México, donde la mayoría ocupan puestos de importancia en la vida cultural mexicana. Entre estos personajes se encuentra el camelense Juan José Ortega García que destacaría en la industria cinematográfica en la época de oro del cine nacional a la que se incorpora en la década de los treinta siendo otro de los potosinos pioneros en el cine mexicano.

Juan José Ortega García nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 27 de octubre de 1904, donde inicia su educación primaria la que tuvo que suspender, para proseguirla de manera autodidacta, para contribuir al sostenimiento de su familia. La familia se traslada a San Luis Potosí y continúa su formación autodidacta, entre ellos el oficio de mecanografía, lo que le conduciría a iniciarse en el periodismo en 1925 colaborando en el periódico Acción de San Luis Potosí, del que sería su subdirector en 1928 y, director en 1932 del periódico potosino Vanguardia. Fundó en el Bajío un par de periódicos: el Diario del Centro en Aguascalientes y El Globo en León, Guanajuato. Colaboró como corresponsal en los periódicos Excélsior y El Universal.

Juan José Ortega García, director cinematográfico matehualense

Al llegar a la Ciudad de México para integrarse a la Comisión de Irrigación en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas inicia su carrera en el cine dirigiendo documentales oficiales, Irrigación en México y Gigantes de Piedra. Al dirigir estos largometrajes comprendió que su carrera sería el cine y se adentra dirigiendo su primera película en 1939, Sendas del Destino, donde actúa, entre otros, Eduardo Arozamena, en una trama que se desarrolla en la presa La Angostura en Sonora, reminiscencia de sus primeros largometrajes, la cual fue financiada de su propio peculio y con aportación de la Comisión Nacional de Irrigación, donde laboraba Ortega García.

Sendas del Destino sería su ópera prima de, al menos 42 películas que dirigió

, realizando también coproducciones internacionales, con Cuba, Venezuela, Colombia y Perú. Entre las películas que dirigió se encuentran: La mujer legítima en 1945, con Isabela Corona; La insaciable de 1947, con María Antonieta Pons, con un guion escrito por el propio Juan José Ortega incursionando así en el guionismo; Cuando el alba llegue, en 1950, con Meche Barba; Lodo y armiño, de 1951, con Armando Calvo; Cuentan de una mujer, en 1958, con Marga López; En carne propia, de 1961, con Joaquín Cordero; Pacto de sangre, en 1966, con Manuel López Ochoa, entre otras.

Entre los melodramas, género preferido de Juan José Ortega, filmados en Cuba se encuentran: la comedia musical filmada en 1953 en La Habana, intitulada Me gustan Todas con Adalberto Martínez Resortes; en 1954 las cintas, Frente al pecado de ayer y Yo no creo en los hombres, protagonizadas por Sarita Montiel; en 1956 dirige No me olvides nunca, con actuaciones de Luis Aguilar, Rosita Fornés y Olga Guillot.

En la década de los sesenta dirige la serie de películas tipo westerns de Leonardo Moncada, serie de cinco películas estelarizadas por Joaquín Cordero, basadas en una serie radiofónica cubana. En esa década Ortega comienza a dedicarse a la distribución de películas creando la distribuidora Compañía Cinematográfica Mexicana y Productora Mexicana de Películas. Es propietario también de Producción Fílmica de México y Películas y Videos Internacionales, todo ello en los ochenta.

Recibió varios reconocimientos a su carrera cinematográfica, como productor, director, guionista y distribuidor actividades que siguió después del periodismo, donde sería también pionero en el periodismo potosino del siglo XX. Juan José Ortega García murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 1996.

Lee también: Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

También lee: Gallardo renueva transporte público urbano

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina

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