#4 Tiempos
Ingrid y los otros demonios | Columna de Óscar Esquivel
Desafinando
Dominar o gobernar son dos cosas con frecuencia nos confunden, dos planteamientos semejantes pero diferentes entre sí. El gobernar es aquello que busca el poder siempre sostenido bajo el principio de llevar a los ciudadanos a la felicidad, y de todo aquel que vive bajo leyes establecidas; al contrario el “dominante” pretende consagrarse en el ámbito de ser el personaje ególatra, todo lo desea, ordena para ser obedecido, so pena de ejercer la fuerza para hacerse reconocido a quien gobierna.
Es imperativo conocer los derechos de un ciudadano, así como saber quienes nos gobiernan, lo hagan con toda rectitud, aquellos que ejercen el mando de las instituciones se apliquen a obedecer las leyes ya no como hombres de poder, sino como simples individuos.
Antonio Cánovas del Castillo, historiador y político español del siglo XIX, resume a los miembros de un gobierno en una frase muy acertada, adaptada a nuestro tiempo.
“Fácil es suponer que los ministros son en tales o cuales circunstancias omnipotentes, pero muy raro que los sean en la realidad. No hay sistema alguno de gobierno en que los hombres no acierten en ponerse dificultades uno a otros, para hacer imposible aquello que no se ajustan a sus intereses personales o a sus propias ideas. Con la mera resistencia pasiva cabe anular la iniciativa del pueblo, aun cuando sea la más vehemente y fecunda”
Pasan las semanas, los dias y este pueblo sufrido continúa sumergido en la incertidumbre.
PUENTES
Relajo, palabra que según el diccionario Larousse tiene el significado de la disminución de la severidad o rigidez en el cumplimiento de ciertas normas, en el argot popular es un desmadre verdadero todo lo que nos está pasando, comenzando a deshilar cada tejido, como hilo de media de señorita; se presentó en la semana la eliminación de los puentes largos, para algunos, la peor decisión según ellos, genera millones y millones de pesos en ganancias gracias al súper dinámico turismo, viajes, comidas, compras, será que con 7 mil pesos al mes que recibe un obrero de la zona industrial lo disfruta, si no le alcanza ni para ir a Gogorrón, o completar para el “six”, para otros, es la reivindicación de los eventos más importantes de la historia que nos han dado identidad, patria, y creo tienen razón, este México requiere conocer su historia, reimplantar el civismo, y como a quienes les encanta el “shopping” o multiplicar sus ganancias es lo único que le importa, se les sugiere aumentar los salarios, los días de descanso de sus dolientes trabajadores, para que tengan la oportunidad de pasear, gastar, incluso en sus mismos establecimientos.
LA FERIA
Con la rifa del avión muchos “ya se vieron”, sentados en el sillón del último gran jefe Peña Nieto, atendidos por hermosa sobrecargos, vinos de gran calidad, viajando a Dubái, Paris, Londres, pues ¡ya no se les hizo! Ahora solo entrarán a una rifa, sin premio el prometido, a cambio, 100 millones de pesos en lugar del “avioncito”, que le costó al pueblo mexicano 2 mil 700 millones de pesos. Boletos para todos y el gran premio para el de la lotería: osea más claro para el gobierno federal.
Con un deuda heredada de más de 10 billones de pesos, una población empobrecida, usted que opina, ¿es mejor vivir con avión de gran señor? O ¿recuperar lo que costó la nave para beneficio de la población?
LOZOYA
Cayó uno de los grandes no de la farándula, un funcionario con estatura de ministro, el exdirector de Pemex: Emilio Lozoya. Los delitos que se le imputan: delincuencia organizada, cohecho, operaciones de procedencia ilícita, defraudación fiscal, ¿quién lo vería con esa carita de caricatura? Además de esto, la adquisición de un astillero en España que le costó una pérdida millonaria a la paraestatal petrolera (50 millones de euros), sobornos millonarios de parte de Odebrecht, recibió el señor de la empresa brasileña, mismos que se presume fueron destinados a la campaña presidencial del mega corrupto de Enrique Peña Nieto. La empresa brasileña recibiría a cambio, la contratación para construir obras en la refinería de Tula, Hidalgo, además de la compra de Agro Nitrogenados y Fertinal, por 11 mil millones de pesos, con el pretexto de reactivar la industria de fertilizantes nacionales y resultó un fraude se realizó para la triangulación a empresas fantasmas que utilizaría para sobornos de parte de la empresa Odebrecht , de esta forma y aun así, se observa la ignominiosa respuesta de muchos actores políticos en negar su participación.
Este caso el resultado de la dominación absoluta de la elite gobernante en turno, acompañado de leyes hechas a modo serviría para la preservación de la especie corrupta, desafortunadamente vio nacer el país que nadie queremos.
INGRID
Víctima solitaria, gritó, imploró por su vida, no solo en y durante su sacrificio en manos de un ser representativo de la peor calaña humana, deshecho de hombre, basura podrida de la sociedad.
Ingrid denunció ante las autoridades, hacía más de siete meses el grado de violencia que vivía de manos de hoy verdugo, nadie le hizo caso, ningún funcionario le prestó la mínima atención, la dejó morir, la desollaron tratando de eliminar su existencia, su cuerpo, su vida, su alma. Nunca nadie espera tener una muerte de esta manera; para rematarla el propio estado en manos de burócratas inútiles, que deberían tratar a las víctimas con respeto y honor, se dieron a la tarea de divulgar en redes sociales las fotografías de la escena del crimen, imágenes propias de un evento diabólico, un rito satánico, ¡pobres de nosotros! en manos de quienes estamos, de unos pervertidos que no gobiernan, dominan, aplastan la dignidad de los ciudadanos. Sería exigible que este tipo de acciones perturbadas, viniendo de un servidor público sean sancionadas con el despido inmediato, y su inhabilitación por años del servicio burocrático.
Ingrid, hoy estás en paz, no era tú tiempo de partir, pero ten la seguridad que en este México quien te desprotegió, vivimos muchos que respeta la dignidad, la valía de las mujeres, su integridad; esas esas imágenes de tú ser desvalido, serán cambiadas por las flores más hermosas jamás vistas, dignas de una guerrera.
La felicidad se encuentra en amigos, en los amores, la familia, afortunado aquel que vive de ellos y para ellos, ¡feliz día!, encontrémonos en el amor, nada cuesta y mucho vale.
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#4 Tiempos
El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villorio Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villorio Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía. Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.
Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM. En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villorio en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.
Luis Villorio nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.
La trayectoria intelectual de Luis Villorio, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.
En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.
Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.
En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.
Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.
Luis Villorio Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villorio murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.
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#4 Tiempos
Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:
–¿Alguien quiere este billete?
Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?
El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:
-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.
Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!
Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.
-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.
Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.
-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.
El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:
-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?
Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…
Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.
Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.
El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.
Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:
-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?
-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.
-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?
El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…
¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.
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El Cronopio
El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
J.R. Martínez/Dr. Flash
En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.
Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.
Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.
En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.
Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela , la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.
En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).
Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.
En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.
Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.
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