octubre 19, 2026

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#4 Tiempos

Candil de la calle | Columna de Juan Jesús Priego

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Yo estaba sinceramente emocionado. ¡Cómo! ¿Aún había hombres así? ¡Qué educación, qué maneras! Cuando una señorita, por ejemplo, pasaba frente a él, el hombre casi se desbarataba a fuerza de las inclinaciones, genuflexiones y contorsiones que le hacía. «Pase, pase usted, señorita» –suplicaba quitándose el sombrero y ejecutando con él extraños movimientos de alabanza-. «¿Quitándose el sombrero? –se preguntará, tal vez, algún lector-. ¡Pero si ya nadie usa sombreros!». Pues bien, sí, este hombre usaba uno para poder hacer con él justamente lo que ya hemos dicho. «De ninguna manera, señorita. Después de usted».

Y cuando un individuo de alguna importancia hacía su aparición en uno de los corredores del piso en el que trabajaba, ¡cómo corría a atenderlo y a llenarlo de empalagos! «Señoría, por acá. Permítame, si no se ofende, mostrarle el camino». Nosotros nos reíamos a sus espaldas oyéndolo decir palabras tan desusadas, pero él parecía no darse cuenta de nuestros bisbiseos, ni hacía el menor caso de nuestras burlas.

Quizá este detalle sirva para explicar cómo era, a fin de cuentas, este sujeto del que hablo. Una vez vino a nuestra oficina un modesto policía para pedir no sé qué merced, o a dejar un oficio dirigido a alguien de nuestro personal; y, claro está, quien literalmente voló para ir a recibirlo fue nuestro amigo. Nos llamó la atención el hecho de que no se dirigiera al recién llegado llamándolo «oficial», o algo por el estilo. ¿Adivina usted cómo lo llamaba? Lo llamaba «teniente».

-Sí, teniente –le decía-. Yo entregaré con mucho gusto este oficio a la persona que usted busca pero que ahora no está.

En otro momento de la conversación lo llamó «general». «Sí, mi general, así es».

Todos nos reímos, menos él; y cuando nos acercamos para preguntarle –el visitante ya se había ido- por qué daba semejantes tratamientos a un simple oficial o mandadero uniformado, nos respondió de esta manera:

-Yo no sé nada de graduaciones policíacas ni de jerarquías militares, y como nada de esto sé, prefiero darle un tratamiento mayor que uno menor: así no me equivoco y, sobre todo, no lo ofendo.

¡Con aquella explicación nos cerró la boca a todos! Y yo hubiera admirado toda mi vida a este dechado de bondad si no me hubiese enterado después de ciertas cosas referentes a su misteriosa persona. ¿Cómo cuáles? Como que ese mismo sombrero que se quitaba en la oficina para homenajear a los extraños le servía después en su casa como arma mortal. ¡Cómo aporreaba con él a su señora esposa! El buen vino de este hombre, tan pronto como llegaba a su hogar, se trocaba en áspero vinagre. Con los hijos de los extraños era tierno y encantador –«¿Quién quiere a este niño lindo, quién lo quiere?»-, pero con los suyos era un verdugo y un tirano. Bueno, de tal manera esto era así, que tan pronto como aparecía en el marco de la puerta de la casa, su familia no sabía si echarse a correr o ponerse a temblar. ¿Me creerá usted si le digo que una noche hasta puso un pedazo de cinta adhesiva en la boca de su mujer para sellársela porque, según él, no lo dejaba ver a gusto el noticiero de la noche? Ahora bien, si con todos era este hombre dulce y abnegado, ¿por qué no lo era igualmente con los suyos? ¡Vaya usted a saber! En todo caso, no seré yo quien se atreva a preguntárselo.

Desde entonces –quiero decir, desde que conocí a este sujeto- he aprendido a desconfiar de la gente demasiado amable. ¡Quién sabe si por serlo conmigo hasta este extremo, otro sea el que tenga que pagar los platos rotos, pues con alguien necesariamente tendrá que desahogarse! Entiéndaseme bien: me gusta que la gente sea servicial y solícita, pero cuando alguna vez veo que se enoja tampoco monto un drama. De lo que desconfío es de ese siempre que me sumerge en un mar de dudas…

Cuando Jesús habló en uno de sus discursos de que los cristianos teníamos que ser «luz del mundo» (Mateo 5, 13-16) dijo que no teníamos derecho a ocultar nuestro resplandor debajo de una olla, pues era necesario iluminar «a todos los de la casa». ¡Sí, también a los de la casa! No dijo que sólo a ellos, pero dijo que también a ellos.

«¡No te olvides de los tuyos!»: he aquí una máxima que no habría que olvidar. Una vez tuve un patrón que era, con los que le solicitaban algún favor, generoso, caritativo y magnánimo; no así con los que trabajaban para él, que no tenían derecho a pedirle nada. Una vez le supliqué casi de rodillas que me adelantara una quincena de mi sueldo, pues tenía que pagar urgentemente una deuda. «Ni lo pienses», me respondió. «¡Pero si con todos es usted muy liberal! –exclamé-. A los extraños incluso les regala cosas; yo no le pido que me regale nada, sino únicamente que»…

-No, y no. ¿Tienes amigos? Pues bien, para estas emergencias son.

Recordé entonces las palabras que Fray Antonio de Guevara (1475-1545) escribió en su Menosprecio de corte y alabanza de aldea, palabras que ahora transcribo aquí para aviso de los que en este mundo dirigen y mandan: «No condeno, sino antes alabo, que los señores partan con todos, socorran a todos y den a todos, pues tienen para todos; mas también es justo que entre estos todos también entren sus criados, porque los príncipes y grandes señores son servidos, mas no son amados por los salarios que dan, sino por las mercedes que hacen; cuando los señores dan a los extraños y no dan a los suyos, téngase por dicho que no sólo murmurarán de él los que le vieren dar, mas aún los acusarán de lo que les vieren hacer; porque no hay en el mundo tan cruel enemigo como es que criado que anda descontento».

¿Quiere usted, señor, que su esposa termine odiándolo? Es muy sencillo: sea amable con todos, menos con ella. ¿Quiere usted, patrón, que sus empleados y obreros no sueñen más que con encontrar otro trabajo? Ah, entonces haga lo que hizo el mío. ¡Verá usted cómo lo consigue!

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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Opinión

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