#4 TiemposColumna de Enrique Domínguez Gutiérrez

Ingrid Escamilla una víctima más… ¿Cuántas más? | Columna de Enrique Domínguez

Cuentas claras

 

Ni la letrina más asquerosa que hayamos visto en nuestra vida merece la deposición de un individuo que asesina a sangre fría y comete un acto repulsivo, doloroso y sin adjetivos al dar cuenta de una realidad en el que una vez más la mujer es víctima por parte de un energúmeno, loco, sádico y desquiciado personaje que no solo privó de la vida a una mujer, sino que abre los ojos a la consciencia y determina una verdadera reflexión acerca de la situación en que vivimos, un serio análisis y una visión introspectiva es necesaria para tomar cartas en el asunto y tener el olfato de señalar a aquellos que aún se dedican a tener actos misóginos y bárbaros vigentes en este siglo.

Abominable resulta que Ingrid Escamilla haya sido asesinada por su esposo de la manera más artera y vil que se tenga memoria en los últimos años, consternación e indignación en muchos ámbitos de la sociedad se manifiestan y piden castigo a Eric Francisco Robledo Rosas, aunque, sea cual fuere la justicia aplicada nada reparará el daño acontecido tanto para la víctima como para los familiares.

El problema es muy serio y merece gran notoriedad pues un crimen así no tiene por qué volver a ocurrir, no se trata solo de Ingrid, hay cientos de mujeres que son asesinadas años tras año por el hecho de ser mujer, es algo que nos debe llevar a plantearnos el papel que tenemos en esta sociedad.

Es de ofrecer una disculpa post mortem a las víctimas por parte de una sociedad que no ha sido capaz de frenar esta situación tan dolorosa que deja a las mujeres viviendo en un mundo de terror e incertidumbre al tener que cuidarse en todo momento de la violencia, atacantes, violadores y en el peor de los casos; carniceros deshumanizados.

Desollar, desmembrar, descuartizar, arrojar las vísceras por el drenaje y odiar de esa manera no es concebible y resulta increíble en un mundo aparentemente civilizado donde el infierno está más cerca de lo que imaginamos o simplemente estamos inmersos en él.

Existe aún el prejuicio y el machismo latente que se mantiene en la sangre como un modo de atentar contra la integridad de una mujer y descargar la ira irracional de psicópatas que no se detienen ante nada, el odio es parte de ellos y establecen como premisa su propio egoísmo para sentirse superiores y enarbolar carencias propias de una mentalidad retrógrada que son desquitadas por decenas de formas en perjuicio de la mujer.

De acuerdo a los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en 2015 se registraron 411 feminicidios, en 2016, 600; en 2017, 736; en 2018, 861 y en 2019, 940, es decir, de 4 años a la fecha el aumento fue del 128 por ciento.

Rabia, encabronamiento e incluso impotencia es un claro ejemplo de justos reclamos para que se tomen acciones inmediatas dejando a un lado la tibieza de las autoridades, como consecuencia, la digna manifestación de mujeres tiene que ser mediatizada.

Es urgente enfocar los reflectores y emprender de inmediato leyes que promuevan la denuncia rápida sin burocratismos ni trabas para la atención efectiva a mujeres que sufren de cualquier tipo de maltrato.

Denunciar y señalar al agresor no es una tarea fácil, sobretodo, si se trata de efectuar dicho trámite en alguna agencia del ministerio público o en una alcaldía, es necesario que se presenten pruebas físicas de maltrato, en la mayoría de los casos no existe la atención psicológica a la mano y las penurias de una mujer al hacer señalamientos no es precisamente algo que se caracterice por ser algo sencillo pues la vulnerabilidad, el agobio psicológico y el abatimiento generan la indefensión al aportar datos y sacar a la luz una serie de vejaciones que en ocasiones resultan indignas para la denunciante, ya sea por pena o por temor a actos pendencieros del agresor.

No dejemos que un acto deshumanizado nos haga acostumbrarnos a este tipo de violencia, el juicio ligero a las mujeres que protestan es una consecuencia de insensibilidad.

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