enero 12, 2026

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#4 Tiempos

Identidades de hombres homosexuales | Columna de Paúl Ibarra

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hombres homosexuales

Desde mi clóset

 

La orientación sexual define en una persona sus relaciones erótico-afectivas, es decir, de quien se enamora y con quien tiene prácticas sexuales. En la construcción de la identidad sexual, la orientación sexual juega un papel preponderante, ya que permite al individuo establecer relaciones interpersonales con otras humanas y humanos. La orientación sexual, dentro del sistema sexo/género tiene una relación directa con el sexo de asignación. En apartados posteriores se hará referencia al proceso fisiológico de la respuesta sexual humana, mientras se afirma, con base en las investigaciones realizadas por la APA (2018), que existe una relación psicológica directa entre la genitalidad humana y la activación de un estímulo sexual efectivo.

La relación genitalidad-sexualidad tiene una base eminentemente heterosexual. Las personas erotizan con los sentidos, a través de estímulos externos e internos. Walen y Roth (1987) afirman que existen evaluaciones cognoscitivas que, a la par del proceso fisiológico que llevan a una persona tener un orgasmo. El razonamiento humano, al ser en principio heterosexualizado, considera como ‘normal’ el hecho de que una hembra y un macho humanos copulen. Al mismo tiempo, existe una línea cognitiva que delimita los estímulos permitidos o no para hombres y mujeres. Al seguir la teoría psicoanalítica, existe una afrenta constante entre el ello y el superyó a la hora de que una persona se erotiza. La carga de género le lleva a pensar en la viabilidad o no de la excitación con base en la estructura genital externa de la pareja.

Dicho lo anterior, la homosexualidad como orientación sexual, se ejerce a partir de procesos de despojo de la carga simbólica que el régimen heterosexual proporciona desde la fecundación. Para el patriarcado, el cigoto es sabedor de la necesidad imperante de la reproducción de la especie, lo que le permite asumir, desde este momento una carga binaria de sexo. En este sentido, en la práctica, el ejercicio de la sexualidad responde a las eventualidades del contexto, la situación histórica y la carga simbólica otorgada al cuerpo sexuado.

Un hombre que se relaciona en forma erótica y afectiva con otros hombres, que además busque construir una identidad distinta a la propuesta por el sistema sexual dominante, se enfrenta en primera instancia a un choque cultural. Iniciada la pubertad, se desarrolla la capacidad erótica motivada por la revolución fisiológica que se gesta en el cuerpo humano.

El púber comienza a responder a estímulos sexuales, cotidianamente con base en las tendencias mediáticas de la época. Alfred Kinsey (1979) a través de su obra documentó la predisposición a la bisexualidad por parte de los humanos. De manera recurrente los primeros juegos eróticos entre púberes machos/hombres promueven la comparación anatómica. La masturbación colectiva convertida en una competencia para declarar al eyaculador más veloz. Las auscultaciones en la entrepierna durante el juego de roles médico/paciente. Incluso, el intercambio de caricias, besos y abrazos entre pares, permiten a los machos/hombres púberes conocer los mecanismos de la respuesta sexual.

Las dinámicas colectivas surgen de manera posterior al autoreconocimiento corporal. Las primeras eyaculaciones madrugueras, las erecciones involuntarias, facilitar la apropiación corporal. A diferencia de las mujeres adolescentes, los procesos de sexualización de los púberes subyacen en los procesos de construcción de una masculinidad funcional para el sistema. Para el caso de aquellos elementos que encuentran más atractivo el erotismo con sus pares, una carga moral cuestiona en un primer momento la conducta no esperada.

El púber que ha cuestionado la atracción erótica hacia sus pares, indaga de manera automática sobre la existencia de alguna anomalía en su ser, lo que en un segundo momento lleva a la represión/sanción propia del proceso fisiológico. Luego, con base en los referentes del momento histórico, toma una decisión, redirigir su camino al mandato sexual normativo, o continuar por un sendero sinuoso que permita la resignificación y apropiación de una identidad sexual no hegemónica.

Vale la pena señalar que este proceso está directamente relacionado con el momento histórico y el contexto geo-social en el que se desarrolla el púber. No es lo mismo descubrir una atracción homosexual en la delegación Cuauhtémoc de la Ciudad en México de la época actual, que haberlo hecho en la Sierra Gorda queretana en los años cincuenta. Existen diferencias significativas, que ponen en situaciones poco paralelas a quienes desafían el status quo.

Dicho lo anterior, un hombre homosexual, al significarse como tal, renuncia en primera instancia al privilegio de la heterosexualidad. La arraigada creencia que posiciona a la reproductividad en el nivel de un dogma divino, condena al sujeto adscrito a esta categoría a la posibilidad de engendrar. Esta es la primera traición del sujeto homosexual al orden patriarcal. Luego, por antonomasia, el sistema patriarcal equipara a la homosexualidad con un rol social de sexo más cercano a lo femenino, por tanto, considera la adscripción del sujeto con prácticas homoerótico-afectivas como una renuncia a la masculinidad. Es por ello que, en los ochenta, la naciente cultura gay norteamericana privilegió la vuelta a lo masculino, ya que, las dos décadas anteriores todo fue locura, sexo, rock and roll y feminidad.

Un hombre homosexual es vapuleado por el sistema en la medida en que renuncia a sus privilegios. Cada vez que éste transita al lado oscuro (lo femenino), la policía del género sale a señalar las transgresiones de éste. Incluso en la actualidad dentro del argot popular de este sector de la población, es común que se menosprecie al afeminado, sexualmente receptivo, maquillado, etcétera.

Por tanto, el sujeto homosexual si bien renuncia a dos privilegios identitarios, continúa teniendo dos, los más poderosos, el sexo y el género. A menos que se trate de un hombre transgénero. Ser hombre, dentro del régimen, involucra ser propietario, ser amo, ser dominante. Eso lo tiene muy claro la heterosexualidad. Es necesario partir de esta premisa para entender los mecanismos de dominación necesarios en la configuración de una identidad sexual homosexual como se conoce en la actualidad. Las lesbianas son un punto y aparte, introducirlas en este mecanismo no ha resultado, por la simple razón de que pertenecen a la otra cara de la moneda, son las esclavas, las dominadas, las subalternas.

En el apartado anterior se ha reflexionado respecto a los postulados de Wittig y Rubín, quienes explican de manera clara cómo es que la heterosexualidad obligatoria ha dispuesto lo necesario para preservar los mecanismos de dominación.

 

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#4 Tiempos

Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Por: Juan Jesús Priego

¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.

«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.

¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted? 

Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!». 

Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.

Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué? 

Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo! 

Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».

¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya. 

Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».

¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!

Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia. 

Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca». 

¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará. 

«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido! 

Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores. 

Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.

De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…

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#4 Tiempos

Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular. 

Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada. 

Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)

Jornada 2.- América / derrota (0 puntos) 

Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto) 

Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos) 

Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos) 

Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos) 

Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos) 

Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos) 

Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos) 

Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos) 

Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos) 

Jornada 12.- León / victoria (17 puntos) 

Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos) 

Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos) 

Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos) 

Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos) 

Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos) 

Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular

, una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla. 

Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar

Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.

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#4 Tiempos

SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.

Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.

Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.

En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.

Aquí no.

En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.

Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.

En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.

Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.

Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?

Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.

Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC)

.

Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.

Han sido omisos profesionales.

Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.

¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?

Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.

Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.

Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.

Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.

Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.

Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.

Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.

Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.

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