#4 Tiempos
Identidades de hombres homosexuales | Columna de Paúl Ibarra
Desde mi clóset
La orientación sexual define en una persona sus relaciones erótico-afectivas, es decir, de quien se enamora y con quien tiene prácticas sexuales. En la construcción de la identidad sexual, la orientación sexual juega un papel preponderante, ya que permite al individuo establecer relaciones interpersonales con otras humanas y humanos. La orientación sexual, dentro del sistema sexo/género tiene una relación directa con el sexo de asignación. En apartados posteriores se hará referencia al proceso fisiológico de la respuesta sexual humana, mientras se afirma, con base en las investigaciones realizadas por la APA (2018), que existe una relación psicológica directa entre la genitalidad humana y la activación de un estímulo sexual efectivo.
La relación genitalidad-sexualidad tiene una base eminentemente heterosexual. Las personas erotizan con los sentidos, a través de estímulos externos e internos. Walen y Roth (1987) afirman que existen evaluaciones cognoscitivas que, a la par del proceso fisiológico que llevan a una persona tener un orgasmo. El razonamiento humano, al ser en principio heterosexualizado, considera como ‘normal’ el hecho de que una hembra y un macho humanos copulen. Al mismo tiempo, existe una línea cognitiva que delimita los estímulos permitidos o no para hombres y mujeres. Al seguir la teoría psicoanalítica, existe una afrenta constante entre el ello y el superyó a la hora de que una persona se erotiza. La carga de género le lleva a pensar en la viabilidad o no de la excitación con base en la estructura genital externa de la pareja.
Dicho lo anterior, la homosexualidad como orientación sexual, se ejerce a partir de procesos de despojo de la carga simbólica que el régimen heterosexual proporciona desde la fecundación. Para el patriarcado, el cigoto es sabedor de la necesidad imperante de la reproducción de la especie, lo que le permite asumir, desde este momento una carga binaria de sexo. En este sentido, en la práctica, el ejercicio de la sexualidad responde a las eventualidades del contexto, la situación histórica y la carga simbólica otorgada al cuerpo sexuado.
Un hombre que se relaciona en forma erótica y afectiva con otros hombres, que además busque construir una identidad distinta a la propuesta por el sistema sexual dominante, se enfrenta en primera instancia a un choque cultural. Iniciada la pubertad, se desarrolla la capacidad erótica motivada por la revolución fisiológica que se gesta en el cuerpo humano.
El púber comienza a responder a estímulos sexuales, cotidianamente con base en las tendencias mediáticas de la época. Alfred Kinsey (1979) a través de su obra documentó la predisposición a la bisexualidad por parte de los humanos. De manera recurrente los primeros juegos eróticos entre púberes machos/hombres promueven la comparación anatómica. La masturbación colectiva convertida en una competencia para declarar al eyaculador más veloz. Las auscultaciones en la entrepierna durante el juego de roles médico/paciente. Incluso, el intercambio de caricias, besos y abrazos entre pares, permiten a los machos/hombres púberes conocer los mecanismos de la respuesta sexual.
Las dinámicas colectivas surgen de manera posterior al autoreconocimiento corporal. Las primeras eyaculaciones madrugueras, las erecciones involuntarias, facilitar la apropiación corporal. A diferencia de las mujeres adolescentes, los procesos de sexualización de los púberes subyacen en los procesos de construcción de una masculinidad funcional para el sistema. Para el caso de aquellos elementos que encuentran más atractivo el erotismo con sus pares, una carga moral cuestiona en un primer momento la conducta no esperada.
El púber que ha cuestionado la atracción erótica hacia sus pares, indaga de manera automática sobre la existencia de alguna anomalía en su ser, lo que en un segundo momento lleva a la represión/sanción propia del proceso fisiológico. Luego, con base en los referentes del momento histórico, toma una decisión, redirigir su camino al mandato sexual normativo, o continuar por un sendero sinuoso que permita la resignificación y apropiación de una identidad sexual no hegemónica.
Vale la pena señalar que este proceso está directamente relacionado con el momento histórico y el contexto geo-social en el que se desarrolla el púber. No es lo mismo descubrir una atracción homosexual en la delegación Cuauhtémoc de la Ciudad en México de la época actual, que haberlo hecho en la Sierra Gorda queretana en los años cincuenta. Existen diferencias significativas, que ponen en situaciones poco paralelas a quienes desafían el status quo.
Dicho lo anterior, un hombre homosexual, al significarse como tal, renuncia en primera instancia al privilegio de la heterosexualidad. La arraigada creencia que posiciona a la reproductividad en el nivel de un dogma divino, condena al sujeto adscrito a esta categoría a la posibilidad de engendrar. Esta es la primera traición del sujeto homosexual al orden patriarcal. Luego, por antonomasia, el sistema patriarcal equipara a la homosexualidad con un rol social de sexo más cercano a lo femenino, por tanto, considera la adscripción del sujeto con prácticas homoerótico-afectivas como una renuncia a la masculinidad. Es por ello que, en los ochenta, la naciente cultura gay norteamericana privilegió la vuelta a lo masculino, ya que, las dos décadas anteriores todo fue locura, sexo, rock and roll y feminidad.
Un hombre homosexual es vapuleado por el sistema en la medida en que renuncia a sus privilegios. Cada vez que éste transita al lado oscuro (lo femenino), la policía del género sale a señalar las transgresiones de éste. Incluso en la actualidad dentro del argot popular de este sector de la población, es común que se menosprecie al afeminado, sexualmente receptivo, maquillado, etcétera.
Por tanto, el sujeto homosexual si bien renuncia a dos privilegios identitarios, continúa teniendo dos, los más poderosos, el sexo y el género. A menos que se trate de un hombre transgénero. Ser hombre, dentro del régimen, involucra ser propietario, ser amo, ser dominante. Eso lo tiene muy claro la heterosexualidad. Es necesario partir de esta premisa para entender los mecanismos de dominación necesarios en la configuración de una identidad sexual homosexual como se conoce en la actualidad. Las lesbianas son un punto y aparte, introducirlas en este mecanismo no ha resultado, por la simple razón de que pertenecen a la otra cara de la moneda, son las esclavas, las dominadas, las subalternas.
En el apartado anterior se ha reflexionado respecto a los postulados de Wittig y Rubín, quienes explican de manera clara cómo es que la heterosexualidad obligatoria ha dispuesto lo necesario para preservar los mecanismos de dominación.
También lee: El cuerpo heterosexualizado | Columna de Paúl Ibarra
El Cronopio
El formador de humanistas, Villaseñor Tejeda | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Hace setenta y un años iniciaban las actividades académicas de la extinta Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) desaparecida ignominiosamente por motivos políticos en 1962. La UASLP caía en un largo periodo de oscurantismo del que costó salir, en la década de los ochenta, con el esfuerzo de la planta académica que comenzó su formación en la propia UASLP y que redondeara esa formación en universidades e instituciones de vanguardia a nivel mundial.
Sesenta años después se restablecían en la UASLP estudios humanísticos y sociales. Los primeros tiempos de aquella Facultad de Humanidades fueron brillantes y una pléyade de profesores figuraron en el claustro académico de la UASLP, muchos de los cuales han caído en el olvido y que hemos estado recordando en esta columna, tanto a profesores como profesoras que aparecen en el libro Damas de Potosí, perfiles publicados en La Orquesta.
En cuanto a la licenciatura de filosofía, activa en la actualidad en la UASLP, que cumple once años de ser reactivada, pues esta carrera era una de las carreras que existían en aquella Facultad de Humanidades, requiere conocer sus antecedentes y principalmente los profesores que le dieron vida en la década de los cincuenta y principios de los sesenta.
Uno de esos profesores fue José Villaseñor Tejeda, que impartió cátedra en la Facultad de Humanidades potosina de enero de 1958 a agosto de 1962, año y mes en que fue cerrada. A decir de Josefina de Ávila Cervantes, estudiante y profesora de la mencionada Facultad y de quien hemos tratado en esta columna, “el profesor Villaseñor fue el eje silencioso del cual partían y al cual volvían maestros y alumnos”.
En ese lustro de trabajo en la UASLP por formar maestros en filosofía y en letras escribiría su Introducción a la Filosofía, su estudio sobre la Crítica de la Razón Pura y sus ensayos sobre Sócrates, Freud, Proust, Dostoievski, el humanismo y otros temas que fueron publicados en la Revista de la Facultad de Hum anidades, en Letras Potosinas y en Vitral, revista del Instituto de Cultura Superior, así como escritos inéditos consistentes en investigaciones filosóficas, ensayos sobre arte: pintura, cine, literatura.
José Villaseñor Tejeda murió joven, a los cuarenta años, el 23 de diciembre de 1968 en la Ciudad de México a donde fue a laborar al Instituto de Cultura Superior después del cierre de la Facultad de Humanidades. En ese Instituto reestructuró el curso filosofía de la religión que había iniciado en la UASLP.
Villaseñor comenzó sus estudios de filosofía en el Seminario Conciliar de México y para 1947 pasó a la Universidad Nacional Autónoma de México donde terminó sus estudios de maestría en filosofía. Al terminar, ingresó como profesor a la Universidad de Guanajuato donde laboró por un poco tiempo al renunciar en protesta por el despido de un grupo de compañeros de trabajo tratados injustamente por las autoridades escolares.
Su compañera de aventura académica en la UASLP, la mencionada Josefina de Ávila lo retrata en un comentario de recuerdo: “La contrapartida de su historia -la que ofrece tan poco a aquellos que esperan todo de los hechos-, fue (usando términos suyos), su intrahistoria. Para quienes no traducen su propia existencia como un activismo urgente y aceptan, por el contrario, que la aventura del espíritu no puede ser corrida con la esperanza de una respuesta concreta y tranquilizadora sino con la pura actitud contemplativa, encontrarán en su obra una invitación a detenerse ante el misterio develable que envuelve y penetra esto que llamamos el Universo”.
El recuerdo de quienes contribuyeron al desarrollo de nuestras instituciones y, participaron en la formación de la juventud potosina y profesionales que contribuyen al desarrollo social es imprescindible en una institución que se jacta de ser representativa de la educación superior en el país; pero más importante es darles vida manteniendo su obra en difusión.
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Acento Ajeno
Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez
ACENTO AJENO
Por: Haniel Valdés Velázquez
¿Te has fijado que en las escuelas hay muchas maestras y maestros veinteañeros o apenas llegados a sus treintas? Hay mucha gente joven llevando en sus hombros el futuro de este país.
Muchos recién egresados de las universidades están eligiendo el magisterio como forma de vida, muchos viven hoy de formar nuevas generaciones, de enseñar lo que pocos años antes aprendieron. Y creo que no lo ven solo como un trabajo, lo ven ya, quizás inconscientemente, como su misión de vida.
Las redes sociales se han llenado de nuevos maestros que comparten sus experiencias, sus historias frente a un aula, y están construyendo una forma distinta de educar, una de cercanía, de compañerismo, de ser uno más de sus alumnos, porque sí, educan, enseñan, pero también aprenden y crecen en el proceso.
Las escuelas son hoy, más que nunca, una bonita convergencia de generaciones, maestros experimentados, con años frente al pizarrón, alumnos muy jóvenes y que apenas comienzan ese largo camino que es el crecer, y noveles maestros, más cerca en edad de sus alumnos que de sus compañeros de profesión, que inician su vida laboral en la más noble de las tareas, educar.
A veces sin apoyo institucional, con un Mario Delgado como secretario de Educación Pública al que le falta la educación y el sentido común, con directivos a distintos niveles, que se preocupan más por las ganancias o los días libres que por el objetivo principal de los centros educativos, los maestros siguen firmes en su convicción de que sin su trabajo no existirían los demás, no habría mañana.
Educar, en pleno siglo veintiuno, en este mundo en el que vivimos, no solo es un acto de valentía, es un acto de fe, de esperanza, de profundo amor. ¿Cómo no creer en ustedes, que hoy entregan tanto?
No felicito a los maestros hoy, eso ya lo han hecho todos, mejor les pido disculpas, por las veces que fui del grupito de atrás que había que separar, por las tareas sin hacer, hasta por los padres incomprensivos que no supieron ver que su hijos no eran los angelitos que ellos pensaban.
Mejor les agradezco, sé que su labor no la hacen esperando la felicitación del único día del año que parece nos acordáramos de ustedes, les agradezco por seguir, por levantarse en las mañanas y salir dispuestos a cambiar vidas, a formar personas de bien, por no pensar en las carencias y solo ver oportunidades de crecimiento en cada alma que llega a sus clases.
A ustedes maestros, gracias, que no se les acaben nunca la experiencia, la creatividad, el amor y sobre todo, que no se les acabe nunca las ganas de construir futuro.
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El Cronopio
Filosofa Paula Gómez Alonzo y el papel de las mujeres en la cultura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Con el propósito de preparar a las mujeres universitarias para que sirvan con mayor eficacia a los intereses de la colectividad, cooperando en esta forma al engrandecimiento de la Patria, se formó en la década de los cuarenta del siglo pasado la filial en San Luis Potosí de la organización Universitarias Mexicanas, situación ya tratada en esta columna.
Universitarias mexicanas en San Luis Potosí, reunía a las mujeres que estudiaban e impartían cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. La filial potosina tenía dos labores de fondo, una de aspecto cultural y, la otra de orden social; en el aspecto cultural se incluían charlas y conferencias sobre diferentes problemas de orden intelectual; la otra, de orden social que abordaba problemas como el de la miseria, la desnutrición infantil, entre otros. La desocupación, la prostitución y otros muchos, de los cuales hacen un minucioso estudio para luego presentarlos a las autoridades competentes y cooperar con ellos a su resolución.
Este movimiento nacional englobaba a un buen número de mujeres que se desempeñaban en el ámbito universitario y que contribuían al desarrollo del país en diversas áreas de estudio. Una de estas mujeres que colaboró con el grupo potosino y que visitó San Luis Potosí a dictar conferencias públicas fue la Doctora en Filosofía Paula Gómez Alonzo.
En 1953 dejaba la presidencia de la filial potosina de Universitarias Mexicanas, Rosario Oyarzun, ya tratada en esta columna, y se organizaron una serie de conferencias públicas, como era costumbre y como dictaban los objetivos de la agrupación femenina. Esa serie de conferencias estuvo marcada por los temas de filosofía, dándose cita en San Luis Potosí las escasas mujeres que realizaban filosofía en México y que se habían formado en la década de los veinte y treinta, como filósofas.
Paula Gómez Alonzo se considera la primera mujer en participar en la filosofía académica en México. Como es el caso de otras mujeres, realizó al menos un par de carreras para su formación, la del magisterio, como era común para ellas, y la carrera de filosofía, que cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta condición de caminar entre brechas en la formación y en el interés de estudio de las mujeres, hasta llegar a su objetivo de formación, lo subraya la propia Paula Gómez: “a las mujeres se les excluye de la educación, pero se les reprocha que no sean cultas”.
Paula Gómez nació en Etzatlán, Jalisco el 1 de noviembre de 1896. En 1932 recibió el grado de maestra en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
defendiendo la tesis: la cultura femenina; en 1951 recibe el grado de Doctora en Filosofía en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis: filosofía de la historia y ética.Paula Gómez es una de las fundadoras del estudio de la filosofía en México, aunque poco o nada se le menciona en este sentido. En 1943, creó el curso de Historia de la Filosofía en México que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que fue profesora de tiempo completo desde 1933 y en la que laboró por treinta y tres años; pero desde 1925 dictaba cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria.
Impartió clase en todos los niveles educativos, además de su participación en actividades públicas de educación informal, como fue su participación en 1953 en San Luis Potosí y en actividades de dirección, al encargarse de 1930 a 1940 de la subdirección de la Escuela Secundaria número 8 y directora de la Escuela Normal Superior de 1947 a 1948.
Paula Gómez se convertiría en la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa, por su valiosa contribución al desarrollo de la educación y la filosofía en México. En 1962 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se lo otorgó. Cuestión que es digna de mencionar, pues Paula Gómez, como otras de sus compañeras que hicieron filosofía en esa época, no suele mencionarse en la historia de la filosofía mexicana. Ya lo establecía Paula Gómez: “la diferencia entre los sexos es injusta, pues mientras la psicología del hombre parece separarse del especto físico, en la mujer se reduce a este”.
Paula Gómez Alonzo, que sentó las bases para la reflexión del papel de las mujeres en la cultura, murió en Coyoacán, en la Ciudad de México el 3 de noviembre de 1972.
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