julio 24, 2026

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#Entrevista | Ya no me quedan luchas de apuesta: Atlantis

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Atlantis

El legendario luchador, con 36 años de carrera y 57 de edad, dice que piensa en el retiro, pero aún no sabe cuándo

Por: Roberto Rocha

“Ya para mi, apostar mi máscara es más difícil”, dijo en entrevista para La Orquesta el legendario luchador Atlantis, famoso por haber destapado a algunos de los más prestigiosos gladiadores desde su debut, hace 36 años: Villano III, Mano Negra, Kung Fu, La Sombra, El Talismán, Último Guerrero, Hombre Bala.

Para Atlantis, apodado El Ídolo de los Niños o El Rey de los Mares, su papel como luchador rudo durante el último gran periodo de popularidad de la lucha libre, que duró aproximadamente entre 2006 y 2010, respondió a la necesidad de permitir descansar su imagen de técnico y no a que él se sintiera cómodo luchando en la esquina de la maldad.

Haber sido un luchador estelar en las cuatro décadas que han visto pasar la carrera de Atlantis, lo convierten en un referente para hablar de constancia sobre el cuadrilátero. Sin embargo, para él la lucha libre no ha cambiado en los 36 años que tiene de carrera.

La Orquesta (LO): ¿Cómo considera usted que ha cambiado la lucha libre y la afición a la lucha libre en ese tiempo?

Atlantis (A): La lucha libre no ha cambiado, la lucha libre es como la escuela, como las tablas del 1 al 10. Siempre serán la mismas bases, como las matemáticas, español. En la lucha libre la base es olímpica, la lucha a ras de lona, la lucha clásica. Ya hay muchas cosas aéreas, pero Atlantis en sus inicios hacía muchas cosas aéreas, entonces para mi no es novedad. Es una parte que a la gente le gusta, al aficionado, pero también le gusta la lucha a ras de lona, porque se ha perdido un poco la magia de la lucha clásica, a ras de lona. Así es la lucha libre, con sus cosas, la gente, las edecanes, las luces, la música, pero la lucha libre nunca ha cambiado, yo tengo 36 años y es la misma lucha.

LO: ¿Pero la afición a la lucha cómo se ha modificado?

La afición se ha modificado por lo cibernético. Ahorita te estoy dando una entrevista, y en 10 segundos me ven en internet. Ahora es más fácil promover tu nombre porque antes en cada estado, en cada ciudad, en cada presentación, yo promovía mi nombre. No había mucha difusión, las revistas de lucha llegaban a las tres semanas y ahora no, ahorita una cosa se hace viral o una cosa importante en la lucha libre se sabe en cinco o diez segundos, toda la gente lo ve.

***

En abril de 1984, apenas unos meses después del debut como luchador de Atlantis, la Secretaría de Gobernación, encabezada por Manuel Bartlett, prohibió la transmisión en televisión de las funciones de lucha libre, según consta en una nota de la época, en la revista Proceso. La prohibición ocasionó que no existan, al menos en internet, registros en video de dos de sus primeros triunfos en luchas de apuesta, contra El Talismán y El Hombre Bala. 

LO: En sus inicios no había lucha libre en televisión, algo impensable en estos tiempos, sin video, ¿cómo alcanzó a ser una figura de la lucha libre? 

A: A mi tocó el momento dorado de la lucha libre, los mejores luchadores del mundo. Estuvo El Solitario, Ángel Blanco, Dr. Wagner, Alfonso Dantés, la crema y nata de la lucha libre. A mi me tocó una lucha muy muy importante. Era bastante difícil, pero la lucha libre es un deporte de alto rendimiento. Atlantis se sigue preparando todos los días, de lunes a sábado va al gimnasio. La lucha libre nunca se deja de aprender. Hay que estar aprendiendo todos los días, todos los días.

LO: Pero hay muchos luchadores que tienen más o menos lo mismo que usted de carrera, o incluso menos, y no se logran mantener igual. ¿Cuál es su secreto?

A: Siempre le he luchado al mejor público de las arenas, que son los niños. Esto creo que es de suerte, o no sé qué podrá ser, es cosa de preguntarle al público. Yo le lucho y la gente te hace o deshace, te escoge y te hacen historia, te hacen leyenda, te hacen con un ángel, te hacen con carisma, la gente te hace todo. Entonces yo siempre le he agradecido a cuatro personas que han hecho crecer el personaje de Atlantis. En primer lugar al público, a la prensa, a la empresa que me da trabajo y a los compañeros, porque ellos son una familia.

LO: Contaba que en una ocasión salió a ver la lucha de un compañero, pero usted estaba sin máscara y un niño lo reconoció.

A: Sí, fue allá en la Pista Arena Revolución, pero lo bueno que no había internet, ni celulares ni nada de eso. Gracias a Dios, ¿sino te imaginas? Ya estaría Atlantis sin máscara en todos lados. Sentí mucha vergüenza. Me toqué la cara: “¿qué onda, Atlantis?, ya sé que estás guapo, pero ponte la máscara”.

***

Previo a la última gran etapa de popularidad de la lucha libre mexicana, Atlantis cambió su tradicional puesto en la esquina técnica, en la que se había mantenido por más de 20 años, para unirse al bando rudo, donde encabezó junto con el Último Guerrero el exitoso grupo de Los Guerreros de la Atlántida y una de las mejores parejas de los últimos años. 

Después, en 2011, al regreso de Atlantis como técnico, inició una rivalidad con Último Guerrero, que los llevó a encabezar el cartel del aniversario 80 del Consejo Mundial de Lucha Libre, en 2013, y a enfrentarse en lucha de máscara contra máscara en 2014, donde Atlantis resultó ganador.

LO: En el año 2005, los mismos cambios que ha tenido la afición a la lucha libre provocaron su llegada al bando rudo. ¿Usted estaba de acuerdo con luchar como rudo en aquel momento?

A: No, a mi nunca me ha gustado ser rudo. Yo soy como los animalitos, que me gusta que me traten bien, pero bueno, no soy monedita de oro, a mucha gente le caigo mal, e hizo falta un cambio de esquina, porque yo tenía mucha experiencia en la esquina técnica, en la esquina de enfrente yo no tenía experiencia. Duré seis años de rudo, ya llené el 100 por ciento de experiencia. Sé qué hace un rudo, qué hace un técnico, he luchado en todos lados, menos de exótico.

LO: En esa época que tuvo como rudo, creo que de entre los rudos mexicanos era usted el más técnico, el más respetuoso de las reglas. ¿Era porque intentaba mantener el mote del ídolo de los niños o era parte de su personalidad?

A: Es parte de mi personalidad. El cambio de esquina lo hice con mucha cautela, con mucha inteligencia y creo que funcionó bastante bien. Dice el dicho que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Gracias a la experiencia, a todos los luchadores, al aprendizaje de mucho años, como a la escuela de lucha libre, que tuve al mejor maestro de México y el mundo entero, “El Diablo” Velasco, y me inculcó dos educaciones: la alimentación y el deporte. Hay que complementar el gimnasio y la comida, porque lo que comes eres, y eso ha permitido mantener a un Atlantis Viejo.

LO: Sé que no estaba muy convencido de cambiar los colores y hacer algunas modificaciones a su equipo.

A: Tuvo que hacerse con inteligencia, fue mercadotecnia. Yo sabía que no iba a durar mucho tiempo de rudo, nomás fui a que la gente descansara del personaje del Atlantis bueno y después volví con otros bríos, con otra mentalidad, y pues excelente, luego regresé de técnico y volví a utilizar el uniforme clásico de Atlantis.

***

Atlantis fue el vencedor en la que casi de manera unánime es considerada la mejor lucha de máscara contra máscara en la historia, cuando en marzo del año 2000 destapó al también legendario Villano III, en el primer Pago por Evento en la historia de la lucha libre mexicana, en el que se dio a conocer al público el rostro de Arturo Díaz Mendoza, “El Rey Arturo”.

Apenas en 2015, Atlantis obtuvo su más reciente máscara, en un duelo contra La Sombra, quien hoy es conocido como Andrade, en WWE. El difícil triunfo lo obtuvo pese a llevarle 27 años de edad a su rival y tener 20 años más de carrera.

Atlantis es además miembro del Salón de la Fama de la Lucha Libre mundial, de la revista Wrestling Observer Newsletter, desde el año 2013. 

LO: ¿Usted piensa en el retiro?

A: Claro, por supuesto. Pero no tengo fecha porque diez, quince, veinte años se llegan muy rápido. Lo tengo ya planeado: un día termino de luchar, no sé, en San Luis, en la Arena México, ese día me desaparezco sin decir adiós. O posiblemente haga mi despedida, no sé.

LO: Sin embargo, estará de acuerdo que es importante administrar su legado, porque hay luchadores que de repente no saben en qué momento retirarse y terminan arrastrando el legado en las arenas.

A: Eso es de mentalidades. Cada cabeza es un mundo. No sé, esa respuesta no te la puedo dar porque no lo he vivido. El día que yo la viva o el día que yo me retire podré, pero simplemente no sé qué voy a hacer mañana. A lo mejor ocurre alguna enfermedad que me cambia la mentalidad o me perjudique físicamente, entonces son cosas que no se pueden predecir. Hay que dejárselas al tiempo, no está muy lejano el retiro, pero no te puedo decir porque la prensa ventila todo.

LO: Le dicen Atlantis leyenda. ¿Está usted de acuerdo con ese calificativo?

A: Yo lo acepto, porque es mi trabajo. Yo trabajo para la gente, me dejo querer y la gente que me ponga como quiera. Si yo me lo he ganado, lo acepto de todo corazón, porque la gente también lo hace con mucho corazón. Es un legado que es muy importante para mi, como luchador profesional.

***

Este 27 de septiembre, el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) celebrará su aniversario 86 y ser la empresa de lucha más antigua del planeta, con una función en la que Último Guerrero, Cibernético, El Mesías, Big Daddy, Volador Jr, Negro Casas y Bárbaro Cavernario apostarán sus cabelleras en una batalla en jaula. Además, los representantes de la categoría micro, Chamuel y Microman se enfrentarán en máscara contra máscara. Atlantis no participará en ese evento.

Desde su debut, Atlantis ha participado en al menos 26 aniversarios del CMLL, el evento más importante de la empresa. Atlantis ha ganado cinco máscaras en eventos de aniversario, además ha participado en otras dos luchas de apuesta, ha estado en tres luchas estelares y tres luchas de campeonato.

Además, el 28 de septiembre Atlantis cumplirá 57 años de edad.

LO: En 36 años de carrera, lleva ya cuatro décadas: 80, 90, 2000 y 2010, protagonizando aniversarios en la Arena México. Cada vez que se acerca uno, lo candidatean a usted para estar otra vez apostando su máscara.

A: Hay muchos nombres, pero tenemos oportunidad todos. Es una fecha muy importante, es la fiesta de la lucha libre, es una fecha bastante comprometedora. Yo sé que tengo el legado y las luchas más importantes de máscaras y la asistencia de gente más grande. A la gente le gustan las luchas de máscaras con Atlantis, porque van a disfrutar la lucha, pero yo creo que tenemos la oportunidad todos: cabelleras, jóvenes, es parte de la lucha libre.

LO: ¿Pero considera que le queda todavía alguna lucha de apuestas?

A: No, yo ya no, yo ya hasta llegué al Salón de la Fama. Yo creo que ya estuvo, ya todo lo que hice yo creo que es más que suficiente. Gracias a la lucha libre, a la empresa, la prensa, a los niños, yo creo que ya para mi, apostar mi mascara se me hace más difícil.

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#4 Tiempos

Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.

J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos

Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.

El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante

l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.

Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.

Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.

Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.

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Deportes

De las Malvinas al Azteca y del Azteca a Atlanta: Argentina vs Inglaterra y una guerra que no termina

Argentina llega como vigente campeona del mundo. Inglaterra busca su primera Copa en 60 años. Entre los dos equipos hay una guerra, un Maradona y 44 años de historia sin resolver.

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La Guerra de las Malvinas ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón

Por: Carlos Ruíz Espinosa

Tras su sufrido triunfo ante Suiza en Cuartos de Final, los jugadores de la Selección Argentina cantaron. No cantaron cualquier cosa: cantaron que las Malvinas son argentinas. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Era la víspera de una semifinal de Mundial, una que marcará el capítulo más reciente de una historia que lleva 44 años sin resolverse.

Hoy en Atlanta, la campeona del mundo enfrenta a una Inglaterra que busca su primera Copa en 60 años. Esos 60 años no son un número cualquiera. La última vez que Inglaterra levantó el trofeo fue en 1966, en la tierra donde el futbol nació.

Fue ese año cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en los Cuartos de Final donde la Albiceleste se enfretaba a los locales. Rattín no quiso salir. Tuvo que ser escoltado por la policía. Inglaterra se acabó llevando la victoria por la mínima con un tanto de Geoff Hurst.

Al final, el técnico inglés Alf Ramsey se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con los argentinos y los describió en la prensa como “animales”. Los argentinos llamaron a ese partido “el robo del siglo“. Dieciséis años después… llegó la guerra.

El 2 de abril de 1982, Argentina invadió el archipiélago que llama Malvinas y que Gran Bretaña llama Falkland. El conflicto duró 74 días. 

La guerra fue breve y fue una catástrofe. El general Leopoldo Galtieri, heredero de Jorge Rafael Videla al frente de una junta militar que llevaba seis años desapareciendo y torturando a su propio pueblo, ordenó la invasión como una apuesta desesperada: necesitaba una causa nacional que enterrara la crisis económica y los crímenes que el régimen acumulaba. La apuesta salió mal.

Los soldados que enviaron a las islas eran en su mayoría reclutas de 18 y 19 años, muchos de provincias tropicales del norte argentino, sin entrenamiento para el frío ni equipamiento suficiente. Llegaron al invierno con ropa inadecuada, mal alimentados, a veces abandonados por sus propios oficiales que dormían en casas mientras los reclutas se congelaban en trincheras.

Frente a ellos, un ejército profesional que recorrió 13,000 kilómetros para recuperar unas islas donde vivían menos de dos mil personas.

El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero ARA General Belgrano cuando navegaba fuera de la zona de exclusión declarada por Gran Bretaña. Murieron 323 marinos argentinos. Fue el día más sangriento de la guerra y también su punto de no retorno: la flota sudamericana se retiró a sus puertos y no volvió a salir. Lo que quedaba de la guerra se disputaría en tierra, con pibes que no sabían bien por qué estaban ahí, contra soldados que sí.

El poeta Jorge Luis Borges, de ascendencia parcialmente británica, lo vio desde Buenos Aires y dictaminó con su ironía característica: “La guerra de las Malvinas es una pelea entre dos calvos por un peine.” Tres años después escribió el poema “Juan López y John Ward”, sobre dos soldados ficticios (uno por bando) que mueren en las islas sin haber cruzado una sola palabra. Los llamó víctimas de “unas islas demasiado famosas.”

Al final, murieron 649 soldados argentinos y 285 británicos. Argentina se rindió el 14 de junio de 1982. El Mundial de España comenzó al día siguiente. No hubo pausa. No hubo luto colectivo. Hubo futbol.

El caso de Osvaldo Ardiles relató el conflicto como ningún otro. Jugador del Tottenham Hotspur, el día después de la invasión jugó la semifinal de la Copa FA contra el Leicester City: la afición rival lo abucheó en cada toque del balón.

En las Falkland, su primo José Ardiles se desempeñaba como piloto de caza, y acabó muriendo en combate sobre las islas semanas después. Fue el primer piloto argentino en caer en la guerra. Ossie dejó Inglaterra sin saber cuándo volvería, pero sería el primer reflejo de la relación directa que tendría la pelota con las secuelas de las Malvinas.

La derrota en la guerra fue devastadora para un pueblo que, similar a lo que aconteció en el Mundial de 1978, recurrió al futbol para buscar la alegría que la actualidad nacional le quitaba

. El ídolo ya no iba a ser Mario Alberto Kempes como en ese torneo ni mucho menos Videla o Galtieri. El héroe albiceleste respondía al nombre de Diego Armando Maradona.

El 22 de junio de 1986, Cuartos de Final del Mundial de México 86. En el Estadio Azteca, ‘El 10’ metió dos goles contra Inglaterra que explican más sobre Argentina que cualquier libro de historia. El primero fue la mítica “Mano de Dios“. Diego saltó a disputar un balón con el portero Peter Shilton, y ante su falta de estatura, estiró la mano para acabar empujando la pelota a la red… el árbitro lo dio por bueno.

El segundo, en el que gambeteó a cinco ingleses en 11 segundos, fue una obra maestra catalogada como “El Gol del Siglo”. Ganaron 2-1. En un solo día, el ‘Pelusa’ se despachó dos de los tantos más icónicos en la historia del futbol, pero esos goles significaban mucho más que el pase a Semifinales.

En su autobiografía, Maradona lo escribió sin tapujos: “Aunque habíamos dicho antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la guerra de las Malvinas, sabíamos que habían matado a muchos chicos argentinos ahí. Los mataron como pajaritos. Y eso era la revancha”.

Roberto Perfumo, ex jugador argentino, fue más claro todavía: “En 1986, ganarle a Inglaterra era suficiente. Ganar el Mundial era secundario para nosotros. Ganarle a Inglaterra era nuestro verdadero objetivo.”

La herida no se cerró en 1986, pero tampoco en 1998, cuando argentinos e ingleses se citaron en Octavos de Final del Mundial de Francia. Un primer tiempo trepidante que acabó 2 por 2 tras un golazo de Michael Owen y un icónico tanto de Javier Zanetti tras un tiro libre. La segunda mitad quedaría marcada por la expulsión del entonces joven David Beckham por una patada al ‘Cholo’ Simeone que convertiría al ‘Spice Boy’ en villano nacional por un buen rato. Los sudamericanos se acabarían imponiendo en penales.

El asunto menos se calmó en 2002, cuando en Corea-Japón, el mismo Beckham cobró el penal que eliminó a Argentina en la Fase de Grupos. Los de Marcelo Bielsa se fueron a las primeras de cambio de un Mundial al que llegaron como favoritos y, por primera vez desde la guerra, volvieron a caer ante los ingleses en semejantes instancias.

Simon Kuper, periodista y autor de Football Against the Enemy —el libro que exploró cómo el fútbol canaliza guerras y dictaduras en todo el mundo—, tituló su análisis de esta rivalidad en The Guardian en 2002 con una frase que hoy suena a profecía: “The conflict lives on.”

El conflicto sigue vivo. Los jugadores argentinos lo cantaron el sábado después de librar el encuentro ante los suizos. La diferencia, es que ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón.

Hoy en Atlanta, Argentina defenderá su corona mundial contra una Inglaterra que lleva 60 años esperando repetir lo que logró en 1966, pero esto va mucho más allá de la gloria deportiva. Habrá nuevas generaciones en la cancha que no vivieron la guerra, pero que cargarán con su peso sin buscarlo.

Borges tenía razón: son dos calvos peleándose por un peine. Lo que el escritor no sabía, y seguramente no hubiera querido saber considerando cuánto odiaba al futbol, es que ese peine hoy tiene la forma de un boleto a la Final del domingo

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Columna de Nefrox

Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.

México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.

México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.

Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.

El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas

.

Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.

Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.

Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.

Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.

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