agosto 19, 2026

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#4 Tiempos

El interés de los mexicanos, ¡orden! | Columna de Óscar Esquivel

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Desafinando

 

La descripción de nuestra realidad, como nación única en el planeta, sería prácticamente imposible, pero intentando coincidir con todos y cada uno de los ciudadanos habitantes de estas tierras, creo correspondería y aclamando en una sola voz: ¡estamos en el caos!

Tal vez sin exagerar, se fragua dentro de este desorden una revolución permitida desde el estado. No es casualidad, ni particular en este tiempo de socialismo analfabeto. Viene desde años atrás, cuando el legado de la Revolución Mexicana dejo de ser importante, convertida en noticia pasada y dar espacio a las nuevas ideas revolucionarias el capitalismo azteca, copiado, amalgamado en universidades de países donde, la idea central es la generación de la riqueza nacional en manos de particulares, a cualquier costo, sea a costa del exterminio de los recursos naturales, contaminación ambiental, de infraestructura construida por años, y no solo eso, también se fue robando parte de la identidad del mexicano, costumbres, cultura, arte, hasta en la comida, la apertura a la extranjerización cultural gastronómica, provoco que en los últimos treinta años, nos convirtiéramos en el país con más obesos, manifestando enfermedades como la diabetes e hipertensión.

De pronto, ante el fracaso revolucionario capitalista, impuesto desde Miguel de la Madrid, llega un personaje a la presidencia de la República: el infumable Vicente Fox, la gente votó por la esperanza y solo recibió una escena circense, que hoy, después de la declaración de guerra al narco, padecemos el enojo, la rabia de miles de familias, hijos en la orfandad y en la miseria, en 13 años han muerto más de 200 mil mexicanos, de ¿dónde surgió el problema? De la exagerada demanda por las drogas en Estados Unidos.

Sería conveniente reflexionar si el estado norteamericano no tendría que ver, si en la desbordada demanda para satisfacer a sus ansiados 40 millones de farmacodependientes, debiera hacerse ver como un protector e invaluable aliado, para después, laxar los requisitos para adquirir armas. El 95% del armamento de la delincuencia proviene y es de fabricación norteamericana.

Llegó la izquierda ¡por fin! Un cambio de verdad, un estilo diferente de gobernar, donde se privilegia a los pobres, se fomenta la libre empresa, el clientelismo se termina, la corrupción se erradica, la administración pública se eficientica, se castiga al rico que compra favores gubernamentales, se proyectan grandes obras siempre apegados al derecho, innumerables deberían ser las bondades de la social-democracia, pero, de fortuna, no ha sido de esta manera.

Con la entrega masiva de apoyos a personas vulnerables, ancianos, personas con discapacidad, personas en pobreza extrema, esto suena ¡muy bien, se aplaude! Pero del otro lado está apoyándose a personas jóvenes, que ni estudian, ni trabajan, reciben más dinero que becarios, científicos, médicos.

Se olvidaron, si lo supieron alguna vez, que el socialismo no es permisivo a la flojera, promueve la ciencia el desarrollo médico, el bienestar en salud, y no nos referimos a los estados comunistas, hablamos donde gobiernan socialistas y priorizan el crecimiento educativo, tecnológico, Dinamarca, Francia, Alemania, como ejemplo, si existen estos ejemplos ¿por qué el empeño de incentivar de manera inequitativa e injusta?

Lo hacen para incentivar el consumo, que la gente traiga dinero en sus bolsillos y pueda de esta manera adquirir productos básicos, están equivocados, la mayoría corren a comprar, aparatos extranjeros o en su defecto productos en tiendas extranjeras, el dinero sale de los impuestos de todos y debería estar en mano de emprendedores que ayuden a generar riqueza en sus comunidades.

El que avisa no traiciona, el Secretario de Hacienda ha dado el primer paso al anunciar una pronta recesión económica, debido fundamentalmente a factores externos, pero hacia lo interior, aun con baja inflación del 3%, el consumo interno se debilita, empleos se pierden, la industria de la construcción suplente está colapsada, muy poca obra pública, recortes del gasto a contentillo, como medicamentos y estancias infantiles, el pretexto de corrupción ya paso, ahora ¿cómo resolver el problema de desabasto y servicios?

El gobierno mexicano, hoy socialista, debe y se le exige, dejar, sin olvidar el pasado, de quejarse, y comenzar hacer una verdadera revolución administrativa, que incentive al ciudadano a participar, al empresario ha invertir, la columna vertebral de un buen gobierno debería ser su aplicación ideológica con una buena dosis de eficiencia burocrática.

El permitir la impunidad, en un gobierno como el nuestro, en clara violación a las leyes, está generando delincuentes, adoctrinándolos indirectamente como en el año 50-60s.

Jóvenes de una escuela normal, en el Estado de México, robaron, secuestraron a 92 choferes con sus unidades, delitos graves y fueron exonerados, con una libertad que no merecen les otorgaron 87 plazas para ejercer la profesión de maestro, ¿les confiaría la educación de sus hijos a estos delincuentes? La pasividad ante actos delincuenciales, disfrazando en exigencias de causa “justa”. En esta indolencia de no aplicar orden, mano dura, se corre el riesgo de generar grupos de choque, guardias blancas, subversivos al estado o para el mismo estado.

La violencia no para, además de la delincuencia, en las calles, en las protestas públicas, todas con el sello de destrucción, de la afectación a las mayorías. Las minorías como los taxistas poniendo sus condiciones no aceptadas e incongruentes por el pueblo, como aquí en nuestro estado se aprobaron modificaciones a la ley de transporte, sin consultar a la ciudadanía, beneficiando siempre al incumplido, al déspota, ineficiente gremio de taxistas. En la Ciudad de México, un caos generado por el 0.46% de taxistas a palabras de la Jefa de Gobierno, ufanándose por ello, mientras la mayoría sufrió un verdadero infierno vial, “seremos tolerantes, no caeremos en provocaciones” valiéndole un comino el derecho de las mayorías.

El gobierno de México debe definir cuál es su propósito, su fin, nacidos en la socialdemocracia con tendencias mayormente socialistas, si desean un país de grupos facciosos que velaran por sus intereses propios, o redescubrir que el mandato le fue otorgado, para cuidar los intereses supremos de la mayorías de pueblo de México, incluyendo a los pobres y no tan pobres.

Nos saludamos pronto.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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