Opinión
A dos años de la reforma al poder judicial: ¿Qué ha salido mal? | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
Por Víctor Ezequiel/X: @MrVictorHdz
En la primera parte de esta reflexión hablábamos de lo que la reforma al Poder Judicial prometió cambiar y de aquello que, después de un año de implementación, todavía permanece pendiente. Hoy vale la pena hablar de algo mucho más concreto: qué ocurre cuando los problemas de un órgano jurisdiccional llegan al límite y la solución institucional vuelve a parecerse demasiado a la de antes.
Hace apenas unas semanas, trabajadores de un Juzgado de Distrito en San Luis Potosí salieron a manifestarse frente a su centro de trabajo. De acuerdo con los testimonios difundidos públicamente, denunciaron presuntos malos tratos, hostigamiento laboral, cargas excesivas y jornadas que llegarían a superar las quince horas diarias. También señalaron que existen quejas en investigación y una demanda laboral promovida por integrantes del cuerpo actuarial.
No corresponde a esta columna determinar si todas esas acusaciones son ciertas. Para eso existen procedimientos de investigación y las autoridades competentes. Pero sí corresponde hacer una pregunta: ¿qué hace una institución cuando un grupo considerable de sus propios trabajadores afirma que algo no está funcionando?
Porque el problema no termina en la puerta del juzgado.
Cuando un órgano jurisdiccional tiene una elevada rotación de personal, ausencias, sobrecarga de trabajo o conflictos internos, la primera consecuencia puede sufrirla el propio trabajador. La segunda, aunque muchas veces pase inadvertida, la recibe el ciudadano que lleva meses o años esperando una resolución.
Y aquí aparece una de las grandes paradojas de la transformación judicial: podemos cambiar el nombre de las instituciones, modificar su estructura, elegir nuevos titulares y diseñar nuevos mecanismos de evaluación, pero si dejamos intactos los problemas que ocurren detrás del escritorio, el ciudadano seguirá esperando justicia en la misma silla.
Durante años, una de las respuestas institucionales frente a problemas con determinados titulares fue la readscripción. Es decir, mover a la persona de un órgano a otro.
Una especie de solución administrativa que, vista con cierto sarcasmo, podría resumirse así: si el problema está en la habitación, cambiemos los muebles de lugar.
El inconveniente es evidente: cambiar de lugar a una persona no necesariamente cambia las circunstancias que originaron el problema.
Y justamente por eso llama la atención que, en pleno proceso de transformación del Poder Judicial de la Federación, el Órgano de Administración Judicial haya aprobado nuevas readscripciones de jueces y magistrados.
El acuerdo comunicado el 9 de septiembre contempla diversos movimientos, entre ellos jueces trasladados entre entidades y órganos jurisdiccionales, así como magistrados que cambian de tribunal. Los efectos de varias de estas determinaciones comienzan el 17 de septiembre.
Aclaremos algo: una readscripción no es, por sí misma, una sanción. Puede responder a necesidades de organización, cargas de trabajo, vacantes, especialización u otras razones administrativas. No sería correcto afirmar lo contrario.
El problema aparece cuando la readscripción se utiliza como sustituto de una investigación que debería determinar responsabilidades.
Porque si existen señalamientos contra un titular, lo que esperan los trabajadores no es necesariamente que esa persona sea enviada a otra ciudad. Lo que esperan es saber si las acusaciones tienen fundamento, quién debe responder por ellas y qué medidas deben adoptarse para que el problema no vuelva a repetirse.
Y aquí la reforma enfrenta una prueba importante.
El nuevo modelo prometió mayor evaluación, mayor vigilancia y mejores mecanismos para detectar malas prácticas. Entonces, si un órgano presenta denuncias reiteradas, la respuesta no puede limitarse a mover las piezas del tablero.
El Órgano de Administración Judicial tiene ahora una responsabilidad mucho mayor que simplemente administrar plazas.
Tiene que administrar personas, recursos, cargas de trabajo y, sobre todo, las condiciones necesarias para que los órganos jurisdiccionales funcionen correctamente.
Porque también hay una víctima silenciosa de estos conflictos: el justiciable.
Quien presenta una demanda no debería tener que preguntarse si el personal del juzgado podrá atenderla. Quien espera una sentencia no debería pagar las consecuencias de una mala organización administrativa. Y quien acude a un tribunal tiene derecho a esperar que detrás de la puerta exista un equipo que pueda trabajar en condiciones dignas y razonables.
Por eso resulta insuficiente hablar únicamente de jueces y magistrados.
La independencia judicial también se construye desde abajo.
Un secretario que teme represalias, un actuario saturado, un oficial judicial que acumula funciones, un técnico que trabaja con equipo insuficiente o una persona que debe permanecer quince horas en una oficina no representan simplemente un problema laboral. Son señales de que algo en la organización del servicio de justicia necesita ser revisado.
Y hay algo todavía más incómodo.
Si la nueva estructura pretende ser distinta a la anterior, no puede reproducir automáticamente sus viejas soluciones.
No tendría sentido haber realizado una reforma constitucional de semejante magnitud, una elección judicial y una reestructuración administrativa para terminar utilizando exactamente las mismas recetas que durante años fueron cuestionadas.
Cambiar las piezas puede ser necesario.
Investigar por qué se mueve cada pieza es indispensable.
No se trata de proteger a un trabajador frente a un juez, ni a un juez frente a sus trabajadores. Se trata de que existan reglas claras para ambos.
Si hay una denuncia, que se investigue.
Si no hay responsabilidad, que se determine.
Si existe responsabilidad, que se sancione conforme a derecho.
Y si el problema es estructural, que se corrija la estructura.
Lo que no puede ocurrir es que cada conflicto termine convertido en un juego de ajedrez administrativo en el que el Órgano de Administración Judicial decide qué pieza mover, a qué casilla enviarla y quién ocupará el espacio que deja.
Porque detrás de cada pieza hay una persona.
Y detrás de cada expediente hay otra.
Culto público, quizá esta sea una de las mejores pruebas para saber si la reforma realmente está cambiando al Poder Judicial: no observar únicamente quién ocupa los cargos, sino qué ocurre cuando alguien denuncia que algo está funcionando mal.
La justicia no será más independiente porque cambiemos a un juez de ciudad.
Será más independiente cuando ningún trabajador tenga que salir a la calle para ser escuchado, cuando cualquier denuncia sea investigada con seriedad y cuando ningún justiciable tenga que esperar más de lo razonable porque la institución no pudo resolver sus propios problemas internos.
La reforma ya cambió las reglas del juego.
Ahora falta demostrar que también cambió la manera de jugarlo.
Porque mover las piezas puede ser administración.
Resolver el problema es gobernanza.
Y eso, precisamente, es lo que todavía está pendiente.
Opinión
Los datos de gelatina y el avión de la fantasía | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Por: Jorge Saldaña
Culto Público: El pasado fin de semana un columnista de nombre Ricardo Sevilla y sus notorios aliados, aseguraron que la senadora Ruth González utilizó 27 veces el jet N87VM para asistir a las sesiones de la cámara alta.
Además, entre los guionistas creadores del “Me asfixio en el Túnel de Ogarrio oigameeee” también afirmaron (con la cara dura) que los vuelos fueron supuestamente pagados por las arcas públicas y casi, casi el avión tenía pacto con Satán.
Como siempre, eso suena escandaloso. El pequeño problema es que el periodista no sostiene con documentos sus escritos.
Entonces la fórmula es hacer el escándalo sin sustento, se lo creen como real y así lo transmiten y repiten.
Qué risa. Pero bueno, como diría la máxima obradorista: Nosotros no somos iguales
Nosotros sí revisamos los 56 movimientos de la aeronave entre febrero y abril de 2026 y los cruzamos con los registros oficiales del Senado.
¿Resultado? De las 27 fechas que “asegura” Sevilla, solo 12 (menos de la mitad que anunció el columnista) coinciden en días en las que la aeronave voló…pero ¿qué cree?*
De esas 12, solo en seis fechas hay trayectos (VERIFICADOS por la AAF de Estados Unidos) entre San Luis Potosí y Toluca (De donde dice la senadora toma un helicóptero al que identifica por marca pero no por matrícula)
Pero atención mi Culto Público, hay algo importante: ninguna de esas seis coincidencias demuestran que Ruth viajara en el avión.
Flightradar24 (Fuente registral fidedigna y con registros puntuales de décadas en materia de aviación) si registra un jet, una matrícula, ruta y horarios, pero no publica la lista de pasajeros.
Entonces, confundir que una aeronave voló con afirmar que la senadora iba de pasajera, es como ver un taxi que va a un gimnasio, apuntar su placa y asegurar que el pasajero era el Canelo Álvarez.
Además, y esto es de risa loca, hay casos todavía más incómodos para la novela.
Mientras el Senado registraba la asistencia de Ruth a las sesiones, el jet N87VM volaba hacia Los Cabos, Manzanillo, Ciudad Victoria, Silao, Tampico o Guadalajara. Y yo sí lo puedo demostrar con documentos.
El 10 de marzo, por ejemplo, ella inauguró a las 10:00 am la Semana Cultural de San Luis Potosí en el Senado y hay docenas de fotos y 128 senadores de testigos…pero el avión no estaba en México y eso lo cuenta Sevilla como “prueba del uso de jets privados con recurso público” (nada coincide, no tiene documentos, no tiene un cruce documental de fechas de vuelos contra sesiones del senado, no tiene facturas, rentas, comprobantes o al menos una foto de la senadora usando el avión)
Cometer el mismo desparpajo informativo que Sevilla y sus apóstoles no va conmigo, y lo digo porque algunas versiones dan por hecho que la aeronave pertenece a la familia De los Santos.
Sin embargo, aunque es una teoría muy buena, la FAA identifica como propietario registral del jet a Bank of Utah Trustee, que es una entidad fiduciaria, por lo tanto todavía no podemos asegurar quién es “el dueño” o dueños o empresa que lo alquile, use o preste, en su caso.
Entonces, sin prueba de la propiedad del avión y su usuario, convertir a Ruth en propietaria, arrendataria y pasajera, es de plano un exceso de alucinaciones.
Lo que sí existe en absoluto contraste, son fotografías donde la matrícula del aparato que aparece en el traslado de Vicente Fox, recibido por el entorno de Marcelo de los Santos, el mes pasado. Eso prueba su uso, pero no propiedad.
Ese es precisamente el rigor que Sevilla olvidó aplicar.
Y si investigamos un poco su trayectoria, se hace evidente que nunca ha tenido ese rigor básico en el periodismo, y si no me creen pues que le pregunten a Enrique Krauze sobre las historias que se ha inventado este sujeto y que, con pruebas, lo han exhibido como…(iba a decir mentiroso, pero dejémoslo en “no confiable”).
Además la ironía del nombre de su programa en YouTube es deliciosa: se llama “datos duros”.
A una suma de conjeturas, sin matriz, lista de pasajeros, contratos ni documentos, pues no se les puede llamar datos duros…a menos que ellos confundan el concreto con la gelatina.
¿Quién va a creerles? Tal vez los loritos acostumbrados a repetir cualquier barbaridad cuando desde la Huasteca les agitan la bolsita de semillas.
Los demás, pues los demás preferimos documentos.
Yo soy Jorge Saldaña
La Orquesta publica la documentación utilizada para sostener lo que aquí se afirma. Los archivos se presentan íntegros para que cualquier lector pueda revisar los datos, reproducir los cruces y detectar posibles errores.
BITACORAS N87VM_2026-02-01_a_2026-04-30 BITACORAS Y CRUCE N87VM_todos_los_registros_cargados
El Cronopio
La formación científica de Mariano Jiménez | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
José Mariano Jiménez ha pasado a la historia por ser uno de los caudillos del movimiento revolucionario. Por lo común ha quedado ausente en las arengas que en las ceremonias del grito de independencia los quince de septiembre se invocan a los héroes que nos dieron patria y libertad. Lo lamentable, es que en su propia tierra se le ignore en esas festividades.
Mariano Jiménez luchó con las armas al lado del Padre Hidalgo y Allende y superó en estrategias a los mismos generales en la Batalla de las Cruces, donde pedía Jiménez dar el golpe definitivo. La historia fue otra. Pero también combatió con las armas del conocimiento, como forma de emancipación del pueblo mexicano que exigía libertad y justicia. Mariano Jiménez se preparó en el Real Seminario de Minería con los mejores profesores de la época a nivel mundial y cultivó, junto a sus compañeros que dieron la vida por forjar una patria independiente, un pensamiento crítico donde se cuestionaba el estado social de la época.
Sus compañeros egresados del Real Seminario de Minería que fueron ejecutados tras la toma de la Alhóndiga de Granaditas por el ejército realista, fueron Rafael Dávalos, Casimiro Chowell, Ramón Fabié, Vicente Valencia y Mariano Jiménez que fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.
Mariano Jiménez también pasa a la historia de la ciencia mexicana y de la potosina al ser uno de los primeros potosinos que cursó cátedras formales de matemáticas, química, física y mineralogía, orictognosia, geognosia y laboreo de minas, con los profesores y científicos Andrés José Rodríguez, Francisco Antonio Bataller, Andrés Manuel del Río, Luis Linder y Fausto de Elhuyar. Destacó en su carácter de estudiante del Real Seminario de Minería ocupando los primeros puestos en aprovechamiento y por lo mismo, siendo elegido para presentar exámenes públicos, llamados Actos Públicos, ante el Tribunal de Minería y público interesado. Fue de los pocos alumnos que participó en todos los años que estuvo como estudiante, desde 1796 hasta 1800. Siendo examinado en los exámenes generales para proceder a su periodo de practicante el 8 de enero de 1801.
Sus prácticas las realizó en el Mineral de Sombrerete y posteriormente en la mina del Márquez de Raya en Guanajuato a petición de este. Las prácticas las terminó en 1804 y presentó su examen de titulación para graduarse como perito facultativo minero el 19 de abril de 1804.
Los Actos Públicos que presentó Mariano Jiménez dan cuenta de su formación científica, que fueron presentados en cinco ocasiones, correspondientes a sus años de preparación, desde 1796 donde presentó el Acto Público de Matemáticas donde sustentó sobre aritmética, álgebra y geometría elemental. En 1797 presentaba el Acto Público de Matemáticas sustentando los temas de trigonometría rectilínea, secciones cónicas y cálculo infinitesimal, diferencial e integral. En 1798 sustentaba el Acto Público de física contestando sobre física experimental, dando razón de las propiedades generales de los cuerpos, de la estática, dinámica, hidrostática, hidráulica y aerometría.
En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería. Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guió los trabajos de investigación en el tema muchos años después.
Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.
El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.
En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.
Los detalles sobre su formación científica y su papel en los Actos Públicos en la llamada primera casa de las ciencias de América pueden leerse en mi reciente artículo disponible en la dirección: https://www.researchgate.net/publication/414299527_Los_Actos_Publicos_de_Jose_Mariano_Jimenez_en_el_Real_Seminario_de_Mineria
También lee: La joven promesa potosina del canto lírico, Jaqueline del Rocío | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Letras minúsculas
Teoría y práctica de la infelicidad | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
Como acerca de la felicidad he escrito ya mucho y no ha crecido siquiera mínimamente, por lo que he podido constatar, el número de las personas felices, hoy he decidido escribir sobre la infelicidad, esperando que las cosas se desarrollen de idéntica manera y no crezca el grupo de los seres infelices.
Infeliz. Aclaro desde ahora que voy a utilizar esta palabra con cuidado sumo, hasta diría que casi con pinzas, pues se trata de una término que, al menos desde hace tres siglos, o poco más, ha llegado a convertirse en un insulto. “¡Ese infeliz!…”. Como si el hecho de no ser felices fuese algo por lo que debiéramos pedir disculpas.
Para evitar malas interpretaciones, pues, aclaro desde ahora que ser infelices no es un pecado, ni algo que tenga que ver con ningún tipo de transgresión moral. “Infeliz”, aquí, es aquel que por alguna causa, o por algún revés, o por alguna contrariedad, o por alguna omisión, o por una serie de causas, reveses, contrariedades u omisiones, ha renunciado a decir de sí mismo que es feliz. En otras palabras, infeliz no es el bellaco, ni el malvado, ni el pusilánime, apocado, encogido, tímido y corto que dice el diccionario, sino el que hasta el día de hoy ha estado como jugando a las escondidas con la felicidad.
Aquí terminan las aclaraciones terminológicas. Ahora, a la cuestión. ¿Por qué son infelices los infelices? Hasta el momento no hay respuestas definitivas, sino sólo respuestas significativas. Veamos, por el momento, dos de ellas.
Una vez, hacia el siglo V a.C., le preguntaron a Buda:
“-¿Qué es el sufrimiento?”.
Respondió:
“-Encontrarse con lo que se odia, no encontrarse con lo que se ama, desear y anhelar sin obtener”.
Nueve siglos más tarde, san Agustín (354-430), al escribir su hermosísimo –y muy poco leído- tratado Acerca de las costumbres de la Iglesia, dijo a su vez: “No puede llamarse feliz el que no tiene lo que ama, sea lo que fuere; ni el que tiene lo que ama, si es pernicioso; ni el que no ama lo que tiene, aunque sea lo mejor” (I, 3).
Ahora bien, como es imposible que Buda hubiera leído a san Agustín, y muy poco probable que éste leyese a aquél, hemos de suponer que ambos llegaron casi a la misma conclusión siguiendo cada uno su propio camino. Por lo menos, los dos coinciden en afirmar que la infelicidad es una carencia: una carencia no de felicidad –lo cual sería tautológico y absurdo-, sino de aquello que la produce, es decir, la posesión de o por lo menos el encuentro con aquello que se ama.
Sin embargo, es preciso aclarar que, llegados a este punto, los caminos de estos dos bienaventurados toman rumbos divergentes, pues mientras Buda aconseja la renuncia, la abolición del deseo y del apego, san Agustín agrega: “Tampoco es feliz el que no ama lo que tiene”, haciendo ver con ello que no sólo no condena el cariño, sino que lo quiere aún más extenso: un cariño que se vuelque sobre lo que no se amaba e incluso sobre lo que ya teníamos y no pensábamos conquistar. Es como si dijera: “¿Te consideras infeliz porque no tienes lo que amas? Bien, pues no te cruces de brazos esperando tenerlo, ni tampoco pierdas pie, pues todavía hay una puerta abierta para ti: ama lo que tienes
. Acaso sólo cuando ames lo que tienes vendrá a ti lo que no tienes, y entonces serás feliz, pero ahora de una manera mucho más perfecta”.“Sólo una vez me quejé del trato que la fortuna me daba –cuenta de sí mismo Sa’di (1213-1291), el poeta persa-. Tan pobre era que no podía permitirme siquiera unos zapatos. Así que fui a la mezquita de Kiyah con el corazón dolorido y quejoso. Y allí vi un hombre sin pies”. Su rebelión interior se aplacó entonces como por ensalmo. ¡Y él que creía ser el más pobre del planeta! Sí, es cierto que andas descalzo, pero hay otros que ni siquiera tienen pies; de modo que no debes ser tan desgraciado, después de todo.
Pero, ¿has bendecido alguna vez a Dios por tener un par de hermosos pies con los que puedes correr, bailar, saltar y, sobre todo, ponerte en camino hacia los que amas? ¡Apostaría que nunca lo has hecho! Claro, has dado por supuesto que tener dos pies es lo menos que podías tener. Y, sin embargo…
A los hombres que se creían muy infelices, Joubert, el moralista francés, les dio una vez el siguiente consejo: “Si quieres vivir feliz, haz la lista de los males que no tienes”.
Hay que amar también lo que ya tenemos. Y aquí entran no sólo nuestras facultades o riquezas interiores, sino también y sobre todo las personas que nos han sido dadas por la vida y con cuyo amor ya contamos porque era anterior a cualquiera de nuestros esfuerzos. ¡Con cuánta indiferencia tratamos a estos seres! A menudo ni siquiera los vemos. Nos sucede como a los enamorados, que por naturaleza son siempre injustos con respecto a aquello que no sea el objeto de su pasión; su mirada es profundamente excluyente: ¡a los otros seres ni siquiera los ve, ya sean padres, hermanos o amigos! Pues bien, dice san Agustín, si lográramos amar también a estos hombres y mujeres seríamos un poco menos infelices.
“Si no puedes tener lo que deseas –aconsejaba un rabino medieval-, por lo menos desea lo que tienes”.
Amar lo que ya es nuestro, querer cuanto nos ha sido dado por Dios y por la vida: he aquí el camino que nos propone san Agustín, es decir, un hombre que conoció casi todos los caminos.
Quizá tenga razón. Porque, como en el relato de Poe –La carta robada-, la felicidad está siempre a la mano, frente a nuestras narices, mientras nosotros nos cansamos buscándola en las estrellas.
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