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¡¡¡C-I-V-I-S-M-O, PENDEJO!!! | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas mentales

 

Mi estimado lector, se cumplieron ya dos meses desde que entró en actividad el primer programa de ciclovía de la capital potosina en la avenida Himno Nacional. Sin duda alguna este tema ha sido uno de los más debatidos y comentados en los medios de comunicación y en redes sociales por los ciudadanos potosinos. Son casi 60 días en los que hemos vivido una oleada de opiniones, a favor y en contra sobre uno de los proyectos más controvertidos de la administración de Xavier Nava Palacios.

Si le soy honesto, había hecho todo lo posible por mantenerme al margen y no externar mi opinión al respecto de tan polémico proyecto. Me había limitado a compartir mi punto de vista por varios motivos. En primer lugar, muchos de mis compañeros y colegas (en este y varios medios de comunicación) hicieron valer su derecho a la libertad de expresión compartiendo su sentir al respecto. En las pantallas de televisión, estaciones radiofónicas, páginas de periódicos y medios digitales me encontré con un mar de opiniones, todas totalmente válidas y no consideré que la ciudadanía necesitara una opinión más al respecto. Había ya material de sobra para el debate y la controversia.

En segundo lugar, no me sentía con el derecho de hablar sobre la ciclovía hasta no vivir la experiencia en carne propia. Muchas veces resulta bastante cómodo hacer gala de la cobardía y criticar algo sin siquiera haber experimentado la situación. No podía ni debía emitir un juicio sin antes montarme en dos ruedas y recorrer la polémica obra del Ayuntamiento capitalino. Caray, si la chingadera costó 7 millones de pesos al menos tenía que darme la oportunidad de recorrerla para ejercitarme un poco mientras el aroma de esos milloncitos inundaba mis pulmones.

Pues bien, resulta que hoy siento el deseo incontenible de externar mi sentir al respecto por la simple y sencilla razón de que ya recorrí la ciclovía varias veces y en distintas condiciones climatológicas, en diferentes días y horas. Vaya, ya hice lo que atinadamente llaman “investigación de campo”. Además, me veo en la necesidad de emitir mi opinión por la única razón de que, con el respeto que usted me merece, estoy hasta la reputísima madre de varias situaciones que a continuación plantearé.

Todo en esta vida tiene dos polos, el positivo y el negativo. Nada en el mundo es perfecto, y esa dualidad es la que le da equilibrio a la forma en la que los engranajes sociales de este planeta funcionan. No estoy aquí para defender la obra del Ayuntamiento, no estoy aquí tampoco para organizarle una porra a Nava, pero tampoco estoy aquí para ponerme en el papel de ciudadano infumable al que, como bien atinó a decir nuestro Señor Presidente, ningún chile le embona.

Vayamos por partes. Estoy de acuerdo en que es una mentada de madre monumental el hecho de destinar 7 millones de pesos a la colocación de tubos de plástico naranjas que a la menor ventisca se vienen abajo. Existe algo que se llama sentido común, y resulta un insulto al intelecto de la ciudadanía hacerle creer que se fueron tantos millones en esta obra. Que me den cien mil pesos y les armo la misma obra y hasta con tubitos reforzados, es más… hay que darles el beneficio de la duda. Que costará un millón, ok… ¿pero siete?

Estoy de acuerdo también en que la ciclovía tiene muchísimas cosas por corregir y mejorar. Al recorrer en bicicleta ambos tramos de la avenida me encontré con algunos obstáculos que, sin duda, dificultan y entorpecen la circulación de los ciclistas. El primero pareciera insignificante, pero eso no le resta el riesgo. Resulta que hay a lo largo de la ciclovía un montón de árboles con ramas tan largas que obligan al ciclista a agacharse sobre la marcha o a abandonar el carril de bicicletas para poder sortear este obstáculo invadiendo el carril de circulación de vehículos automotores.

Otro riesgo que encontré fueron los remaches y varillas que quedaron expuestos de dónde retiraron las boyas que indicaban las paradas del transporte público. Al ser retiradas estas boyas olvidaron que por ese carril circularían bicicletas, mismas que pueden sufrir algún percance debido a este descuido. En mi recorrido me encontré a un joven cuya bicicleta sufrió una ponchadura por este motivo. Por último, uno de los desperfectos que más complican la circulación por la ciclovía son los baches. Se convierte en una actividad de alto riesgo andar en bici por un carril angosto infestado de hoyos, la ciclovía obliga al ciclista a pasar por el agujero y que Dios lo cuide. De lo contrario el ciclista, nuevamente, se ve forzado a invadir la circulación de los autos para poder salir bien librado de los cráteres tan característicos de San Luis Bachesí. Mayor es el problema si es un día lluvioso y uno tiene que andarle jugando al “¿charco o bache?”.

Los anteriores son detalles que el Ayuntamiento y la gente de Nava tendrán que corregir a la brevedad posible si no quieren que la opinión pública siga descargando todo su odio y su rencor sobre ellos. Ahora bien, la moneda siempre tiene dos caras. A pesar de que el proyecto de la ciclovía se encuentra en pañales aún, tenemos que entender que hay mucho que nos corresponde hacer como sociedad y que simplemente no estamos cumpliendo. En mis recorridos por la ciclovía también me encontré con un montón de trabas que no son precisamente culpa de papá gobierno. Por mencionar algunos: un camión de cerveza estacionado en el carril de bicis para descargar cartones en un Oxxo, peatones en la vil pendeja caminando por la ciclovía mientras van embobados en el celular, gente parada en el carril esperando hacerle la parada al transporte público, ciclistas circulando en contra por la vía, borrachos en fin de semana tumbando los postes por pura diversión, puestos de tacos o de comercio ambulante obstruyendo la pista, gente que saca las bolsas de basura y las deposita por donde debería circular bicicletas.

Todos los anteriormente mencionados son pequeños detalles que no deberían de suceder si todos entendiéramos el significado de la palabra CIVISMO. En las últimas horas la polémica retomó fuerza al ser anunciado el proyecto de la ciclovía en la Calzada de Guadalupe. Los haters agarraron vuelo y escupieron mil culebras haciendo mofa de la noticia. Me encontré un montón de comentarios negativos al respecto. Entre ellos uno que, en tono burlón, decía “Pues no esperen mucho, tal vez sólo conos naranjas”. No tengo nada en contra del sujeto que externó esta pobre opinión sin argumentos ni fondo. Pero si estoy totalmente cierto de que debo hacer un par de observaciones al respecto de su comentario. Primero: no son conos, son tubos. Segundo: Recordemos que la función fundamental de la ciclovía es darle seguridad al ciclista mientras circula. Qué más da si son tubos naranjas o si son pelotitas de plástico o papelitos de colores, están ahí por un motivo… ¡Hay que respetarlos carajo! En el pedir está el dar, civismo, civismo, ¡¡¡CIVISMO!!!

Mientras nuestra sociedad no sea capaz de respetar ni esos tubos naranjas no mereceremos más que eso… ¡simples y jodidos tubos naranjas!

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