Deportes
Bikila, el pionero descalzo | Columna de Roberto Rocha
Sueños olímpicos
Es 1960, en los Juegos Olímpicos de Roma: Adidas logró convertirse en la patrocinadora oficial de la justa, pero una disputa familiar llevó a la empresa a una guerra contra la otra marca alemana Puma. En medio de esa batalla publicitaria, un hombre se levantó sin necesitar zapatos de ninguna de las dos compañías. Ni de cualquier otra. Es Abebe Bikila, el pionero descalzo.
Uno de los momentos más esperados por los atletas en la villa olímpica de Roma 60 era la llegada de los agentes de Adidas que regalaban productos para que los usen en las competencias de las Olimpiadas. Pero Puma también llegaba a la Villa, y ofrecía dinero, además del calzado.
Esa guerra por aparecer en las fotografías de los triunfadores era en realidad un conflicto familiar, entre Adi Dassler, el propietario de Adidas y su hermano Rudi Dassler, de Puma. La disputa llegó a tal grado que el velocista alemán Armin Hary ganó los 100 metros planos con zapatos Puma, pero salió a la ceremonia de las medallas con Adidas.
En medio de esa batalla está Abebe Bikila, un militar de Etiopía que llegó a los Juegos Olímpicos para participar en el maratón como segunda opción, después de que el competidor titular de su país se lesionó.
Bikila notó que las zapatillas deportivas que le dieron le provocaban ampollas e incomodidad, así que decidió que correría descalzo, como muchísimas veces había hecho por las llanuras de Etiopía. Pero el recorrido de 42 kilómetros no se parecía a las superficies suaves de su país natal. En Roma, el maratón se corrió por terrenos empedrados y adoquines, por la noche y con la única iluminación de las antorchas del ejército italiano.
Pero contra todos los pronósticos, Bikila dominó la carrera y hasta se dio el lujo de ganarla con un nuevo récord mundial, en 2 horas, 15 minutos y 16 segundos… ¡descalzo!
Abebe Bikila ganó la primera medalla de oro para Etiopía y cualquier país de África Central en la historia y comenzó con una escuela de atletas que sigue dominando las pruebas de fondo hasta ahora.
Cuatro años después, para Tokio 64, el antes desconocido Bikila volvió a los Juegos, ya con el prestigio de una medalla olímpica, que refrendó con 2 horas, 12 minutos y 11 segundos. Se convirtió en el primer atleta en ganar dos metales dorados consecutivos en maratón, algo que solo pudo repetir el alemán Waldemar Cierpinski en 1976 y 1980.
Abebe Bikila se convirtió en héroe nacional de Etiopía y una figura del deporte. En su carrera compitió solo en 13 maratones, pero de esos, logró ganar 12.
Pero la tragedia lo alcanzó apenas cinco años después de su segunda medalla de oro, cuando en 1969 tuvo un accidente de tránsito en su automóvil que le ocasionó paraplejia. Esa condición no derribó su espíritu atlético, pues en 1970 participó en los juegos Stoke Mandeville, en Londres, un antecedente a los Juegos Paralímpicos.
Sin embargo, la salud deteriorada de Abebe Bikila terminó costándole la vida en 1973, cuando murió a causa de una hemorragia cerebral relacionada con el accidente. Su leyenda, vivirá para siempre relacionada a las hazañas olímpicas: la del hombre que decidió no participar en una guerra publicitaria y aún así se convirtió en doble ganador de oro.
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Columna de Nefrox
Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.
En el fútbol ocurre algo parecido.
Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.
México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.
México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.
Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.
El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas
Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.
Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.
Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.
Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.
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Deportes
El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.
Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.
La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.
Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.
Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.
Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.
El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.
Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.
Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.
Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.
No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.
Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.
Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos
Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia
Por: Redacción
El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.
La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.
De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.
Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.
El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.
En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.
La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.
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