mayo 17, 2022

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Maradona, transparente a su manera | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Los defectos de Diego Armando Maradona eran perceptibles desde cualquier ángulo. A donde quiera que uno volteara había un rasgo que le hundía. Fuera sus posiciones políticas, sus relaciones sociales o la manera en que conducía su propia existencia, había razones de sobra para confinarlo en la mazmorra. Lo asombroso es que alguien así pudiera brillar. Y él lo hacía. De la misma forma en que su lado obscuro salía sin recato, su talento afloró los suficiente para guardarle un sitio en la posteridad. Maradona era transparente, una cualidad que es de agradecerse en medio de la marea de disimulos que conforma nuestro tiempo.

Sería un error decir que la valía de Diego se sustentaba en el plano lo palpable, esa vulgaridad que podrá quedarse en el ámbito académico. No cometeré la desfachatez. Maradona fue un espíritu romántico y desde ese lado hay que comprenderlo. Cualquier comparación con otro futbolista se desbalancea por este último factor, uno inasible y que cuesta explicar.

Si uno atiende a los números, a las vitrinas o a alguna prueba cuantitativa es probable que un puñado de sujetos se le equiparen e incluso le superen. Por fortuna el futbol, como tantas cosas buenas de la vida, va más allá y atiende a una temperatura, a un recuerdo, a un escalofrío que nadie mide y que no viene en los registros. Cualquiera que haya experimentado la emoción tiene una deuda impagable con aquel tipo imperfecto.

El viejo futbol tenía eso, daba oportunidad a los proscritos, a los que en casi cualquier otra esfera deportiva habrían acabado en la ruina. Alguien con el físico y carácter de Maradona solo tenía cabida en un deporte semejante. En el ejercicio perpetuo de sobreponerse. Ahí un elemento constitutivo de su forma de jugar: se desvivía, por sí mismo, por su país y por los suyos. Ellos lo notaban y le correspondían, ningún otro ha causado el mismo amor.

En la trayectoria profesional de Maradona está el divertimento en comunión con el desespero de saber que no queda de otra. Para los que vienen de la humildad toca romperla en el único reducto que queda, la cancha, la música o, si no, abrazar la miseria. Los de su estirpe no juegan en exclusiva por el simple gusto. En él puedes ver el ansia. El anhelo de revancha que transita a cada paso y que apenas en la gloria compensa lo que la circunstancia le negó.

La transparencia de Maradona destilaba en su llanto, del que Bioy Casares alguna vez se burló. Qué sabía él. Diego lloró sin pudor en múltiples ocasiones, confiriendo dignidad a un acto del que el hombre se priva por alguna farsa que no se sabe muy bien de dónde salió.

En un entorno tan de barrio como el suyo, y más con un personaje como el que cargaba, uno podría pensar que tirarse a llorar sería un desatino que lo haría víctima del escarnio, y al final resultó que no. Diego abrió otra brecha en el plano del sentimentalismo. En un conglomerado de machos mostró que el más grande y rupestre de ellos se podía derrumbar y dar muestras de cariño sin sentirse culpable por ello. En consecuencia los demás podían hacerlo también. Un alivio.

Soy propenso a buscar la belleza ahí donde está la obscuridad y Maradona era un manto surtidor al respecto. No era un hombre higiénico y dentro de la cancha tendía a lo impúdico (no se diga fuera de ella). Pienso en el gol más importante de su carrera. El segundo gol que anotó contra Inglaterra en el mundial de México 86. Tras el pecado celestial de la llamada “mano de Dios”, Maradona se redimió con un gol que en un plano de justicia debía valer por dos, aquel en el que tomó el balón por detrás de media cancha y que llegó a las redes tras driblar a cinco rivales. Pero lo más importante es el momento peor: la definición. La épica de anotar en plena caída, ya sin vocación estética, titubeante, al borde del fracaso, deshecho, el último aliento que no obstante se engancha al milagro.

La narración clásica de Víctor Hugo Morales sigue un patrón similar al del gol, así que, valga la obviedad, es la compañía idónea. Junto a las imágenes conforma lo mejor que Argentina y Uruguay han legado al planeta este que se desploma. De aquella narración que eriza la piel y que deja la lágrima a tiro de piedra, preste atención a los últimos segundos. Tras la euforia de la narración, la frase memorable tras otra —el barrilete cósmico que no se sabe bien de dónde viene —, llega un último aliento, el equivalente al 10 que dispara mientras se tropieza. El “Gracias, Dios. Por el futbol, por Maradona, por estás lágrimas. Por este Argentina 2, Inglaterra 0”, que Víctor Hugo Morales dice desbordado, ya casi sin voz y con el sabor agridulce que supone la vuelta la realidad. El tiempo se detiene ante la magia pero eventualmente regresa.

Vuelvo a pensar en Maradona cuando era un niño, el que tenía tanta habilidad que hizo pensar a un entrenador que el supuesto pibe era más bien un enano. No lo era. Jugaba en su propia categoría y por eso es inigualable. Lo dicho, muchos otros quizá le hayan superado en aptitud, en trofeos, en números. Que se queden con las estanterías que no se comparan a eso otro, lo insabible. La inspiración que irradia en los niños, el ánimo poético, apasionado. El de las frases memorables que no se sabe cómo es que una cabeza como la suya concibió. El que te anima en la penumbra y que en su biografía misma constituye una tragedia que suma a su leyenda.

Diego Armando Maradona, un hombre que asumía sus pecados y que, como él mismo dijo, los pagó. La segunda mitad de su vida fue una prolongada condena. Su ejemplo muestra que más allá de cualquier juzgado o castigo formal, nadie sale indemne y siempre hay un precio que se paga, aunque los demás no lo noten, y a veces ni uno mismo se dé cuenta tampoco.

Maradona seguirá como blanco de críticas a perpetuidad (y hay material de sobra para hacerlo). No seré yo quien recurra ellos ahora, que sean los seres inmaculados los que juzguen sin piedad. Los alaridos ideológicos que intentan imponer silencio al resto. Es probable que la prosapia del personaje pueda medirse por este otro barómetro del que no se dice mucho pero que cuenta un montón: el hecho de que todas esos dardos, todas esas detracciones, no le hagan ni cosquillas a aquel muchacho que un día se propuso darle magnetismo a un balón.

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Basketball Without Borders se llevará a cabo en San Luis Potosí

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Este campamento de la NBA se desarrollará del 16 de mayo hasta el 19 de mayo

Por: Redacción

Esta tarde, se inauguró el evento Basketball Without Borders en San Luis Potosí, Raúl Zárraga, director general de la NBA México, comentó que la intención de este evento de la NBA es que se desarrolle el baloncesto mexicano, además aseguró que el basquetbol es el segundo deporte más practicado en nuestro país y la NBA ya está actuando al respecto.

El director general de la NBA México comentó: “El objetivo es conocer a jugadores de toda la región, que se acerquen a la NBA,

tenemos que hacernos alcanzables y ayudar a los diferentes competidores a dar el siguiente paso en sus trayectorias deportivas”.

Basketball Without Borders inició este 16 de mayo y estará hasta el 19 de mayo. En este evento formarán parte 64 niños de 17 países de Latinoamérica y que tardó 11 años en regresar a México, desde su primera aparición en tierras aztecas en 2011.

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#4 Tiempos

Gracias | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

Mucho podría hablar sobre el juego de cuartos de final entre San Luis y Pachuca, los errores en la marca, lo peligroso de Ibañez, los fallos de Murillo, en fin, demasiadas cosas sucedieron en la cancha del Lastras el miércoles por la noche.

Sin embargo hoy no quiero hablar de lo que sucedió en el rectángulo verde, hoy quiero hablar de la tribuna.

Simplemente gracias. Gracias a este equipo que me dio la oportunidad de volver a ver un estadio vibrante, una afición esperanzada y muchos rostros felices. Y es que ser aficionado al futbol en tierras potosinas, es una labor complicada, entre mudanzas, equipos malos, descensos y derrotas, el futbol en San Luis se traduce en sufrimiento.

Cuando la pandemia arrancó, el futbol potosino apenas llevaba unos meses en el máximo circuito después de su ascenso. El golpe a la afición fue duro, ya que semanas antes se había dado la lamentable bronca contra Querétaro que había terminado con juegos a puerta cerrada; en pocas palabras, entre una y otra cosa, el estadio no se pudo llenar.

Tuvieron que pasar los meses, los años, para que San Luis volviera a ilusionar, hoy este equipo que dista mucho de ser el mejor, levanta la mano con mucho sacrificio y humildemente busca aparecer en la historia local

: jugadores de bajo cartel, jóvenes y un par de referentes veteranos que intentan sobresalir nuevamente. San Luis hoy no pierde nada, para San Luis cualquier cosa es ganancia.

Por eso gracias, gracias a este equipo, a estos jugadores y cuerpo técnico, porque con muy poco están haciendo mucho, la ciudad vuelve a vivir esa emoción de ir al futbol, y aunque sé que esto puede ser muy efímero, agradezco que después del encierro y todos los problemas que se han sucitado, todavía pudieron encender las cenizas para alumbrar con emociones.

Así que, pase lo que pase el próximo sábado en Pachuca, yo ya me doy por bien servido, volver a ver el Lastras vibrar en primera, era algo que en ocasiones pensé que nunca más iba a volver a ver.

Gracias San Luis… y toda su gente.

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Los potosinos que llegaron al quinto partido de la Copa del Mundo

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Carlos Muñoz y “El Abuelo” Cruz fueron, por diferentes motivos, referente del Mundial de México 1986

Por: Ana G Silva

En México se han realizado dos mundiales de futbol en 1970 y 1986, durante el segundo, San Luis Potosí tuvo dos representantes con la Selección Mexicana: Francisco “El Abuelo” Cruz y Carlos Muñoz, quienes formaron parte de la alineación que ha puesto por primera y única vez al tricolor en el quinto partido.

La Selección Mexicana, llevada de la mano de Bora Milutinović, formó parte del grupo B. En el primer partido, contra Bélgica, el equipo ganó 2-1; contra Paraguay empató a uno y con Irak ganó por la mínima obteniendo así el liderato. Durante el partido de octavos de final, México se enfrentó y venció 2-0 a Bulgaría, con lo que obtuvo por primera vez el pase al quinto partido, el cual se jugó contra Alemania y que desafortunadamente para el equipo de casa se perdió en penales con un marcador de 4-1.

Carlos Muñoz fue titular en esa Copa del Mundo en el mediocampo, disputó cuatro de los cinco partidos del Tri y destacó como jugador referente y uno de los favoritos del técnico Milutinović.

Francisco Cruz fue suplente; sin embargo, en el partido contra Alemania, que se jugó en Monterrey, ciudad donde radicaba y jugaba, durante todo el partido se escucharon cantos y gritos de los aficionados para apoyarlo y pedir que ingresara al campo de juego: “¡Sacaremos al Abuelo de la banca, sacaremos al Abuelo de la banca, sacaremos al Abuelo de la banca, lo sacaremos, sacaremos sí señor!”. “El Abuelo” Cruz entró y al poco tiempo marcó un gol, pero fue anulado por una supuesta falta de Hugo Sánchez. Al final, México quedó eliminado del Mundial en tanda de penales, en una de las eliminaciones más dolorosas.

Durante este Mundial sucedieron otros acontecimientos históricos para el futbol: el primero fue que México se convirtió en el primer país en celebrar dos veces la Copa del Mundo luego de que Colombia renunciará a ser la sede debido a que no cumplía con las exigencias de la FIFA respecto a los recintos. Otro momento fue en el partido de cuartos de final de Argentina contra Inglaterra donde Diego Armando Maradona anotó sus dos goles más famosos: uno que consiguió con la mano, la denominada “Mano de Dios”; minutos después el mismo jugador argentino burlaría a sus adversarios desde la mitad cancha consiguiendo el segundo tanto, uno de los mejores de la historia, conocido como “El Gol del Siglo”.

Otra de las anécdotas ocurridas durante el Mundial de México 86 fue que por primera vez en la historia de los mundiales, fue expulsado un entrenador, Cayetano Ré, técnico de Paraguay; además también ocurrió la expulsión más rápida en un partido mundialista, pues José Batista, jugador de Uruguay, recibió la tarjeta roja cuando tenía 56 segundos de partido.

 

LOS POTOSINOS

Francisco “El Abuelo” Cruz

El originario de Cedral se destacó por ser uno de los jugadores que logró ganarse el corazón de dos aficiones rivales: la de Monterrey y la de Tigres. Surgió de las fuerzas básicas del Club de Fútbol Monterrey, donde debutó en 1984 a los 18 años, rápidamente logró quedarse la titularidad en el equipo.

Cuatro años después fue cedido al Logroñés, equipo español, y en 1992 regresó a México para formar parte de Tigres, en 1995 pasó CF Atlante donde permaneció un año y regresó con el equipo de la UANL, para 1997 se fue al equipo búlgaro PFC CSKA Sofia y finalmente volvería al equipo con el que debutó y terminaría su carrera el primero de mayo del 2000.

Al inició de su regreso al club rayado, no fue bien recibido por los aficionados, sin embargo poco a poco se fue ganando su confianza.

 

Carlos Muñoz

Muñoz llegó a Tigres procedente del Atlético Potosino y con el equipo universitario se convirtió en una destacada figura del medio campo, pues permaneció en la escuadra por 13 años, de 1982 a 1995. Participó en 368 partidos del torneo de Liga y por mucho tiempo fue el segundo jugador con más juegos en la institución felina, sólo detrás de Boy.

Aunque Muñoz es un histórico de Tigres, en su palmarés no existe algún título con el equipo auriazul, pues llegó después del campeonato de Liga de la temporada 1981-92, y se fue antes del título de Copa del torneo 1995-96.

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Opinión