abril 22, 2021

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Maradona, transparente a su manera | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Los defectos de Diego Armando Maradona eran perceptibles desde cualquier ángulo. A donde quiera que uno volteara había un rasgo que le hundía. Fuera sus posiciones políticas, sus relaciones sociales o la manera en que conducía su propia existencia, había razones de sobra para confinarlo en la mazmorra. Lo asombroso es que alguien así pudiera brillar. Y él lo hacía. De la misma forma en que su lado obscuro salía sin recato, su talento afloró los suficiente para guardarle un sitio en la posteridad. Maradona era transparente, una cualidad que es de agradecerse en medio de la marea de disimulos que conforma nuestro tiempo.

Sería un error decir que la valía de Diego se sustentaba en el plano lo palpable, esa vulgaridad que podrá quedarse en el ámbito académico. No cometeré la desfachatez. Maradona fue un espíritu romántico y desde ese lado hay que comprenderlo. Cualquier comparación con otro futbolista se desbalancea por este último factor, uno inasible y que cuesta explicar.

Si uno atiende a los números, a las vitrinas o a alguna prueba cuantitativa es probable que un puñado de sujetos se le equiparen e incluso le superen. Por fortuna el futbol, como tantas cosas buenas de la vida, va más allá y atiende a una temperatura, a un recuerdo, a un escalofrío que nadie mide y que no viene en los registros. Cualquiera que haya experimentado la emoción tiene una deuda impagable con aquel tipo imperfecto.

El viejo futbol tenía eso, daba oportunidad a los proscritos, a los que en casi cualquier otra esfera deportiva habrían acabado en la ruina. Alguien con el físico y carácter de Maradona solo tenía cabida en un deporte semejante. En el ejercicio perpetuo de sobreponerse. Ahí un elemento constitutivo de su forma de jugar: se desvivía, por sí mismo, por su país y por los suyos. Ellos lo notaban y le correspondían, ningún otro ha causado el mismo amor.

En la trayectoria profesional de Maradona está el divertimento en comunión con el desespero de saber que no queda de otra. Para los que vienen de la humildad toca romperla en el único reducto que queda, la cancha, la música o, si no, abrazar la miseria. Los de su estirpe no juegan en exclusiva por el simple gusto. En él puedes ver el ansia. El anhelo de revancha que transita a cada paso y que apenas en la gloria compensa lo que la circunstancia le negó.

La transparencia de Maradona destilaba en su llanto, del que Bioy Casares alguna vez se burló. Qué sabía él. Diego lloró sin pudor en múltiples ocasiones, confiriendo dignidad a un acto del que el hombre se priva por alguna farsa que no se sabe muy bien de dónde salió.

En un entorno tan de barrio como el suyo, y más con un personaje como el que cargaba, uno podría pensar que tirarse a llorar sería un desatino que lo haría víctima del escarnio, y al final resultó que no. Diego abrió otra brecha en el plano del sentimentalismo. En un conglomerado de machos mostró que el más grande y rupestre de ellos se podía derrumbar y dar muestras de cariño sin sentirse culpable por ello. En consecuencia los demás podían hacerlo también. Un alivio.

Soy propenso a buscar la belleza ahí donde está la obscuridad y Maradona era un manto surtidor al respecto. No era un hombre higiénico y dentro de la cancha tendía a lo impúdico (no se diga fuera de ella). Pienso en el gol más importante de su carrera. El segundo gol que anotó contra Inglaterra en el mundial de México 86. Tras el pecado celestial de la llamada “mano de Dios”, Maradona se redimió con un gol que en un plano de justicia debía valer por dos, aquel en el que tomó el balón por detrás de media cancha y que llegó a las redes tras driblar a cinco rivales. Pero lo más importante es el momento peor: la definición. La épica de anotar en plena caída, ya sin vocación estética, titubeante, al borde del fracaso, deshecho, el último aliento que no obstante se engancha al milagro.

La narración clásica de Víctor Hugo Morales sigue un patrón similar al del gol, así que, valga la obviedad, es la compañía idónea. Junto a las imágenes conforma lo mejor que Argentina y Uruguay han legado al planeta este que se desploma. De aquella narración que eriza la piel y que deja la lágrima a tiro de piedra, preste atención a los últimos segundos. Tras la euforia de la narración, la frase memorable tras otra —el barrilete cósmico que no se sabe bien de dónde viene —, llega un último aliento, el equivalente al 10 que dispara mientras se tropieza. El “Gracias, Dios. Por el futbol, por Maradona, por estás lágrimas. Por este Argentina 2, Inglaterra 0”, que Víctor Hugo Morales dice desbordado, ya casi sin voz y con el sabor agridulce que supone la vuelta la realidad. El tiempo se detiene ante la magia pero eventualmente regresa.

Vuelvo a pensar en Maradona cuando era un niño, el que tenía tanta habilidad que hizo pensar a un entrenador que el supuesto pibe era más bien un enano. No lo era. Jugaba en su propia categoría y por eso es inigualable. Lo dicho, muchos otros quizá le hayan superado en aptitud, en trofeos, en números. Que se queden con las estanterías que no se comparan a eso otro, lo insabible. La inspiración que irradia en los niños, el ánimo poético, apasionado. El de las frases memorables que no se sabe cómo es que una cabeza como la suya concibió. El que te anima en la penumbra y que en su biografía misma constituye una tragedia que suma a su leyenda.

Diego Armando Maradona, un hombre que asumía sus pecados y que, como él mismo dijo, los pagó. La segunda mitad de su vida fue una prolongada condena. Su ejemplo muestra que más allá de cualquier juzgado o castigo formal, nadie sale indemne y siempre hay un precio que se paga, aunque los demás no lo noten, y a veces ni uno mismo se dé cuenta tampoco.

Maradona seguirá como blanco de críticas a perpetuidad (y hay material de sobra para hacerlo). No seré yo quien recurra ellos ahora, que sean los seres inmaculados los que juzguen sin piedad. Los alaridos ideológicos que intentan imponer silencio al resto. Es probable que la prosapia del personaje pueda medirse por este otro barómetro del que no se dice mucho pero que cuenta un montón: el hecho de que todas esos dardos, todas esas detracciones, no le hagan ni cosquillas a aquel muchacho que un día se propuso darle magnetismo a un balón.

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#Crónica | El castigado regreso para la afición del Atlético de San Luis

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Luego de más de un año sin gente en las gradas, la escuadra potosina recibió a su afición con una derrota de 4-1 ante el Puebla

Por: Ana G Silva

Esta fue la última esperanza del Atlético de San Luis condenado a pagar una multa de 120 millones de pesos y quedarse siquiera sin repechaje, filas de personas que se dieron cita para apoyar a su equipo y que tal vez, solo tal vez, con sus cánticos, sus apoyos y aplausos harían que la escuadra tunera lograra despertar y que no se los habían permitido gracias a este eterno año de pandemia por el covid-19.

Entre las filas se logró percibir la presencia de mayores de 60 años que unos días antes fueron a vacunarse contra el coronavirus.

Así es como comenzó el encuentro entre el Atlético de San Luis contra Puebla en el coloso de Valle Dorado que siempre se veía lleno, pero en esta ocasión solo se le permitió la entrada a 5 mil 175 aficionados, que el sábado, puntuales llegaron a la cita, esos que, en las buenas, en las malas y en el covid nunca han dejado de seguir a su equipo, sin importar el nombre o el color que vistan.

El Alfonso Lastras volvió a ver las caras que desde hace más de un año no se presentaban, unos rostros llenos de esperanza y alegría de regresar, llenos de sudor por los 30 grados centígrados que el termómetro registró, listos con sus celulares para tomarse fotos donde de fondo están los jugadores en el terreno de juego, o la foto de la cerveza en la mano para subirla a sus historias en redes sociales.

Todo fue especial, todo fue como siempre, con el clásico calentamiento, con Nico Ibáñez, con Damián Batallini, con Germán Berterame, con Axel Werner, con el camarógrafo ajustando el lente, el árbitro lanzaba la moneda para determinar quién iba a sacar, los jugadores se colocaban en su posición y así arrancaban los primeros 90 minutos.

La Guerrilla en aquella esquina de la Zona Movil en las gradas no podía faltar y que en varias ocasiones tuvieron que sentar y callar debido a las restricciones por la nueva normalidad, hacían que aunque de regreso, sí, eran el claro ejemplo de que ya nada es igual, pues esos que siempre se abrazaban, que con tambores y bombos se desgastaban las gargantas para cantar, que ondeaban banderas, que tomaban y fumaban, no estaban completos y por esta vez, fueron parte de los aficionados que solo van a observar.

En varias ocasiones, durante el primer tiempo, todos en el estadio se unieron para expresar unos cuantos “¡Agggg!” por jugadas que el Atlético de San Luis tuvo para hacer gol o que no pudieron concretar, también varios “¡ufff!” de algunas atajadas por parte de Werner o por las intervenciones de la defensa rojiblanca. No fue hasta el minuto 41 cuando Santiago Ormeño anotó el primer tanto para el visitante y enseguida resonó como en una sola voz “¡San Luis, San Luis, San Luis!”.

Ya para el segundo tiempo el estadio estaba un poco silenciado, algunos rebeldes que se quitaban el cubrebocas pero los elementos de seguridad del estado los obligaban a ponérselos nuevamente.
En el minuto 60 Cristián Tabó hacia el 2-0, “¿Y eso que? aún queda tiempo” gritó el hombre tatuado con playera auriazul, esa del Real San Luis del 2002. Los potosinos no bajaban la guardia y 7 minutos después parece que el universo se alineó para que Luis Gallegos hiciera el primer tanto del Atlético de San Luis: “Todavía se puede”, gritó una chica rubia que iba acompañada de su novio.

El reloj indicaba el minuto 84 del partido y el árbitro hizo sonar su silbato, señalando con su mano al punto penal de la escuadra de casa, algunos en las gradas confundidos por no saber qué pasó, y aunque en el fondo querían que Daniel Álvarez fallara, el destino se puso la del Puebla.

Los rostros de los asistentes cambiaron y aunque los rayos de sol aún eran fuertes y hacía que algunos se cubrieran con sus suéteres para evitar quemarse, no calentaban sus ánimos y comenzaron a reclamar “¡Fuera Rocco!”, y así como en el inicio esperaban entrar, ahora deseaban que todo acabara, pero en el tiempo extra a los poblanos no les importó que los potosinos ya estuvieran “muertos” y el delantero Guillermo Martínez hizo el 4-1 y una vez más, pero con más ímpetu, se escuchó “¡Fuera Rocco!”.

El silbatazo final se escuchó en todo el recinto, los aficionados salieron en silencio respetando el protocolo establecido por las autoridades del estadio, todos sacudiéndose la marca de tierra que les dejó su asiento por no ser usado desde marzo del año pasado. La mayoría ya ni siquiera voltearon a echar un último vistazo al coloso que encendía las luces pues comenzaba a caer la noche.

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Columna de Nefrox

Una liga en Norteamérica | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO.

 

Mucho se ha hablado de esa idea de generar una fusión entre la MLS y la Liga MX, una oferta el poderío de la organización mientras la otra presume el poderío deportivo, una luce sus estadios de primer mundo y la otra el color de su afición, y ¿saben? Es verdad, creo que todos podrían ganar mucho.

La Liga MX ha demostrado a lo largo de los años una verdadera supremacía deportiva en CONCACAF: los equipos mexicanos parecen estar lejos del restro de los clubes del área, pensando a veces en competir más con Sudamérica que con la región; pero del otro lado, la MLS ha demostrado un increíble nivel de organización, un verdadero poderío tanto en infraestructura como en contratos, una liga que en esos rubros busca competirle mercado ni más ni menos a ligas tan poderosas como la NBA, la NFL o la MLB. Ambas ligas tienen mucho qué ofrecer, mucho qué enseñar pero sobre todo mucho qué aprender una de la otra.

Ahora bien, soñemos un poco: imaginemos una fusión entre las ligas, un gran monstruo donde pudieran coexistir todos los equipos de cada país. Inventemos nuestra Súper Liga Norteamericana.

Actualmente la MLS está conformada por 27 equipos, dividos en dos conferencias, sin embargo hay tres equipos que entrarán a competir en los próximos años en la liga: Charlotte, St Louis y Sacramento. Alcanzando con esto el número mágico de 30 equipos.

Por el lado de la Liga MX, actualmente se cuenta con 18 equipos en la primera división y 16 en la liga de expansión, dando un total de 34 equipos.

Se ha hablado mucho sobre la posibilidad de establecer una súper liga con 60 equipos, 30 de la MLS y 30 de México. Pero para hacer más emocionante la propuesta, dividamos esos 60 equipos en 3 divisiones, evidentemente cada una con 20 equipos participantes.

Imaginemos ahora, una liga donde entre sus tres divisiones exista ascenso y descenso, muy al estilo de las ligas europeas, 3 ascensos y 3 descensos al año, todos ligados a los últimos lugares de la tabla anual. También imaginemos el reparto equitativo de los derechos de transmisión, publicidad y mercadeo, entre todos los participantes de las divisiones.

Por último, hagamos el ejercicio de establecer las divisiones y el acomodo de cada equipo, basándonos en los últimos resultados de cada participante en sus ligas actualmente.

Comencemos con la tercera división: del lado de la liga Mx tendremos que sacrificar a dos equipos, para esto tomaré a los dos últimos lugares de la tabla actual de la liga de expansión: UdeG y Correcaminos. Para emparejar a los 10 equipos mexicanos representantes en la segunda división, separaré a los dos primeros lugares de la tabla actual: Morelia y Cimarrones. Con esto quedaría así la representación mexicana: Celaya, Zacatecas, Atlante, Tapatío, Tepatitlán, Cancún, Dorados, Tlaxcala, Oaxaca, Mérida, Tabasco y Tampico.

Mientras que en la MLS: Charlotte, St Louis y Sacramento (como equipos nuevos) Cincinnati, Houston, DC United, Atlanta, Chicago, Salt Lake, Austin.

En la segunda división colocaremos a los dos mejores de la liga de expansión y a los 8 peores de la liga mx actualmente, así como a los lugares del 11 al 20 de la MLS.
México: Morelia, Cimarrones, Necaxa, Juárez, San Luis, Chivas, Pachuca, Pumas, Tijuana y Mazatlán.
MLS: Los Angeles, Miami, Montreal, Vancouver, San Jose, New England, Nashville, Red Bull NY, LAFC y Dallas.

En la primera división, colocaríamos a los mejores equipos de la actualidad de cada liga.
México: Querétaro, Tigres, Toluca, León, Atlas, Santos, Puebla, Monterrey, América y Cruz Azul.
MLS: Colorado, Minnesota, Portland, New York, Seattle, Orlando, Columbus, Kansas, Toronto y Philadelphia.

El ejercicio resulta interesante como propuesta, una liga con ascensos y descensos deportivos justos, una competencia cerrada que ayudará a levantar el nivel deportivo y económico de las ligas y por ende de la región.

Sin embargo, el ejercicio tiene problemas: como el descenso a la segunda división de equipos históricos de ambas ligas como Los Angeles, Red Bull o Chivas y Pumas. Mientras que equipos pequeños participarían en la primera división, como Orlando, Colorado o Atlas y Querétaro. Eso se tendría que ajustar mejor.

La idea existe, ojalá se concretara de la mejor manera para ambas ligas, el futbol de la CONCACAF merece un mejor lugar a nivel mundial y justo es desde ahí, desde las ligas, donde puede darse el movimiento importante para dar el siguiente paso. Habrá que esperar, que decidan lo verdaderamente mejor en todos los aspectos.

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¿Dónde está Tunita, el amuleto del Atlético de San Luis?

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¿La mala racha del equipo es porque no ha ido a los partidos?

Por: Ana G Silva

El 17 de enero del 2020 en la jornada dos del Torneo de Clausura del Fútbol Mexicano, el Atlético de San Luis jugaba en contra del Cruz Azul en el estadio Alfonso Lastras. Cuando se disputaba el primer tiempo del encuentro Tunita, la famosa perrita, invadió la cancha interrumpiendo el juego por unos segundos y que fue cargada por Germán Berterame para sacarla del terreno de juego, la cual mencionaron que fue el amuleto de la buena suerte para que el equipo tunero ganara el encuentro 2-1.

El Atlético de San Luis no dejaría escapar fácilmente a su talismán y luego de que se perdiera, el club pidió la ayuda de sus seguidores, incluso, en redes sociales se ofreció una recompensa (una camiseta del equipo), para encontrarla y darle un hogar en las instalaciones del Camino a la Presa.

La idea del Atlético de San Luis es que la perrita, que sirvió de talismán para imponerse al Cruz Azul, se integrara a los otros caninos que ya vivían en la institución, Canela, Pirata y Güera.

La sensación de Tunita fue tal que se volvió sensación del futbol mexicano y además hicieron su digitalización en el juego de la “eLiga”. En el videojuego el can ‘invadió’ la transmisión segundos antes del silbatazo inicial y, con control en mano, apareció en las pantallas y dentro del terreno de juego.

Ahora, Jesús Torres, jefe de información del equipo potosino, indicó que Tunita está viviendo en casa de uno de los trabajadores del equipo, y no suele ir al club tan seguido; incluso comentó que en esta temporada la cachorra solo ha visitado una vez las instalaciones.

Cabe mencionar que el Atlético de San Luis pasa por un mal momento pues si el torneo acabara hoy, el equipo tunero tendría que desembolsar una multa de 120 millones de pesos para mantenerse en Liga MX, cifra que mantiene preocupada a la gente en Europa; también ocupa el lugar 16 de la tabla general y está a punto de quedarse sin repechaje.

Este sábado el equipo rojiblanco abrirá las puertas a los aficionados y disputarán el partido ante Puebla con público; sin embargo, el mismo Jesús Torres argumentó que no hay planes de llevar a Tunita al encuentro para “brindarles buena suerte”.

El jefe de prensa argumentó que no existen razones por las cuales no suelan llevar a la perrita al Club, pues cuando va suele jugar con los otros perros y pasear por las oficinas.

Torres comentó que los jugadores y jugadoras preguntan por ella, y se lleva bien con todas las personas.

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