abril 6, 2026

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Balancear la fórmula: Gabriela Palestino, entre la terquedad y el éxito

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Hay gente que estudia química… y hay quien convierte su vida en una reacción constante. Es el caso de la doctora Gabriela Palestino

Por: Jorge Saldaña

Es fácil hablar con la doctora Gabriela Palestino; es la directora de la Facultad de Ciencias Químicas, es investigadora, universitaria, doctorada en Francia, se mueve en un entorno competitivo en los que cuentan los cargos y premios, ella tiene ambos, el último es el Premio Potosino de Ciencia e Innovación; también es madre de familia y como buena ingeniero químico, sabe balancear la fórmula entre ser una mujer de éxito, al que define como el logro de metas para beneficio de los demás, y una madre de familia que desea la felicidad de sus cercanos.

Es cualquier jueves al medio día cuando se concretó la cita para la entrevista. Hay dos formas de llegar a la Facultad de Ciencias Químicas, atravesando el Hábitat, o subir desde el Hospital Central, pasando por ingeniería, estomatología y geología. Es un espacio que si bien no es el corazón de la Zona Universitaria, si es un sitio que la conecta y articula.

En su oficina nos espera una pequeña mesa de juntas con sillas genéricas de oficina y una esquina en la que se dispuso un sillón a rayas flanqueado por una bandera de la UASLP.

Puntual, la doctora llega a la cita con talante afable, y hasta accede a repetir su entrada y saludo que por un error técnico no se grabó a la primera.

Luego de presentaciones y saludos, la doctora toma su lugar e iniciamos la entrevista con una pregunta tan abierta como profunda, ¿Quién es Gabriela Palestino?

La doctora se toma unos segundos antes de responder, como si acomodara elementos de una tabla periódica íntima antes de responder.

“Somos muchas cosas”, dice. “Es una pregunta compleja”.

Lo dice sin solemnidad y ambas partes, entrevistada y entrevistador, coinciden en que una biografía y una descripción de algo tan complejo como un ser humano, no cabe en una sola frase.

Ahí, en el rumbo de “somos muchas cosas” la doctora transita en su definición entre una mujer inquieta, terca (en un sentido productivo del término) y exitosa.

Antes de la investigación, antes del doctorado en Francia, antes de la dirección de una facultad, también relató su paso por la industria.

Fue ahí donde ocurrió una revelación que suele repetirse en muchas historias científicas: el descubrimiento de que la práctica cotidiana está llena de preguntas que todavía no tienen respuesta.

En medio de procesos programados y rutinas industriales, Palestino comenzó a detectar problemas que —según su intuición— podían resolverse desde el laboratorio.

La ciencia, entonces, apareció como un camino.

“No siempre tuve claro qué iba a pasar”, reconoce. “Me hubiera encantado tener una bola de cristal”.

Pero no la tuvo. Ningún científico serio la tiene y mucho menos le creería sin evidencia.

Y es que- se le plantea- en el imaginario popular, la ciencia suele representarse como un territorio gobernado por la inteligencia. Sin embargo, al escuchar la respuesta de Palestino, uno sospecha que hay otra variable menos romántica y más decisiva: la disciplina.

O, como ella dijo, esa disciplina se transforma en una forma de terquedad, asunto que la doctora admite sin rodeos.

Sí, la ciencia exige insistencia. Persistencia. Volver a intentar cuando el experimento falla. Y volver otra vez. No la terquedad del capricho, sino la del método.

Cuando se le pregunta por el éxito, su respuesta se mueve en otra dirección.

Para ella, el éxito ocurre cuando una meta se alcanza y además genera beneficios para otros.

“Cuando lo que haces impacta a las personas que están alrededor”.

La definición tiene algo de ecuación ética.

¿Se considera a sí misma una mujer exitosa?

La respuesta llega con serenidad, sin falsa modestia ni triunfalismo.

-Sí.

Pero no como punto final, sino como parte de un proceso que no está terminado, que se sigue moviendo.

En medio de la conversación aparece una escena doméstica que dice mucho sobre sus prioridades y es cuando se le pregunta por la realización personal, Palestino menciona algo que no aparece en los currículos académicos: ver a sus hijos felices, acompañados y con proyectos de vida propios.

En otras palabras, el éxito también tiene un lado íntimo.

Uno que no se mide en papers ni en citas bibliográficas.

La doctora suele bromear con que su formación como ingeniera química le ha servido para algo más que entender reacciones moleculares: también le ha ayudado a equilibrar la ecuación entre la vida académica y la vida familiar.

Ser investigadora, directora de facultad y madre de familia exige una especie de alquimia. Una mezcla de organización, disciplina y, probablemente, un poco de paciencia.

“A veces soy más mamá que profesionista… o las dos cosas al mismo tiempo”, dice. Como ingeniera, sabe que el equilibrio “Es una obligación con mis deberes, con mi esposo, con mis hijos”.

En algún punto de la conversación aparece la pregunta inevitable: ¿para qué sirve la ciencia?

Para ella, la investigación adquiere sentido cuando logra impactar en la sociedad.

Cuando mejora una comunidad.

Cuando deja de ser únicamente un experimento dentro del laboratorio y se convierte en una solución afuera.

Dirigir una facultad, sin embargo, introduce otra dimensión.

Pasar del laboratorio a la administración implica un cambio de lógica: de investigar moléculas a coordinar personas.

Y gobernar personas es un ejercicio mucho más impredecible que cualquier reacción química.

La doctora lo explica con naturalidad.

La clave, dice, es escuchar.

Escuchar problemas, escuchar ideas, escuchar inconformidades.

Luego aplicar algo que la ciencia enseña muy bien: analizar, ordenar y buscar soluciones.

Si se quiere, gobernar una facultad también puede parecerse a diseñar un experimento.

La conversación inevitablemente llega a un tema que atraviesa a muchas instituciones académicas: la igualdad.

Palestino la define de manera precisa: Igualdad es que todas las personas tengan acceso a las mismas oportunidades y beneficios. Ni más ni menos.

El dato inevitable aparece en la charla: en más de cien años de historia, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí nunca ha tenido una rectora.

La doctora no evade la cuestión.

Reconoce que han existido brechas históricas, aunque también observa que cada vez hay más mujeres en posiciones de liderazgo académico.

—¿De qué “team” eres, doctora? ¿Debe ser la próxima rectoría para una mujer por cuestiones de equidad de género, o debe privilegiarse la capacidad al género?

Su respuesta es cuidado-diplomática: la capacidad no tiene género, por eso la universidad debería elegir siempre a la persona más capaz.

Pero ataja que, para que eso ocurra, las condiciones de igualdad deben existir realmente.

Hacia el final de la entrevista aparece el tema del movimiento feminista y el significado contemporáneo del 8M.

Palestino habla desde una experiencia personal que la marcó: asistir a una marcha para entender lo que ocurría dentro de ellas.

Lo que encontró —dice— fue una mezcla de dolor acumulado y exigencia de ser escuchadas.

“Hay muchas mujeres que sienten que todavía no han sido tomadas en cuenta”.

La violencia que algunas veces aparece en las manifestaciones, explica, no debe distraer de la discusión de fondo.

Porque el problema central sigue siendo otro: la desigualdad y la inseguridad que todavía enfrentan muchas mujeres.

“Yo soy madre”, dice en algún momento. “Y claro que me gustaría que mis hijas pudieran salir a la calle sin que una tenga que estar preocupada”.

A veces las explicaciones más contundentes son las más simples.

Cuando la conversación entra en su recta final, se le cuestiona ¿qué ocurrirá después de su periodo como directora de la Facultad de Ciencias Químicas?

La respuesta parece seguir la lógica natural de su trayectoria: Volver a la investigación, consolidar proyectos científicos y seguir participando en la gestión universitaria si las oportunidades aparecen. En otras palabras: seguir trabajando. (Algunos de sus pares, no la descartan como un gran perfil para buscar la siguiente rectoría)

La entrevista termina pero sin punto final.

Y es que la conversación de la doctora Palestino es de esas que no terminan, quizás solo cambian de matraz para seguir vigente en la vida universitaria y en la comunidad potosina, donde todas y todos tenemos algo qué decir.

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Detienen a Alberto del Río por presunta violencia familiar

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El luchador potosino fue arrestado después de ser denunciado por supuestamente agredir físicamente a su esposa

Por: Redacción

La tarde de este lunes, la Guardia Civil Estatal detuvo a Alberto Rodríguez, mejor conocido por su nombre dentro de la lucha libre de “Alberto del Río” o “Alberto El Patrón”, por presunta violencia familiar cometida contra su esposa.

De acuerdo con los primeros reportes, el luchador habría agredido física y verbalmente a su pareja, la cual denunció el hecho ante los servicios de emergencia, quienes despacharon elementos al lugar de los hechos.

Una vez ahí, las fuerzas de seguridad habrían observado otra agresión de Rodríguez, quien fue detenido y puesto a disposición de la Fiscalía General del Estado para que se lleve a cabo el proceso correspondiente.

No es la primera vez que Alberto del Río es acusado de una situación similar, pues en 2014, fue despedido de WWE después de agredir fisicamente a un empleado de la empresa, aunque el potosino alegó que se debió a comentarios racistas de la otra persona.

Tras su regreso a la empresa estadounidense en 2015, comenzó una relación con la luchadora Saraya-Jade Bevis, mejor conocida como Paige, con quien llegó a estar comprometido, aunque la boda no se acabó concretando.

La pareja fue extremadamente problemática, y rompieron después de efectuar múltiples denuncias de violencia por ambas partes, incluyendo algunos sonados arrestos en Estados Unidos, y el supuesto veto a Alberto por parte de WWE tras su segunda salida en 2016.

Durante los siguientes años, Paige (ahora conocida como Saraya) ha acusado al potosino en múltiples ocasiones de haberla agredida física y psicológicamente, mientras que Rodríguez la ha señalado a ella de ser la violentadora en la “pesadilla que tuvieron de relación”.

Tras esto, en 2020, “El Patrón” fue detenido en San Antonio tras ser acusado por otra ex-pareja de agredirla física, psicológica y sexualmente, constantemente amenazándola tanto a ella como a su hijo.

En este caso, la justicia estadounidense acabó dictaminando a favor del luchador, pues tras más de un año de investigación, fue exonerado de todos los cargos que le fueron imputados en este proceso.

Después de todas estas polémicas, Alberto El Patrón retomó su carrera luchística con un regreso a la AAA donde se convirtió de nueva cuenta en Megacampeón, pero acabó saliendo de la empresa tras ser adquirida por WWE el año pasado.

Posteriormente, se volvió a poner en el ojo del huracán tras participar en el reality “La Granja VIP”, donde fue muy criticado por sus actitudes hacia Eleazar Gómez; y también peleó recientemente en “Ring Royale”, donde otra vez se le acusó de violento tras detener su combate ante Chuy Almada por la invasión de sus acompañantes, desatando una pelea campal.

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Javier Báez Vélez, los sueños que sí se cumple

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Javier Báez Vélez, nació en San Luis Potosí, conoció en el festival de Lila López la danza contemporánea, y hoy continúa abriendo puertas a jóvenes bailarines de México y el mundo

Por: Haniel Valdés Velázquez

El niño tímido que se subió al escenario

Javier tiene una maqueta grande en su casa con trenes eléctricos y edificios a escala que emulan una ciudad, la maqueta tiene circuitos eléctricos y mecanismos armados por él mismo. Desde niño tenía esta afición, por lo que muchos pensaron que se dedicaría a la electrónica o alguna carrera afín. 

A su edad, su gran problema era comunicarse con los demás, expresarse, compartir ideas, era un niño tímido que no siempre encontraba palabras para decir todo cuanto pensaba. Con el tiempo descubrió que había manera de hablar, aún más alto y de decir más que usando solo palabras.

Javier descubrió sobre un escenario cuerpos dejando mensajes, almas llevando palabras, entre movimientos, descubrió la danza y las mil formas que había de decir, sin tener que hablar.

“Tuve la oportunidad, a los 16 años, de conocer en el festival de la maestra Lila López, una compañía de danza, la del maestro Raúl Flores Canelo, en el Teatro de La Paz.

Desde ese momento me enamoré de la danza, era un momento increíble, un momento único que yo viví en ese tiempo porque para mí fue fascinante ver cómo era posible esa estética, los cuerpos cómo podían expresar muchísimo más de lo que uno puede expresarse con palabras”, recuerda el ahora maestro Javier Báez Vélez.

Ahí comenzó, en San Luis Potosí, con 16 años,  su bregar por la danza y a encontrar su lugar entre las tablas de los escenarios, hasta que dos años después, salió rumbo a Ciudad de México a iniciar una nueva etapa.

En la capital, precisamente bajo la tutela del propio maestro Raúl Flores Canelo, “fue todo un proceso, no nada más técnico, sino también un proceso emocional, de dejar de ser adolescente y hacer un cambio, a ser adulto, a ser responsable de ti mismo.

El maestro Raúl Flores falleció en el 92, entonces estuve 3 años bailando en la compañía, en un tiempo difícil, un tiempo de cambios en la compañía y fue también una situación que me hizo más fácil la decisión de irme a Alemania”.

El viaje que cambió la vida

Luego del fallecimiento del maestro Flores Canelo, a la compañía llegó una bailarina y maestra alemana, natural de Hamburgo, con la que un tiempo después, Javier inició una relación más allá de la danza, Tanja Báez.

“Después de 2 años de estar de pareja, ella decidió regresar a Alemania porque, la Ciudad de México para ella era muy estresante, demasiado grande y fue como decidimos irnos a Alemania.

Fue un una decisión difícil porque fue empezar de cero, únicamente con los pequeños ahorros que estuvimos guardando, 6 u 8 meses. Primero llegamos a Berlín, estuvimos viviendo allí aproximadamente 8 meses, recién había sucedido la caída del muro.

Berlín estaba en un proceso de cambio y toda Alemania. Llegué a bailar en el Metropol Theater, estuve bailando operetas, óperas y proyectos musicales, pero con lo que ganábamos, no era suficiente y por eso decidimos irnos a Hamburgo”, recuerda.

“En Hamburgo, se dio más rápido el proceso de encontrar proyectos, compañías, dar clases en estudios, estuve dando clases también en universidades, haciendo y bailando proyectos y también con compañías donde hacíamos giras en Polonia, Checoslovaquia, Austria y por toda Alemania”.

Ahí, en la segunda ciudad más poblada de Alemania, el potosino encontraría la que hasta día de hoy es su casa, a orillas de uno de los puertos más grandes de Europa, “la Venecia del Norte”, como también se le conoce, tenía un plan preparado para él.

Luego de 7 años, la pareja decide separarse y Javier se vio solo en un país que no era el suyo, lejos de su familia, de su tierra. “Ella era mi familia, entonces estaba en la encrucijada de si regresaba a México o no. Pero en Alemania tenía muchísimo trabajo”.

A los 35 años llegó un momento de esos en que la vida caprichosa decide ponerte una prueba y evaluar qué tan grande es la pasión por lo que haces. “Empecé a tener problemas con mis tobillos, artrosis, y los doctores me dijeron: Tienes que dejar de bailar porque a los 50 vas a andar en silla de ruedas”.

Pero el niño potosino que aprendió a hablar con su cuerpo, a llenar el escenario con movimientos, a crecerse y crecer sobre las tablas no estaba listo para abandonar la danza, no podía bailar, al menos no con sus tobillos, pero podía hacerlo a través del cuerpo de otros tantos, que como él, encontraron en la danza su sueño.

“Decidí guiarme a la docencia y así fue como empecé mi escuela, que es la CDSH, Contemporary Dance School Hamburg”.

Una escuela abierta al mundo

La CDSH “Es una escuela profesional de 3 años. La inicié hace 21 años, en el 2005, cuando ya la consolidé y reestructuré el plan de estudios. 

Ahora vienen alumnos de todo el mundo. Tenemos de África, de la India, alumnos de Latinoamérica y de México. Ya tengo varios egresados mexicanos que están trabajando exitosamente en compañías y en teatros en Hamburgo y en Alemania”.

Hace unos días el maestro Javier Báez realizó audiciones en San Luis Potosí para evaluar a los artistas interesados en cursar sus estudios en la CDSH. Este tipo de audiciones las realiza anualmente en algunas ciudades de México y en otras partes del mundo, con el objetivo de identificar talentos y apoyar a algunos con becas que le permitan estudiar en Europa.

Javier Báez vivió en su propia piel las dificultades que tienen algunos jóvenes para hacer realidad su sueño de dedicarse a la danza y comprende lo difícil que resulta poder estudiar o desarrollarse profesionalmente en Europa, es por ellos que convirtió la CDSH en esa ventana hacia el mundo profesional.

“La estructura que tengo en mi escuela no nada más es técnica, sino también es un desarrollo artístico en el que cada uno de los bailarines y bailarinas reciben actuación, canto, una vez por semana que es como apoyamos a lo que es su desarrollo artístico.

En el segundo año escolar también, tenemos composición, dramaturgia, iluminación en el teatro, fotografía, videos, o sea, complementamos al artista, al bailarín, a la bailarina, para que también pueda hacer sus propios proyectos”, explica.

“Hoy la danza contemporánea, especialmente la que hacemos en la Escuela de Danza Contemporánea de Hamburgo, es decir, hablar y expresar todas estas cosas que tienen por decir los bailarines. 

La danza contemporánea se ha transformado a lo largo de estos últimos años, ya son 40 años desde que inicié mis estudios. Ahora la danza contemporánea no nada más es expresar con tu cuerpo las emociones que el coreógrafo te pide. 

Muchas veces también la danza contemporánea exige hablar en escena, a veces cantar, hacer sonidos, o sea, no nada más se limita a puros movimientos”.

Javier Báez Vélez, nació en San Luis Potosí, conoció en el festival de la maestra Lila López la danza contemporánea, y hoy, luego de más de 35 años en Europa, y más de 20 frente a la Contemporary Dance School Hamburg, continúa abriendo puertas a jóvenes bailarines de México y el mundo.

Los doctores le dijeron hace algún tiempo, a ese niño que aprendió a hablar a través de la danza, que no podía bailar, al menos, no usando sus propias piernas. Hoy el maestro Javier Báez sigue hablando, expresando ideas, sentimientos, emociones, a través de la danza, pero ya no usa solo su cuerpo, usa el de otros tantos alumnos y graduados, a los que la CDSH les dio la oportunidad de hacer realidad sus sueños.

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Más cámaras y vigilancia: refuerzan el C5 en SLP

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La SSPC busca mejorar la respuesta ante emergencias y reforzar la seguridad en accesos clave del estado

Por: Redacción

Jesús Juárez Hernández, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, informó que el sistema de videovigilancia del estado continúa en proceso de fortalecimiento, con la instalación de nuevas cámaras, arcos carreteros y mejoras al sistema de atención de emergencias 911.

El funcionario explicó que, como parte del desarrollo del C5, actualmente se trabaja en la ampliación de la infraestructura tecnológica para mejorar la capacidad de monitoreo y respuesta ante incidentes.

“Se está equipando y colocando más cámaras y arcos carreteros”, señaló.

Además, destacó la construcción de un nuevo punto de atención ciudadana en el acceso a San Isidro, sobre la carretera 57, una de las principales vías de conexión del estado, con el objetivo de reforzar la vigilancia en entradas y salidas estratégicas.

Juárez Hernández indicó que estas acciones forman parte de una estrategia integral basada en el uso de tecnología para fortalecer la seguridad pública, particularmente en zonas de alto flujo vehicular.

Asimismo, adelantó que se han realizado reuniones de trabajo para mejorar el funcionamiento del sistema de emergencias 911, con el fin de optimizar los tiempos de respuesta y la atención a la ciudadanía.

Con estas medidas, la SSPC busca consolidar un modelo de seguridad apoyado en herramientas tecnológicas, que permita una vigilancia más eficiente y una mejor coordinación ante situaciones de riesgo.

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