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Apuntes sobre las posadas | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

 

Pero estoy seguro de que, al llegar esta época del año, y dejando aparte la veneración debida a su nombre y origen sagrados (si es que se puede dejar aparte algo que le es tan propio), siempre he pensado que la Navidad era una buena época: una época amable, benévola, caritativa, placentera; la única época, que yo sepa, del largo calendario del año en la que hombres y mujeres parecen abrir de común acuerdo sus corazones cerrados y considerar a las gentes humildes como verdaderos compañeros de viaje hacia la tumba, y no como criaturas de otra raza que viajan hacia destinos diferentes.

Charles Dickens – Un cuento de Navidad

 

De origen mexicano y con carácter religioso, las posadas son parte de la identidad del mexicano, pues estas nos acompañarán en nuestro proceso de crecimiento, al mismo estilo que se retrata en la película de Boyhood.

Desde niños vivimos, en su mayoría, con la celebración en la escuela. Era el día que marcaba el inicio de las vacaciones decembrinas y nos recordaba la próxima llegada de Santa Claus. Por si no fuera suficiente, era uno de los pocos días del año escolar que podíamos lucir nuestras prendas más especiales, pues podíamos ir vestidos “normal”. Además, de acompañar la celebración con un intercambio entre los compañeros de clases, sin duda, un gasto innecesario para nuestros padres, pues seamos sinceros, nadie recuerda el peluche o globo regalado. Dicho intercambio se llevaba a cabo después de la comida, siempre votada y peleada, pues las madres más tradicionales opinaban que deberíamos comer tamales, mientras que, las más jóvenes optaban por la pizza, pues sería mejor recibida por los niños. El ritual terminaba cuando la piñata se rompía y con ello, también las amistades por un paquete de tachitos.

Al paso de los años, las posadas se transformaron en el pretexto perfecto para salir de casa de los padres y beber la mayor cantidad de alcohol posible. No importaba el carácter religioso ni mucho menos si se iban a dar de comer tamales o carne asada, solo el tiempo compartido con las amistades y las botellas en mano. Atrás quedaron los intercambios obligatorios, si se logra organizar alguno será con quienes más apreciemos en esta etapa. Puesto que, lograr conseguir el dinero para el presente sería toda una odisea, pero que se esta dispuesta a pagar por quienes nos acompañaron todo el año en quizá la etapa más confusa de nuestra vida.

Así, cuando logramos cumplir con las expectativas sociales de una vida adulta exitosa, las posadas vuelven a aparecer en nuestros diciembres acompañadas de un par de rifas necesarias para motivarnos para asistir a convivir un día más con nuestros compañeros de trabajo. Ya no hay discusiones por la comida, ni tampoco peleas por los dulces de la piñata. Ahora saldrán a la luz todas diferencias con nuestros colegas, pero serán justificadas por el consumo de alcohol o con las construcciones lingüísticas “te puedo hacer un comentario, ya que estamos cerrando el año o para terminar bien el año me gustaría darte un par de consejos”. Tendremos que soportar lo anterior con tal de que una nueva pantalla adorne nuestra sala.

Al paso de los años, el ciclo se repite, pues si has decidido (quizá no lo decidiste, pero lo eres) ser padre de familia, te convertirás en quien discute por la comida de tu hijo en la escuela. O peor, aún, existe la posibilidad que seas el padre de familia que no quiere cooperar para que su hijo tenga piñata en el salón, pues argumentarás que no tienes dinero, pero lo malgastarás en las posadas con tus amigos.

Y así, hasta el fin de nuestro días las posadas nos acompañarán. Quizá los villancicos sean sustituidos por las canciones de José José, Juan Gabriel o Jenni Rivera. Quizás las piñatas dejen su forma tradicional simbolizando los pecados capitales y sean representaciones de las celebridades más importantes del año que nos deja. Quizá las luces de bengala y las velitas quedarán arrumbadas en los sótanos, pero el calor de nuestras familias y amistades serán suficientes para iluminar y brindarnos calor en el final de otro año.

 

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