agosto 19, 2026

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#4 Tiempos

Aportaciones potosinas a la predicción de temblores de tierra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

La presencia de movimientos telúricos en San Luis Potosí ha sido lugar común a lo largo de su historia, de tal suerte que la zona es considerada como zona sísmica A y B, que significa movimientos leves menores a los seis grados, lo cual contrasta con la percepción pública que San Luis no es zona sísmica. Son frecuentes, y por lo regular pasan desapercibidos. La mayoría de ellos se deben a movimientos de placas tectónicas sobre las que se asienta el territorio nacional y en pasados muy remotos a la formación de volcanes cuyos registros quedan marcados por los cerros planos que pueden observarse en los alrededores de San Luis capital.

Durante la segunda parte del siglo XIX resultaron frecuentes y propiciaron avances científicos, reportados por el importante científico potosino Francisco Javier Estrada, de importancia mundial que han quedado de lado, y que siguen siendo asunto pendiente, los cuales podrían ser rescatados y puestos al servicio de la ciudadanía para que esta pueda estar informada y puedan tomarse medidas adecuadas, tanto en el momento de un temblor, como en las construcciones adecuadas para resistir estos movimientos por más leves que parezcan.

Entre las importantes aportaciones de este científico potosino decimonónico, se encuentran los trabajos sobre telefonía, que entre otras contribuciones, lograra construir aparatos de detección telefónica más sensibles que los de uso comercial, amén de haber logrado la comunicación vía telefónica a más grande distancia lograda en ese momento a nivel mundial.

Al estar trabajando en mejoras a los sistemas telegráficos y telefónicos, Estrada logró medir pequeñas corrientes eléctricas, que sus teléfonos eran capaz de detectar; su brillante ingenió lo llevó a poder asociarlos a temblores de tierra que se presentaban en momentos y en días posteriores a la detección de dichas corrientes. Este tema se convirtió en uno de los muchos trabajos de investigación en los que se involucró Estrada.

En aquella época, Estrada había logrado realizar mejoras notables a los teléfonos de Bell, había reformado instrumentos para grandes distancias, construido aparatos de transmisión simultánea, aparatos para medir la velocidad de las corrientes eléctricas, tan preciso que medía milésimas de segundo y lo que es mucho más importante la telegrafía sin hilos, mucho antes de que la descubriera Marconi.

Entre finales de 1882 y principios de 1883, Estrada anunciaba la predicción de temblores de tierra y erupciones volcánicas con el auxilio del teléfono.

Consecuencia de estos trabajos fue su balanza geológica electromagnética o nuevo instrumento para estudiar fenómenos geológicos electromagnéticos del interior de la tierra y que servía también como medio para vaticinar los temblores y las erupciones volcánicas.

Consecuencia de una serie de movimientos telúricos a fines de 1894, que provocaron la inquietud y temor de los habitantes de la ciudad de México. Estrada publicó el sábado primero de junio de 1895 en El Nacional, un artículo donde retomaba el tema de la predicción de temblores, con el título: predicción de temblores, procedimientos diversos para realizarla. En el artículo, Estrada menciona que hasta esa fecha “ni en Europa, Estados Unidos ni en ningún otro país de importancia se han hecho descubrimientos sobre este particular que permita servir de base a un estudio tan difícil y en materia tan desconocida como lo es la meteorología subterránea”.

En el artículo Estrada describe los experimentos realizados por él y dos posibilidades de medición de corrientes eléctricas provenientes del subsuelo, que pudieran vincularse con la futura presencia de temblores, el primero de ellos hace uso de los teléfonos reformados por Estrada a través de un proceso descrito en 1883 en El Correo de San Luis, comprobado a cabalidad experimental y que a fin de llevarse a cabo requeriría de la instalación de grandes líneas que solo el gobierno o las grandes compañías podrían costear, argumentando que dicho procedimiento sería el mejor, puesto “que tiene ya sanción de la experiencia”.

La segunda posibilidad se basaba en un privilegio concedido por esas fechas a Estrada, por el Ministerio de Fomento, consistente en la balanza geológica, o sea, el conjunto de seis brújulas reformadas y con disposiciones que eran enteramente nuevas que procurándosele su extraordinaria sensibilidad, les permitían un juego muy variado de movimientos debido a la producción de corrientes eléctricas originadas por grandes cambios…“así pues, aunque indirectamente, estos movimientos sensan el principio de los temblores que han de verificarse algunas horas o días después”.

Estrada proponía un tercer sistema, mucho más sencillo de habilitar, basado igualmente en sus experiencias electromagnéticas previas, que realizara en San Luis Potosí, siendo aún catedrático de física en el Instituto Científico de su ciudad natal.

Los trabajos de Estrada y su propuesta para habilitar sus sistemas no tuvieron eco ante instancias gubernamentales. En aquellos años Estrada radicaba en la ciudad de México y se encontraba gravemente enfermo con una enfermedad que lo aquejó desde los treinta años y que a pesar de ello realizó trabajo experimental de primer nivel.

Diez años después, de esa infructuosa propuesta, moriría en la ciudad de México, en el abandono total, junto a sus aportaciones.

Ciento treinta y un años después, sus ideas se ven reflejadas, de cierta forma, en los trabajos realizados por el grupo de investigadores de la Universidad Estatal de San José en Estados Unidos quienes dan explicación a la presencia de pulsos magnéticos que han sido observados, previo a la ocurrencia de un temblor, la explicación se centra en asociar dichos pulsos con corrientes eléctricas generadas en la rocas situadas por debajo de la superficie terrestre. ¿Qué hubiera sucedido, si hubiera sido apoyado por las grandes empresas o el gobierno en turno, como pregonaba Estrada?, ¿el asunto de la predicción de temblores estaría resuelto, para orgullo de México?

Las propuestas de Estrada podrían retomarse y analizarse, a pesar de que por desgracia no se cuenta con suficiente información, aparte de la que compartiera con el gran público a través de sus publicaciones en los periódicos de la época como El Correo de San Luis y El Nacional, donde abordó el tema de predicción de temblores a través de los sistemas eléctricos diseñados por Estrada.

Recientemente se han reportado resultados acerca de procesos físicos bajo tierra que puedan asociarse a la ocurrencia de temblores de tierra, tema por demás de importancia en cuanto permitiría predecir terremotos protegiéndose de sus efectos y, principalmente, salvar vidas. Uno de ellos está asociado a la emisión de tierras raras a la atmósfera, como el argón; variaciones de su presencia pudieran ser detectadas en la alta atmósfera midiendo perfiles de concentración y de esta manera poder anticipar la ocurrencia de un terremoto. Una forma de lograrlo podría ser con el uso de cohetes de sondeo, como el que se encuentra en construcción en el proyecto potosino CABO TUNA y cuya aplicación forma parte de la serie de servicios que prestaría el mismo.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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