enero 29, 2022

Conecta con nosotros

#4 Tiempos

Mire de cerca esta fotografía | Apuntes de Jorge Saldaña

Publicado hace

el

APUNTES

Esta imagen significa más de lo que dice. Es una dualidad social, económica y política capturada en dos personajes que están sentados a centímetros, pero alejados por años y kilómetros de historia: Son “El Chikilín” y “El Chato”, los íconos del doloroso contraste potosino.

La foto es la síntesis de la causa y el efecto del dolor social. Mírenlos de nuevo: son Alfa y Omega, punta y final de cuerda, carentes de sentido uno sin el otro, dos entes simbióticos, uno que tiene miedo y otro que nació con rabia: miedo a perderlo todo y rabia por no tener nada que perder.

Son un parafraseo del primer manifiesto de Guillermo Arriaga en “Salvar el Fuego”.

Por supuesto que ambos personajes se conocen, se reconocen, pero no son capaces de voltearse a ver. Cada uno mira al lado opuesto, uno viendo desde donde viene y el otro preguntándose ahora hacia dónde va.

No sé si fue a propósito que la organización de un nuevo gobierno los sentara juntos, espero que así haya sido, para dar un claro mensaje que fue columna vertebral de la campaña que se alzó con el triunfo y ese domingo 26 de septiembre tomó las riendas del gobierno: ni fifís ni chairos.

“El Chikilín”, Rafael Aguilar Fuentes, viene de la cultura del sufrimiento, del permanente y furioso grito de dolor de la carencia, que a través de sus arengas, sus maldiciones, las mentadas de madre permanentes a los poderosos, sus enfrentamientos cara a cara con la política, y en años recientes sus videos incensurables de suplicio en las redes sociales, lo han transformado, guste o no, en una válvula de escape social, así, grosera, desgarrada, desconsolada y no pocas veces tormentosa.

No, él no usó cubre bocas, pero les aseguro que usó su mejor traje. El 26 de septiembre llegó el día en que fue tomado en cuenta en un nuevo gobierno. No quería la chamba, siempre luchó por el respeto con todo lo que eso encierra y significa. Gusten o no su formas, eso, para Rafael, es lo de menos.

En la silla de junto se retrató a Carlos López Medina, el hombre de mundo que también ha vivido con miedo, miedo a que llegase un gobierno que le arrebate, y no uno al que le pueda arrebatar y abrir la puerta del despacho el día y la hora que mejor le convenga.

El Chato proviene de la cultura del privilegio –que hay que decirlo- ganado. (Tampoco es que se le haya regalado todo en la vida, aunque ayuda mucho nacer con propiedades, relaciones y las cuentas holgadas de activos).

Es un hombre de negocios que sabe perfectamente cómo y con quién hacerlos, por eso para “El Chato” tampoco se trató de un cambio de gobierno cualquiera, de esos a los que tantas y tantas veces ha sido invitado del más alto honor.

“El Chato” también se la juega y dicen que se le ha escuchado decir: “No, no fue mi candidato (Ricardo Gallardo), pero es mi gobernador…”

Debe estar aterrado y no se le puede culpar: su clase teme que los de Cactus tomen el Club de Golf, que los compradores de Milano agoten las existencias de Balenciaga, que el nuevo gobierno no tenga suficientes elementos de seguridad que los cuide a ellos de los otros, a los Chatos de los miles de Chikilines empoderados.

Por eso voltea al otro lado, con cubre bocas por el Covid y por las dudas, el no se esmeró en la vestimenta ni en las formas, su saco podría pagar el de todos los de la fila y cualquier camisa le fue útil.

Chato y Chikilín, Chikilín y Chato. El sincretismo de un San Luis que parece dos.

Son Cortés y la Malinche.

Para uno fue la conquista, para el otro la noche triste.

Son la imagen de dos potosinos distantes y distintos. Hermanos separados al nacer engendrados en el mismo dolor.

Se sentaron siempre en muy distintas mesas, ese día una coincidencia burlona y perversa (siempre lo son) los sentó juntos para encontrarse.

A ver si un día se dan la mano o por lo menos se voltean a ver y se reconocen. De eso se trata el derrumbar las barreras de la desigualdad, pero más del miedo absurdo y clasista que lastimó a muchos y privilegió a pocos.

Para eso estuvieron ahí ambos: para ver el arranque de un gobierno que tiene por promesa de valor acercar lo que Chikilín y Chato significan.

Por otro lado, qué oportuna fotografía.

Hasta la próxima.

Atentamente:
Jorge el abandonado.

#4 Tiempos

El terror en tiempos de pandemia | Columna de Mario Candia

Publicado hace

el

Por

APUNTES DE UN CINEÓFITO.

Desde aquel 28 de diciembre de 1895 en el que los hermanos Lumière proyectaron la salida de los obreros de una fábrica de Lyon, hasta la fecha, el cine como entretenimiento ha sobrevivido a todas las adversidades que se le han presentado, guerras mundiales, censuras, la televisión, a los videoclubs, a las plataformas de cine en línea, a la piratería y quedó demostrado ya que ni la pandemia pudo terminan con este bendito entretenimiento. La más reciente entrega del universo Marvel (Disney) Spiderman: No Way Home (Watts, 2021) su impresionante taquilla, las salas llenas e incluso las peleas por conseguir boletos, dieron un respiro a una industria que nos sigue sorprendiendo.

El cine siempre ha estado bajo presión y en constante evolución: tecnológica o narrativa. Hoy en día estamos ante la interesante disyuntiva de un cambio de discurso cinematográfico, lo políticamente correcto ha tomado por asalto a la industria y han puesto bajo lupa la narrativa del cine. La diversidad y la inclusión están delante y detrás de cámaras y ya no hay vuelta atrás, esto es sin duda una de las aportaciones más interesantes y generosas que ha hecho el cine a las nuevas generaciones. Es como si se hubiese volteado, lo que antes estaba en el underground, lo independiente, las historias personales e íntimas, las propuestas emergentes y avant-garde, son ahora las que están en las marquesinas. Y para sobrevivir los famosos blockbusters han tenido que cambiar sus fórmulas clásicas, ahora los buenos no son tan buenos, los malos no son del todo los villanos, lo blanco es negro y lo negro es ahora blanco. Y como diría C. Tangana “demasiadas mujeres”, muchas mujeres, detrás y delante de la cámara con papeles protagónicos y no de ornato, vamos bien.

En la edición de este año en el Festival de Cannes, la palma de oro a mejor película se la llevó Titane (Ducournau, 2021), una película que algunos críticos ubicaron en el género de terror, Julia Ducournau nos muestra de manera brutal los avatares de una especie de cyborg asesina en serie, en una desquiciada historia con un cierto tufo al cine de Gaspar Noé, en el que la música marca el ritmo sensual e inquietante de un relato insólito y descarnado.

Me parece muy interesante el discurso, Ducournau nació en 1983, deviene de una generación joven con muchas referencias cinematográficas pero también hay mucho de la cultura del ánime japonés, detalle que he visto en muchas de la nuevas narrativas cinematográficas de los directores jóvenes, es el caso también de otra película que recién acabo de ver de este mismo género, una muy interesante película noruega The Innocents a.k.a De uskyldige (Vogt, 2021) un inquietante film que nos muestra en un ejercicio de total libertad discursiva, un mundo infantil en el que la discapacidad, la raza y los adultos son irrelevantes en la narrativa, es una lucha entre el bien y el mal con todas las consecuencias que esto implica, un relato brutal, complejo y bien llevado por el director noruego Eskil Vogt, quien utiliza el recurso de los súper poderes casi a manera de metáfora, en una historia de maldad y desasosiego, un verano donde un grupo de niñas y niños juegan a hacer el mal y a hacer el bien. No tiene desperdicio.

En este mismo tenor de cambios discursivos deben ver la película islandesa Lamb (Johannsson, 2021), una cinta bizarra, surrealista e inquietante. Una trama sencilla, un entorno frío, bucólico y una recién nacida muy peculiar que una pareja estéril encuentra en su granja, son los componentes de una historia que no los dejará insatisfechos. En el hipertexto narrativo esta la inclusión, el silencio, la soledad, la locura, las consecuencias de arrebatar lo que deseas y el miedo constante a perder lo que te hace feliz. Imperdible.

Lee también: La Crónica Francesa, la reivindicación del papel | Columna de Mario Candia

Continuar leyendo

#4 Tiempos

El “Consejo” significa más de lo que dice | Apuntes de viernes de Jorge Saldaña

Publicado hace

el

Por

APUNTES

Amigos de “se los dije”, e hijos de mi frágil ego: son apuntes de viernes, los condimentados de infidencias, recovecos y secretos de la vida pública potosina.

Juro que no hay intención consciente de chocantería, pero “como se lo adelanté desde la semana pasada”, hoy el estado amaneció con un nuevo decreto publicado en el periódico oficial. Un decreto que más que decir, significa.

Se trata de la creación de un órgano colegiado, un consejo formado por la academia, la cúspide del empresariado y el gobierno de San Luis Potosí para, juntos, proyectar y ejecutar infraestructura a lo largo y ancho del estado.

Se llama “Consejo Potosí”, pero se escribe: voto de confianza entre un pueblo que integra sin agravios a la que fue su oligarquía, para construir en conjunto el futuro del estado.

Hay que reconocerlo, es también el apretón de manos entre algunos de los que más temían la llegada de Gallardo al poder ejecutivo, y el reconocimiento de los mismos a la voluntad de un pueblo mayoritario que lo hizo posible.

Es fumar la pipa de la paz entre absurdas y anticuadas visiones clasistas  con el reconocimiento de un San Luis mucho más grande, diverso, complejo y poblado que la corta “potosinidad” perfumada de “abolengos” y falsos privilegios que perdieron desde hace mucho.

Es una invitación abierta al público en general al Baile de los Lanceros. 

Sí, el consejo estará conformado por los 15 empresarios más importantes de San Luis, el rector de la Universidad Autónoma y cuatro secretarios de estado, pero las obras que imaginen, que proyecten, acompañen y vigilen en su ejecución, serán en beneficio de todos los potosinos. Sin el “unos y otros”, con el “de nosotros para todos” y un fondo sin precedente de 4 mil millones de pesos.

Entre los empresarios que hasta la madrugada de ayer pude confirmar estarán en el Consejo se encuentran: Pablo Valladares García, su hermano Juan Carlos Valladares, Carlos López Medina “El Chato López”, Teófilo Torres Corzo, Don Jacobo Payán, Félix Bocard, y Luis Mahbub.

A ellos y otros ocho nombres, también los acompañará el rector de la UASLP, el doctor Alejandro Zermeño, y la representación de la conocida “Alianza Empresarial” (ni modo) que aglutina a la mayoría de las cámaras, asociaciones y colegios involucrados con el desarrollo económico en el estado. 

El decreto que norma el Consejo para esta hora que usted esté leyendo estas líneas ya estará publicado. El evento, la firma, el protocolo y la fotografía aún no tiene fecha, pero se anticipa que será en días muy próximos.

No hubo necesidad de persecuciones o encarcelamientos (que tampoco se descartan) ni de bravuconadas o venganzas con el pasado. El Pacto Potosí, políticamente, legitima al gobierno de Ricardo Gallardo, que se hace de los avales que necesitaba para destensar la polarización social generada durante años y le abre un margen de operación y acción más duradero que el del efímero “bono democrático”.

De acuerdo al decreto, los secretarios de estado que serán parte del Consejo son los titulares de la secretaría general, finanzas, desarrollo urbano y la de desarrollo económico.

–¿Quién firmará por Sedeco si no tiene titular? –Preguntará Usted, mi Culto Público, siempre con mucha razón.

Pues no tema, hay un “90 por ciento de posibilidades” de que hoy mismo conozcamos al nombre del nuevo secretario.

No le puedo adelantar el nombre, todavía ayer en la noche se estaban concretando las cosas, pero en el transcurso del día, si ocurre el nombramiento, le estaré puntualmente revelando la primicia que a muchos dejará creo que gratamente sorprendidos. La cosa urge.

Si se están preguntando ¿De dónde sale la lana? Mil 500 millones serán aportados por el gobierno del estado y 2 mil 500 más serán producto de un crédito bancario a corto plazo, y según el decreto, el propio consejo estará a cargo y vigilante de que los recursos sean pagados antes de que termine la administración para no dejar cargas financieras al futuro, además de transparentar totalmente su uso. 

No se oye nada mal y según supe en ciudades como Orizaba y otras, la existencia de este tipo de consejos lleva más de una década dejando buenos resultados, ojalá sea el caso para los potosinos.

Los dejo ya disfrutar su viernes, hijos del “cuerpo lo sabe”, no sin antes adelantarles que dentro de la agenda de celebraciones de los 100 años de autonomía universitaria se tiene contemplada la participación de Juan Villoro a quien Cynthia Valle ya está contactando por cielo mar y tierra para que pueda estar pronto en tierras potosinas en un evento por demás interesante. También se editará un libro, se produce ya una obra de teatro en la que estará involucrado el maestro Oscar Montero, se acuñará una moneda conmemorativa, se organiza un magno desfile alegórico y quizás hasta se emita un billete de lotería. Nuestra máxima casa de estudios lo merece. Ya estaré comentando también cosas de fondo de la UASLP, pero será hasta la próxima semana.

Disfrute su fin.

Atentamente,

Jorge Saldaña.

Lee también: Gallardo baila salsa y su gobierno las calmaditas | Columna de Jorge Saldaña

Continuar leyendo

#4 Tiempos

Diálogos en el parque | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

Por

LETRAS minúsculas

Hace diez años y algunos meses –lo sé por el boleto de autobús, que se quedó a dormir la eternidad entre las páginas del libro-, mientras viajaba a la Ciudad de México, me puse a leer Hambre, la novela de Knut Hamsun, el escritor noruego (premio Nobel de literatura 1920), y si no recuerdo mal ésta me aburrió entonces de tal manera que me prometí a mí mismo no volver a abrir nunca más obras de autores tan monótonos y tediosos. Pero hace poco volví a leerla, faltando a mi juramento, y esta vez me pareció no sólo extraordinaria, sino profundamente humana y, en ocasiones, hasta divertida.

He aquí, por ejemplo, uno de sus pasajes que sería cómico si no fuese, en cierto sentido, trágico. El protagonista de la historia, un muchacho con ambiciones literarias permanentemente hambriento, camina sin rumbo fijo por uno de los parques de Cristianía –la antigua capital noruega- donde se encuentra en una de las bancas con un viejo cegatón. El viejo carga consigo un periódico vuelto al revés, cosa que produce en la febril imaginación de nuestro héroe una infinidad de sospechas. «El hombre estaba tranquilamente sentado y dormitaba.

¿Por qué no llevaba su periódico como cualquier individuo lo lleva, con el título hacia fuera? ¿Qué significaba tanta astucia?» -se pregunta el joven profundamente intrigado-. Y añade: «La imposibilidad de penetrar ese misterio me enloquecía de curiosidad».

El lector de estas líneas podrá pensar: «Hombre, pero si no es para tanto».

Lo que prueba que no conoce todavía a este muchacho bueno y a veces un poco loco. Porque, sí, él se interesaba precisamente por este tipo de misterios.

Buscando entablar diálogo con el desconocido y descifrar así el enigma que oculta su persona, nuestro joven le ofrece un cigarrillo, pero como aquél no fuma tiene que intentar llegarle por otro camino.

-¿Hace tiempo que está usted con los ojos enfermos? –le pregunta-.

Entonces, ¿no puede leer? ¿Ni los periódicos?

-¡Ni los periódicos, desgraciadamente! –responde el viejo, excitando todavía más la curiosidad de su interlocutor.

¡Así que ni los periódicos! ¿Y cómo es que traía uno entre las manos? ¡Ah, bribón!

Vivo en la calle San Olaf, número 2 –volvió a decir el muchacho, mintiendo descaradamente, pues, como ya se dijo, era éste casi un vagabundo.

-¿De veras? –preguntó el viejo, que conocía cada piedra de la Plaza San Olaf-. ¿En el número 2 ha dicho usted? Hubo un tiempo en que conocí a todos los vecinos del número 2. ¿Cómo se llama su patrón?

Mintiendo descaradamente otra vez, nuestro héroe escupió un nombre.

-Happolati –dijo.

-Happolati, sí –aprobó el viejo-. ¿No es marino el señor Happolati? Creo recordar que el señor Happolati era marino.

-¿Marino? –respondió el muchacho -. No. Éste es Happolati, agente.

¿Creía nuestro joven que el viejo iba a quedar callado o por lo menos desconcertado? ¡Pues no! Y, además, añadió:

-Parece que es un hombre hábil, según me han dicho.

¿Quién se lo había dicho, si todo era mentira, si ese tal Happolati ni siquiera existía? ¡Qué cinismo de viejo!

-¡Oh! Es un hombre muy astuto: una gran cabeza en los negocios, agente para todas las cosas, sean las que sean –siguió el muchacho-: plantas de China, plumas de aves de todas las clases, pieles de Rusia, pasta de madera, tinta…

-¡Je, je! –rió el anciano-. ¡Valiente pillo!

-¿Ha oído usted hablar del salterio eléctrico que Happolati ha inventado?

-¡Cómo! ¿Eléctrico?

-¡Con letras luminosas en la oscuridad! Una empresa sencillamente colosal.

Millones de coronas en movimiento.

-¡Qué me dice usted! – exclamó el anciano con dulzura.

Luego pasaron a hablar de la hija del ficticio Happolati, «una princesa que tenía trescientos y esclavos y dormía sobre un lecho de rosas amarillas», etcétera.

-¡Ah! – exclamó el viejo -. ¿Tan bella es?

Pero a este punto, cansado ya de que el anciano le estuviera siguiendo la corriente todo el tiempo, el muchacho empezó a insultarlo y se apartó de él a grandes zancadas. ¡Vejete mentiroso! ¿Cómo hablaba con tanta seguridad de cosas que no conocía? ¡Más que esto se merecía por entrometido y hablador! Y así es como desaparece de las páginas de la literatura universal un pobre viejecillo que nunca más volverá a aparecer. ¡Ah, qué pena: con lo bien que me había caído!

En realidad, al anciano le daba lo mismo tanto el señor Happolati como la Plaza San Olaf: él únicamente quería hablar, tener alguien a un lado suyo para dirigirle la palabra y no sentirse tan solo en este mundo. Y si otro distinto de nuestro joven le hubiera mencionado al embajador de Persia o al chá de Irán, él lo mismo habría aprobado con la cabeza diciendo: «Parece que son hombres hábiles, según me han dicho». Lo importante era hablar, expresarse, ser tomado en cuenta.

Pienso que yo no hubiera abandonado tan pronto a aquel anciano. Me habría divertido mucho oírlo hablar. Y él, quizá, hasta se habría sentido un poco menos solo.

Lee también: Bodas | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

Opinión