junio 20, 2021

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El Tesla mexicano y San Luis Potosí, la primera ciudad iluminada

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Historias para perros callejeros.

Por: Luis Moreno Flores

 

José Francisco Javier Severiano Adolfo Estrada Munguía (San Luis Potosí 1838–Ciudad de México 1905) es uno de los científicos mexicanos más importantes de la historia y, sin embargo, sus contribuciones no gozan de la popularidad que deberían. Uno de sus logros es de hecho un momento fundamental para la humanidad, aun así pocos lo conocen:

Estrada, junto al regiomontano Pedro Dionisio de la Garza Cepeda (primer mexicano con doctorado en el área de la física), logró el encendido de la primera luz de arco eléctrico en el continente americano. Esto durante un evento de caridad que se realizó en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí (hoy Edificio Central de la UASLP). Era noviembre de 1877. Esta fecha cobra relevancia si se considera a Thomas Alva Edison el inventor de la luz eléctrica debido al encendido de su bombilla incandescente el 22 de octubre de 1879, es decir, dos largos años después de los trabajos potosinos.

El genio de Estrada y De la Garza no paró. También en 1877, lograron iluminar el frente y uno de los laterales del Palacio de Gobierno en la Plaza de Armas de San Luis, con lo que las calles que ahora conocemos como Jardín Hidalgo y Carranza fueron las primeras que tuvieron alumbrado eléctrico en todo América y es altamente posible que en el Mundo.

Estos éxitos no son los únicos en el legado de José Francisco Estrada. No obstante, el destino no le favoreció: años antes, entre 1863 y 1865, realizó investigación en regeneración dinámica de la electricidad, que no le fue reconocida a nivel internacional, solo para que posteriormente Wilde presentara una ponencia similar ante la Real Academia de Ciencias en Londres.

El infortunio de Estrada siguió, ya que para demostrar las conclusiones a las que llegó con estos estudios (la electricidad es reproducida indefinidamente por medios dinámicos) construyó, a principios de 1868, un prototipo que servía como motor eléctrico, pero al enviar los planos para el modelo definitivo a la Casa Braguet en Francia nunca obtuvo respuesta, hasta que en 1871, el belga Zénobe Gramme dio a conocer ante la Academia de las Ciencias de París una máquina prácticamente idéntica a la descrita en los planos del potosino, a la cual llamó el dínamo de Gramme, que es considerada como el primer generador eléctrico que se usó en la industria. Irónicamente fue gracias a estas maquinas, de las que el gobierno de San Luis compró un par, que Estrada y De la Garza lograron su hazaña de 1877.

José Francisco también hizo investigaciones en energía solar, máquinas de vapor con hielo en lugar de combustible, termómetros, telégrafos, barómetros, pianos eléctricos y hasta equipo para anticiparse a terremotos.

Con todas esas aportaciones a cuestas, José Francisco Estrada debería estar en la Rotonda de las Personas Ilustres, en su lugar, tras haber padecido una prolongada ataxia locomotriz y de prácticamente quedar ciego, al morir sus restos tuvieron un fin indignante, ya que acabaron en una fosa común de la Ciudad de México.

Para entender mejor el motivo del maltrato de la figura de Estrada, hablé con el doctor José Refugio Martínez Mendoza, quien es profesor investigador del departamento físico matemático de la UASLP, uno de los divulgadores de la ciencia más importantes del Estado y cuyo interés por reivindicar a los científicos potosinos lo ha llevado a publicar libros al respecto, entre ellos La cuna de la electricidad en México, que es un cuaderno que narra el derrotero del físico (en ese texto está basado lo contado párrafos arriba).

Martínez Mendoza explicó que la marginación de Estrada tiene orígenes diversos:

«A finales del Siglo XIX, las universidades mexicanas iban muy retrasadas, los institutos científicos eran más formadores en aspectos técnicos. Fue hasta mediados del Siglo XX que empezaron a desarrollarse con la idea moderna de ser cultivadoras del conocimiento y representantes del desarrollo de sus poblaciones. También debemos saber que la generación de una patente o un invento, por no hablar de conocimiento científico sino de piezas de tecnología, no era considerado como un factor de crecimiento industrial y económico, eso impedía que hubiera financiamiento, al contrario de lo que pasaba, por ejemplo, en Estados Unidos con Thomas Alva Edison, que al ver sus descubrimientos empezó a haber gente interesada en formar empresa con él y con esa infraestructura pudo trabajar en más avances y enfocarlos como un bien útil».

Por otro lado, el doctor José Refugio apuntó que el aspecto político jugó contra Estrada, ya que en ese momento México vivía el periodo de la segunda intervención francesa y el potosino coincidía con la visión de Maximiliano:

«Estrada era liberal, amigo de Benigno Arriaga, formó el Partido Liberal en San Luis. Su trabajo quedó relegado por sus ideas políticas, eso le pasó a muchos pensadores que estaban asociados con Maximiliano. Incluso varias fuentes indican que la hermana de Estrada acompañó a la princesa Salm Salm a pedirle a Benito Juárez que perdonara la vida del austriaco. Fue uno de los momentos en que más avanzó la ciencia a nivel organizativo, incluso se formó la Comisión de Ciencias y Artes».

El olvido al que San Luis Potosí y México han condenado a Estrada es el motivo por el cual titulé esta columna como una comparación entre su línea de vida y la de Nikola Tesla, ya que ambos personajes corrieron con una suerte similar durante buena parte del Siglo XX, aunque en el caso del europeo la reivindicación lo ha alcanzado y en años recientes se le ha posicionado a la par de Alva Edison, con el que le han creado una disputa. A ese supuesto pleito por el dominio de la electricidad, habría que subir al mexicano, ya que ciertos documentos incluso apuntan que Edison y él se conocieron en Zacatecas, donde compartieron su trabajo. Los más intrépidos incluso han señalado que el estadounidense basó (robó) inventos a José Francisco.

No todo en la carrera de Estrada Munguía es triste. Fue nombrado miembro de la Academia de la Ciencias de París, a pesar de que él nunca lo solicitó, posiblemente como una forma de resarcir el episodio del dínamo de Gramme. Además, hoy en día la categoría en ciencias del Premio 20 de Noviembre lleva su nombre, igual que una pequeña calle en el barrio de Tequis, aun así parecen pocos los honores que México y San Luis Potosí le han rendido:

«Dentro del trabajo de rescate y difusión, la idea es que con Estrada suceda lo que con Tesla, por lo menos a nivel local o nacional», mencionó el doctor José Refugio que agregó que ya se prepara una película documental sobre la vida de este científico y algunos de sus familiares se encuentran impulsando en el Congreso de la Unión la posibilidad de que los restos de su ancestro sean llevados a la Rotonda de las Personas Ilustres.

Ojalá el tiempo ponga en su sitio a este gran visionario. Por lo pronto hago un llamado al gobernador Juan Manuel Carreras, al alcalde Xavier Nava, al nuevo rector Alejandro Zermeño Guerra; a Joel Ramírez Díaz, secretario de Educación; a Armando Herrera, secretario de Cultura y al Congreso del Estado, para que hagan un esfuerzo institucional por revalorar la memoria de un paisano que llena de orgullo a nuestro Estado.

*Para mayor información sobre la historia de Estrada o adquirir el material del que se habla en este texto se puede contactar al doctor Martínez Mendoza en su correo: [email protected]

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Demasiadas mujeres | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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A veces traes a una, dos o tres personas en la cabeza y estás demasiado cansado que no cabe otra más. Y a veces traes a quince y no has llenado todavía y tienes demasiada energía para gastar en otras diez mil personas más, pero al final del día no encontraste a nadie.

Compré sobres de colores para enviar cartas tristes a mis amigos, puede que también a algunas muchachas, ¿por qué no enviar cartas tristes a las mujeres? Las mujeres entienden todo pero hay cosas que no les hacen gracia y entonces se hacen las estúpidas y terminan por reducirte a un pobre estúpido mediante el hiriente conducto de la lástima.

Los textos sagrados no mencionan que Jesucristo follaba como un loco. Se tiraba a todas las mujeres, no por ser divino sino por ser humano. Luego se paseaba por los pueblos, brincando en pelotas, agitando un abanico para secarse el sudor y demás fluidos.

No te descuides, prepara un buen montón de mentiras para que las cosas no se pongan peor de lo habitual. Corre y cuéntales diez o doce mentiras más. Joseph Campbell le encontró mil caras al héroe y todo el mundo lo respeta. Encuentra mil mentiras qué contar y nadie va a decirte nada.

Luego, cuando todo esto mejore, nos inventaremos un saludo marcial para saludar a nuestro Ejército. Leeremos la biblia como se debe, guiados por un pastor yonqui con sida, preparado, con la claridad suficiente que ninguno de nosotros tendremos.

Ella me dijo: “te amo en tu condición de estar loco”, pero cuando llegó el momento de conocer a su madre, la locura se había ido, y ella dejó de quererme para siempre.

Me encanta el olor a alcohol en el aliento de las chicas, es un perfume único que dice muchas cosas a la vez, todas buenas, pero demasiadas como para explicarlas con palabras. Por lo demás, los padres de la chica con aliento a alcohol no estarán muy de acuerdo conmigo, es por eso que no son invitados a las noches de fiesta junto con sus hijas.

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#Crónica | No fue tu culpa, no fue el alcohol … ¿abuso sexual o violación?

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No se trata de quien es víctima y quien victimario; porque si preguntas a las mujeres, ¿quiénes han sido sufrido violencia en alguna de sus formas?, te sorprendería el resultado

Por: Itzel Márquez

Texto ganador del segundo lugar en el Premio Estatal de Periodismo 2021 dentro de la categoría de Crónica.

Este año, La Orquesta ha sido honrada con 4 galardones del Premio Estatal de Periodismo, para celebrarlo, publicaremos de nueva cuenta esos trabajos que fueron reconocidos por nuestros y nuestras colegas del medio. Esperamos que los disfruten.

Parece estar de moda denunciarla, pero la violencia sexual siempre ha estado ahí, como un testigo silencioso, normalizado y tan interiorizado socialmente, pero el “me too”, tantas famosas alzando la voz y el constante “si tocan a una respondemos todas”, nos han dado el valor de no callarnos más. Porque si en una habitación llena de personas piden que levanten la mano las mujeres que han sufrido violencia en alguna de sus formas, te sorprenderá el resultado.

Esta historia viene del 23 de julio de 2017, comienza como muchas otras, no era un día en el que se esperara mayor sobresalto: Julieta trabajaba en una cafetería desde algunos meses atrás y como era costumbre, ese sábado había decidido ir de fiesta con sus compañeros. Al término de la jornada laboral, pasaron por ella a su casa, tenían todo listo: comida y algo de alcohol. Ese día la fiesta sería en una de las casas de Beto, lejos de la ciudad para poder acampar y hacer una fogata.

Cerca de la medianoche, todos llegaron al lugar, escuchaban música, asaron malvaviscos y bebían un poco de cerveza. Al cabo de un rato, el anfitrión comentó que había un cementerio y una cancha de básquetbol cerca del lugar y propuso ir a caminar hacia esos lugares, a lo cual todos accedieron, un tanto porque el alcohol comenzaba hacer estragos en el organismo de los presentes y otro más para buscar aventura.

Todo marchaba bien, caminaron hacia ambos lugares sin más contratiempo; no obstante, al regresar de la cancha de básquetbol, Julieta comenzó a sentirse mareada, tropezó y Pablo la ayudó a continuar de regreso. Al llegar a la casa, comenzaron los shots de ese amargo licor, el tequila; uno, dos, tres, cinco… Julieta perdió la cuenta al grado de perder la conciencia, Pablo le insistió que se recostara un momento en la habitación para que se sintiera mejor, ella accedió, él la acompañó, cerró la puerta y la fiesta continuó.

Momentos borrosos y pocos recuerdos fueron lo que siguió en la mente de Julieta, cerró los ojos un momento y al instante siguiente tenía el busto descubierto y el pantalón desabrochado, de un lado de la cama estaba Beto y del otro Manuel, su hermano, una silla atrancaba la puerta para que nadie pudiera entrar. Ella quedó en shock sin saber qué había pasado, cerró los ojos otro instante y después vio entrar a Pablo, quien le dio un puñetazo a Beto en la cara, él solo dijo: “es mi vieja, ella me dijo que quería”.

Julieta sin saber qué hacer y al escuchar los gritos de todos, se vistió, luego se levantó de la cama y salió de la habitación, le pidió a Ana que buscara su celular, fueron por él al camino, subieron las cosas al automóvil mientras intentaban separar a Beto y a Pablo, él estaba furioso por lo que Beto (había o no hecho).

Condujeron a casa de Ana, todos decían que Julieta no podía volver así con sus papás. Fueron a casa de Ana, nadie sabía qué decirle a Julieta, Ana solo murmuró: “duerme, te sentirás mejor en un rato”; así fue y tras dos horas, Julieta despertó, dijo que quería ir a su casa, nadie se opuso. Comenzó a caminar, una calle tras otra, sabía a dónde dirigirse, pero en su mente no era ella.

Al llegar, sus padres le preguntaron cómo le había ido, ella solo dijo “bien”, sin más atención, se bañó y continuó con lo planeado para ese día.

Al pasar el tiempo, tal como cuando comienza a amanecer en el horizonte después de una larga oscuridad, los recuerdos volvían a Julieta: detalles de lo ocurrido ese sábado 23 de julio, pero tenía que seguir trabajando en la cafetería en donde Beto era su compañero, un día como si nada hubiera ocurrido, él se acercó y le dijo: “oye, estuve pensando en lo que pasó el sábado y solo quiero decirte perdón”, ella ni siquiera lo volteó a ver.

Cansada de tener que convivir con Beto, Julieta le contó a la encargada de la cafetería. Julieta nunca la había visto tan enojada, con la dueña no ocurrió lo mismo, ella solo dijo que no podía hacer mucho, porque “había ocurrido fuera del horario laboral”; Julieta solo pidió que no tuviera que volver a trabajar con él.

Una semana después decidió que era momento de hablarlo con sus padres, esa noche al salir del trabajo y llegar a casa, ella estaba tan nerviosa, lo único que pensaba era lo mucho que la iban a regañar, sus papás le dijeron: “tuviste que haber tomado menos, para poder defenderte”, se sentía llena de rabia. Su padre le sugirió que acudieran a dependencias locales para denunciar y que tomara terapia psicológica, después de muchas lágrimas y algunos abrazos, ella aceptó.

Al día siguiente su padre la acompañó, pero en el Ministerio Público, Julieta recibió comentarios como “te van a preguntar todo muy puntual y si no te acuerdas, mejor ni te desgastes”, o “si no recuerdas lo que pasó y no hay testigos, no podrás hacer nada”, ahí vio que legalmente no podría hacer nada, así que solo accedió a tomar terapia psicológica. Ese día, al llegar al trabajo, ella le contó a Ana todo lo que le habían dicho al querer tomar acciones legales, su amiga trató de consolarla: “tranquila, ya hicimos memoria todos y no pasó nada, también lo platicamos con Beto”; Julieta sintió de nuevo una rabia inmensa y solo se quedó callada.

Se fue de viaje una semana, la psicóloga le dijo que tenía que estar lejos para no pensar, para no ver a Beto y para meditar lo que decidiría, casi al regreso vio su horario de trabajo de la siguiente semana con tal sorpresa que, tendría que compartir horario con Beto tres días, ahí decidió que no quería seguir en ese lugar. A su regreso, renunció, la dueña solo dijo que no quería que se fuera, pero que no podía hacer nada; tiempo después, Julieta se enteró que habían ascendido a Beto y ahora era gerente del lugar.

Tal vez las ideas en la mente de Julieta nunca estén del todo claras, tal vez aunque hayan pasado cuatro años siempre será una herida abierta y tal vez Julieta no es real, tal vez su nombre es Itzel Márquez, una víctima más de violencia sexual que no encontró apoyo en la ley, pero que ha seguido con su vida y no, no se trata de quién es víctima y quién victimario, se trata de concientizar, se trata de que NUNCA MÁS UNA MUJER TENGA QUE SUFRIR VIOLENCIA SEXUAL.

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Crucigrama | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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Las instrucciones en el altavoz sonaron inútiles. ¿De qué sirve tener el cinturón de seguridad bien puesto a diez mil metros de altura? Moriríamos igual. Los protocolos guardan el orden, pero el orden no guarda certezas.

Fueron llamados pájaros de acero. Ahora ofrecen un falso wifi que nunca conecta, sólo promete que el avión sea de primera, y a su vez sugiere un vuelo seguro que nadie puede notar a las primeras.

Los protocolos, por inútiles que parezcan, guardan el orden de las cosas, unas tienen su sitio y las otras tienen su otro buen sitio. Tienen, ambas, prohibido salirse de sus lugares. Respetan el tiempo. Se siguen instrucciones, se obedecen las órdenes. Por lo demás, son los cielos los que se encargan de los nubarrones, turbulencias y caídas.

Nunca he conocido a ninguna asistente de vuelo, es decir, conocer a fondo, a pelo, hasta el hueso. Tampoco he conocido a nadie que conozca a una, ni de lejos a alguien que diga que ha conversado más de diez segundos con ellas.

Casi todas las azafatas son hermosas y viven en el cielo. Son como ángeles, por eso quienes habitamos en piso firme no las conocemos nunca.

La primera vez que una de estas criaturas me miró a los ojos, me sentí especial, como si ella quisiera que fuéramos algo más que pasajero y ángel. El hechizo debe ser el mismo para todos. Aquella era una asistente de una buena aerolínea, nada barata.

También he viajado en aerolíneas malas y sus azafatas son menos amables, y en vez de entregar sonrisas muestran sus culos, culos gordos, feos, desmedidos. Si eres pequeño puede que la señora del culo enorme te asuste, si eres mayor puede que te la ponga dura. Y si el vuelo tiene más de dos horas no habrá de otra que machacártela en los cielos, dentro de un baño donde la mierda no termina de irse del todo. El cielo no es justo con las aerolíneas baratas. Palabra de dios, ley de los cielos.

Confías en los ángeles cuando te dicen que un absurdo cinturón pegado al asiento te asegura la vida durante el viaje. Al bajar del avión te das cuenta que nada de eso era real y que los ángeles han desaparecido en cuanto la compuerta se cierra.

Me pone mal saber que las cosas se mueven mientras duermo. Ojalá al irse uno a dormir todo lo demás se fuera también a dormir con uno. Le haría un espacio en mi cama a todas las cosas con tal de que me permitieran dormir en paz.

Leonard Cohen le canta una canción a Lorca en secreto. Antes de despedirse del mundo, Pavese dijo: “El consuelo de una visión consiste en creer en ella, no en que sea real”. Por lo demás, el tiempo es una forma de experiencia limitada. Es como entrar y salir del cine, como subir y bajar de un avión, elevarse y descender del cielo. Todo cambia dentro, nada cambia afuera.

El viejo juego de las pestañas y los deseos, cosas que pasan frente a tus narices y otra persona se hace cargo de premiarte por ello. Alguien se las arregla para acariciarte la cara. Pierdes una pestaña, pides un deseo. Un día conoces a una chica preciosa y te dice que has perdido una pestaña. Luego te pide permiso para tomarla. Después viene el momento de pedir un deseo. Lo cierto también es que no todas las chicas conceden deseos, ni son todos los afortunados en perder oportunamente las pestañas frente a una chica.

Hay lluvias de miles de estrellas una vez cada cientos de años, hay una lámpara escondida en alguna parte con un genio dentro, y hay pestañas que pertenecen a chicas hermosas.

Uno de los ángeles resuelve crucigramas durante el vuelo. Adentro hay turbulencia, el aire se agita afuera. Brota el pánico, el miedo de irnos en picada, el miedo de estrellarnos contra el suelo, ese violento regreso al piso firme. La chica sigue en lo suyo, resuelve crucigramas, entonces la tripulación la observa y de a poco se tranquiliza. Pasan algunos minutos y el avión recupera el control del vuelo.

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