julio 23, 2026

Conecta con nosotros

Opinión

Los reversos de Nicolás

Publicado hace

el

Retrato de Nicolás Araujo Saucedo (1898-1966), ferrocarrilero y masón.

Nicolás Araujo Saucedo (1898–1966): ferrocarrilero, masón, henriquista, preso en San Luis Potosí y en Lecumberri. Reconstrucción a partir de actas, prensa, archivos de vigilancia y diecisiete fotografías con texto al reverso.

El 23 de septiembre de 1961, Nicolás Araujo Saucedo fue trasladado del Campo Militar Número Uno a la cárcel de Lecumberri.

Eso está documentado. Dos periódicos de la época registraron el traslado. No sé cuándo lo detuvieron ni cuánto tiempo permaneció preso. Tampoco sé cómo salió. Las notas reproducen acusaciones de la Procuraduría, no una sentencia. Por eso no puedo afirmar qué hizo. Sí puedo afirmar que aquel día mi abuelo fue llevado a Lecumberri.

Murió antes de que yo naciera. Durante mucho tiempo sólo conocí una fotografía suya. No tengo una escena con él, una conversación ni un gesto que pueda recordar. Cuando digo que fue mi abuelo nombro un parentesco, no una experiencia compartida.

La fuente más cercana que tengo es mi madre, María del Socorro, Socorrito para él. Ella me contó que Nicolás era ferrocarrilero, masón y político. Me dijo que, por sus ideas, había estado preso. También me contó que él le enseñó a usar el telégrafo. No sé cuándo fueron esas lecciones, cuánto duraron ni qué aparato usaron. Nadie me describió la habitación. Lo que conservo es la frase de mi madre.

Los documentos confirman una parte de lo que ella cuenta. Nicolás nació el 10 de septiembre de 1898 en Guadalcázar, San Luis Potosí. En su acta aparece con un nombre más largo: José Nicolás Evaristo Araujo Sauceda. Otros registros lo llaman Nicolás S. Araujo o invierten sus apellidos. Esa variación permite seguirlo, pero también muestra lo fácil que es perder a una persona cuando el nombre cambia de un papel a otro.

En 1925 aparece como miembro de una sociedad mutualista de despachadores y telegrafistas ferrocarrileros en Cárdenas. En una fotografía de 1930 figura entre despachadores. Esos registros no cuentan cómo aprendió el oficio ni qué pensaba mientras trabajaba. Sirven para algo más limitado: confirman que el telégrafo del relato de mi madre pertenecía a una vida laboral concreta.

También está documentada su actividad masónica. Entre 1927 y 1933 ocupó distintos cargos en la logia Ignacio Ramírez número 10 de Cárdenas. Fue orador, vigilante, venerable maestro, secretario y primer experto. Las listas conservan los cargos. No conservan su voz. No sé qué decía cuando era orador ni qué buscaba en la masonería.

Su actividad política dejó más rastros, aunque tampoco forman una historia completa. En 1952 fue presidente de la Federación de Partidos del Pueblo en San Luis Potosí y participó como orador en un mitin. Un registro oficial lo incluye como candidato propietario, pero todavía no está cerrado cuál fue exactamente el cargo que disputó.

En febrero de 1959 firmó, desde la Comisión de Propaganda del Comité General de Huelga ferrocarrilero, un pronunciamiento sindical. Entre 1959 y 1961 estuvo cerca de Celestino Gasca y de los Federacionistas Leales. Un estudio histórico lo llama mano derecha de Gasca. Un informe de vigilancia de 1965 lo identifica como su secretario particular y como presidente de esa organización.

Los datos son una cosa y las acusaciones de la época son otra. El movimiento al que perteneció preparó una insurrección en 1961. Eso está estudiado. Pero los documentos revisados no prueban que Nicolás poseyera armas o explosivos. Tampoco permiten asegurar que fuera detenido en la redada realizada en casa de Gasca el 10 de septiembre. Lo comprobable es posterior: el 23 de septiembre fue trasladado a Lecumberri y, ante el juez, negó varias imputaciones. Dijo también que una declaración anterior había sido obtenida por la fuerza. Eso es lo que declaró. Yo no puedo completar lo que falta en el expediente.

Antes había estado preso en San Luis Potosí. Mi madre lo recuerda como preso político. Un periódico informó en enero de 1960 que había recibido una condena de cinco años por delitos relacionados con los disturbios ferrocarrileros. Falta la resolución judicial original. No sé cuánto tiempo cumplió ni en qué condiciones.

Una fotografía familiar añade otra clase de prueba. En ella aparecen catorce hombres frente a una reja. Nicolás está de pie en el centro. Al reverso escribió a Socorrito.

Socorrito:

El día de tu santo estuve triste pensando en… Esta cárcel no mata mis ideales y algún día tienen que triunfar. Por eso tengo fe y me enaltece y me dignifica esta cárcel, porque es por luchas nobles y generos as para liberar a los oprimidos.

Tu padre que te quiere,
Nicolás

S. Luis Potosí. La fecha parece ser el 27 de junio de 1959, día del santo y cumpleaños de mi madre, pero la lectura del año todavía no es segura. Parte del texto se perdió con la tinta.

La imagen prueba cómo quiso él presentarle su prisión a su hija. No prueba, por sí sola, la causa jurídica del encierro.

Ahora tengo diecisiete fotografías de Nicolás. Muchas llevan texto suyo al reverso. No sé con certeza si me llegaron por mi abuela o por mi madre. Esa duda también forma parte de la procedencia. En otra fotografía, probablemente de 1960, Nicolás escribió que buscaba cambiar los sistemas del país para que hubiera justicia para el pueblo. En una más, fechada en 1962, afirmó que había luchado por la Presidencia Municipal de San Luis Potosí, que había ganado y que le hicieron “chanchullo”. El mensaje es suyo. El resultado que relata no ha sido confirmado por otra fuente.

Hace unos días aparecieron cuatro más, dentro del PDF de una tesis sobre masonería ferrocarrilera. Esas no tienen nada escrito atrás. Por la reserva de la logia nunca estuvieron destinadas a un álbum familiar. Son las únicas imágenes suyas que llegaron hasta mí sin que él se las mandara a nadie.

Vuelvo al telégrafo.

El trabajo y la política lo traían de un lado a otro. Convivieron poco. En ese poco le enseñó a usar el telégrafo.

No sé si fue una tarde o si fueron muchas. No sé si ella llegó a manejarlo o se quedó con la lección. Sé que un hombre que se ganaba la vida transmitiendo mensajes, y a quien años después el gobierno le vigilaría cada reunión, se sentó con su hija a enseñarle a transmitir. Es la única escena que tengo de los dos. Y no la vi.

Mi abuela casi no hablaba de él. Yo nunca le pregunté. En la familia quedó la versión de que ella tiró o rompió materiales de Nicolás, quizá incluso quemó algunos. No sé cuántos eran ni qué contenían. Tampoco sé si actuó por miedo, precaución, enojo, cansancio o por una razón distinta. Relaciono esa destrucción con las actividades de Nicolás porque así llegó a mí la explicación familiar. La relación parece posible, pero no puedo demostrarla.

La misma mujer que destruyó esos papeles sabía dónde estaba enterrado. Una vez me llevó a visitar su tumba. Conozco el panteón. No sé en qué punto exacto está: podría llegar hasta la puerta y no encontrarlo. Ella cortó el rastro escrito y sostuvo el otro, el que no se puede quemar. Ese también se está perdiendo, ahora en mí.

Busqué a personas de otra rama de la familia. No quisieron hablar conmigo de él. No sé si su silencio viene de los mismos hechos, de otras memorias o simplemente de no querer compartirlas. No me corresponde convertir esa negativa en una confesión ni en una acusación.

¿Qué derecho tengo a escribir sobre una persona a la que no conocí? Tengo el parentesco, los documentos que he reunido, lo que mi madre me ha contado y las fotografías que quedaron. No tengo derecho a atribuirle pensamientos que no escribió ni a resolver por otros el silencio que eligieron. Eso es todo lo que tengo y no sé si alcanza.

Nicolás murió el 13 de junio de 1966 en el Distrito Federal. Ese dato cabe en un acta. Su vida no. Frente a mí quedan diecisiete anversos y sus reversos. Todavía no sé cuál de los dos lados contiene más de él.

Gonzalo Damián Hernández Araujo
San Luis Potosí, julio de 2026

Continuar leyendo

Opinión

Esconderse para evitar un emplazamiento: uno de los peores consejos jurídicos | Columna de Víctor Ezequiel

Publicado hace

el

SERENDIPIA

 

“Escóndete para que no te encuentren.” “No abras la puerta.” “Si no recibes la notificación, el juicio no puede avanzar.” Estas frases siguen repitiéndose con demasiada frecuencia en México y, lamentablemente, muchas personas toman decisiones basadas en ese consejo. La realidad jurídica es muy distinta: evitar un emplazamiento rara vez representa una ventaja y, en la mayoría de los casos, solo termina perjudicando a quien pretende ganar tiempo.

Lo primero que debe entenderse es que no toda notificación es un emplazamiento. Un emplazamiento es una especie de notificación, pero tiene una finalidad muy específica: hacer del conocimiento de una persona que existe una demanda en su contra, entregarle copia de ésta y concederle un plazo para contestarla y ejercer su derecho de defensa. Por esa razón, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido de manera reiterada que el emplazamiento constituye una de las formalidades esenciales del procedimiento y está íntimamente relacionado con el derecho humano de audiencia previsto en el artículo 14 de la Constitución. Un emplazamiento practicado de manera ilegal puede provocar incluso la nulidad de todo lo actuado posteriormente.

Las demás notificaciones tienen un propósito diferente. Sirven para informar resoluciones, acuerdos, requerimientos, citatorios, fechas de audiencias o sentencias a quienes ya forman parte del procedimiento. En otras palabras, el emplazamiento incorpora a una persona al juicio; las notificaciones posteriores mantienen informadas a las partes sobre el desarrollo del proceso.

Cada materia tiene reglas particulares. En el juicio de amparo, por ejemplo, la Ley de Amparo prevé notificaciones personales para determinados actos de especial trascendencia, mientras que muchas resoluciones se notifican por lista, boletín judicial o mediante el sistema electrónico cuando las partes así lo autorizan. En esta materia, los plazos suelen ser breves, por lo que una notificación puede marcar la diferencia entre conservar o perder un derecho procesal.

En materia familiar, especialmente cuando están involucrados menores de edad, alimentos, guarda y custodia, convivencia o violencia familiar, el emplazamiento debe practicarse con especial cuidado, pues garantiza que ambas partes puedan participar en un procedimiento que afecta derechos fundamentales. Sin embargo, una vez iniciado el juicio, muchas actuaciones posteriores pueden notificarse por boletín judicial, listas o por otros medios previstos en la legislación local aplicable.

En los procedimientos mercantiles, el emplazamiento conserva una enorme importancia porque de él depende que el demandado pueda contestar oportunamente la demanda, ofrecer pruebas y formular excepciones. No comparecer por haber decidido “esconderse” puede facilitar que el procedimiento avance sin que la persona ejerza plenamente su defensa. La legislación mercantil también contempla diversas formas de notificación posteriores

, incluyendo medios electrónicos en los casos autorizados.

En materia laboral, el modelo instaurado con la reforma de 2019 fortaleció el uso de mecanismos ágiles de comunicación procesal.

Los tribunales laborales realizan emplazamientos y notificaciones conforme a reglas específicas que buscan garantizar tanto el debido proceso como la rapidez del procedimiento. Incluso existen mecanismos electrónicos para determinadas actuaciones, aunque el emplazamiento inicial continúa exigiendo formalidades especiales por tratarse del acto que da inicio a la relación procesal respecto del demandado.

Entonces, ¿qué ocurre si una persona simplemente decide no abrir la puerta o esconderse? En la práctica, pocas veces obtiene el resultado que imagina. La legislación contempla diversos mecanismos para evitar que un juicio quede paralizado indefinidamente por la conducta de una de las partes. Dependiendo de la materia y de las circunstancias del caso, pueden realizarse nuevas diligencias, agotarse otras formas de localización o incluso practicarse notificaciones por medios alternativos cuando la ley expresamente lo autoriza. Es decir, el procedimiento no permanece suspendido para siempre únicamente porque alguien decidió evitar al actuario.

Lo verdaderamente grave es que, mientras una persona intenta retrasar el inevitable emplazamiento, puede perder un tiempo invaluable para preparar documentos, localizar testigos, reunir pruebas, contratar un abogado o diseñar una estrategia jurídica adecuada. En asuntos familiares incluso pueden dictarse medidas provisionales; en materia laboral continúan corriendo etapas procesales; y en otros procedimientos pueden generarse consecuencias que después resultan mucho más difíciles de revertir.

Existe incluso una alternativa mucho más inteligente cuando una persona sabe que existe un juicio en su contra. Si tiene conocimiento de que la demanda ya fue presentada, pero el emplazamiento aún no se practica —por ejemplo, porque un exhorto tarda semanas o meses en diligenciarse—, puede acudir voluntariamente al juzgado para notificarse directamente, obtener las copias de traslado e iniciar inmediatamente su defensa. Lejos de representar una desventaja, ello permite aprovechar al máximo los plazos procesales y evitar sorpresas.

El mejor consejo jurídico nunca será esconderse del actuario. El verdadero objetivo debe ser verificar que el emplazamiento cumpla con todas las formalidades legales, recibir la documentación correspondiente y ejercer oportunamente el derecho de defensa. En un Estado de derecho, la estrategia más inteligente no consiste en evitar el proceso, sino en participar en él con conocimiento, preparación y una adecuada asesoría jurídica.

También lee: ¿Puede la policía revisar mi teléfono celular? | Columna de Víctor Ezequiel

Continuar leyendo

#4 Tiempos

Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Publicado hace

el

EL CRONOPIO

Un ejemplo claro de la popular frase de que nadie es profeta en su tierra es el caso de Arturo Medellín Anaya que falleciera en el 2023 realizando su obra artística y de promotor cultural en Tamaulipas. Si bien, abundan de cierta forma en San Luis Potosí los museos dedicados al arte pictórico, la muestra de obras de Arturo Medellín brilla por su ausencia. San Luis Potosí está, como en otros muchos casos, en deuda con este personaje que brilló como promotor y periodista cultural, escritor y pintor, llevando la vena artística de su padre, el pintor e ilustrador del mismo nombre, y de su madre una excelente pianista.

El taller de su padre, fue su primera escuela en el arte de la pintura desde niño pues a los diez años lo acompañó como aprendiz, iniciando la década de los sesenta; Arturo Medellín nació el 8 de julio de 1951 en San Luis Potosí. Compartía su tiempo entre el taller y la escuela realizando sus estudios primarios en el Colegio Inglés y la Escuela Benito Juárez, ingresó a la secundaria Jaime Torres Bodet y concluye dichos estudios en Tampico al cambiar de residencia a los doce años.

En Tampico continúa sus estudios de dibujo y pintura y labora como auxiliar de dibujo publicitario en el Sol de Tampico. Su contacto con San Luis continuaba y participa en el célebre grupo de teatro Zopilote de San Luis Potosí durante cuatro años, de donde parte en 1975 a coordinar grupos de teatro en La Paz, Baja California. En ese tiempo conocí parte de su actividad por su hermano Héctor Medellín fue mi compañero de estudios en la Escuela de Física y frecuentaba su casa. En la década de los ochenta se encuentra realizando actividades como dibujante publicitario, artista plástico e ilustrador, en diferentes puntos del estado de Tamaulipas, entre ellos Matamoros y Ciudad Victoria.

Su obra, un tanto desconocida, contempla pinturas, novelas, poesía. La Jornada Zacatecas en el 2018 lo retrataba como: “erudito en el arte de sobrevivir y de capturar al instante la magia del mexicano y sus turbulencias y lo hace en la novela, la pintura, la poesía, la promoción cultural desde una provincia –San Luis, Tamaulipas, Baja California, – y desde lo más hondo de los terruños de la patria callejera, la turbulenta en los sentimientos que avizoran algo nuevo vendrá más allá de los buenos deseos”. Mientras en San Luis, el silencio, producto posiblemente de su paso por el grupo Zopilote, contestario y promotor cultural de izquierda.

En el 2009 publica El Arte como Experiencia Espiritual, en ediciones La Criba, además de los libros, “Desde el corral del fondo”, “Pájaro de papel”, y “Testamento de Albatros”. Parte de su obra pictórica se exhibe permanentemente en la Galería del Centro Cultural Tamaulipas y el Museo de Arte Contemporáneo de Mac Allen, Texas.

Destaca en su producción, la colección de pinturas que con motivo del centenario de la revolución mexicana pintara; una colección de 20 retratos contemporáneos, de mujeres revolucionarias exhibida en las ciudades de: Tampico, Mante, Victoria, Matamoros, Reynosa y Laredo. McAllen y Brownsville Texas.

De sus actividades artísticas Arturo Medellín prefería la poesía, que era lo que más lo identificaba. Escribía porque estaba convencido que podía ser escritor. El recuerdo de su formación en San Luis y de la vida cultural que vivió normaba su labor artística, como lo menciona en una entrevista que le realizara en la década de los noventa Azael Jaramillo, al preguntarle “¿qué te queda de potosino?, su respuesta:

“Mi pasión por la poesía de Manuel José Othón, por López Velarde, mi gusto por la Historia, pero sobre todo por la Historiografía, por la comida y una nostalgia por haber vivido la cuna culta en un sentido diferente a como se vive aquí en Tamaulipas donde todo se hace por obra y gracia de la política cultural del Estado. Tenemos el recuerdo de que Tula fue la ciudad de los pianos, pero esa Tula ya no existe”.

Arturo Medellín Anaya murió el 25 de junio de 2023. Su testamento de albatros, una de sus obras nos dice en un fragmento:

Hoy regresan los muertos hasta la mar nocturna,
bajan la cordillera, se adentran en el llano y
junto al farallón, enlazan su plegaria con las olas.
Son muertos luminosos como del seno de las aguas,
discurren en procesión inagotable por la vida y la brisa.
Hoy regresan los muertos advertidos y mustios
sobre la arena insomne. Son los dueños del tiempo,
su ropaje trasluce lunas. Su voz, diseña el eco de la ola.

También lee: Orgullo de la física potosina, José Luis Morán López | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continuar leyendo

Opinión

Medio tiempo: Amor en tiempos de Geopolítica y futbol | Reflexión de J.C. Haro

Publicado hace

el

El Espiral

La final del mundial dejó mucho de qué hablar, pero yo no soy tan futbolero y prefiero que todos menos yo hablen del partido. Aunque sí me parece importante dar mi punto de vista sobre otra cosa: el show de medio tiempo.

Creo que primeramente comparto el sentir de muchos mexicanos sobre la gringadota que fue hacer un show de medio tiempo en el mundial de fútbol, un deporte que es de todas las naciones menos de Estados Unidos.

El show de medio tiempo es una tradición profundamente arraigada en el alma deportiva estadounidense desde siempre, siendo un evento realizado en cada Super Bowl de fútbol americano, que con el tiempo pasó de ser algo secundario, a ser incluso más esperado que el propio partido a nivel mundial.

Claro que esto se debe al alcance mediático que tienen realmente ambos deportes, y creo que es algo que le cala particularmente al ego de Donald Trump, tan solo la idea de que algo tan masivo como el fútbol sea inherentemente ‘no americano’ es demasiado para el pobre señor, y por supuesto que quiso meter mano para que al final todo se tratara de los gringos en más de una ocasión durante el torneo.

Al final de cuentas, el evento se realizó, y honestamente, yo me atrevería a decir que se sintió muy controlado, muy estéril, muy desesperado por darle al mundo una imagen bonita de lo que es Estados Unidos. Artistas de todos los países se reunieron para dar este show que concluye con un mensaje de amor, con niños de todas las razas del mundo cantando al unísono con fuegos artificiales y una enorme pancarta con la palabra “love”.

Y solo me puedo preguntar ¿en serio alguien se cree esto? Y sé que la respuesta es que sí.

Pero claro que Estados Unidos es una nación del amor, si nos permitió usar sus tierras para nuestra fiesta, cambió la pintura de sus canchas y cambió los postes de gol para poner porterías. ¡Deberíamos estar agradecidos! Claro, solo no se acuerden de que hace 4 meses, una escuela fue bombardeada en Irán con armamento estadounidense.

No se acuerden que Trump es acérrimo amigo de personajes como Benjamin Netanyahu o Jeffrey Epstein. No se acuerden del promotor de discursos de odio convertido en mártir y su esposa transformada en celebridad. No se acuerden del hecho de que el nombre ‘Donald Trump’ es dicho más veces en los archivos de Epstein que el nombre ‘Harry Potter’ en la saga homónima de ocho libros.

Y no investiguemos más sobre el juicio que enfrenta el pobre señor por la maldita y egoísta víctima de abuso sexual que lo demanda por el mínimo acto de haberla violentado, y no investiguemos más sobre el reciente estudio de la ONU que expone drones francotiradores del ejército estadounidense que a pocos días de la final del mundial mató a un bebé palestino que estaba siendo amamantado (neutralizaron a un terrorista en potencia), no investiguemos más sobre el armamento que vende Estados Unidos a Israel, y no investiguemos más sobre el frágil acuerdo de paz con Irán que Trump rompió, tan solo unos pocos días después de advertirle a Irán que, de no cumplir con lo acordado, vería la furia de los ‘americanos’.

Olvidémonos de los dos hombres latinos asesinados a balazos en Estados Unidos por ICE, y ni se les ocurra pensar en todos los reportes que surgieron de varias casas latinas que fueron asaltadas por ICE durante la final mientras nadie miraba, porque eso es propaganda woke.

Olvídense de todo lo malo y todo lo atroz que ha hecho aquella honorable nación del ‘soccer’, porque, el 19 de julio de 2026, por unos minutos, se leyó la palabra “love” en el MetLife Stadium.

También lee: Llamadas telefónicas | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados