#4 Tiempos
Las plazas en el olvido | Columna de Carlos López Medrano
MEJOR DORMIR
Texto galardonado con mención honorífica en el Premio Estatal de Periodismo 2023 dentro de la categoría de Difusión Cultural.
Este año, La Orquesta ha sido honrada con 4 galardones del Premio Estatal de Periodismo, para celebrarlo, publicaremos de nueva cuenta esos trabajos que fueron reconocidos por nuestros y nuestras colegas del medio. Esperamos que los disfruten.
Return me to my Native Element:
Least from this flying Steed unrein’d, (as once
Bellerophon, though from a lower Clime)
Dismounted, on th’ Aleian Field I fall
Erroneous there to wander and forlorne.
—John Milton, “Paradise Lost”.
Me gustan los centros comerciales que se quedaron perdidos en el tiempo. Son construcciones de otras décadas que siguen en pie, aunque ya pocos las visiten. Las plazas desplazadas.
La modestia de su oferta no puede competir contra las grandes infraestructuras. Esos continentes modernos cargados de plétora, servicios automatizados e islas. Lo típico que deparan proyectos de grupos empresariales aliados con arquitectos gafapasta que hicieron una especialidad en Europa. Es fácil entrar y salir de ellos sin sentirse diferente a los demás.
En las plazas viejas estás en cambio un poco en tu hogar. En confianza. No tienen el ruidero de las mil voces (el revés monstruoso del sonido del mar que suena en las conchas) y carecen de engreimientos. Estos sitios semiabandonados tienen la atmósfera de un museo fuera de horas pico. Si acaso algún paso suena a lo lejos. Un oasis contra el ajetreo y la ráfaga de la multitud.
Hay, sobre todo, cortinas bajadas, descuentos desesperados e infructuosos, botes de basura al 10% de capacidad, cartulinas fluorescentes de se traspasa que tienen años ahí. Un policía con reumas que solo podría vigilar un lugar semejante, donde hay poco incentivo para el robo. El cuadro de una entidad que se desmorona a paso de calendario y que por lo mismo ve transcurrir las horas a ritmo de vals.
La supervivencia de estas construcciones antiguas es auspiciada por unos pocos negocios. Son la resistencia. La flama débil es flama al fin. Los dueños de las tiendas hacen casi un servicio social hasta que la esperanza claudica, los fondos quiebran y toman la triste decisión de cerrar.
¿Qué puedes encontrar en los mercados de ayer?
- Agencias de viaje en la que ya no se planta nadie, salvo gente apacible que cada año requiere que alguien planifique sus sueños. Muros cubiertos de anuncios de aerolíneas que ya no operan. Viaje a Los Ángeles con Taesa. Mexicana de Aviación: el placer de volar sin límites. Aviacsa, la línea aérea de México. Contrate usted un paquete Iusacell para ser atendido por una de nuestras operadoras.
- Del otro lado una librería donde no hay novedad, pero si buscas con esmero encontrarás a autores proscritos del mercado: la risa de Álvaro de Laiglesia, alguna edición carcomida de Caldwell. También libros didácticos, mapas de cartón y figuras de fomi que las profesoras de primaria dejaron de usar hace unos cuantos cursos.
- Boutiques de ropa a las que las cadenas departamentales comieron el mandado hace veinticinco años (su cruz llegará en bolsas de Zara). Aun así, es posible curiosear y hallar marcas que no habrá en ningún otro rincón del mundo. Emprendimientos de lugareños que estudiaron en un centro de diseño y montaron un par de pasarelas en el bar de un amigo. Sombreros Martina Quesada Style. Camisas Raffaelo Cartucci. Cinturones Mambofino. Algún rastro de talento se percibe en un remache, en un borde, en un agujero.
- El estudio fotográfico de la comarca que exhibe retratos de muestra. Gente que pasó a mejor vida o cuya piel, actualmente invadida de arrugas, dista de tener la lozanía congelada en la foto infantil que le requirieron para la credencial de la escuela. Un cartel de Jack Nicholson en tiempos de mejor… imposible dotó al establecimiento de vigencia allá por 1997.
- Perfumerías que tienen lotes de fragancias descatalogadas. Bóvedas de aromas irrecuperables gracias a las cuales puedes comprar la vieja formulación del Grey Flannel y así saber cómo olía Carlos Berlanga (y los pantanos de Centla). Vitrinas que son un viaje al pasado donde el Lapidus Pour Homme de Martin Gras era tendencia y cuando había ebullición por el Magnetic de Gabriela Sabatini. Señorita, deme un Jacques Bogart para revivir al abuelo.
- Del área de comida poco queda. Habrá una cafetería donde no pondrán tu nombre en un vaso; en cambio, la empleada te recordará durante toda la semana. Un pollo frito con papas a la francesa con el tono del aceite reciclado. Y permanece una heladería, siempre una heladería, el Atlas que sostiene a la plaza vete tú a saber cómo.
Ante tal panorama, hay una constante tensión para el visitante: salir sin comprar despierta el sentimiento de culpa. El local está desierto y en el semblante del dependiente notas que cifra en ti la ilusión de conseguir la venta del día. La presión es máxima, conque lo mejor es durar un máximo de dos minutos ahí si no piensas adquirir nada. De este modo evitarás las expectativas incómodas. Es tan fácil romper un corazón.
Para remediar la falta de movimiento, los administradores de las plazas recurren a remodelaciones que resultan insuficientes para ganar la contienda. La mayoría de los cambios son meramente cosméticos (recubrimiento de pintura, cambios de piso, si acaso la apertura de otra sección). El público termina indiferente tras una bulla inicial más amparada en la curiosidad que otra cosa. Están alienados por transnacionales que dan uniformidad al estilo.
Las manitas de gato son un esfuerzo enternecedor que en última instancia delata, con bombo y platillo, la decadencia. Una nueva entrada o un nuevo domo en el techo son signos de que la ruina es irremediable. No hay dinero para intentarlo todo de nuevo. Toca crear una agenda de espectáculos que atraiga a clientela que de otro modo no asistiría a las instalaciones. Un espectáculo infantil se entremezcla con un concurso de repostería musicalizado por un violinista que suelta versiones del maestro Manzanero. El coctel produce empacho.
Aun así, las plazas viejas tienen alma. Son testigos de una época y ahí está su arma secreta. La razón por la que guardan magnetismo. Son el diseño de un futuro que nunca llegó. Te acercan, como Miniso es incapaz, a una soriée con Barbara Hutton. Las historias se desbordan en sus pasillos irradiando una calidez que los vuelve el polo opuesto de los espacios liminales. La fuente sin agua cautiva junto a las plantas artificiales donde pasea un grupo de hormigas.
Piensa entonces en el centro comercial que te produce estas vibraciones. Cada persona tiene uno que asocia a su más tierna juventud. Quizá sea Plaza Fiesta o Plaza Inn. Escudriña las fichas hemerográficas que guardas en la cabeza y entrégate al ensueño. Paraíso es tu memoria, decía Rafael Tovar y de Teresa, deudor de aquella sentencia proustiana: los verdaderos paraísos son los que hemos perdido.
Así que asigna la distinción al sitio que corresponda. Yo tengo unos cuantos. Plaza Tangamanga en San Luis Potosí. Villasunción en Aguascalientes. Plaza del Valle en Oaxaca. Centro Comercial Interlomas en Huixquilucan. Tramos de Plaza Fiesta San Agustín en Monterrey. Plaza Crystal en algún rincón de Puebla. En especial, Pabellón Polanco en Ciudad de México, cuyo auge y caída coincidieron con mi tempo vital.
Todos esos lugares tienen una parte de ti. Están poblados de tus fantasmas.
Los cafés y palomitas que tomaste con un viejo amor. Las revistas que leíste en el Sanborns mientras tus padres pagaban la cuenta (no tenías ningún asunto del cual preocuparte). Los discos que comprabas en una tienda en la que ahora se venden juguetes y tecnología. Los rincones donde dejaste la mocedad y que fueron refugio de seres queridos que ya fallecieron, pero cuya presencia te acompaña cada que entras de nuevo a esa plaza derruida que está dejada a su suerte. La que carece de estrenos en pos de ofrecer una recompensa mayor: una parte de lo que fuiste.
Su supervivencia es inviable en el largo plazo. Así provecha mientras puedas. Visítalas de vez en cuando y dales un soplo vida. Acompáñalas como se hace con un anciano. No las dejes morir solas. Ellas siempre han estado ahí para ti. Y te necesitan… no muchos te necesitan. El último grito de la moda es una nimiedad en comparación al susurro de un recuerdo que luego se te derrama por los ojos.
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
También lee: Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés
El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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