Deportes
El camino a la cima; Rómulo Koasicha: el mejor boxeador de SLP
Por: Ana G Silva
Rómulo de 29 años nació en San Luis Potosí, San Luis Potosí, se ha destacado en el boxeo amateur y profesional consiguiendo peleas por campeonatos mundiales.
La historia de Rómulo comenzó a los tres años cuando inició a entrenar box, apenas cumplidos los cuatro años realizó su primera pelea amateur y a los 5 la segunda.
A los cuatro años decidió practicar béisbol y durante su etapa en la primaria representó en varias ocasiones al estado en la “Liga Pequeña de Béisbol en San Luis Potosí” como seleccionado, en cada una de las competencias se llevó el título el mejor pitcher.
Entrenaban diariamente junto a su entrenador y padre, Armando Koasicha Hipólito.
La carrera de Rómulo como boxeador amateur arrancó en Monterrey en 2004, hizo su primera aparición en la Olimpiada Regional donde consiguió el bronce, sin embargo no le fue suficiente para pasar a la etapa nacional. Al siguiente año en el estado de San Luis Potosí logró encaminarse como representante del estado y en mayo de ese mismo año en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; se llevó la medalla de plata a casa: “En las olimpiadas regionales siguientes ganaba y pasaba a las nacionales, pero ya no gané medallas”.
En 2008 tomó la decisión de dedicarse al boxeo profesional, “en octubre 16 debuté en la Arena Coliseo aquí en San Luis Potosí, contra otro debutante llamado Alfredo Arellano, de Aguascalientes, los dos íbamos parejos. Gané la pelea por K.O. efectivo en el primer round con un gancho al hígado”.
“La segunda pelea fue ese mismo año en León, Guanajuato, gané en el tercer round, y así mantuve mi invicto por 16 peleas”.
No fue hasta el año 2012 cuando Rómulo Koasicha ganó su primer cinturón y en la Ciudad de México se coronó como campeón de Norteamérica, avalado por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Dos años después, ganó el campeonato de Latinoamérica del CMB en el auditorio Miguel Barragán en San Luis Potosí contra un colombiano.
“Luego de esto me rankean como uno de los mejores 20 peleadores de peso pluma en CMB (126 libras o 57.100 kg) y durante muchos años me mantuve en esa división”.
En 2014 fue a Gales, en Reino Unido, peleó contra Lee Selby: “Yo considero que pesó la localía del boxeador, pero demostré que no fui en calidad de bulto y di una buena pelea por 10 rounds, aún así el rival salió cortado de la ceja derecha y, a partir de ahí, se abrieron más puertas”.
En noviembre de 2015, Rómulo peleó en Ciudad de México por el campeonato nacional avalado por la Comisión de Box y Lucha Profesional en México, obtuvo la victoria en el séptimo round a un peleador de Jalisco, llamado Guillermo Ávila.
“Esto me abrió las puertas para peleas más importantes”, dijo el pugilista potosino. En noviembre de ese año obtuvo la oportunidad de su vida, pues fue a Las Vegas, Nevada, a pelear por el campeonato mundial de peso pluma del CMB contra Vasyl Lumachenko , sin embargo, el púgil potosino perdió por K.O. en el décimo round.
“Tuve buenas palabras de gente de Estados Unidos, todos decían que nadie le había aguantado así a Lumachenko, nadie se le había puesto al tú por tú, entonces eso me dejó buen sabor de boca”.
Rómulo detalló para La Orquesta cómo fue su entrenamiento previo a esta pelea:
“El entrenamiento viene desde que uno decide estar en este deporte, ya que al final todo cuenta, porque tu meta es ser campeón del mundo desde pequeño. Esa preparación fue diferente ya que ha sido una de las mejores preparaciones de mi vida, porque todo se dedicó a un rival difícil y se adaptó todo para pelear con él, además de la dieta y ejercicios.
Antes de esa pelea sabía que iba a Las Vegas e iba a pelear, pero no lo podía creer, fueron pasando los días y con la preparación te lo empiezas a creer, en el avión decía ‘ya voy para allá y voy a mi sueño’; estar en Las Vegas con todos los lujos y tal cual sale en las películas, es cuando más te empieza a caer el 20 y dices ‘esto es real y nadie te lo regalo’ porque todo fue de trabajo de toda la vida, y cuando pasa la pelea dices ‘por fin se logró gran parte de lo que quería’ que es pelear por un campeonato del mundo, en tal ciudad y te deja con un buen sabor de boca”.
Posteriormente, el boxeador peleó en Florida, Estados Unidos, en 2016 y en abril 2019 en la ciudad de Puerto Elizabeth en Sudáfrica.
“El salir de tu país y representarlo es una motivación muy grande, en esas peleas perdí, pero no son excusas, siempre hay que prepararse y mantenerse con la mentalidad de ganar”.
“No soy viejo, pero tengo mucha experiencia, desde los 17 años, ya vamos muy maduros hablando boxisticamente en nombre de San Luis Potosí y México”, dijo Rómulo Koasicha.
Su vida fuera del ring
Rómulo relató que lo más difícil de dedicarse al boxeo profesional ha sido sacrificar su vida personal, no asistir a fiestas o reuniones de amigos y familiares, “nuestros padres nos criaron de deporte y la escuela, no fue tan difícil porque sabíamos que teníamos que entrenar, no nos causaba queja o tristeza, siempre en nuestra mente estaba en no ser el promedio sino destacar. Vale la pena”.
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Columna de Nefrox
Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.
En el fútbol ocurre algo parecido.
Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.
México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.
México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.
Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.
El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas
Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.
Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.
Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.
Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.
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Deportes
El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.
Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.
La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.
Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.
Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.
Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.
El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.
Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.
Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.
Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.
No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.
Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.
Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos
Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia
Por: Redacción
El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.
La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.
De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.
Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.
El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.
En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.
La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.
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