mayo 18, 2026

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#4 Tiempos

Vivimos de tragedias o así nos vamos a quedar | Columna de Óscar Esquivel

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vivimos de tragedias

Desafinando

Los árboles no protestan

¿Qué pueblo, país o personas no han sufrido alguna tragedia?, para algunos las desdichas de otros son menores, cuando para estos otros es el final de sus vidas. Existen  comunidades enteras que padecen desastres cíclicos, normalmente son aquellos donde la pobreza es la principal causa: la pobreza en sí es una tragedia de la humanidad. El agobio individual o colectivo, la ansiedad como respuesta a las constantes contrariedades de la cotidianidad se hace cada vez más recurrente. Cuando existen elementos naturales que castigan sin parar a las poblaciones enteras.

Quién no recuerda el tsunami en las costas de Japón cuando arrasó con la infraestructura  de las ciudades de la costa japonesa y aún más con el riesgo inminente de un colapso de la planta nuclear, la cual sería una doble calamidad. Los terremotos del septiembre del 85 y de 2017 en la Ciudad de México, una tragedia con pérdidas materiales y de seres humanos, la ciudad tuvo el infortunio de tener autoridades que poco o nada hicieron o hacen por revertir el sufrimiento de los habitantes de la metrópoli.

Las catástrofes se pueden evitar o por lo menos disminuir los daños materiales y personales, pero quienes se ostentan como gobernantes son los mayores culpables de que las desastres naturales se hagan más grandes y pesadas para sobrellevar el duelo.

Se puede perder un hijo, una madre, un hermano, de manera natural por la desdicha de padecer alguna enfermedad, sin importar la edad. será una tristeza; pero cuando sucede en medio de la violencia, o un accidente grave, se convierte en tragedia desproporcionada que pocos saben sobrellevar.

Vivimos una tragedia institucional, la falta de conocimiento del servicio público, del sentido común. Nada cambia, nada se acaba y todo sucede. Ante nosotros después de un esperado cambio de régimen, fuera de la posición política tradicional, hoy por hoy, el jefe del Ejecutivo federal, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, pareciera un personaje de la vida campirana, sosegado de los exabruptos de la política, es decir, de las acciones que realiza cada día, para él nos son tragedias, son maneras diferentes de gobernar, la cifra de muertos, los vaivenes de la economía, prácticamente detenida y no pasa nada: es el nuevo estilo.

La decisión de ayer, donde se declaró desierta la licitación de la construcción de la refinería Dos Bocas en Tabasco, es un ejemplo de cómo al declarar desierto un concurso, la Federación tendrá mano suelta para realizar ellos mismos la obra, sin reparar en gastos. Seguramente se asignará a algún constructor de su preferencia.

Miles de muertos en el primer trimestre del año no son cosa menor, si bien es una demostración de fuerza criminal en contra de la población y ante las posturas en materia de seguridad del actual gobierno, lo que evidencia las ocurrencias, donde solo retrasan la intervención del estado. Si bien la estrategia que se plantea es adecuada para largo plazo, combatir la desigualdad, después la Guardia Nacional. Los muertos se dan cada día, son ahora, la pobreza de combate con apoyos a personas vulnerables, como incentivar la inversión para mejorar salarios, pero mientras, ejecutaron en Cuernavaca, Morelos, a dos dirigentes de la CTM, en frente de Palacio de Gobierno. ¿Cuál sería la prioridad inmediata? La protección de las personas, sus vidas y patrimonio; lo segundo, el fortalecimiento de las políticas sociales y de apoyo, o los brazos cruzados. La inseguridad es el talón de Aquiles del AMLO, se desbordó la ola criminal en todo el país.

La gracia de dios, el amor y paz, primero los pobres, son pronunciamientos fáciles en el discurso, difíciles de conseguir sin estrategias claras. El presidente es un líder que nació de la oposición, conoce México tal vez como ningún político, mas no así, sus colaboradores que a falta de sentido común tengan equivocaciones inimaginables en el manejo del de la administración federal, tan infantiles que pareciera que el brazo izquierdo se les cansó. Ser de izquierda no significa la lapidación del contrario, ni del opositor, ni de la sociedad civil, en la construcción de un país intervienen todos su pobladores, deben ser escuchados los reclamos. Después, ¡ahora sí!, amor y paz.

Al no existir liderazgos reales de oposición, los partidos que reclaman resultados inmediatos en la aplicación de políticas públicas protestan lo indefendible, retirar el fango lodoso y mal oliente que ellos provocaron en 36 años.

Estamos ante una tragedia mayúscula cuando nos enfrentamos a presidentes municipales, gobernadores omisos, grises, de pocas ideas de vanguardia, diputados locales que en lugar de legislar, se la pasan haciendo grilla en sus partidos, la selfie en su mejor ángulo, a ver si le toca un diputación federal para el 2021. Mientras tanto la poda de árboles en la ciudad les importa un comino, la falta de agua en casi toda la mancha urbana y en el campo es, evidentemente, una vergüenza de la falta de organización.

Nuestra mayor tragedia ambiental, la quema de la Sierra de San Miguelito y San Pedro, dios nos castigó, ante la avaricia desmedida de constructores y fraccionadores. La intervención de Carreras y Xavier Nava para permitir o al menos, como siempre sucede en estos casos, hacerse de la vista gorda que la Sierra fuera urbanizada. El Karma se los cobró y a la ciudad la hizo huérfana, 20 o treinta años para que vuelva a revivir este hermoso lugar.

Creemos que la sociedad se los cobrará y muy caro. Su visión corta ante la tragedia, el desinterés por mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad, el no proponer soluciones y lo mas grave, el no escuchar propuestas en materia ambiental, en movilidad, en urbanismo, cosas cotidianas, son gobernantes siniestros, rodeados de camarillas de inútiles en sus cargos, como aquel director de ecología del Ayuntamiento capitalino “nunca he talado un árbol”. Y sí, muchos no hemos tomado un machete para talar un árbol, pero sí para saber, conocer, haber leído que los arboles no se podan en primavera.

Que nuestras vidas no sean tragedias, nuestra existencia valga la pena haciendo lo correcto.

Un amoroso abrazo todas las mamás en su día, a mi Chata un beso hasta la eternidad.

¡Feliz día de las madres!

Nos saludamos pronto.

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Acento Ajeno

Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

¿Te has fijado que en las escuelas hay muchas maestras y maestros veinteañeros o apenas llegados a sus treintas? Hay mucha gente joven llevando en sus hombros el futuro de este país.

Muchos recién egresados de las universidades están eligiendo el magisterio como forma de vida, muchos viven hoy de formar nuevas generaciones, de enseñar lo que pocos años antes aprendieron. Y creo que no lo ven solo como un trabajo, lo ven ya, quizás inconscientemente, como su misión de vida.

Las redes sociales se han llenado de nuevos maestros que comparten sus experiencias, sus historias frente a un aula, y están construyendo una forma distinta de educar, una de cercanía, de compañerismo, de ser uno más de sus alumnos, porque sí, educan, enseñan, pero también aprenden y crecen en el proceso.

Las escuelas son hoy, más que nunca, una bonita convergencia de generaciones, maestros experimentados, con años frente al pizarrón, alumnos muy jóvenes y que apenas comienzan ese largo camino que es el crecer, y noveles maestros, más cerca en edad de sus alumnos que de sus compañeros de profesión, que inician su vida laboral en la más noble de las tareas, educar.

A veces sin apoyo institucional, con un Mario Delgado como secretario de Educación Pública al que le falta la educación y el sentido común, con directivos a distintos niveles, que se preocupan más por las ganancias o los días libres que por el objetivo principal de los centros educativos, los maestros siguen firmes en su convicción de que sin su trabajo no existirían los demás, no habría mañana.

Educar, en pleno siglo veintiuno, en este mundo en el que vivimos, no solo es un acto de valentía, es un acto de fe, de esperanza, de profundo amor. ¿Cómo no creer en ustedes, que hoy entregan tanto?

No felicito a los maestros hoy, eso ya lo han hecho todos, mejor les pido disculpas, por las veces que fui del grupito de atrás que había que separar, por las tareas sin hacer, hasta por los padres incomprensivos que no supieron ver que su hijos no eran los angelitos que ellos pensaban. 

Mejor les agradezco, sé que su labor no la hacen esperando la felicitación del único día del año que parece nos acordáramos de ustedes, les agradezco por seguir, por levantarse en las mañanas y salir dispuestos a cambiar vidas, a formar personas de bien, por no pensar en las carencias y solo ver oportunidades de crecimiento en cada alma que llega a sus clases.

A ustedes maestros, gracias, que no se les acaben nunca la experiencia, la creatividad, el amor y sobre todo, que no se les acabe nunca las ganas de construir futuro.

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El Cronopio

Filosofa Paula Gómez Alonzo y el papel de las mujeres en la cultura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Con el propósito de preparar a las mujeres universitarias para que sirvan con mayor eficacia a los intereses de la colectividad, cooperando en esta forma al engrandecimiento de la Patria, se formó en la década de los cuarenta del siglo pasado la filial en San Luis Potosí de la organización Universitarias Mexicanas, situación ya tratada en esta columna.

Universitarias mexicanas en San Luis Potosí, reunía a las mujeres que estudiaban e impartían cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. La filial potosina tenía dos labores de fondo, una de aspecto cultural y, la otra de orden social; en el aspecto cultural se incluían charlas y conferencias sobre diferentes problemas de orden intelectual; la otra, de orden social que abordaba problemas como el de la miseria, la desnutrición infantil, entre otros. La desocupación, la prostitución y otros muchos, de los cuales hacen un minucioso estudio para luego presentarlos a las autoridades competentes y cooperar con ellos a su resolución.

Este movimiento nacional englobaba a un buen número de mujeres que se desempeñaban en el ámbito universitario y que contribuían al desarrollo del país en diversas áreas de estudio. Una de estas mujeres que colaboró con el grupo potosino y que visitó San Luis Potosí a dictar conferencias públicas fue la Doctora en Filosofía Paula Gómez Alonzo.

En 1953 dejaba la presidencia de la filial potosina de Universitarias Mexicanas, Rosario Oyarzun, ya tratada en esta columna, y se organizaron una serie de conferencias públicas, como era costumbre y como dictaban los objetivos de la agrupación femenina. Esa serie de conferencias estuvo marcada por los temas de filosofía, dándose cita en San Luis Potosí las escasas mujeres que realizaban filosofía en México y que se habían formado en la década de los veinte y treinta, como filósofas.

Paula Gómez Alonzo se considera la primera mujer en participar en la filosofía académica en México. Como es el caso de otras mujeres, realizó al menos un par de carreras para su formación, la del magisterio, como era común para ellas, y la carrera de filosofía, que cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta condición de caminar entre brechas en la formación y en el interés de estudio de las mujeres, hasta llegar a su objetivo de formación, lo subraya la propia Paula Gómez: “a las mujeres se les excluye de la educación, pero se les reprocha que no sean cultas”.

Paula Gómez nació en Etzatlán, Jalisco el 1 de noviembre de 1896. En 1932 recibió el grado de maestra en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

defendiendo la tesis: la cultura femenina; en 1951 recibe el grado de Doctora en Filosofía en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis: filosofía de la historia y ética.

Paula Gómez es una de las fundadoras del estudio de la filosofía en México, aunque poco o nada se le menciona en este sentido. En 1943, creó el curso de Historia de la Filosofía en México que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que fue profesora de tiempo completo desde 1933 y en la que laboró por treinta y tres años; pero desde 1925 dictaba cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria.

Impartió clase en todos los niveles educativos, además de su participación en actividades públicas de educación informal, como fue su participación en 1953 en San Luis Potosí y en actividades de dirección, al encargarse de 1930 a 1940 de la subdirección de la Escuela Secundaria número 8 y directora de la Escuela Normal Superior de 1947 a 1948.

Paula Gómez se convertiría en la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa, por su valiosa contribución al desarrollo de la educación y la filosofía en México. En 1962 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se lo otorgó. Cuestión que es digna de mencionar, pues Paula Gómez, como otras de sus compañeras que hicieron filosofía en esa época, no suele mencionarse en la historia de la filosofía mexicana. Ya lo establecía Paula Gómez: “la diferencia entre los sexos es injusta, pues mientras la psicología del hombre parece separarse del especto físico, en la mujer se reduce a este”.

Paula Gómez Alonzo, que sentó las bases para la reflexión del papel de las mujeres en la cultura, murió en Coyoacán, en la Ciudad de México el 3 de noviembre de 1972.

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#4 Tiempos

Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.

Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.

  -¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.

Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.

¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.

Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:

«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».

Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.

Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:

«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame

. Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).

Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.

Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.

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