#4 Tiempos
Visita nocturna | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Habían estado preparándolo todo desde la mañana, desde que sonó el teléfono y dijo que vendría a la noche, a la hora del café, o tal vez del café.
-¿No soy inoportuno, hermanita? –preguntó la voz que hablaba del otro lado del hilo.
-¡Dios mío, cómo se te ocurre! ¡Tanto tiempo sin vernos y tú me preguntas eso! Yo soñaba con que vinieras alguna vez, y ahora me dices estas cosas. ¡Por el amor de Dios, Efraín, no estamos en los Estados Unidos, donde hay que hacer cita para todo! –dijo la mujer, es decir, la hermana, haciendo de todo por sofocar la emoción-. ¡Déjate de formalismos y vente con nosotros!
-Entonces caigo por ahí a eso de las nueve.
Hay llamadas que alteran por completo la vida de un hogar, y ésta era una de ellas. El cuñado pidió permiso para salir del trabajo antes de tiempo. La hermana corrió al supermercado y regresó tres horas más tarde, cargada con bolsas y cajas que se le escurrían de las manos y acabaron lastimándole un pie. El sobrino limpió su habitación por iniciativa propia (¡cosa inaudita!) e incluso ayudó a su madre a poner la mesa. ¿Cuánto tiempo había pasado sin saber nada de su tío? La última vez que lo vio, éste le había traído de San Antonio –Texas- unos juguetes que ya ni siquiera existían, pero que él recordaba con alegría y gratitud.
¿Cómo era su tío? ¡Ya casi ni lo recordaba: había pasado tanto tiempo sin saber de él! ¿Y había venido de los Estados Unidos únicamente para verlos a ellos, a su familia de San Luis, o estaba de paso y se quedaría sólo unas horas?
Nada de esto le quedaba claro al muchacho, pero le gustaba imaginarse que su pariente, antes de partir de nuevo, le diría lleno de interés: «Déjame ver dónde vives, muchacho; déjame conocer tu cuarto». Acomodó sus discos compactos, aspiró las partes más visibles de la alfombra (allí donde ve la suegra, como se dice) y sacó los vasos vacíos que durante una semana habían ido acumulándose en torno a su buró. Por último, preguntó a su padre: «¿Y cuánto se quedará el tío con nosotros?».
Le hubiera gustado que se quedara mucho tiempo, pero la madre le dijo que sólo esa noche, pues venía de paso, y que a la mañana siguiente se marcharía. «Es una lástima, pero tú tío es hombre importante; quiero decir, es una lástima no que sea un hombre importante, sino que se marche pronto».
La última vez que su hermana lo vio fue en la boda de una prima que ya tenía hijos cuyas edades oscilaban entre los doce años y los trece. «¡Figúrate entonces el tiempo que no lo veo!», dijo la mujer a su hijo mientras entre los dos desplegaban un mantel y lo extendían sobre la mesa. Pero esta noche lo vería. A las nueve. Mas antes de que llegara la hora había muchas cosas por hacer: fregar los pisos, barrer el patio, limpiar los baños, arreglar la cocina. ¿Qué pensaría su hermano –que era tan rico y tan importante- si viera, por ejemplo, un zapato mal puesto o una estufa llena de cochambre? ¡Ni pensarlo! ¡No sabría dónde meterse de vergüenza! La madre –es decir, la hermana del tío- temblaba ante tal eventualidad, y entre las cinco y las siete sufrió un ataque de nervios. ¡La de cosas que le quedaban por hacer! A las ocho, con el baño, se calmó, y dijo para sí misma, encogiéndose de hombros, que había hecho ya cuanto humanamente era posible, y que si su hermano se llevaba una mala impresión ya no sería problema suyo.
A las ocho cuarenta, el cuñado bajó vestido de saco y corbata e hizo una metódica inspección por toda la casa en busca de cosas que pudieran encontrarse fuera de lugar. Para no viciar el ambiente, renunció incluso a fumarse un cigarrillo. También él tenía miedo a causar una mala impresión. Además, los norteamericanos –según le había dicho alguien- odiaban los cigarrillos (de tabaco, claro: aunque les gustaba fumarse otras cosas). A las ocho cincuenta y cinco la madre se quitó el mandil que había vuelto a ponerse después del baño y dijo resoplando: «Hasta aquí llego yo». Entró a su cuarto a maquillarse y bajó a reunirse con su esposo en la sala entre las nueve y las nueve diez. «¿No ha llegado todavía?», preguntó.
El padre miraba ansiosos a través de la ventana, alisándose la corbata; el hijo se había apostado a un lado suyo y también se alisaba la corbata. Ambos miraban a través de la ventana. A las nueve veinte el padre se quitó de allí y preguntó a su mujer: «¿Sabrá llegar? ¿No se perdería?». La mujer dijo haber precisado bien la dirección, pero que, en caso de que se hubiera perdido, ya habría telefoneado. El esposo asintió con gravedad.
A las nueve y treinta y cinco sonó el teléfono. Madre, padre e hijo se lanzaron miradas fulgurantes. Nadie se movía. Fue ella quien, por último, al quinto o sexto timbrazo, se lanzó sobre la bocina. Esposo e hijo leían los labios, los gestos, los colores de la mujer. Y ésta, después de haber colgado, trató de leer los labios, los gestos, los colores del padre y del hijo. «Era mi hermano. No pudo venir. Que lo disculpemos. Se encontró un paquete muy económico para ir a Puerto Vallarta y decidió aprovecharlo. Ahora mismo está en el aeropuerto a punto de abordar el avión».
El padre dirigió la mano derecha hacia la corbata, la aflojó de un tirón y subió arrastrando los pies por la escalera; la madre fue a sentarse en el sofá para mirar por la ventana; el hijo regresó a su cuarto y no salió hasta el otro día por la tarde.
Aquella noche, por primera vez en muchos años, las luces de aquella casa se apagaron poco después de las diez.
Yo había ido a visitarlos aquel mismo día alrededor de las 7, y supe de la agitación que los poseía, pero sólo hasta el día siguiente conocí el desenlace. Me guardé mis comentarios, pero yo sé lo que es esperar, dejarlo todo preparado, agitarse por una visita que no llegará. Y puedo decir que si hay cosas tristes en la vida, ésta, sin duda, es una de ellas; o quizá la cosa más triste de todas. «Si prometiste, cumple»: esto es lo que dice el libro de Qoeleth (5,3), que es, además, palabra de Dios. Si prometiste llegar y no llegas, habrás ocasionado una de las mayores tristezas que pueda sufrir un ser humano.

Lee también: La tristeza, la locura | Columna de Juan Jesús Priego
El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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